ÁVILA ABRAZA EL CIELO. PROTAGONISMO ABULENSE EN LA NAVEGACIÓN AÉREA
POR JESÚS MARÍA SANCHIDRIÁN GALLEGO, CRONISTA OFICIAL DE ÁVILA.

Aprovechando que España conmemora el centenario del primer vuelo transoceánico nos adentramos en la aportación abulense a la historia aérea.
Durante este año de 2026, España conmemora en América Latina el centenario del primer vuelo transoceánico rememorando que el 22 de enero de 1926 el avión «Plus Ultra» se convirtió en la primera aeronave en atravesar el Atlántico sur, uniendo Palos de la Frontera (España) con Brasil, Uruguay y Argentina. A la efeméride, organizada por el Ejército del Aire y del Espacio, se suman otros grandes vuelos de la aviación militar española hasta 1935, entre los que figura la proeza del abulense Ignacio Jiménez tripulando en 1929 el «Jesús del Gran Poder», lo que ahora nos permite acercarnos a la singular historia de la aviación en Ávila.
Aprovechando entonces la circunstancia de dicho aniversario, nos adentramos en varios capítulos de la navegación aérea en Ávila, los cuales nos hablan de globos aerostáticos, de las hazañas de los intrépidos pilotos que salieron de esta tierra, de las exhibiciones aéreas en las eras de san Nicolás, de la cuestación popular para la compara de un avión para el ejército, y de la existencia de un beligerante aeródromo militar durante la guerra civil.
ÁVILA DESDE EL CIELO.
Ávila, como escenario bajo el cielo, fue descubierta por primera vez desde el espacio cuando lo cruzó en ascensión libre el globo aerostático “Marte”, emulando aquella hazaña de primer vuelo en globo de aire caliente de los hermanos Montgolfier de 1793.
Entonces, el 25 de octubre de 1902, el globo “Marte”, adquirido en Francia en 1897 un año después de la creación del Servicio de Aerostación Militar, «se elevó en Guadalajara siguiendo la dirección de los vientos que le impulsaban, se dirigió hacia la peligrosa sierra del Guadarrama, que, cubierta de hielo y nieve, se erguía altanera como una muralla que jamás había sido cruzada por aeronave alguna…
A las trece horas ya han vencido en su empresa: han cruzado la Sierra del Guadarrama, pocos kilómetros a la derecha de El Escorial, y se encuentran sobre la llanura de Ávila. A las diecisiete horas vuelan sobre el río Tormes. Cambia el viento, y vuelven otra vez hacia Ávila» (Goma, J. Historia de la aeronáutica española, 1946).
«Cruzando la provincia de Ávila, [los expedicionarios] intentaban seguir la marcha por la de Salamanca, para buscar cómodo descenso cerca de esta ciudad, cuando un cambio repentino en la dirección del viento les decidió a bajar a tierra en Chagarcía Medianero, pueblo del partido de Alba de Tormes [situado en el límite con la provincia abulense].
»El descenso se verificó a las cinco y cuarto de la tarde, habiendo durado el viaje ocho horas y cuarenta minutos, en cuyo tiempo hicieron un recorrido que calculan en 240 kilómetros.
La velocidad máxima, en algunos momentos, fue de 50 kilómetros por hora. El 26 por la mañana soltaron unas palomas mensajeras, que llevaron a Guadalajara noticias de los viajeros y del resultado de su excursión.
Después, en unión del globo, emprendieron en un carro, el viaje a esta ciudad [pasando por Ávila de regreso]» (El Adelanto, 28/10/1928).
Trece años después, en 1915, la casualidad hizo que, en el cielo de Mingorría, a 12 kilómetros de Ávila, aparecieran dos globos. Ocurrió el 3 de julio, cuando regresaban a la guarnición de Guadalajara los ingenieros militares que habían efectuado prácticas de vuelo en Salamanca. Los globos eran el «Alfonso XIII», un hermoso aeróstato de 720 metros cúbicos de capacidad, de extraña forma ovoidal y todo él pintado de amarillo, con dos ocupantes; y el globo «Neptuno», tripulado por los oficiales Balbas, Nicolás Franco, Joaquín de la Llave y Emilio G. Millas.
