POR JESÚS MARÍA SANCHIDRIÁN GALLEGO, CRONISTA OFICIAL DE ÁVILA.

LA ACADEMIA DE ÁVILA. IMAGEN HISTÓRICA DE LA CIUDAD. UNA MIRADA SOCIAL Y CULTURAL [ I ]. JM. SANCHIDRIÁN. Diario de Ávila, 21 de septiembre de 2025.
Ávila celebra este año el 150 aniversario de aquel día (10 de septiembre de 1875) en el que uno de los Palacios más representativos de su rico patrimonio monumental se convirtiera en sede de la Academia de Administración Militar, luego Academia de Intendencia, un centro de formación por el que han transitado miles de jóvenes cadetes y cientos de sabios profesores que irradiaron conocimiento y ciencia castrense de reconocida influencia en la sociedad y la cultura abulense.
A partir de entonces, la historia de la arquitectura monumental palaciega se vio vinculada el instituto de formación militar de la defensa. Tanto, que Palacio y Academia llevan más de un siglo siendo la misma cosa, estando estrechamente unidos en la conformación de la ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad.
Así pues, la ciudad de Ávila no se entiende sin la estampa icónica del conocido Palacio de la Academia de Intendencia o Palacio de Polentinos. Nombre debido a sus últimos propietarios, los cuales habían emparentado con la familia castellana de los Contreras, anteriores titulares, trascendiendo su relevanca incluso a la naturaleza bélica o marcial del uso que ha tenido hasta ahora la gran casa palaciega.
La imagen de la integración social y cultural en la vida de los abulenses de la Academia, vinculada al espacio arquitectónico que ocupa, el cual tiene la condición de BIC y forma parte del Conjunto Histórico, recreada desde el siglo pasado en dibujos, fotografías e ilustraciones varias, sirvió para iluminar y divulgar una parte significativa de la historia a través de publicaciones varias, archivos y catálogos de arte, biografías de personajes y celebridades, y de diversos acontecimientos y celebraciones.
Tratamos ahora de ofrecer una particular mirada de imágenes que narran la historia gráfica de una ciudad en un discurso contemplativo de una época histórica detenida en el tiempo, la misma que cautivó al movimiento romántico del convulsivo siglo XIX hasta el primer tercio del siglo XX.
En este caso, el periodo histórico elegido para contar una parte de la historia abarca hasta el año 1931, dada la singularidad histórica de este periodo de guerras en Cuba y en África, y de grandes transformaciones de los ejércitos, y del cual ya no quedan testimonios vivos, como sí ocurre en etapas posteriores.
En un principio, el esplendor renacentista de la ciudad encontró en el grabado y la fotografía una forma de recuperar y revitalizar la grandiosidad monumental heredada de un pasado floreciente. En ello, el Palacio de Polentinos es objeto de llamativas recreaciones, siendo destacable el trabajo de Jean Laurent (1816-1886), un fotógrafo francés que retrató España al gusto de los viajeros extranjeros que encontraban en la península extraordinarios contrastes de belleza artística, pasión y patriotismo, aventura y tradición, libertad y miseria humana.
ESTAMPAS DE PALACIO.
Antes de que la Academia se asentara en el Palacio de Polentinos de Ávila, la imagen romántica de este llamó la tención de prestigiosos artistas que la dibujaron y divulgaron en litografías y grabados del gusto artístico de la época, tal y como hicieron Carderera, Van Halen y Parcerisa.
A partir de entonces, dichas estampas pasaron a formar parte de la identidad de la futura Academia militar, en la cual se funde la historia de siglos de la ciudad. Efectivamente, Palacio de Polentinos y Academia de Intendencia son la misma cosa en el imaginario colectivo de los últimos 150 años.
El primer contacto plástico con el llamado Palacio del Polentinos, cuando todavía no se había instalado en él la Academia de Administración Militar, nos lo proporcionó Valentín Carderera y Solano (1796-1880) en una bello dibujo a lápiz y acuarela sobre papel, fechado en 1840, que conserva el Museo Lázaro Galdiano.
