POR MIGUEL FORCADA SERRANO, CRONISTA OFICIAL DEL PRIEGO DE CÓRDOBA
En la “Guía Multidisciplinar de Priego” se dice que Huerta Anguita es “la huerta más bella de todo el municipio y posiblemente, de toda la provincia”, una “historia de tradición prehistórica situada al pie de los tajos de las Angosturas”.
El pasado lunes, mi amigo Antonio Barrientos y yo, visitamos este paraje recóndito y muy desconocido: subida desde la carretera por una veredilla que sale frente a la depuradora (EDAR), caminando hasta el cortijo de Alborazor. Debido a las recientes lluvias, este barranco, que ha permanecido sin agua durante años, baja ahora caudaloso, entre cascadas; la vegetación, exuberante, con todo tipo de matorrales y flores de intensos colores, dificultando mucho el paso por las orillas del arroyo;. Pero, junto al esplendor de la naturaleza en primavera, me viene a la mente la historia de este lugar. Estudiosos de la zona, como Baldomero Moreno y también los espeleólogos de Priego han demostrado que aquí hubo vida humana ya en la prehistoria, pues se ha encontrado una tumba con restos de ajuar funerario. También los árabes dejaron en esta antiquísima huerta un recuerdo de su paso por estas tierras: el mayor almezal de todo el sur de Córdoba.
Pero, ya en el siglo XIX, Huerta Anguita llegó a ser un importante centro de trabajo y de recreo. El poeta y dramaturgo prieguense Carlos Valverde López cuenta en sus memorias que en el verano de 1863 volvieron a Priego “después de muchos años de ausencia” los hermanos Manuel y José María López Caracuel, con toda su familia. Se habían enrolado desde que terminó la guerra de los 7 años, en el ejército carlista. A su vuelta, fueron agasajados hasta por sus “antiguos adversarios políticos”; se celebró una fiesta en Huerta Anguita, propiedad entonces de Manuel López Caracuel y que después fue de la familia de D. Niceto Alcalá-Zamora. Acudió mucha gente a la fiesta, desplazándose desde Priego a caballo; se consumió la carne de un novillo y de varias aves de corral y otros manjares. “Y corrió el vino como el agua del rio, en cuya margen estúvose también pescando”.
Hoy, todo lo que era huerta ha sido plantado de olivos y solo quedan, más arriba, las ruinas del cortijo de Alborazor. Un cortijo grande situado en un lugar de gran belleza: un pequeño valle al borde del arroyo y rodeado por las crestas de las sierras de Azores y las Angosturas. La vida humana debió ser allí intensa y apasionante.
José Alcalá-Zamora Queipo de Llano, que murió en Madrid hace unos años, dejó dicho que sus cenizas fueran enterradas en Huerta Anguita, y así lo hizo su familia, bajo una pequeña lápida que hoy no hemos sabido encontrar.
Es realmente, un lugar apropiado para la tumba de un poeta ¡!!.
