POR ANTONIO RECUERDA BURGOS, CRONISTA OFICIAL DE PORCUNA (JAÉN).
En los inventarios del priorato de Porcuna a partir de 1534 aparece relejada: «Una casulla de carmesí pelo aforrada en lienzo cárdeno con su estola, manípulo e un collar de lo mismo con dos escudos pequeños en las espaldas bordados con las armas del maes¬tre don Pedro Girón de buena memoria». De esta misma forma aparece en inventarios posteriores hasta 1611 en que se encontraba ya en mal estado: «Una casulla de terciopelo carmesí con una cenefa de tela de oro y carmesí con las armas de don Pedro Girón es vieja».
Nunca nos extrañó, pues como expresamos en el artículo, «Porcuna y Fuente Ovejuna» publicado en 2023 en este mismo programa, don Pedro Girón tuvo una estrecha relación con este priorato, donde celebró el 22 de marzo de 1464, el Capítulo General de la Orden donde se aprobó el cambio de Fuente Ovejuna y Bélmez por Osuna y Cazalla.
Ahora descubrimos que la reina Isabel, La Católica, fallecida en Medina del Campo el 26 de noviembre de 1504, por su testamento otorgado el 12 de octubre del mismo año dispuso:
« E cumplido este mi testamento e cosas en el contenidas, man¬do que todos los otros mis bienes muebles que quedaren, se den a las iglesias e monasterios para las cosas necesarias al culto divino del Santo Sacramento así como para la custodia e ornato del Sagrario e a las cosas que a mis testamentarios pareciere. E asimismo se den a hospitales e pobres de mis reinos e a criados míos, si algunos hubiere pobres[…]»
En cumplimiento de este legado el rey Fernando, El Católico, con fecha de 13 de octubre de 1505 por su real cédula ordenó que se entregasen, al comendador mayor de la Orden de Calatrava, un cierto número de ornamentos litúrgicos que habían pertenecido a la capilla real de Isabel, algunos de ellos bordados con las armas o escudo de los Girón, con destino al sacro convento de Calatrava y al priorato de san Benito de Porcuna, quizá con este legado el rey interpretó al voluntad de la difunta reina de honrar la memoria de Rodrigo Téllez de Girón, fallecido en el sitio de Loja y sepultado en la iglesia de san Benito de Porcuna, a quien tenían gran estima, como afirma Antonio Nebrija en su «Crónica de los muy altos y esclarecidos Reyes Católicos, don Fernando y doña Ysabel de gloriosa memoria» a su muerte «tuvieron gran compasión e sentimiento los Reyes, porque era mancebo de poca edad, e buen caballero, e de buenos deseos».
Estos son los ornamentos que se citan en el documento:
Ídem. Otra casulla de terciopelo carmesí con su cenefa bordada de oro hilado e seda de colores con seis imágenes con otros dos escudos de las dichas armas, forrada en lienzo azul, más dos almáticas de terciopelo carmesí con sus zavastros, de unas cintas anchas tejidas de oro hilado e seda azul con sus cordones pegados en ellas de seda de colores con sus flocaduras a la redonda verdes e blancas e azules e amarillas; e más un frontal de terciopelo carmesí de cuatro paños, forrado en lienzo verde, que tiene de largo cada paño vara e cuarta, roído el lienzo en algunas partes de ratones; e más un sobre frontal e dos tovallolas (toallas) de terciopelo carmesí con sus flocaduras cortas e largas de las dichas dalmáticas forradas en lienzo verde, e la una de ellas tiene dos escudos con las armas de los Girones; e más dos manípulos de terciopelo carmesí forrados en çebtín verde con sus flocaduras e un escudo de las dichas armas en cada uno; e más otro manípulo de terciopelo carmesí forrado en damasco blanco que tiene pegados unos cabos de grana e seda blanca. (Al margen): «Diéronse por virtud de la dicha cédula al dicho comendador mayor de Calatrava para que lo diese al convento de Calatrava de San Benito de Porcuna».