Durante su estancia en Ávila, Carderera dibujó unas cuarenta láminas de los monumentos abulenses y anotó todo lo que vio en un detallado diario de viajes con claro propósito de defensa del patrimonio cultural, al tiempo que tomó apuntes para su gran obra gráfica de la iconografía española que recrea numerosos personajes de raigambre abulense, tal y como advertimos en la exposición celebrada en el Museo de Ávila en 2018.
El palacio estaba ocupado entonces por el Gobierno Político y más tarde por el Ayuntamiento, la imagen recreada enseña el patio de columnas de dos plantas con su mitad norte y primera crujía exenta, con galerías y balaustradas de piedra abiertas, y animada con la pose de una diminuta figura de mujer sentada a la entrada de una estancia de la planta baja. Otros apuntes del Palacio reflejan en líneas y trazos a lápiz un escudo y la portentosa fachada, lo que ya hemos comentado en estas misma páginas en (DAV, 28/05/2018).
Carderera fue un pintor formado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, formación que continuó en Italia durante nueve años. Regresó en 1831, desarrolló una ingente actividad como coleccionista, bibliófilo, académico, arqueólogo, historiador, erudito escritor, estudioso del mundo medieval y pionero en la divulgación de la obra de Goya, además de viajero e ilustrador infatigable de motivos y vistas monumentales de pueblos y ciudades de Castilla, León, Aragón, Navarra y Cataluña de los que hizo cientos de dibujos y acuarelas. También fue comisionado por la Academia de Bellas Artes para inventariar y proteger de expolios el patrimonio artístico desamortizado.
Igualmente, la ciudad pintoresca de mediado el siglo XIX es la que nos dibujó y litografió Francisco de Paula Van Halen (1800-1887) en una larga serie de estampas típicas de las gentes y los monumentos de Ávila, reproducidas en láminas que se vendían sueltas en 1844-1848. En esta oportunidad, destacamos la atractiva vista de la fachada palaciega de Polentinos.
La escena se completa con varios paisanos que dan escala y animación al monumento dibujado y coloreado con tonos pasteles, son tipos que con el tiempo serán sustituidos por cadetes y soldados de intendencia, los cuales se convirtieron en guardianes eternos de la casa fortaleza construida en el siglo XVI.
El pintor Francisco de Paula Van Halen (1800-1887), ocupó el puesto de dibujante del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, ejerció una larga carrera de pintor y fue un asiduo participante de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes celebradas entre 1856 y 1867.
Por su parte, Francisco Xavier Parcerisa dibujó una de las obras más importantes de la historia gráfica de Ávila para el libro Recuerdos y bellezas de España (1865) escrito por José Mª Quadrado. Hizo un total de 22 estampas de Ávila y Arévalo que fueron litografiadas por S. Ysla en el taller de Labielle en Barcelona, entre las que figuran los monumentos de la capital abulense: la Catedral, la Puerta del Alcázar, San Pedro, San Vicente, Mosén Rubí, y el Palacio de Polentinos, cuya entrada está guardada por un paisano que custodia la entrada a modo de portero para darnos la bienvenida, igual que tradicionalmente viene haciéndose en la Academia.
Parcerisa también fue litógrafo, daguerrotipista, académico de la Real de San Fernando, y pintor que participó en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de 1856 y 1866 donde obtuvo diversos premios y galardones.
ACADEMIA MONUMENTAL.
El mismo propósito que guió a dibujantes y grabadores atrajo la atención de fotógrafos y editores al servicio de doctos historiadores, ilustrados viajeros y ávidos lectores. El pionero de todos fue Jean Laurent (1816-1886), autor de las primeras fotografías del Palacio de Polentinos en1864, años antes de la instalación de la Academia, donde se aprecia el estado del patio con una galería cerrada con paramentos de ladrillo visto y la galería de la primera crujía abierta al cielo.
También destaca este reportaje otra vista de la lujosa fachada casi exenta en la que se apoya un curioso personaje que guarda la finca, foto esta que será un icono en la representación tanto del palacio y como de la academia.
