POR JUAN INFANTE MARTÍNEZ, CRONISTA OFICIAL DE VALDEPEÑAS DE JAÉN (JAÉN)
(Mi colaboración en Diario JAÉN la he dedicado, en esta ocasión, a otro tipo de vacaciones).
Mientras miles de personas intentan desconectar y descansar en abarrotadas playas compartiendo comidas y espacios con una multitud; otros, los menos, eligen el mundo rural para encontrar esa manera de desconectar, buscando reductos, que aún quedan, y que nos permiten vacacionar en lugares tranquilos de la naturaleza.
Nosotros hemos aprovechado los últimos días de este caluroso verano adentrándonos en la sierra de Valdepeñas de Jaén, acompañados por nuestra nieta, de seis años, que ha vivido unas experiencias difíciles de olvidar.
Hemos disfrutado, alojándonos en la cortijada de El Espinar:
– de la sabiduría popular de nuestros anfitriones Paqui y Antonio,
– de como para la gente del campo la abundancia no es tener mucho, sino valorar lo que se tiene
– y de la paciencia de quienes saben que todo trabajo tiene su tiempo, frente a quienes mueve la inmediatez.
A veces, en nuestro afán por facilitar a nuestros hijos y nietos la vida y evitar cualquier esfuerzo y sufrimiento, nos solemos olvidar de enseñarles lo que hay detrás de las cosas.
Nuestra nieta, acompañada por la de nuestros amigos, además de pasear por los senderos de nuestras impresionantes sierras, ha tenido la oportunidad de:
– disfrutar echando de comer a las gallinas y recogiendo sus huevos,
– ver la recogida de patatas, almendras y hortalizas,
– visitar las instalaciones y los prados en los que se alimentan las cabras con las que se fabrican exquisitos quesos
– y de ayudar en la preparación de algunos platos, con los alimentos recogidos.
Estas experiencias le habrán ayudado a comprender de dónde vienen algunos alimentos.
Tenemos que valorar el trabajo de la gente del campo, además de pagar precios justos y consumir productos de temporada, reconociendo públicamente la importancia de su trabajo.
Aunque esta experiencia siempre quedará en nuestra memoria y en la de nuestra nieta, lamentablemente, todo lo vivido se fue desvaneciendo, cuando volvimos a la realidad y a los relatos de siempre.