Mas un frontal de damasco blanco de tres piernas forrado en lienzo azul y con una pierna de lienzo para sabana de altar del largo del dicho frontal, más un sobrefrontal e dos tovallolas de çebtín carmesí con sus flocaduras cortas e largas de seda colorada e blanca forrados en lienzo verde, más una estola de çebtín carmesí forrada en lienzo azul con sus flocaduras de grana e seda blanca, e un manípulo hecho de pedazos de çebtín carmesí e verde, forrado en damasco blanco, con unos cabos pegados de grana e blanco; e más tres albas de lienzo e tres amitos con sus rodropies e bocas de mangas e guarniciones de amitos de terciopelo carmesí, que tienen los dos amitos cada uno un escudo de las dichas armas e con sus trenzas blancas de hilo para ceñir; e mas otra alba e otro amito de lienzo con la guarnición de rodropies e bocas de mangas de cebtín carmesí e raso verde y el amito de terciopelo carmesí con sus trenzas para ceñir de hilo blanco» (Al margen): «Diose al dicho comendador por virtud de la dicha cedula de su Alteza, para que lo diese al dicho convento de San Benito de Porcuna.
Es curioso que en todos los inventarios del siglo XVI se citan ornamentos con los nombres que se expresan en estas cédulas, pero en ninguno, excepto en el citado, se hace constar que tuvieran las armas de los Girón, ignorando por tanto si son los citados en el documento o son otros, en cuyo caso el comendador mayor no entregó al priorato todos los que se ordenaron.
Estos documentos nos prueban que no fueron donados por el maestre don Pedro Girón, sino por la reina Isabel, quizá, como se apunta, en memoria de don Rodrigo Téllez de Girón, que posiblemente fue quien los regaló a la reina, pues su padre, como quedó reflejado en mi artículo citado, cuando se dirigía a casarse con la princesa, futura reina, cargado de regalos nupciales, quizá estos mismos, citados aquí, murió de repente en Villarrubia de los Ojos, sin alcanzar a ver a Isabel ni poder efectuar el ansiado matrimonio. Posiblemente estos ornamentos fuese obsequio de don Rodrigo Téllez de Girón, para ganarse el favor de los reyes al reconciliarse con ellos tras haber militado en el bando contrario de la Beltraneja.
El maestre don Rodrigo Téllez de Girón a pesar de su corta vida, tuvo una existencia azarosa. Era hijo las relaciones ilícitas, pues el maestre como freile profeso de la Orden de Calatrava estaba sometido al voto de castidad, aun así, don Pedro Girón tuvo, tres hijos espurios con la noble dama sevillana doña Isabel de las Casas, Alonso, Rodrigo y Juan. Los cuales fueron legitimados por el papa Pio II en Siena en 16 de abril de 1459.
Dado que las intenciones de don Pedro Girón era contraer matrimonio con la infanta Isabel, futura reina de Castilla, solicitó licencia a la Santa Sede para renunciar al maestrazgo en la persona de su segundo hijo don Rodrigo, a la sazón de ocho años de edad, licencia que le fue concedida en Roma a 15 de febrero de 1464, con la condición que permaneciera bajo la custodia de un tutor, hasta tener cumplidos 25 años. También solicitó ser dispensado del voto de castidad, que le fue concedido por bula apostólica.
Una vez conseguidas estas gracias el maestre, como ya se expresó en mi citado artículo, partió de Porcuna en 1466 con nutrido séquito y tres mil lanzas, camino de Almagro, sufriendo un mal augurio al llegar al castillo del Berrueco.
Llegado a Almagro reunió el Capítulo General de la Orden de Calatrava donde se reconoció como maestre a su hijo Rodrigo de ocho años, bajo la tutoría de su tío don Juan de Pacheco, marqués de Villena y posteriormente maestre de la Orden de Santiago. Todo fue confirmado por el rey Enrique IV en octubre de 1468 y por el papa Paulo II por bula de 3 de diciembre del mismo año.