Una vez instalada la Academia en el palacio, en 1878, Laurent actualiza las vistas del patio central, ya más esplendoroso, en el que ya aparecen numeradas las clases y dependencias dedicadas a la enseñanza, a la vez que retrata el nuevo furgón que empezará a utilizarse por el ejército en el antiguo cuartel de la plaza de los Mostenses de Madrid.
Más tarde, la firma Laurent toma otra original imagen de los soldados en formación en el patio sur del palacio que da a la antigua huerta de Santa Teresa del convento carmelita, la cual se publica ilustrando el conjunto de academias militares españolas: Academia de Infantería en Toledo, Colegio de Huérfanos de la Guerra en Guadalajara, Academia de Artillería en Segovia, y Academia de Administración Militar en Ávila (Mundo Naval Ilustrado, 1/12/1898, BNE).
Con todo, quedó así completado el catálogo monumental, artístico y pintoresco de Ávila que comercializa la casa Laurent entre 1865-1895, donde incluyeron medio centenar de vistas de la ciudad palaciega, conventual y eclesiástica que daba cobijo entonces a cuatro mil habitantes.
En la misma línea que Laurent, en 1866 otro fotógrafo francés, Luis Leon Masson (1825-1882), retrató Ávila a través de las vistas de las murallas sobre el río Adaja y la portada del Palacio de Polentinos con el patio de columnas al descubierto, una llamativa imagen de piedra labrada atrayente de viajeros curiosos.
En 1870, Fernando Fulgosio y Carasa (1831-1873) elige la primera vista de Laurent del patio de Polentinos para ilustrar la Crónica de Ávila, una imagen representativa de la ciudad histórica. Fulgosio era funcionario del Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Anticuarios, desempeñó su labor en el Museo Arqueológico Nacional, dando a conocer muchos de sus fondos, y colaboró activamente en las principales publicaciones de su tiempo, tanto a nivel científico como literario.
Igualmente, el toledano Casiano Alguacil (1832-1914) retrató Ávila para su singular Museo Fotográfico, embrión gráfico de los catálogos monumentales de distintas provincias españolas. La ciudad histórica y la ciudad artística ocupa la temática central de la fotografía de Alguacil, un peculiar fotógrafo toledano que recorrió Ávila a partir de 1875 con la idea puesta en inmortalizar su imagen centenaria que rebosa en la arquitectura de sus edificios más relevantes.
Del reportaje realizado entonces, destacamos ahora la vista del Palacio de Polentinos, sede de la Academia de Administración Militar, centro al que pertenecen los personajes que posan en el patio todavía semidescubierto dando prestancia y animación a la escena. La Academia ‘palaciega’, como ocurrió con el fondo de Laurent, pasó así a formar parte de catálogo monumental de Ávila, junto con la catedral, la basílica de San Vicente, el convento de Santo Tomás, la iglesia de San Pedro, la iglesia y convento de Santa Teresa, la portada del antiguo hospital de Santa Escolástica, la muralla y las puertas del Alcázar y San Vicente, y la calle de San Segundo y la calle de la Vida y la muerte.
SOCIALIZACIÓN DE LA IMAGEN.
La necesidad de reproducir imágenes en medios impresos y multiplicar así su difusión encontró la solución técnica en la invención del procedimiento autotípico del grabador y empresario alemán Georg Meisenbach (1841-1912).
Dicho procedimiento requería primero descomponer la imagen mediante una trama en minúsculos puntos que se fijan a un cliché metálico fototipográfico, a partir del cual, una vez entintado y estampado, se obtienen las copias impresas. Fue así como el palacio-academia que había retratado Laurent se reprodujo, junto a otras 18 imágenes de Ávila, en el libro España: sus monumentos y artes, su naturaleza e historia. Salamanca, Ávila y Segovia (1884), de José Mª. Quadrado.
De la misma manera, el patio central del palacio que fotografió L. Levy en 1888 se reproddujo Meisterwerke der Baukunst und des Kunstgewerbes in Spanien: 1: Alcala de Henares, Archena, Argentona, Avila, Barcelona, Burgos (Joly, 1906).
