POR JOAQUÍN CARRILLO ESPINOSA, CRONISTA OFICIAL DE ULEA (MURCIA)
El siglo XIX, fue llamado de las luces y las sombras. Sin embargo los uleanos le llamaban de las luces y las campanillas: luces porque siendo media noche los trabajadores de las minas llevaban sus faroles de “aceite y torcida” y campanillas porque todos portaban sus acémilas con campanillas en sus cabezales y el sonido de ellas era monocorde a cada paso. Todo el vecindario sabía que era la hora de salida; para su trabajo, de todos los mineros. Todos, o casi todos, llevaban su animal de carga porque les servía de vehículo para el trayecto, acarreaban material necesario para las minas así como el escombro y el mineral. El regreso, al anochecer, los mineros lo hacían a pie, ya que los burros portaban una carga de leña, generalmente.
De ahí el eslogan: “Ulea, cuidad de las luces y las campanillas”.
El subsuelo del territorio uleano fue muy generoso y abundaban los minerales de hierro y plomo. Un pueblo que era eminentemente agrícola y ganadero, se fue transformando en minero, de tal forma que el 60 por ciento de la mano de obra de Ulea, se empleó en la minería.
Los trabajadores eran conscientes de que el trabajo era mucho más peligroso pero el salario más generoso. Sabían que enfermarían de los bronquios y que morirían jóvenes, pero garantizaban el sustento de sus familias: el auge de la minería era evidente.
La prensa murciana se hacía eco de la evolución de la minería en Ulea, de los métodos de explotación, y recalcaba las medidas de precaución, tanto laborales como higiénico-sanitarias. Los dueños de las distintas minas confeccionaron unos panfletos explicativos en los que reseñaban, la historia de la minería en Ulea, la iluminación, los gases en las galerías, la utilización de explosivos para barrenar las rocas, pericia de los entibadores, conocimientos sobre legislación minera y seguridad laboral, equipamiento y medidas de salvamento.
En el siglo XIX los trabajos de minería apenas contaban con accesorios y los que tenían eran rudimentarios, pues prácticamente no existía maquinaria y la que tenían era muy elemental.
Los capataces de las minas les daban unos cursillos, periódicamente, para dotarles de mayores conocimientos, en las labores de los mineros, y los peligros que entrañaba su trabajo. Siempre les decían: el minero debe tener “dos ojos en la cara y otros dos en la nuca”, para llegar bien lejos y para no descuidar la salida; si es preciso.
Para explotar una mina había- y hay- que dotarla de las mejores condiciones de operatividad, seguridad, etc., tener la maquinaria y aperos suficientes y formar al personal para que sea competente y responsable.
En Ulea, cuyas minas no eran demasiado profundas, el acceso se llevaba a cabo abriendo un pozo a la profundidad idónea hasta confeccionar las galerías que conducían a los “tajos” o “talleres” de donde se extrae el mineral. Para eso los entibadores aseguraban con maderas las paredes y techos de las galerías con el fin de evitar los desprendimientos.
Al ir excavando la galería aparecían filtraciones de agua que había que evacuar de forma permanente, de lo contrario se anegaba el lugar donde tenían que trabajar. El agua la sacaban a mano, utilizando “calderos” pues no existían motobombas como en la actualidad. Para ello dos operarios se echaban una viga de madera al hombro y un aguador les colgaba tres o cuatro vasijas en la viga y la transportaban al exterior. Como en la mina hacían turnos de trabajo, la evacuación del agua era permanente, incluso en los días festivos había un turno rotativo, de guardia, para tal menester.
Al ir excavando la galería se producen alteraciones del terreno colindante, bien por pequeños derrumbes de tierra o filtraciones de agua, por lo que hay que actuar con prontitud y pericia.
La mina es como una empresa en la que todos los operarios: picadores, barrenistas, entibadores tuberos, aguadores, transportistas, etc., realizan su trabajo al unísono, siendo todos complementarios e imprescindibles.
En el entorno de las galerías principales, se horadaban pozos de servicio y seguridad, que conectaban con el lugar de trabajo, pues además del mineral había que sacar el escombro y el agua y esa faena la realizaban “porteadores” al hombro.
La iluminación, precisa en las galerías, era muy rudimentaria, como casi todo. Para ello se usaban candiles o “quinqués de aceite y torcida”.
Se horadaba con picos, tanto en tierra como en roca; en donde se hacía la abertura necesaria para colocar la dinamita y la mecha. Los barrenos se tiraban tras evacuar a los mineros de la galería, con el fin de evitar que fueran atrapados o sepultados.
Los capataces formaban a obreros expertos para controlar la temperatura y los gases de la galería.
En las explicaciones de los expertos, repetían hasta la saciedad, la prohibición de fumar en el interior.
La salud de los mineros se vigilaba cuanto se podía, aunque los controles sanitarios no existían o eran precarios.