Señalan las crónicas que tanto don Rodrigo como la Orden de Calatrava fueron juguete de don Pedro, aunque defendió enérgicamente los derechos de su sobrino y las propiedades de la Orden hasta su fallecimiento en 1474
Como tanto Pacheco como los Girón eran partidarios de la Beltraneja, don Rodrigo la proclamó reina en Baeza apoderándose de su fortaleza y manteniendo constantes enfrentamientos con los partidarios de Isabel. Al fin, el uno de agosto de 1476, don Rodrigo hace las paces con Isabel y le entrega la fortaleza de Baeza, obteniendo el perdón de los Reyes, pues como expresa Hernando del Pulgar «eran mozos e que habían errado de su voluntad por ignorancia» . Desde entonces se mantiene fiel a los Reyes Católicos, siendo muy apreciado por ellos y participando en todas sus empresas
Rades y Andrada nos describe en su «Chronica de la Orden y Caualleria de Cala¬traua», la muere del Maestre:
Año de mil y cuatrocientos y ochenta y dos, el Maestre partió de Almagro con trecientos de caballo y grande número de peones de los pueblos que esta Orden tiene en Andalucía. Salió el Maestre de Porcuna con su pendón tendido y fue a Córdoba, donde el Rey don Fernando estaba recogiendo su gente. Juntáronse, en todos, ocho mil de caballo y diez mil peones, con los cuáles entró el Rey en el Reino de Granada, que era de Moros, y en su servicio fue el Maestre con su gente. Lo primero que en esta jornada se hizo fue ir a la ciudad de Alhama, que poco tiempo antes se había ganado, y dejar en ella bastimentos y gente para su defensa. De allí fueron a poner cerco a la villa de Loja; y asentaron el Real en unos olivares cerca del rio Guadalgenil. El Rey para mayor seguridad del Real, mando al Maestre, y al conde de Urueña su hermano, y a los marqueses de Cádiz y Villena, y a don Alonso de Córdoba, señor de la Casa de Aguilar, que con sus gentes se pusiesen en una cuesta llamada Alboacén, que estaba cerca de la villa o ciudad de Loja. Los moros que estaban dentro con un capitán que se decía Abrabón Alatar, hombre muy esforzado y práctico en la guerra, salía a pelear con los del Real por todas partes, y en estas peleas los cristianos recibían algún daño, porque el Real estaba asentado en unas grandes cuestas apartadas unas de otras y no podían prestamente ayudarse.
Un sábado (que fue el cuarto día después que el Real fue asentado), salieron los Moros de Loja contra los cris¬tianos que guardaban aquella estanza de la cuesta Alboacén, que había fido encomendada al Maestre, don Rodrigo Téllez Girón, y a los otros caballeros ya dichos. Visto por el Maestre, y por ellos, que los Moros acometieron la pelea con las guardas de su estanza, salieron a pelear contra ellos. Los moros se pusieron en huida fingidamente, con intento de que los cristianos por ir en su seguimiento se apartasen de su estanza, y como los vieron apartados, vino de refresco otro escuadrón de moros, que estaban puestos en celada, y subieron a la estanza del Maestre, en la cual habían quedado muy pocos cristianos. Entraron los moros en aquella estanza con el estruendo y alarido que suelen hacer, y mataron algunos cristianos. El Maestre y los otros caballeros que habían ido en seguimiento del otro escuadrón de moros, cuando vieron que los otros habían dado en su estanza dejaron de seguir a los que iban en huida y volvieron contra los de la estanza. Los que iban huyendo cuando vieron que los cristianos volvían al socorro de su estanza, volvieron en seguimiento suyo, y de esta manera los moros tomaron en medio a los cristianos y se trabó la batalla. Pelearon todos valerosamente por espacio de una hora, y entre todos mostró su esfuerzo y valentía el Maestre de Calatrava.
Es¬tando peleando en lo más fuerte y peligroso de la batalla, le dieron los moros dos saetadas, y una de ellas fue debajo del brazo, por la escotadura de las corazas, como le traía alzado con la espada peleando. Esta herida le toco en el corazón, y así al punto que le hirieron fue a caer del caballo, y cayera, si no fuera por un caballero de Ávila llamado Pedro Gasca que se acercó a su lado, y se abrazó con él y le llevo a su tienda, donde luego murió.
Dice Antonio de Nebrija en la Chronica de los Reyes Católicos, que de la muerte del Maestre tuvieron grande compasión y sentimiento los Reyes, y comúnmente todos los que le conocían, porque era mancebo de poca edad y buen caballero y de buenos deseos. Murió año de mil y cuatro cientos y ochenta y dos, siendo de edad de veinte y cuatro años, y habiendo tenido el Maestrazgo diez y seis. Este es de quien se dijo: Hay dios que buen caballero el Maestre de Calatrava etc., aunque algunos lo atribuyen al maestre don Pedro Girón, su padre, y otros al maestre don Gonzalo Núñez de Guzmán. Fue su cuerpo depositado en la iglesia de Sant Benito de la Villa de Porcuna y de allí fue trasladado al Convento de Calatrava.
Una vez conquistada la ciudad de Loja en 1486, andando el tiempo, en el Cerro de Alboacén, siguiendo la Cuesta del Socorro, en el lugar donde don Rodrigo Téllez Girón cayó herido de muerte, se levantó una ermita en su memoria. La incuria de los hombres y la acción devastadora del tiempo acabaron arruinándola, colocándose en su lugar una cruz de piedra que se llamó la «Cruz del Maestre», que estuvo enhiesta hasta bien entrado el siglo veinte.