Los conocimientos y habilidades que poseían los militares superaban los propios de los distintos cuerpos del ejército, y enseguida se prestaban al servicio de la sociedad, la cultura en general y otras ciencias. Tal es el caso de la obra de Emilio Valverde Álvarez (1848-1994), quien fue graduado capitán y comandante de infantería, además de cartógrafo, geógrafo y escritor. Escribió Guía del viajero en Ávila (1886), entre otras obras y una veintena de guías más, atlas y tratados de geografía.
La guía abulense incluyó un plano de la ciudad trazado por el autor y ocho grabados de monumentos realizados a partir de las fotografías de Ávila tomadas por Jean Laurent. Y como no podía ser menos, se reproduce la portada churrigueresca del Palacio de Polentinos, indicando: «se halla establecida la Academia del Cuerpo administrativo del Ejército, perfectamente montada, poseyendo una buena biblioteca y un completo museo de todos los útiles referentes al soldado, y que están a cargo de la Administracón militar».
ÁVILA EN 1888.
“Ávila en 1888” es el retrato de la ciudad que hizo la sociedad fotográfica francesa Lévy et Cie, fundada en 1855 y formada por Isaac George Lévy y sus hijos Ernest y Lucien, en la expedición Nouveau voyage en Espagne, que también llegó a Portugal y Marruecos, realizada durante los años 1888 y 1889. En su recorrido por la península se hicieron casi dos mil fotografías, entre las que la ciudad de Ávila aparece retratada en unas cincuenta imágenes rubricadas por la casa Lévy et ses fils bajo la firma L.L., las siglas de sus fundadores.
Entre aquellas fotografías destacamos, cómo no, el Palacio de Polentinos, sede de la Academia de Administración Militar. Son nuevas vistas del patio de columnas, todavía abierto al cielo por su galería norte, y de la fachada, cuya entrada está escoltada por dos garitas, y donde puede leerse «Academia del Cuerpo Administrativo del Ejército». Una ejemplo más de integración sociocultural del Palacio y la Academia en la promoción artística de la ciudad, y la muestra más representativa de la ciudad palaciega, como ya hemos dicho otras veces (DAV, 26/08/2013).
Pronto el álbum de Ávila de la casa L. Lévy fue objeto de coleccionista y cayó en manos de Bernardino Melgar y Abreu (1863-1942), IX Marqués de Benavites, VII de San Juan de Piedras Albas, VI de Canales de Chozas y Señor de Alconchel. Además, fue diputado y senador, académico de la RAH, bibliófilo y coleccionista, y un polifacético humanista comprometido con la cultura abulense y la figura de nuestra paisana Santa Teresa de Jesús. Su legado se conserva en la Biblioteca Pública y del Museo de Ávila.
ARQUITECTURA, ARTE E HISTORIA.
Fotografía y arquitectura, dos ciencias que comulgan de las bellas artes en Ávila, se unen de forma extraordinaria en el estudio de la arquitectura monumental española que hizo el arquitecto alemán Max Junghändel, quien en 1886 recorrió la península fotografiando su rico patrimonio con voluntad científica de documentar el mismo y formar un catálogo ilustrado que sirviera de fuente de conocimiento para su estudio e investigación.
Las fototipias de Ávila incluidas en en la edición alemana de la obra “La Arquitectura de España estudiada en sus principales monumentos”, de Junghändel, son vistas de la iglesia de San Pedro, la basílica de San Vicente, la Catedral, las Murallas y el Palacio de Polentinos destinado a Academia militar en la que un grupo de cadetes posa en el patio central enmarcados por las columnas de las galería, lo que ya comentamos tiempo atrás (DAV, 16/02/2014).
Dejando atrás el barroco de Polentinos, la arquitectura modernista abulense tiene en el arquitecto abulense Isidro Benito Domínguez (1870-1932) a uno de sus mejores representantes, como prueban los conocidos edificios de la “Flor de Castilla” y “Tejidos Los Catalanes” en la calle Don Gerónimo, además de la rica arquitectura mortuoria del cementerio municipal.
