POR MARÍA DEL CARMEN CALDERÓN BERROCAL, CRONISTA OFICIAL DE CABEZA LA VACA (BADAJOZ)
Su vida entera transcurre en el aire: come en vuelo, duerme en vuelo, se aparea en vuelo. Ni siquiera desciende para construir su nido, que arma con pequeñas fibras que recoge flotando en el viento.
Una de sus facetas más bellas es su sentido de comunidad. Cuando un vencejo joven emprende su primer vuelo, no está solo, cualquier adulto que lo vea en apuros acudirá a escoltarlo o a darle un pequeño impulso hacia las alturas. Si logra alzar el vuelo con éxito, pasará casi un año entero sin volver a posarse. Este prodigio alado, sin embargo, vive amenazado. Sus poblaciones llevan años en declive y uno de los principales peligros es la desaparición de sus lugares de cría.
Tras recorrer miles de kilómetros desde África, los vencejos llegan a nuestras ciudades solo para descubrir que los edificios que les servían de refugio han sido reformados, sellando los huecos donde solían anidar. Peor aún, muchas obras se inician en plena temporada de cría, atrapando a polluelos y adultos dentro de las estructuras, provocando muertes innecesarias y crueles.
Luchar contra acciones nocivas
Organizaciones como SEO/BirdLife luchan para cambiar esta situación y denuncian los casos más graves, trabajando activamente para ofrecer soluciones reales, siempre con el respaldo de quienes creen que la naturaleza merece respeto y protección. Pero hay mucho desalmado, también están en las instituciones. Desde las instituciones debe lucharse por la vida y la biodiversidad, luchar porque la ciudad no se convierta en un bloque de cemento duro y frío en invierno, duro y estridente de calor en verano. Una ciudad debe, tiene que tener, parques, jardines, árboles en todas las calles, debe tener también prohibiciones contra quienes actúan contra las aves, gatos, perros y otros seres que no hacen más que acompañar al humano y darle ejemplo con sus candorosas y sabias vidas, libres de maldad. Nos hace falta acercar la naturaleza a las ciudades, no nos hace falta para nada de nada, que se luche contra la naturaleza.
Lo que los vencejos pueden enseñarnos
Aunque diminutos y muchas veces invisibles en su altura, los vencejos comunes encierran lecciones profundas sobre la vida, la resiliencia y la solidaridad. Nos enseñan con su ejemplo muchas cosas, entre ellas:
-Perseverancia incansable. El vencejo no se detiene. Literalmente. Puede pasar hasta diez meses seguidos en el aire sin posarse ni una sola vez. Nos recuerda que la constancia y la capacidad de mantenerse en movimiento, incluso ante la adversidad, son claves para llegar lejos.
-Cooperación y apoyo mutuo. Cuando una cría da sus primeros aleteos, no lo hace sola. Cualquier vencejo adulto que vea su esfuerzo, sin importar si es su progenitor o no, se lanza a ayudar. A veces la acompaña, otras veces la empuja suavemente hacia arriba. Es un gesto de solidaridad pura. Nos enseña que el bien común está por encima del ego y que todos podemos sostener el vuelo de otros cuando flaquean.
-Humildad silenciosa. No hacen ruido. No reclaman atención. Simplemente vuelan. Son eficaces, discretos y esenciales para el equilibrio natural. En un mundo que muchas veces premia lo estridente, los vencejos nos recuerdan el valor de la sencillez y del impacto silencioso.
-Adaptabilidad. Vivir en el aire requiere una precisión extrema. Los vencejos lo han perfeccionado al punto de que su cuerpo y mente están hechos para el vuelo constante. Nos inspiran a desarrollar nuestras habilidades, a adaptarnos a nuestro entorno con inteligencia y a ser capaces de cambiar sin perder nuestra esencia.
-Fidelidad a su hogar. Después de recorrer miles de kilómetros desde África, regresan cada año al mismo lugar para criar. Su sentido del hogar es fuerte. Nos invitan a reflexionar sobre nuestras raíces, sobre lo que cuidamos y sobre el derecho de todos los seres vivos a tener un espacio seguro donde crecer.
En definitiva
Si sientes que algo no va bien cuando se destruye la vida de esta forma, si te importa que nuestras aves sigan volando libres… y no se pierda ni una vida más, que no se extinga ni una especie más, tu voz, tu actitud, tu actividad es muy importante. Súmate a esta nuestra causa y todas las causas que persigan la protección del reino animal y la naturaleza en general. Nuestro futuro lo necesita, lo mismo que el suyo. Cambiar las cosas está en nuestras manos.
Cuando veas un vencejo en el suelo es que algo le pasa, de lo contrario, seguiría en vuelo. Ayúdalo, Llévalo al veterinario y/o al Centro de Recuperación de Especies de tu ciudad.