A las pocas horas de salir de Salamanca, ya en las proximidades de Mingorría, el «Neptuno» no encontró vientos favorables y cayó a tierra en las inmediaciones del pueblo sin que sus ocupantes sufrieran percance físico alguno, escribió Enrique de Sena (El Adelanto, y La Vanguardia, 5/07/1915), igual que hizo Andrés Pérez de Cardenal (La Basílica Teresiana, 16/07/1915).
El espectáculo aéreo despertó gran interés entre la población mingorriana que se concentró en la plaza de la localidad asombrada, lo que ya recordamos en otra ocasión (DAV, 11/02/2020) .
Pasados 75 años, en septiembre de 1990, el productor artístico alemán Michael Reckling Baümer hizo dos viajes en globo sobre la ciudad para un espectáculo audiovisual conmemortivo del IX Centenario de la Muralla de Ávila (DAV, 13/09/1990).
En reconocimiento a su trabajo, el Ayuntamiento le hizo entrega de una placa conmemorativa
INTENDENTES AVIADORES DE LA ACADEMIA DE ÁVILA.
La aviación militar se creó en España mediante una Real Orden de 2 de abril de 1910, firmada por el ministro de la Guerra Ángel Aznar para dotar de aerolanos el Ejército y la creación del laboratorio de aerodinámica. Presidía entonces el Consejo de ministros José Canalejas, el político liberal que había sido recibido en Ávila en 1897 cuando acudió a visitar a su correligionario Sagasta, quince años antes de que fuera asesinado en un atentado terrorista (El Correo, 22/08/1897). Una vez creada la aviación militar en España.
Mas tarde, con la llegada en 1911 de los primeros aviones «Henry Farman» al aeródromo de Cuatro Vientos (Madrid), y cuando la aviación militar cuenta ya con algunos pilotos, observadores y medios, se crea por Real Decreto del 28 de febrero de 1913 el Servicio de Aeronáutica Militar, dividido en la rama de Aerostación y la de Aviación, embrión del Ejército del Aire, al cual se incoproran destacados Oficiales del Cuerpo de Intendencia de Ávila, tal y como reseña Rafael Fuertes Arias (La Academia de Intendencia del Ejército, Ávila 1875-1931).
Entre los nuevos aviadores intendentes sobresalen Salvador García Dacarrete (1850-193?), quien fue oficial primero y profesor de la Academia Militar de Ávila, intendente de División de la Octava Región Militar, aviador como piloto observador de aeroplano, primer piloto aviador militar y profesor de la Escuela de Practicas de Aviación de Cuatro Vientos.
En 1910 recibió la cruz de primera clase del Mérito Militar y es autor de diversas y variadas obras, destacando entre las de temática abulense Árbol Genealógico de Santa Teresa de Jesús, y «Cosas de Ávila. Jirones de su historia» (1928), donde trata sobre los capítulos más significativos de la tradición histórica de Ávila.
Significativo fue el recuerdo a los hijos de la Academia de Intendencia producido el 20 de noviembre de 1912, cuando el Cuerpo homenajeó a Carlos Alonso Illera (1879-1919) con la entrega de una placa de plata con la siguiente leyenda: «Homenaje a D. Carlos Alonso Illera, primer piloto Aviador Militar. Sus compañeros los Intendentes, jefes y oficiales del Cuerpo de Intendencia del Ejército».
Fue alumno de la Academia entre 1894 y 1897 y participó en la guerra de Africa formando parte de la primera escuadrilla expedicionaria de nuestra historia en Zeluan (Marruecos).
Entre los pilotos intendentes que sobresalieron por sus méritos y acciones figuran también Ignacio Hidalgo de Cisneros y López de Montenegro, quien se graduó en la Academia de Intendencia de Ávila en 1914, realizó los cursos de aviación en 1920 y se incoporó a la Aviación Militar Española en la guerra de Marruecos.
Durante la guerra civil española fue el encargado de organizar las Fuerzas Aéreas de la República.
Otro destacado piloto intendente fue Carlos de Haya González, quien se graduó en la Academia de Intendencia de Ávila en 1921, realizó el curso de piloto en 1925 y fue destinado al I Regimiento de Aviación con el que participó en la Guerra de Marruecos.