Isidro Benito fue un hombre seducido por la riqueza monumental de Ávila, además de convencido creyente, viajero incansable, entusiasta taurino, buen dibujante, fotógrafo aficionado y padre de familia emparentado con la aristocracia y alta burguesía abulense.
De su obra fotográfica de la década de 1890 se conservan interesantes vistas de la ciudad histórica y monumental, y también del palacio de Polentinos con su fachada y puerta principal todavía sin reformar y su llamativo patio de columnas, con elegantes figurantes incluidos, sobre los que ya hemos escrito (DAV, 6/08/2018).
Tampoco podía faltar en el Estudio Histórico de Ávila (Tipografía Sarachaga, 1896), de Enrique Balleteros, la casa de Polentinos, en la calle de la Rúa. Al autor le parece de un exagerado barroquismo las labras de trofeos y armaduras de la fachadas, mientras intuye sobre la puerta un matacán airoso, pero deslucido por un medio cuerpo levantado en una segunda planta en la reconstrucción de la primera crujía, tal y como se aprecia en la fotografía que se reproduce junto con otros monumentos.
Por dicha obra, Ballesteros, que pertenecía al «Cuerpo facultativo de archiveros, bibliotecarios y anticuarios, con título de la Escuela superior de diplomática, especial del mencionado cuerpo; jefe del Archivo provincial de Hacienda de Ávila, etc.», había obtenido el Primer premio del Excmo. Ayto. de Ávila, en el certamen celebrado en 1891, con motivo de la festividad de Santa Teresa de Jesús.
Encerrar la historia monumental de Ávila en un álbum y fijar la ciudad en imágenes, y obsequiar las mismas al Presidente de Gobierno, quien veraneaba y tenía casa en la plaza del Mercado Grande de Ávila, fue una forma de ofrecer esta tierra al resto de España. Eso es lo que hizo allá por el año 1898 Rafael de Sierra (1847-1929), Delegado de Hacienda de Ávila y fotógrafo “amateur”, que para tal fin reunió treinta y siete vistas de los monumentos y escenarios más importantes de Ávila.
El Palacio de Polentinos, recientemente remodelado, presenta su elegante fachada escoltada por una compañía en la entrada, mientras nos observan un guardia local y un joven apoyados en el muro de cerramiento, a la vez que varios tipos pululan por el patio central de la Academia convertido en escenario para la ocasión, apuntamos en otro momento (DA, 22/09/2013)
Rafael de Sierra recorrió Ávila en tiempos de cesantía como funcionario militante en el partido liberal. Antes había ocupado el cargo de gobernador civil en Filipinas por una enfermedad tropical. En Ávila, se aloja en el hotel Inglés y enseguida se integra en la colonia veraniega que aprovechaba las bonanzas del clima y las aguas del balneario de Santa Teresa, lugar que solía recibir frecuentes visitas de Sagasta.
También Ávila, como objeto de arte y arquitectura, de estampa histórica e iconográfica, aparece consagrada como tal en el archivo fotográfico que desde 1893 forma Mariano Moreno García (1865-1925), un fotógrafo dedicado en exclusiva a retratar el patrimonio cultural español con vocación de documentar el mismo y servir a profesores, investigadores, historiadores, conservadores, coleccionistas, académicos, científicos y otros estudiosos, también a museos, sociedades o instituciones académicas, relacionados todos con las bellas artes.
Y entre la veintena de instantáneas de la muralla y de arquitectura religiosa de la catedral y otras iglesias y conventos, resaltamos la arquitectura palaciega renacentista significada en el renovado patio del Palacio de Polentinos y su imponente fachada (DAV, 20/04/2014).
En 1900, el prestigioso arqueólogo e historiador Manuel Gómez Moreno (1870-1970) recorre Ávila y provincia con su cámara fotográfica, una extraordinaria herramienta auxiliar para llevar a cabo sus investigaciones científicas, a la que suma los catálogos de Laurent, Alguacil y Moreno.
