POR DAVID GÓMEZ DE MORA, CRONISTA OFICIAL DE LA PERALEJA, DE PIQUERAS DEL CASTILLO, VALDEPINO DE HUETE, SACEDA DEL RIO Y CARECENILLA (CUENCA).
Leíamos hace escaso tiempo que durante esta primavera se han podido contabilizar hasta 15 osos en el territorio de la Vall d’Aran1, un animal que siglos atrás no era difícil de encontrar en esta área pirenaica.
Si bien la regresión de la especie iba incrementándose a medida que trascurrían los siglos. Apreciaremos como ya entrados en la centuria del XIX, el oso únicamente resisitía en zonas concretas. Un dato que podemos extraer por las referencias de Madoz.
Hoy el oso pardo está catalogado como una especie en peligro de extinción, nada que ver con la situación de tiempos pasados, donde su población era más elevada, lo que motivará que casi siempre fuese visto como una amenaza.
Esto se deberá a diferentes razones, yendo desde el temor por un encuentro con esta criatura, la mentalidad y asociación que se ha tenido históricamente de la especie, además de que era un competidor cinegético que aprovechaba igual que los habitantes de la zona los mismos recursos que ofrecía el medio. Todo ello sin olvidarnos de las incursiones que podía efectuar en las zonas de pasto donde se encontraban los rebaños, así como el especial interés que se tenía por su piel.
Esta serie de motivos, fueron propiciando una idea negativa, que obviamente afectarán en la supervivencia de la especie, especialmente a medida que había una mayor disponibilidad de armas de fuego en las casas, puesto que su captura resultaba más efectiva, a pesar de que se conocen diferentes sistemas de caza y trampas, que ya vendrán recogidos en los tratados cinegéticos de la Edad Media.
Como decíamos, durante el siglo XIX todavía leemos referencias en la obra de Madoz2, en las que se menciona la presencia del oso en localidades del territorio aranés, tal y como apreciaremos en los municipios de Arró y Montgarri.
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