ENTRE LA TRADICIÓN Y LA DEVOCIÓN
Jun 02 2025

PARTICIPA JUAN JOSÉ LAFORET HERNÁNDEZ, CRONISTA OFICIAL DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA (LAS PALMAS).

Vecinos y autoridades acompañan a la Virgen del Pino en la década de 1950. / LP/DLP

Gran Canaria inauguró ayer las peregrinaciones marianas que se sucederán, con las diferentes patronas insulares, por El Hierro y La Palma; también se celebra la visita a la capital de Tenerife y un recorrido extraordinario por la Isla Bonita en los próximos cinco meses.

Canarias se cita con la historia desde ayer y hasta final del próximo mes de octubre con la fe y la tradición. No es condición indispensable ser asiduo de los templos que regenta la Iglesia católica para secundar las Bajadas que se organizan en honor a las patronas de sus islas y cuya celebración se sucederán desde la salida de la Virgen del Pino, desde ayer en peregrinación por Gran Canaria. En julio le tocará el turno al Hierro, con la Madre Amada, para seguir con La Palma, hasta agosto.

Y se retomará el recorrido de la Virgen por tierras insulares en octubre, con la visita, que no bajada, que se realizará en Tenerife, para añadir, como si de un bis se tratara, el trayecto que llevará a la Patrona de La Palma a cada uno de los catorce municipios, en una cita excepcional, también en el mes de octubre.

Manuel Hernández, doctor en Historia y catedrático de Historia de América de la Universidad de La Laguna, explica que el término bajada con el se refiere a la salida de la Virgen de su templo para realizar un trayecto, se atribuye como definición del acto de bajar o descender físicamente. Autor del libro Fiestas y Creencias en Canarias en la Edad Moderna, define como bajadas las celebraciones que se realizan de forma periódica en La Palma y El Hierro a las que, a la postre, se añadió La Gomera, con la salvedad de que esta se realiza por mar.

En los tres casos antes referidos, las convocatorias, que en su día tuvieron su razón de ser en rogativas para pedir que lloviera o se pusiera fin a epidemias, se ajustan a un calendario definido, mientras que en el particular de la celebración de Gran Canaria se realiza de forma intermitente. Tampoco se enmarcan como bajada las peregrinaciones en Tenerife, por más que desde el año 2001 se estableciera la fecha de la salida de la Virgen.

Por orden de celebración, desde ayer, sábado, y hasta el 15 de junio, Gran Canaria celebra la Bajada de la Virgen del Pino, en la que la imagen de la patrona de la Diócesis de Canarias es trasladada desde la Basílica de Teror hasta Las Palmas de Gran Canaria. Este año con un recorrido inédito en la historia, pues la talla se adentrará en la zona de expansión de la Isla.

En 2025 coinciden, como ocurre cada 20 años, las bajadas del Hierro y La Palma, con el añadido en esta oportunidad de que en ambos casos las dos citas anteriores, aunque se siguen computando, no se llegaron a celebrar. De otra forma: para los jóvenes de doce o trece años, está será la primera vez de ambas celebraciones.

e Gran Canaria, al Hierro. El 5 de julio comenzará la Bajada de la Virgen de los Reyes, cita cuatrienal de carácter tanto religioso como popular. Se celebra el primer sábado de julio, cuando la imagen de la Virgen es trasladada desde su santuario en La Dehesa de Sabinosa hasta la capital de la isla, Valverde, recorriendo los principales pueblos.

En 2025 se conmemora la LXX Bajada de la Virgen de los Reyes. Su tradición se remonta a 1741, con el Voto firmado en el que se comprometía el traslado de la Virgen a la capital herreña, «haya o no urgente necesidad», cada cuatro años. La Bajada de la Virgen de los Reyes finaliza el 2 de agosto, con la subida a su Santuario.

Del Hierro a La Palma. Desde 1676, se celebra la Bajada de la Virgen en la isla de La Palma. La Virgen de las Nieves, patrona de la Isla Bonita, celebra sus festividades cada cinco años, descendiendo desde el Real Santuario hasta el centro de la capital. la Bajada se llevará a cabo este año desde el 29 de junio hasta el 19 de julio. La principal procesión y bajada del trono de la Virgen se realiza el domingo 29 de junio e incluye un total de 350 actos.

De La Palma a Tenerife. La Virgen de Candelaria, Patrona General de Canarias, visitará Santa Cruz de Tenerife del 11 al 24 de octubre de 2025. Durante este tiempo, la imagen estará en la parroquia de La Concepción de Santa Cruz. Este evento es una peregrinación tradicional que la patrona de Canarias realiza cada siete años.