Destacó en su faceta de inventor creando un giroscópico integral, adoptado en el Servicio de Aviación con el nombre de «Integral Haya y patentado en España y Francia. También patentó un corrector de derivas y la regla de cálculo. Murió en combate al estrellarse su avión durante la Gerra Civil.
Además, merecen también una especial mención el Teniente Coronel Antonio Camacho, antiguo alumno de Ávila, al que se le concedió en 1927 la Medalla Militar por los méritos que contrajo como Capitan Aviador en 1924, siendo nombrado observador de aeroplano y Jefe de Grupo en la Escuela de Aviación en 1929.
Otros intendentes aviadores, citados por Fuertes Arias, fueron Miguel García-Almenta Gutiérrez (Medalla Individual Militar, que llegó a ocupar el cargo de Intendente General del Aire), Manuel Gascón Briega, Manuel Martín Lunas Lersundi, Juan Díaz Criado, Jesús Torres Aguilar, Francisco Osuna Mur y Guillermo Díaz Hervas.
FIESTA DE LA AVIACIÓN.
El 1915, Ávila celebraba el cuarto centenario del nacimiento y bautizo de Santa Teresa, con cuyo motivo la Cámara de Comercio e Industria, presidida por San Román, anunció la siguiente convocatoria: «Suscripción para las fiestas de Aviación de la Ferias de Junio y Fiestas Religiosas de Octubre en honor de Santa Teresa de Jesús» (DAV, 17y 30/06/1915).
El evento se sumaba a otras tantas actividades festivas, culturales y deportivas, entre las que destacaban las “Fiestas de la Aviación y Toros” (DAV, 4 y 8/06/1915).
La “Fiesta de la Aviación” era entonces una de las grandes atracciones que prácticamente todas las capitales de provincia habían incluido en sus programas festivos desde 1909 como símbolo de modernidad y progreso, siendo Ávila la última de todas ellas en hacerlo, tal y como han estudiado Antonio González-Betés, Julio Rodríguez-Carmona y Rosa Rubio García en Los primeros Vuelos y Aeródromos (Lunwerg, 2003), donde se describe con detalle la experiencia abulense, de la cual también se hizo eco en este diario Juan Ruiz-Ayúcar (DAV, La Revista, 19/12/2004).
Los pilotos anunciados eran Salvador Hedilla, médico y aviador santanderino, y Manuel Menéndez, subdirector de la Escuela Nacional de Aviación, ingeniero aeronáutico y piloto formado en París.
La fiesta había despertado gran expectación entre los abulenses, que acudieron en masa al aeródromo habilitado en las eras de san Nicolas como “campo de aviación” (DAV, 30/06/1915).
Allí se instalaron los hangares para los aeroplanos y sillas de pago para los espectadores, y una valla para evitar que el público tuviese acceso a la pista de vuelo durante las maniobras de los aeroplanos.
Días antes, el 24 de junio, llegaron por ferrocarril las dos avionetas, una Vendôme, que pilotaría Hedilla, y una Depperdussin, en la que volaría Menéndez. Las piezas fueron montadas en los hangares habilitados al efecto.
Menéndez encontró aceptable aeródromo y tomó nota de la altitud, para así calcular el rendimiento de los motores, que en Ávila estarían afectados por una menor densidad del aire que en otros lugares, al ser la ciudad más alta de España.
Según el programa (DAV, 19/06/1915), el lunes 28 de junio Salvador Hedilla abriría el festejo con un vuelo sobre la pista, seguido de otro igual de Manuel Menéndez.
Hedilla haría luego un vuelo de altura, pasando en espiral sobre el campo de aviación, para cerrar las actuaciones con un vuelo de altura Menéndez, haciendo virajes sobre la pista. Sin embargo, el Menéndez apenas se elevó dos metros y cayó a tierra, igual que le ocurrió hacía poco en Arévalo, lo que incomodó al público.
La actuación del segundo día, el 30 de junio, comenzó con retraso y la muchedumbre empezó a impacientarse ante «los tediosos preparativos de los aeroplanos y aviadores, lo que se tradujo en una violenta protesta que pudo tener consecuencias funestas, como anteriormente había ocurrido en Durango, donde el público quemó los aeroplanos y los hangares».
Al final, el tumultuoso desenlace lo contó así El Diario de Ávila:
«Desgraciadas han resultado las fiestas de aviación, según las referencias de unos por el cinismo verdaderamente intolerable de los aviadores y según otras versiones porque la fatalidad perseguía a aquéllos.
