LIBRO EN HOLANDÉS DE UN CRONISTA OFICIAL
May 12 2025

POR GOVERT WESTERVELD, CRONISTA OFICIAL DE BLANCA (MURCIA)

He terminado recientemente un libro de poesía en neerlandés, centrado en el siglo XVI. En esta obra, he querido explorar las posibilidades del verso rimado en forma abab, aunque personalmente me inclino por componer frases de siete sílabas, precisamente porque en neerlandés —un idioma más limitado en número de sinónimos— esto representa un desafío mayor.

Para ilustrarlo: mientras que en español podemos encontrar hasta diez sinónimos o matices para la palabra «burro», en neerlandés solo existe una palabra: «ezel». Esta economía lingüística obliga tanto al poeta como al lector a un ejercicio de síntesis y reflexión: al reducir el número de palabras, se intensifica la búsqueda de significado y se exige una mayor atención para descubrir la lógica oculta del poema.

Aunque por ahora no me atrevo a escribir poesía en español, compartir aquí algo del contenido de esta obra: no el poema en sí, sino el tema que aborda. El libro está abundantemente ilustrado con 64 imágenes que evocan el espíritu del siglo XVI y cuenta con 440 páginas, ricas en comentarios que contextualizan los textos.

Traducción del título del libro: Su cruz era su firma. Firmaban con una X en la sombra. Pedro Cachopo y Francisco de Balboa, 1583 El siguiente poema está inspirado en testimonios históricos del siglo XVI, recogidos en el pueblo de Blanca, situado en el Valle de Ricote (Murcia, España). Durante este período vivió y trabajó Pedro Cachopo, un notario local que, entre 1530 y 1590, adquirió una posición de poder destacada dentro de la comunidad.

Aunque Blanca adoptó el cristianismo en 1501 —de manera voluntaria y con gran unidad—, el pueblo siguió siendo escenario de tensiones sociales, especialmente cuando el poder se concentraba en manos de unos pocos. En numerosos testimonios se menciona a Pedro Cachopo como una figura que manipulaba la ley y el derecho, se negaba a pagar salarios atrasados y presionaba a las autoridades locales —incluidos los alcaldes— para que guardaran silencio. Su influencia alcanzaba incluso el control de cargos judiciales.

Una de las voces más críticas frente a estos abusos fue la de Francisco de Balboa, un habitante del pueblo que en 1583 denunció abiertamente la cultura del miedo que imperaba en Blanca. Hizo referencia a casos de explotación, como los de Francisco Marín Vico, Pedro, hijo de Pedro Poyo, y Francisco Siles —todos sirvientes que trabajaban para Cachopo, pero cuyos salarios eran retenidos. Estos nombres, cuidadosamente preservados en el poema, reciben una voz donde los archivos apenas dejan oír un susurro.

El poema concluye con una alusión al hijo de Pedro Cachopo, quien fue trasladado a Madrid hacia 1619 por haber matado a un sacerdote —un acto que se presenta como un giro simbólico: el hijo como continuidad de una injusticia antigua, pero también como inicio de una justicia que, aunque lenta y dolorosa, empieza a abrirse camino. En estos versos, el pasado no sólo se conmemora, sino que se recupera —no como acusación, sino como memoria de la dignidad humana, dando voz a quienes no la tuvieron.

FUENTE: https://www.facebook.com/groups/659514836628373/?hoisted_section_header_type=recently_seen&multi_permalinks=696796396233550

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