Fue el obispo Felipe Fernández quien estableció en 2001 la peregrinación de la Patrona de Canarias cada siete años y de forma alternativa a Santa Cruz, capital de la isla, y a La Laguna, capital de la Diócesis. Así, en 2002 visitó Santa Cruz y en 2009 fue a La Laguna. Sin embargo, la nueva visita a la capital, que debía ocurrir en 2016, se pospuso hasta 2018, cuando, con motivo de la celebración del bicentenario de la Diócesis Nivariense (que ocurriría en 2019), La Morenita peregrinó a las dos ciudades. A partir de ahí, se retomó el período de siete años y, por eso, la imagen volverá a Santa Cruz en 2025 y a La Laguna en 2032.

Regreso a La Palma. El frenesí del calendario mariano casi parece haber eclipsado uno de los primeros anuncios pastorales realizados por el nuevo obispo de la Diócesis de Tenerife, Eloy Santiago, quien convocó la visita a los catorce municipios de La Palma entre el 17 de octubre y el 7 de noviembre de 2025.

Esta visita se enmarca en el marco del Año Jubilar de la Esperanza y busca llevar un mensaje de consuelo y esperanza a la población después de la erupción volcánica y otros eventos. El recorrido comenzará en la capital, Santa Cruz de la Palma, y luego se extenderá a cada municipio.

Cita con la Virgen del Pino.

La Bajada de la Virgen del Pino es un evento que trasciende lo puramente religioso para convertirse en un pilar fundamental de la identidad grancanaria. Las perspectivas de José Luis Yáñez, cronista oficial de Teror, y Juan José Laforet, cronista oficial de Gran Canaria, nos ofrecen un mosaico completo y emotivo de esta tradición. Ambos, desde sus esferas de conocimiento y afecto, desentrañan las capas históricas, emocionales y culturales que envuelven a la patrona de la Diócesis de Canarias, revelando su profundo arraigo en el alma de la isla.

Desde el corazón de Teror, el municipio que custodia a la Virgen, José Luis Yáñez ofrece una visión íntima de la Patrona. Para él, la Virgen del Pino es mucho más que una figura religiosa; es el «alma emocional de Gran Canaria», el «referente emocional más grande» que tiene la isla y, de hecho, todo el archipiélago. Yáñez, con el humor propio de un «géminis total» nacido en 1960, la define como «la gran consoladora», un verdadero refugio colectivo que se evidenció dramáticamente durante la pandemia de COVID-19, cuando las colas para entrar a la Basílica de Teror demostraban que no era solo una iglesia, sino un «refugio emocional colectivo». Esta conexión es tan profunda que, cuando la Virgen se ausenta, el pueblo de Teror siente un vacío inmenso, como si hubiera sido «abandonado por toda la población». Para Yáñez, la Virgen es, sin lugar a dudas, la «causa de ser de Teror», su sentido histórico, espiritual y económico.

El cronista de Teror nos sumerge en la experiencia de la bajada, un acto que describe como «íntimo y multitudinario al mismo tiempo». Su consejo es claro: «Lo que no hay que perderse es la gente». Los ojos de los asistentes, cargados de lágrimas, risas, agradecimientos por la «muerte serena de un familiar» o peticiones de salud, revelan la multiplicidad de motivos que impulsan a cada persona. Esos quince minutos en los que la imagen desciende desde el camarín hasta el altar son «quince minutos de emoción concentrada». Desde 1929, este acto es público, lo que contrasta con la antigua práctica de la madrugada, cuando la imagen ya esperaba en el altar al abrirse la iglesia. Yáñez insiste: «Hay miles de razones, pero todas convergen en la misma emoción. La Virgen aglutina las heridas, las alegrías, la fe y la historia del pueblo».

La historia de la Virgen del Pino, reconoce Yáñez, es «más leyenda que documento». A diferencia de otras advocaciones, las referencias escritas son significativamente posteriores a su aparición. La tradición oral relata su aparición en un pino gigantesco en medio de la laurisilva, un árbol inusual en la zona, de hasta 40 metros de altura, cuya única imagen se conserva en el Museo Municipal de Tenerife. A los pies de ese pino se erigió la primera ermita, dando inicio a una devoción creciente. La primera bajada documentada, en 1607, fue motivada por una «gran sequía», cimentando la fama «milagrera» de la imagen, que «concedía lo que se le pedía». Tras un siglo XIX sin bajadas, sustituidas por las Fiestas del Agua, la tradición se retomó en 1936, al inicio de la Guerra Civil, y desde entonces ha ocurrido en momentos clave de los siglos XX y XXI.