La mayoría conviene en que los señores del monoplano han querido encontrar en Ávila en vez de un campo de aviación donde lucirse otro campo para el que de ser cierto no encontraríamos calificativo.
Cierto ha sido que la expectación por presenciar los vuelos de ayer, superó a la del lunes, pues la concurrencia a las sillas de pista y a los lugares donde el espectáculo podía presenciarse fue verdaderamente extraordinaria…
»El Sr. Hedilla se elevó por fin realizando un vuelo magnifico que el público aplaudió frenéticamente. Cuando hacía sobre la pista un viraje una de las ruedas del aparato cayó, causando el consiguiente susto entre los numerosos espectadores.
Con alguna dificultad, aterrizó el señor Hedilla y desde este momento el campo de aviación pudo convertirse en el de Agramante. Intentó el Sr. Menéndez ascender y luego de emprender la carrera para ello dejó su monoplano pretextando haber quedado inservible.
»El público recordando lo sucedido el lunes a este mismo señor se juzgó engañado y en actitud levantisca se dirigió al aviador, exigiéndole el cumplimiento del compromiso que había contraído.
Dícese que uno de los mecánicos profirió una grosería y entonces la protesta tomó un verdadero carácter de motín por parte del público.
»Los improperios al aviador, las voces de la concurrencia justamente indignada pusieron en serio compromiso a las autoridades, que con dificultad pudieron librar al aviador Menéndez de las iras populares. Se asegura que Menéndez fue trasladado a una venta próxima en un automóvil.
Corriéronse voces de que iba a quemarse el aparato, dando el señor Gobernador civil órdenes al teniente de la benemérita Sr. Campos para la custodia del monoplano. Una nutrida manifestación recorrió en protesta las calles de la población.
»Merecen plácemes por su intervención acertada en el conflicto los señores Gobernador Civil, Alcalde, Inspectores, y personal de la policía gubernativa y municipal y las fuerzas de la Guardia Civil, pues evitaron sin género de dudas las temibles consecuencias que por el estado de los ánimos se temía en el principio de este serio incidente. De todas veras lamentamos lo sucedido y El Diario de Ávila se asocia a la protesta razonada del público por el hecho deplorable que la motivó» (DAV, 1/07/1915).
Y así terminó la “Fiesta de la aviación” de Ávila, en un motín, como publicó la prensa de la época (El Mundo, 1/07/1915; La Época, 2/07/1915), lo que no empañó el éxito de la corrida de toros, celebrada el día de San Pedro y San Pablo, en honor de Santa Teresa en cuarto centenario.
EL AEROPLANO «SANTA TERESA – ÁVILA».
Situándonos en el aeródromo militar de Cuatro Vientos de Madrid, leemos el acta del 19 de octubre de 1921 que testimonia el acontecimiento:
«En presencia de S.S. M.M. y A.A. R.R. [el Rey Alfonso XIII y su esposa Dña. Victoria Eugenia] y con asistencia de los Señores que al margen se expresan [autoridades civiles y militares], se procedió a la entrega al Servicio de Aeronáutica Militar, por la Comisión de la Provincia de Ávila, del aeroplano que, por suscripción popular y patriótica regala aquella al Ejército, siendo madrina del avión la Serenísima Señora Isabel de Borbón, Infanta de España, bendiciéndolo el Ilustrísimo Señor Obispo de la Diócesis de Ávila y recibiendo el aparato el nombre de ‘Santa Teresa –Ávila» (Archivo Municipal. Ávila, rfa. Sª nº 912, 17/11/1921).
Momento este que retrató Luis Ramón Marín, lo que ya comentamos en estas mísmas páginas (DAV, 6/10/2019).
Con ello, Ávila daba por concluidos sus esfuerzos por atender la llamada realizada por el Gobierno a todas las provincias españolas a la que responden un gran número de ellas, para contribuir a la guerra de Marruecos ante la gravísima derrota militar conocida como el “Desastre de Annual”, infringida por los rifeños de Abd-el-Krim el 22 de julio de 1921.