Su trabajo, encomendado por RD de 1/06/1900 a través de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, tenía la encomienda de «llevar a cabo el catálogo completo de las riquezas artísticas del territorio abulense con la doble finalidad de que sirviese de guía provechosa a los que se dedican al estudio de la Historia del Arte y de inventario seguro que garantice la conservación de riquezas inestimables expuestas a desaparecer a impulsos de la codicia de los propios o de los manejos empleados para adquirirlas por los extraños».
Como resultado de la expedición, Gómez Moreno forma el “Catálogo Monumental de la provincia de Ávila”, el cual fue ilustrado con más de trescientas fotografías. Entre otras virtudes de esta obra, una de ellas es la de constituir el primer ejemplo de una innovadora forma de documentar, inventariar y poner en valor el patrimonio cultural apoyándose en la imagen, metodología embrionaria de la fototeca del Centro de Estudios Históricos que dirigió, como ya hemos dicho (DAV, 28/05/2015).
Del Palacio de Polentinos convertido en Academia militar, Gómez Moreno informa de la vistosidad y composición de la fachada y su reconstrucción posterior a partir del estado que fotografió Laurent en 1860. Y lo hace discutiendo su estilo, atribuido al taller de Vasco de la Zarza, diseñado para el mayorazgo de los Contreras en 1520, y cuestionando la disposición del voladizo sobre ménsulas y las nuevas cornisas de los lados de 1894.
Al mismo tiempo, destaca la belleza del patio que ha sido restaurado con gran esmero, una vez comprobado su aspecto anterior en la fotografía de Alguacil de 1876 que acompaña.
Veinticinco años depués de la instalación de la Academia, visita la ciudad Aurelio de Colmenares y Orgaz (1873-1947), VII Conde de Polentinos, heredero de los anteriores propietarios del Palacio. Lo hace como retratista “amateur” de los monumentos y el caserío popular de la ciudad, motivos que atrajeron al cronista madrileño en su periplo excursionista por España.
Entre las casi doscientas y fotografías abulenses que hizo en el periodo 1897-1910, reseñamos las vistas de la Academia, la casa de sus ancestros que había vendido su abuelo al Ayuntamiento, así como otra del original palacio de Polentinos que estaba situado adosado a la muralla junto a la puerta del Carmen, hoy jardín del parador de turismo.
La vocación fotográfica del conde de Polentinos, la cual ejerció también firmando algunas postales de escenas militares, fue compaginada con la realización de investigaciones históricos y una intensa actividad desarrollada en diversas instituciones de divulgación artística y promoción cultural, como fueron el Ateneo de Madrid, la Real Sociedad Fotográfica de Madrid, la Sociedad Española de Excursionistas, la Sociedad de Amigos del Arte, la Sociedad de Escritores y Artistas, y el Museo de Historia de Madrid. Al mismo tiempo, el conde también se ocupó de las atenciones protocolarias propias de su condición nobiliaria, escribimos en su día (DAV, 22/03/2015).
La atracción que ejercía la historia y el arte abulenses para los hispanista y viajeros europeos no pasó desapercibida para el matrimonio que formaban los franceses Marcel (1844-1920) y Jane Dieulafoy (1851-1916).
Jane Dieulafoy fue una exploradora, antropóloga, arqueóloga, escritora, traductora, viajera, novelista, periodista, militar, feminista. Se casó con Marcel-Auguste Dieulafoy, con quien realizó viajes y exploraciones. Ambos compartían todo tipo de inquietudes culturales, académicas y científicas, y se prestaban ayuda mutua en todos los estudios, investigaciones y trabajos que desarrollaron.
Para ilustrar y documentar las expediciones arqueológicas y relatos de viajes, así como las publicaciones que editaban. La ciudad de Ávila aparece en la obra de Jane Dieulafoy en el libro de viajes “Castille & Andalousie” publicado en la revista “Le Tour du Monde” nº 30 de 27 de julio de 1907.
