LA CULTURA DEL ATÚN, ASPECTOS ETNOHISTÓRICOS (PRIMERA PARTE)
Jun 05 2025

POR JOSÉ LUIS ARAGÓN PANÉS, CRONISTA OFICIAL DE CHICLANA DE LA FRONTERA (CÁDIZ)

Litografía antigua de un almadraba de vista o tiro, según Sáñez Reguart, entre 1791 y 1794.

La migración que desde el Atlántico norte realiza ancestralmente durante los meses de abril a junio el atún rojo –Thunnus thynnus– hacia el Mediterráneo Occidental buscando aguas más cálidas para desovar, tiene a su paso por nuestro litoral un componente biológico y antrópico que se repite desde milenios: su captura y pesca en almadrabas. Las fuentes grecolatinas señalan su empleo por los fenicios, expertos marineros, tras observaciones directas y estudio, de la ruta migratoria de los atúnidos en las aguas norteafricanas septentrionales de Marruecos y Túnez, y las meridionales occidentales de la península ibérica.

El hecho que fuesen los fenicios no implica que con anterioridad, otras culturas primigenias autóctonas empleasen un sistema distinto para pescarlos. Pero con los fenicios, la pesca del atún rojo se convirtió en una actividad civilizatoria más, que continuarían los cartagineses, griegos, romanos y árabes. Los castellanos la adoptaron, usándola tras la conquista del suroeste de al-Ándalus.

El profesor Pedro Romero Solís, de la Universidad de Sevilla, sostiene que de cuantas teorías se han expuestos en numerosas investigaciones se deduce «muy posiblemente» la estrecha vinculación de la pesca con el descubrimiento de los fenicios de Occidente, y por tanto va más allá del interés de las materias primas metalúrgicas: oro, plata, estaño, plomo y otras formas de comercio tradicionales fenicias.

Uno de los motivos de los viajes de los fenicios a Occidente está relacionado con «el exceso de población y las graves crisis alimentarias» que padecía Tiro desde el siglo X a.C. Así, podemos deducir que no toda la mercancía que los fenicios cargaban en las bodegas de sus barcos en el viaje de retorno eran metales preciosos; una parte importante estaba compuesta por salazones, por lo cual debía de existir una importante industria salinera vital para la conservación de los atunes. Solo tenemos que recordar que las colonias o pequeñas ciudades fenicias –como la amurallada de Chiclana en el actual Cerro del castillo del Lirio– se hallaban cerca de lugares donde era más factible la extracción de sal –como fue nuestro caso– y la bahía de Cádiz, El Puerto de Santa María [poblado de doña Blanca e importante asentamiento fenicio] o nuestra ciudad hermana portuguesa –desde 2003– en la región del Alentejo, Alcácer do Sal, fundada del mismo modo que Chiclana por los fenicios, hacia el año 1000 a.C.

La técnica más común que usaban los púnico-fenicios para la captura de atúnidos, era la de «vista o tiro». Se basaba, primitivamente, en la vigilancia del mar en los meses de la entrada «por derecho» de los atunes, esperando su avistamiento desde torres o atalayas y su pronta llegada al lugar donde se instalaría la almadraba. Una vez avistados, unas barcas procedían a calar en el mar rápidamente una pesada red para cortarles el paso y cerrar el copo acercándolos lo más próximo a la costa hasta caer en otra red y poder arrastrarlos, tirando de ella hacia la orilla –de ahí el nombre de «almadraba de tiro»– los pescados recogidos; una operación que necesitaba de muchos hombres.

Esta modalidad de captura fue perfeccionándose a través de los siglos. Estuvo vigente hasta el siglo XVIII. A principios del XIX empezó a utilizarse la «almadraba de buche», que portugueses y pescadores del Levante español usaban con anterioridad. Esto trajo polémicas entre los pescadores, pues los que empleaban la técnica de «almadrabas de buche» tenían que tener la matrícula de Marina, mientras los de tiro, los más humildes, no estaban obligados a ello.

En el periódico «El Barómetro» hemos hallado una notica del 31 de mayo de 1837, sobre esta polémica referente a nuestra localidad: «Parece que en Chiclana ha faltado poco para alterarse la tranquilidad pública, por consecuencia de una disposición del señor comandante general del departamento relativa a impedir, con la fuerza armada, el que continúe la almadraba que se hacia por un considerable número de vecinos en su costa con el arte llamado de tiro. La citada autoridad se ha fundado para esta disposición en la real órden de 20 de abril último que hemos publicado, y que hace relación á nuestro entender al arte de buche que se calaba en la punta de la isla gaditana, llamada Sancti-Petri; pero de ninguna manera creemos que pueda hacerse estensiva [extensiva] la prohibición á cualquier individuo que quiera ejercer esta industria con el arte de tiro: siendo monstruoso que se quiera sostener, en un tiempo que se llama de igualdad, el privilegio exclusivo de ella en favor de los matriculados, con notable perjuicio de un sinnúmero de familias que hallaban de este modo su subsistencia. Esperamos que la sabiduría del Congreso [de los Diputados] dictará con la oportuna brevedad las medidas que destruyan este y cualquier otro monopolio que se pretenda absurdamente sostener por espíritu de envejecidas rutinas». Los pescadores de San Fernando, Conil y Chiclana, se oponían a la de «buche». (Continuará).

Bibliografía:

-BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA. Hemeroteca Digital. «El Barómetro», 31 de mayo de 1837.

-FLORIDO DEL CORRAL, D. (2005): «Evolución histórica y cultural de las almadrabas en el litoral atlántico meridional (siglo XVI-XX). QB13, Quaderns blaus Universidad de Girona. Cátedra de Estudios Marítimos, Ayuntamiento de Palamós y Museo de la pesca. Impreso en Cataluña.

-ROMERO SOLÍS, P. (1996): «La pesca del atún y su apoteosis daliniana. Reflexiones etnoculturales en torno a las artes de almadraba. En GONZÁLEZ TURMO, I. y ROMERO SOLÍS, P. (1996): “Antropología de la alimentación. Nuevos ensayos sobre la dieta mediterránea”. Imprenta A. Pinelo. Camas. Sevilla.

FUENTE: https://www.facebook.com/joseluis.aragonpanes

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