La respuesta dada entonces, poco antes de concluir la cuestación realizada a iniciativa del Ayuntamiento de la capital, quedó así reseñada en El Diario de Ávila:
«Ávila, la siempre leal a su Patria y a su Rey, reverdece hoy los más preciados blasones de su escudo, cumpliendo, una vez más con los altos deberes de buena hija de la noble España…
Y con la mente fija en esos propósitos, Ávila adquiere hoy un aeroplano para nuestro Ejército de Marruecos y confeccionara enseguida, por manos de las mujeres abulenses, colchonetas que ofrezcan alguna comodidad a nuestros paisanos en las horas del descanso que sucedan al rudo pelear» (DAV, 9/10/1921).
Contribuyeron a la adquisición del aeroplano modelo “Hawillant” todos los ayuntamientos de la provincia de Ávila; todas las instituciones e instancias administrativas, civiles, religiosas y militares; toda la nobleza y aristocracia abulense; todos los representantes políticos; los colegios y colectivos profesionales; y un gran número de vecinos y particulares.
En total se recaudaron se 52.058 pesetas que sirvieron para la compra del aeroplano (32.000 ptas.), destinándose el resto a almohadas y jergones y gastos varios para la tropa.
Hecha la donación al ejército, el aeroplano se incorporó a la 3ª Escuadrilla Hawilland de Melilla del capitán Gallarza, siendo pilotado principalmente por Antonio Gudín Fernández, cuyo interesante periplo de numerosos vuelos de reconocimiento, cooperación y bombardeo se conserva en el Archivo Histórico del Ejército del Aire de Villaviciosa de Odón (Expte. A-5) y ha sido publicado por Enrique Gudín de Lama (Aeroplano, nº 24, 2006).
A principios de 1922 «el avión de Gudín luce nuevos emblemas y nuevo nombre y a partir de entonces será el de Havilland DH.4 nº 48, “Ávila” que llevará pintada en el costado una langosta y bajo el puesto del observador el nombre de Santa Teresa de Jesús».
«JESÚS DEL GRAN PODER».
«Jesús del Gran Poder» es el nombre del avión “Breguet XIX Gran Raid”, cuyo vuelo se suma al centenario transoceánico del «Plus Ultra», el cual, pilotado por el abulense Ignacio Jiménez Martín y el gallego Francisco Iglesias Brage, hizo entre el 24 y el 26 de marzo de 1929 el trayecto 6.550 kilómetros entre Sevilla (España) y Cassamary (Brasil), muy cerca de la ciudad brasileña de Bahía.
Fue el primer vuelo trasatlántico sin escalas de la historia y estuvo a punto de batir récord de distancia si hubiera llegado hasta Río de Janeiro como estaba previsto, lo que no pudo ser por las condiciones meteorológicas desfavorables.
Tras aquel vuelo, los dos pilotos y el aparato recorrieron diferentes ciudades sudamericanas hasta regresar a España el 7 de junio de 1929 en el crucero Almirante Cervera (Grandes vuelos de la aviación española, BOE, 2007).
El recibimiento en Ávila a los intrépidos pilotes se resumió en la siguiente inscripción publicada por El Diario de Ávila:
«La ciudad de Ávila tributa un apoteósico homenaje a los heroicos aviadores Jiménez e Iglesias. El recibimiento más grandioso que se ha conocido. Muchedumbre inmensa los lleva en hombros todo el trayecto aclamándolos frenéticamente.
Actos en honor de los gloriosos navegantes. Ávila recibe hoy con orgullo la visita de los intrépidos pilotos del Jesús del Gran Poder, D. Ignacio Jiménez y D. Francisco Iglesias, capitanes de las gloriosa e invicta Infantería española, y los abraza amante, tributándoles el homenaje más cordial y entusiasta de su admiración y aplauso por el gallardo gesto de valor indomable y atrevido que han paseado la honra inmaculada del nombre español por las Repúblicas de toda Iberoamérica.
Las autoridades de Ávila ‘la heroica’, las entidades oficiales y el pueblo entero, por cuyas venas corre sangre de caballeros que inmortalizaron su nombre, da la bienvenida y expresaron los más hondos afectos a estos nobles caballeros de proeza inmortal su gratitud por la visita con que hoy han honrado al pueblo de Santa Teresa de Jesús» (AV, 21/06/1929).