De su estancia en la iglesia de san Benito de Porcuna, dónde estuvo sepultado, en el centro de la segunda nave, nos queda constancia en la visitas efectuadas al priorato por los inventarios en que se recogen los enseres y banderas para su sepultura, así en 1492 se expresa «Un dosel de terciopelo carmesí e terciopelo verde a fajas e un frontal de lo mismo, pue¬de haber con todo poco más o menos veinte y cinco varas, el cual quedó del maestre don Rodri¬go Téllez Girón, que santa gloria haya, que ponen sobre su sepultura las fiestas» .
En la de 1499
Un dosel de terciopelo carmesí e terciopelo verde a fajas e un frontal de lo mismo, pue¬de haber con todo poco más o menos veinte y cinco varas, el cual quedó del maestre don Rodri¬go Téllez Girón, que santa gloria haya, que ponen sobre su sepultura las fiestas. Ítem una alfombra grande que está sobre la sepultura del dicho señor maestre don Rodri¬go. Un pendón que es de la Orden con sus cordones de damasco blanco con una cruz negra que llevó el maestre don Rodrigo a la guerra de Loja donde murió.
En 1501
Encima de la sepultura del magnífico señor el maestre don Rodrigo Téllez Girón de buena memoria un paño de lo mismo de frontal que se hizo todo de un dosel de dicho señor maestre. En la de 1534 se nos da una descripción más detallada, «Una bandera de damasco blanco con una cruz negra de la Orden e unos cordones de seda negra e blanca que llevó el maestre don Rodrigo Téllez de Girón de buena memoria a la guerra de Loja, donde lo mataron, que está sobre su sepultura. Otras cuatro banderas colgadas en la capilla do está el cuerpo de dicho maestre. Un dosel de terciopelo de grana e verde que se pone encima de la tumba de dicho maes¬tre. Una alfombra grande vieja que se pone sobre la dicha tumba del maestre.
Continuamente en los Capítulos de la Orden se dan instrucciones para el traslado de los restos del maestre al Sacro Convento, así en el celebrado en 1511 en Sevilla se dio un mandamiento para que se diese correcta sepultura al Maestre y en el de 1523 se expresaron las medidas que se debían tomar para llevarle al Sacro Convento y el lugar dentro de él en el que podía ser sepultado. Dos años más tarde se recoge, en el Registro de Cédulas y provisiones con fecha de 4 abril 1525. Una cédula sobre traslado del cuerpo del Maestre, dirigida a su her¬mano el conde de Ureña.
Trascurrieron diez años antes que se tomara la decisión pues, no fue hasta en el Capítulo celebrado en Madrid en 1535 cuando se acordó su traslado definitivo y con fecha de 30 marzo 1536, se ordenó al prior de San Benito que dejase sacar el cuerpo de don Rodrigo Téllez de Girón con estandarte, tapices, etc.
Entre esta fecha y la de 28 de abril de 1537 se debió realizar el traslado pue en la visita celebrada ese año al priorato de san Benito se recoge que sus restos ya habían sido trasladados llevándose las prendas que se citan:
La bandera de damasco blanco que solía estar en la dicha iglesia con una cruz negra de la Orden e unos cordones de seda negra e blanca que llevó el maestre don Rodrigo Téllez de Girón de buena memoria a la guerra de Loja donde lo mataron y estaba sobre su enterramiento en la dicha iglesia de San Benito de Porcuna, llevose esta bandera con los hue¬sos de dicho maestre al convento de Calatrava donde se trasladaron por mandato de su Majestad e Orden de acuerdo del Capítulo General que se celebró en la villa de Madrid el año quinientos treinta e cinco años, los cuales huesos y bandera llevó el sacristán al convento frey Sebastián de Mera.
Así mismo llevó el dicho sacristán del convento un dosel de terciopelo de grana e verde que se ponía encima de la tumba del dicho maestre con los mismos huesos e una alfombra gran¬de vieja que se ponía sobre la tumba del dicho maestre.
Quedando solamente quedaron en san Benito «cuatro banderas colgadas en la capilla principal de la dicha iglesia».¬¬
Tras su traslado los restos del Maestre no encontraron el lugar idóneo para ser sepultado y como expresa Rades y Andrada en su “Chronica de la Orden y Caualleria de Cala¬traua”, en 1571 aún estaba insepulto.
Está puesto en una caja sobre las sillas de la capilla mayor, como de prestado, donde se puso hasta que se le hiciese un suntuoso sepulcro, y aunque en muchos Capítulos generales de la Orden se ha tratado de hacerle, nunca se ha puesto por obra. Tiene allí el estandarte que llevó en aquella batalla donde murió.
FUENTE: A.R.