El número de enfermos del aparato respiratorio era muy elevado y aparecía cada vez a edades más tempranas, por lo que se aconsejó, sin normas rígidas, que dejaran el trabajo de mineros cuando cumplieran los 45 años. Sin embargo como las necesidades eran muchas y quedaban sin recompensa económica, seguían hasta que su organismo decía ¡”basta”!. La mortalidad, por consiguiente, era elevada. De ahí que el índice de personas mayores era muy bajo.
Ya en la superficie el mineral era transportado, en carros o en reatas de acémilas, hasta las fábricas que lo almacenaban y elaboraban.
Durante un siglo, aproximadamente, -desde 1810 hasta 1915- en Ulea no hubo paro obrero y la prensa murciana se hacía eco de tal situación.
Los informes recogidos en la prensa murciana sobre el devenir de las minas en Ulea dicen, textualmente así:
La Paz de Murcia del día 9-3-1865:
Por el Ingeniero de Minas ha sido registrada la mina de “La Casualidad”, en terreno de D. Antonio López Prieto, en término de Ulea.
El Diario de Murcia del día 24-10-1881:
El Boletín Oficial publica el cierre de la mina “República”, en Ulea.
La Paz de Murcia de 28-10-1892:
El Boletín Oficial publica la apertura de la mina de “Santa Ana”, entre los términos de Ulea y Molina.
El Diario de Murcia de 28-1-1894:
El Boletín Oficial publica la solicitud de D. Domingo Mena Martínez para la concesión de doce pertenencias para la mina “El Carmen”, de Ulea.
La Paz de Murcia del día 26-11-1894:
Por el ingeniero de minas, D. Ricardo Sánchez Madrigal se hará, en breve, la demarcación de la mina “El Carmen”, de Ulea.
El Diario de Murcia del día 13-2-1896:
El Boletín Oficial publica que tienen entrada las instancias de D. Fernando Ruiz Molina, para que se le concedan pertenencias de las minas: “Consolación”, “San Fernando” y “Santa Eladia”, de Ulea.
El Diario de Murcia del día 9-3-1898:
El Boletín Oficial publica un edicto que dice así: D. Fernando Ruiz Molina, solicita 50 pertenencias para la mina “San Claudio”, y 40 para la de “San Fernando”, ambas en Ulea.
El Diario de Murcia de 7-7-1900:
El Boletín Oficial publica el registro de la mina “Rosita”, de Ulea.
El Diario de Murcia de 27-9-1900:
Publica un decreto en el expediente del registro de minas: “Nunca es tarde”, “Mercurio” y “El Planeta”, en término de Ulea.
El Diario de Murcia de 20-12-1900:
El Boletín Oficial publica el registro de la mina “Mercurio”, de Ulea.
El Diario de Murcia de 23-12-1900:
El Boletín Oficial publica el registro de la mina “El Planeta”, de Ulea.
El Diario de Murcia de 20-8-1901:
El Boletín Oficial publica el registro de la mina “Ángeles”, de Ulea.
El Liberal de Murcia de 12-2-1904:
Publica la anulación de la explotación de las minas “El Carmen” y “Nieves”, de Ulea.
El Liberal de Murcia de 12-2-1905:
Publica el expediente de cese de la explotación de la mina “Eugenio”, de Ulea.
El Liberal de Murcia de 15-2-1905:
El Boletín Oficial hace constar la solicitud de pertenencias para las minas “Eugenio” e “Inés”, de Ulea.
El Liberal de Murcia de 20-5-1905:
El ingeniero, D. Juan de Escosura, tiene previsto marcar la delimitación de la mina “Sinforosa” antes del día 31 del actual mes en término de Ulea.
El Liberal de Murcia de 22-8-1905:
En el Boletín Oficial de ayer se solicitan pertenencias para la mina “Santa Rita”, duplicada del término de Ulea (minas de hierro y plomo).
El día 22-10-1905, el mismo periódico, reitera idéntica solicitud.
El Liberal de Murcia de 28-3-1908:
Publica que entre los días dos al nueve de Abril próximo se demarcarán las minas: “Resurrección”, “Rosario”, “La Alicantina” y “Pedro”, sitas en Ulea.
El Tiempo (Edición de tarde) de 9-9-1911:
Publica que D. Luis Brugarolas Pérez, solicita siete demarcaciones de veinte pertenencias de mineral de hierro, todas en término de Ulea.
El mismo diario reitera dicha solicitud el día siguiente.
A partir de 1911 no he encontrado más documentación, lo que corrobora que fueron cesando en su explotación por su escasa rentabilidad.
En la década de 1950-1960 recogí comentarios de uleanos preclaros que habían vivido el cierre de las minas, como consecuencia del incremento de la mortalidad de los mineros y el advenimiento de maquinaria y nuevas técnicas de explotación, dando lugar a que el ingeniero de minas las declarara inviables y decretara su clausura.