Con tal motivo, aterrizaron en la finca La Pelmaza tres aeroplanos y un aparato de caza Martín-Side, procedentes de la base de Getafe. Dicha escuadrilla sobrevoló la ciudad en honor de los aviadores. También en su honor se exhibió en la plaza de la Constitución la película con la salida de Sevilla del «Jesús del Gran Poder» y llegada de los aviadores a Cádiz y Sevilla, a cuya proyección siguió otra titulada Ávila, cuya parte aérea había sido tomada en vuelo por el propio capitán Iglesias.
Otros actos conmemorativos fueron la extraordinaria recepción pública brindada a los heroicos pilotos por la comitiva de autoridades civiles, militares, académicas y religiosas que se formó desde el Palacio consistorial hasta la entrada a la ciudad por la carretera de Villacastín donde se produjo el encuentro arropado por una «imponente masa pública».
Siguió un “Te Deum” en la catedral y el homenaje oficial en el Ayuntamientono nombrándose hijo adoptivo a Francisco Iglesia e hijo predilecto a Ignacio Jiménez, a quienes se les concedió una medalla conmemorativa y se decidió colocar una lápida en casa del piloto abulense.
A continuación, se celebró un banquete en el Hotel Inglés donde se pronunciaron los discursos de rigor, siguió una visita a la Iglesia de la Santa y otra al monasterio de Santo Tomás. Después, los homenajeados presenciaron un partido de futbol en su honor. Ya por la noche, los aviadores y las autoridades acudieron a la estación del ferrocarril a saludar al rey Alfonso XIII que estaba de paso. Al día
siguiente, se sucedieron nuevos homenajes por la Cámara de la Propiedad Urbana y por la Cámara de Comercio.
Pasados 25 años, en 1954, y con motivo del XXV aniversario de aquel vuelo, la ciudad rindió de nuevo un caluroso homenaje a los aviadores, quienes conferenciaron en el Teatro Principal, se celebró un solemne Tedeum, se descubrió una placa conmemorartiva en la escalera principal del Ayuntamiento, se celebró un banquete en el restaurante “Piquío” (DAV, 31/03/1954).
Por último, en esta ocasión se bautizó una calle con el nombre del piloto Ignacio Jiménez Martín, si bien un año después se renombró por el actual de Calle de Jesús del Gran Poder. Ignacio Jiménez había nacido en Ávila en 1898, ingresó en la Academia de Infantería, estuvo destinado en Marruecos, se formó como observador de aeroplanos, fue piloto e instructor de pilotos, ocupó diversos cargos en aeródromos durante la Guerra Civil en el bando nacional. Finalizada la contienda ejerció de supernumerario en Manila, en 1954 regresó a España y cuatro años después falleció en Madrid.
PRIMERA MUJER PILOTO MILITAR.
La historia de la aviación española tiene en la mingorriana María Pilar Losada Toyran (1904-1995), hija del maestro del pueblo, uno de los más significativos y representativos testimonios del papel de la mujer en la navegación aérea, como ya escribimos en otra ocasión (DAV, 1/10/2018).
En 1924, María Pilar Losada, con veinticuatro años, estudia la carrera de comercio, y en 1929 obtiene el título de Profesor Mercantil. Al mismo tiempo se matricula en la Escuela de Aviación Civil de los Hermanos Ansaldo de Estremera en Carabanchel (Madrid), donde, a la vez que trabajaba como contable en el Instituto Reus de Madrid, en 1931 recibe el bautismo de vuelo (Ahora, 13/06/1931).
Siendo ya una experta aviadora, trabaja para la creación en Granada de un aeroclub acogiendo las más variadas disciplinas deportivas, incluida una sección de aviación con prácticas de vuelo sin motor que se ejercitaban en el aeródromo de Armilla (As, 4/02/1935). En su nueva andadura, el inquieto club de aviación de Granada adquiere un planeador y organiza vuelos sin motor con gran eficacia (Motoavión, 10/03/1932), al mismo tiempo que organiza el primer concurso de vuelos sin motor celebrado en España, competiciones de acrobacia, velocidad y regularidad en las que participan aviones tanto de turismo como militares (ABC, 27/05/1932 y 2/06/1932), y de su exitosa carrera como aviadora se hace eco la prensa de la época (El Defensor de Granada, 27/08/1933; La Libertad, 30/08/1933; ABC 6/09/1933; As, 4/02/1935).
