POR ÁNGEL RÍOS MARTÍNEZ Y GOVERT WESTERVELD, CRONISTAS OFICIALES DE BLANCA (MURCIA)
Este libro no ha surgido por casualidad. Los poemas no son simples destellos repentinos de inspiración ni pensamientos fugaces que cruzan la mente. No, han surgido de una búsqueda: no solo de forma y lenguaje, sino también de imágenes, ritmo y significado. Una búsqueda que comenzó con dudas, silencio y un sentimiento de impotencia ante la página en blanco. Cuántas veces he estado allí, con la pluma en la mano, mirando fijamente el papel vacío, deseando que apareciera algo: una idea, una línea, una voz que pudiera guiarle.
Pero a veces es precisamente ese vacío el que obliga a alguien a pensar, sentir y buscar. Así emprendí, sin propósito claro, un viaje a través de textos antiguos, voces olvidadas, amores del pasado. Fue entonces cuando conocí a Ibn Zaydún, el poeta andalusí del siglo XI, cuyas palabras aún tiemblan de pasión, deseo y pérdida. En su poesía encontré algo que no esperaba: imágenes. Imágenes que me ayudaron a ver mi propio interior, como si sus versos construyeran un puente entre su tiempo y el mío, entre su corazón y el mío.
Casi nada de las obras árabes de Ibn Zaydún está traducido al neerlandés. Y en español tampoco hay mucho. Eso hizo de mi búsqueda tanto una aventura como un deber. Decidí traducirlo en neerlandés, no solo para comprenderlo, sino para escuchar su respiración en mi lengua. Esas traducciones se convirtieron en una especie de ejercicio, un entrenamiento de la imaginación. Pues la imaginación no es un don que uno reciba simplemente; es algo que debe cultivarse, cuidarse, animarse. Y así, paso a paso, creció en mí un jardín de palabras.
Ese jardín finalmente condujo a este libro: «Poesía del Huerto de la Vida de Murcia. A la Sombra de Al-Ándalus.»
¿Por qué Murcia? ¿Por qué Al-Ándalus?
Murcia no es un nombre que todos conozcan, a menos que uno esté interesado en la historia o geografía española. Pero quien habla de Al-Ándalus menciona un mundo que en gran parte ha desaparecido, pero cuyos ecos aún resuenan. Durante la edad de oro de la civilización islámica en la península ibérica, Murcia formaba parte de ese reino, una región fronteriza entre ciudades como Córdoba y Cartagena, un lugar de agricultura, gestión del agua y cultura. Los ríos que corrían por allí traían vida, y con ella, poesía.
Escogí el título «A la Sombra de Al-Ándalus» porque soy consciente de que vivo en una época en la cual aquella gloria no es más que un recuerdo. Y sin embargo: esa sombra proyecta luz. No la luz intensa del sol del mediodía, sino la luz más suave del atardecer, que todo lo tiñe con tonos cálidos y viejos recuerdos. Bajo esa sombra permanezco con mis palabras. Bajo esa sombra he buscado imágenes, sonidos, aromas.
Porque este libro también trata de olores. Del aroma de la flor de naranjo en la mañana temprana, del dulce perfume de la fruta recién cosechada, del terroso aroma de la tierra después de una lluvia ligera. Trata del agua tranquila del río, que murmura suavemente con el viento. Trata del sosiego, del tiempo, de escuchar lo que está presente, en no siempre buscar lo que aún ha de llegar.
Y luego está Blanca.
Blanca es un pequeño pueblo en la región de Murcia, humilde y discreto, pero rico en significado para mí. Lo conozco desde hace 56 años. He caminado por sus calles en múltiples ocasiones, en en cada estación, con distintos estados de ánimo. Lo que vi, sentí y olfateé se convirtió en materia prima para muchos de estos poemas. A veces escribí sobre mis propias experiencias, sobre momentos de alegría o tristeza, sobre personas que conocí o añoré. Otras veces dejé que el paisaje hablara: las colinas, las casas, la tierra seca, las calles estrechas, el silencio de una tarde en la que hasta los pájaros callan.
Blanca es, pues, más que un lugar en este libro. Es un coautor, un testigo silencioso de mi búsqueda. Es el sitio donde aprendí que la poesía no siempre debe buscarse lejos. A veces simplemente está allí, bajo sus pies, en el polvo de un sendero, en el susurro de una hoja, en el rostro de un viejo conocido que pasa junto a usted en la calle.
El título «Poesía del Huerto de la Vida de Murcia» no es casualidad. Un huerto de la vida es un lugar de crecimiento, de convivencia, de naturaleza y ser humano. Es un espacio donde transcurre la vida diaria, donde los niños juegan, las mujeres cocinan, los hombres se lavan las manos antes de la cena. Es un símbolo de seguridad, de continuidad, del gozo sencillo pero profundo de vivir. Y justamente allí, en ese huerto, quise plantar mi poesía. No en un museo ni en un archivo académico, sino en la realidad misma de la existencia, aquí y ahora, con raíces en el pasado.
Mis poemas, por tanto, no son abstracciones. Tienen pies, manos, ojos. Pueden reír, llorar, dudar. Son quince en total, cada uno con su propio carácter, su propio tono, su propia fuente. Algunos son breves y contundentes, otros largos y contemplativos. Algunos están basados directamente en experiencias personales, otros están inspirados vagamente en situaciones o personas, y otros más están alimentados por la imaginación que poco a poco aprendí a domesticar y a usar.
Pero este libro es más que una colección de poesía. A cada poema le añado una observación final, escrita con la ayuda de un experto: una voz analítica que intenta revelar las posibles corrientes filosóficas presentes. Estos análisis no tratan sobre lo que yo pretendía decir, sino sobre lo que el texto puede sugerir, sobre cuáles podrían ser las tradiciones filosóficas o pensadores que encuentran eco en los versos. Es una manera de abrir la poesía a la interpretación, de conectarla con preguntas más amplias sobre la existencia, la identidad, el tiempo.
Además, incluyo junto a cada poema una breve reflexión bajo el título «Características del autor». Esta es mi tentativa de comprenderme a mí mismo a través de la poesía que escribí. Dado que apenas comencé a escribir poemas hace cuatro meses, veo estas observaciones como un tipo de espejo. ¿Qué dice cada poema sobre mí? ¿Qué emociones, creencias o anhelos emergen en ellos? ¿Qué puedo aprender sobre mí mismo al leer mis propias palabras, como si fuera otra persona?
Gracias a esta estructura triple — poema, análisis filosófico y reflexión del autor —, cada poema se convierte en un estudio completo en sí mismo. Juntos forman un conjunto rico y variado que se extiende a lo largo de más de 500 páginas. Es un libro que no solo desea ser leído, sino también examinado, repasado y, en la medida de lo posible, reconocido.
Este libro también es una conversación — entre yo y el mundo, entre yo y el pasado, entre yo y el lector. Usted está invitado a participar en esas conversaciones, quizás incluso usando algunas de ellas como un espejo para sus propias experiencias. Quizás reconozca algo de sí mismo en estos versos. O tal vez vea algo de Blanca, de Murcia, de Al-Ándalus en su entorno personal. O quizás simplemente sienta la calma que intenté capturar, la atmósfera de una época en la que aún había tiempo para detenerse y apreciar la belleza de la vida.