Aquí, la autora describe la ciudad luminosa que visitó y retrató en la década de 1890, y se detiene con especial atención en su aspecto medieval, en el tradicional mercado frutas y verduras en puestos regentados por aldeanos y campesinos, en las fuentes que abastecen de agua a la ciudad, en los templos donde oran los lugareños, en el teresiano convento de La Encarnación, en el isabelino monasterio de santo Tomás, y en las figuras de Santa Teresa, Fray Luis de León, y el príncipe Don Juan, hijo de Isabel la Católica.
También cita la importancia de la ciudad como lugar de veraneo de la aristocracia madrileña y le llama la atención la voz del sereno que vela por la tranquilidad de los vecinos mientras los cadete duermen en la señorial Academia militar cuyo patio luce espledorosamente.
El foco de conocimiento que se respira en la Academia,el cual supera es aspector militar, se completa con el ambiente pedagógico que desprende el vecino instituto de enseñanza media instalado en la misma calle en la casa de don Gaspar Bullón. Allí imparte clase Francisco de las Barras de Aragón (1869-1955), profesor del Instituto, fue un prestigioso científico, naturalista, antropólogo, etnógrafo, arqueólogo, académico de Bellas Artes y comisionado de monumentos, de cuya figura ya nos ocupamos en otra ocasión (DAV, 1/03/2015).
Durante su estancia en Ávila realizó interesantes reportajes fotográficos de la ciudad. Escribió sobre el verraco de la plaza de Santo Domingo, situado frente a la fachada sur de la Academia de Administración Militar, procedente de Cardeñosa, trasladado después a la actual plaza de Adolfo Suárez,al ocuparse el solar de la iglesia y la plaza por una ampliación del la Academia.
También se interesó por los verracos del Palacio de Abrantes, en la plaza de Sofraga (delante del Palacio de los Verdugo el existente en la casa de los condes de Crescente, en la plaza de San Andrés, y otro más de la plaza del Rollo (Alrededor del Mundo, 23/05/1901).
La relevanciá artística de Ávila trasciende al ámbito local para formar parte de la historia unversal, de ahí el espacio que ocupa en la Enciclopedia ilustrada. (Ed. Miguel Seguí, 1906), la cual es “de gran utilidad y belleza, ye posee toda la suma de conocimientos que se han sucedido en el haz de la Tierra”. Incluye 12 fotografías de los principales monumentos de Ávila , entre los que figura imagen del archivo Moreno del patio rehabilitado del Palacio de Polentinos, sede de la Academia de Administración Militar, una de las arquitecturas .
Más aún, las legendarias imágenes que retrataron Jean Laurent y Casiano Alguacil en 1864-1878 cobró especial protagonismo ante el público anglosajón, tan ávido de lugares ‘exóticos’ como los que presentaban en España las ciudades históricas con viejos palacios, templos y conventos antiguos, y caseríos ruinosos, a lo que contribuyó la obra editorial de Albert Frederick Calvert (1872-1946).
El editor, Albert Calvert, fue un famoso escritor, ingeniero de minas y explorador británico en Australia. Destacó como “hispanista” y autor de “The Spanish Series”, una colección de 36 libros sobre España y el Arte español, en la que se incluye el título Valladolid, Oviedo, Zamora, Ávila y Zaragoza (New York, Jhon Lane Company, 1908).
Se trata de un relato histórico, descriptivo, ilustrado y gráfico de Ávila, donde, entre el centenar de fotos de los monumentos de la ciudad destaca la portada del Palacio de Polentinos que hizo Alguacil, una vista anterior a su rehabilitación para sede de la Academia de Administración militar. Por estos trabajos, Albert Calvert fue distinguido por el Rey Alfonso XIII los títulos de Caballero de la Orden de Alfonso XII y de Isabel La Católica.
PROXIMA ENTREGA: Domingo 28 de septiembre de 2025: La Academia de Ávila. Imagen Histórica de la Ciudad (II).
FUENTE E IMÁGENES: https://www.facebook.com/jmsanchidrian1234
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