Durante la guerra civil fueron movilizados numerosos pilotos civiles de los Aero-Clubs para la prestación de servicios en las Fuerzas Aéreas de los distintos bandos que batallaban. En este contexto, María Pilar Losada participa en los servicios de intendencia nacionales como el de aprovisionamiento aéreo a los sitiados en el Santuario de Andújar, y como quiera que en la contienda fue la primera mujer en pilotar un avión militar, ello fue especialmente recordado durante la celebración del “Centenario de la Aviación Militar Española, 1911-2011”, ocasión que sirvió para reivindicar su figura y el papel de la mujer en el Ejército, cuyo ingreso efectivo en la Fuerza Aérea no se produjo hasta 1992.
LA LEGIÓN CÓNDOR.
La célebre Legión Cóndor de la Fuerza Aérea de la Alemania Nazi tuvo como base la ciudad abulense en el aeródromo situado en el paraje de la Cruz de Los Llanos, entre el santuario de Sonsoles y el río Chico.
A partir del mes de septiembre de 1936, la Legión comenzó su actividad en la Guerra Civil apoyando al ejército franquista, tal y como recogen los partes de operaciones y movimientos diarios de decenas de vuelos, según reseña José Belmonte Díaz aportando numerosos detalles sobre el campo de aviación en Ávila en la Guerra Civil (Ed. Beta, 2012). Añandiendo que en el aeródromo también operaban la aviación italiana y la franquista, en especial la escuadrilla de caza de Joaquín García Morato, si bien las unidades aéreas de la Legión estaban dotadas exclusivamente por alemanes, aunque a partir de 1938 se fueron incorporando pilotos españoles.
El aeródromo, construido por el Ejército del Aire del bando nacional, incluía un polvorín, hangares, barracones para la tropa, dependencias para oficiales y otros edificios de servicio.
Los legionarios alemanes se alojaron en los barracones del aeródromo, y ocuparon también el Monasterio de Santo Tomas, el Colegio “Santa Teresa”, pisos situados encima del café “Pepillo”, locales de la Federación Agraria Abulense, frente a la iglesia de Mosén Rubí, la iglesia de Nuestra Señora de “La Antigua”, la actual Delegación de Hacienda, el instituto de Vallespín, las escuelas de San Roque, y el caserío de la finca “El Colmenar”, entre otros lugares, mientras que en el Hotel Inglés, luego llamado Hotel Continental, se alojaron los altos mandos.
La Legión Cóndor se asentó en Vitoria (Álava), Escalona (Toledo) y Ávila, siendo la abulense la base más importante, y comprendía, según Hugh Thomas, un centenar de aviones bombardeos, cazas, reconocimiento y experimentales, y estaba apoyada por unidades de cañones antiaéreos y antitanques y tanques. En Ávila, según José Belmonte, se contaron de ochenta a cien bimotores, cazas Heinkel y bombarderos Junkers, Hensschel y Domier.
Además, las fuerzas alemanas en la península sumaban tropas auxiliares, secciones de proyectores, destacamentos de transmisiones, unidades de detección tierra-aire, unidades de ambulancias, una compañía de señales y destacamentos de motoristas, parte de cuya presencia también se advertía en Ávila, mientras que en Castilla se instalaron dos divisiones de infantería (La Voz, 2/01/1937).
En 1937, se suceden los bombardeos republicanos contra el aeródromo y objetivos estratégicos de Ávila, produciendo daños en el monasterio de Santo Tomás y el colegio “Medalla Milagrosa”, entre otros lugares, por lo que el aeródromo se reforzó con artillería antiaérea, instalada también en el paredón de Sto. Tomas, las proximidades del santuario de Sonsoles y los tejados de la catedral.
Finalmente, en 1939, al acabar la guerra, el alcalde manifestó que «los jefes de la Legión Cóndor fueron a despedirse en su persona de la Ciudad, habiendo escuchado de los ilustres visitantes palabras de cálido elogio y agradecimiento a la acogida que el pueblo de Ávila les ha dispensado y frases de elevado entusiasmo por la causa de la nueva España y de fraternal amistad de la gran nación alemana» (DAV, 28/04/1939). A partir de entonces, el aeródromo de La Cruz de los Llanos será desmantelado y los terrenos confiscados devueltos a sus propietarios.