La bajada de 2025 es «un hecho histórico» para Yáñez, ya que por primera vez la Virgen se dirigirá al sur de la isla, a Vecindario y Telde. Este acercamiento «de lo tradicional a lo nuevo» la lleva al «epicentro del crecimiento poblacional y económico de la isla», una novedad que el cronista celebra. El manto elegido para esta ocasión, el blanco de 1868 confeccionado por las Hijas de la Caridad, añade una capa de solemnidad a este recorrido inédito. Su conexión personal es evidente: su padre y abuelo, figuras públicas en las fiestas, fueron símbolos del pueblo. La anécdota de la señora de Mogán, que caminó kilómetros para verla, subraya la verdad de que «ustedes los de Teror no saben lo que tienen porque la tienen cerca», revelando el verdadero valor de su presencia para el peregrino.

Yáñez concluye con una reflexión sobre Teror: un pueblo «imposible» por su ubicación, con terrenos inestables y humedad. Sin embargo, «todo eso se acepta por una sola razón: la Virgen del Pino. Ella justifica lo que no tiene lógica: vivir aquí». Con su humor y humildad característicos, José Luis Yáñez, con 65 años y una «curiosidad tan impertinente como mi rinitis», continúa alabando a Dios a través de la memoria y la historia de Nuestra Señora del Pino.

Desde la perspectiva que abarca la totalidad de la isla, Juan José Laforet, cronista oficial de Las Palmas de Gran Canaria y de la Isla, eleva la Bajada de la Virgen del Pino a la categoría de una «manifestación de fe, identidad y cultura profundamente arraigada en el corazón del pueblo canario». Para Laforet, cada bajada es la revitalización de una tradición centenaria que va más allá de lo meramente devocional, para convertirse en un pilar que articula la historia, la cultura y la espiritualidad grancanaria.

Laforet se adentra en el origen milagroso de la devoción, remontándose al siglo XV y la tradición de los pastorcillos indígenas que avistaron un resplandor en un «gran pino» donde apareció la imagen de la Virgen, un árbol que, incluso, «manaba agua». Aquel lugar se transformó en centro de veneración, y la leyenda se convirtió en historia con la construcción de la primera ermita por disposición del obispo Juan de Frías. Hoy, una columna con una cruz marca el punto exacto de la aparición junto a la Basílica de Teror.

La primera bajada documentada, en marzo de 1607, es un punto de inflexión. Fue motivada por una «severa sequía», y la lluvia posterior cimentó su fama. Laforet destaca que, a diferencia de otras islas, las bajadas del Pino no fueron periódicas, sino «rogativas extraordinarias» ante calamidades como «epidemias, sequías, guerras u otras desgracias». Hasta 1815, el trayecto fue constante: el «camino de Mar a Cumbre», una ruta ancestral que unía la iglesia de San Nicolás en Triana con Teror, pasando por barrios como San Lorenzo y Tamaraceite.

El cronista oficial de Gran Canaria y también de la capital de la Isla señala un «siglo de silencio» tras 1815, un largo paréntesis sin bajadas que atribuye a los «cambios ideológicos y sociales del siglo XIX». La «modernización» de la época influyó en el cese de esta tradición. No fue hasta 1936, con el estallido de la Guerra Civil Española, que la Virgen descendió de nuevo, esta vez como «rogativa por la paz». Desde entonces, las bajadas han sido contadas y siempre por «motivos pastorales o simbólicos», destacando las de 1954 (Santa Misión), 1965 (Concilio Vaticano II y Cruzada del Rosario en Familia), 1988 (Año Santo Mariano), 2000 y 2014 (Años Jubilares).

La bajada de 2025 es presentada por Laforet con sus significativas «novedades». Si bien el trayecto a Las Palmas de Gran Canaria se mantiene, las nuevas paradas la hacen especial. La visita a Vecindario simboliza la «expansión demográfica de la isla», mientras que Telde, una «ciudad histórica donde estuvo el primer obispado de Canarias en el siglo XIV», verá a la Virgen acompañada por el Cristo de Telde, rememorando una procesión conjunta del año 2000. La parada en el Hospital Insular con un acto litúrgico para personal sanitario y pacientes añade una dimensión de cercanía y consuelo. Una vez en Las Palmas, el Castillo de Mata será el punto de recepción oficial, y en la Plaza de Santa Ana, frente a la Catedral, se firmará el «documento de compromiso de devolución de la imagen a Teror», una tradición que subraya la custodia temporal de la patrona. La misa solemne del 8 de junio, presidida por el obispo, será un evento multitudinario retransmitido en pantallas gigantes.

FUENTE: https://www.laprovincia.es/dominical/2025/06/01/tradicion-devocion-118076747.html

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