POR JESÚS MARÍA SANCHIDRIÁN GALLEGO, CRONISTA OFICIAL DE ÁVILA.
Ávila y sus gentes reaparecen, casi como un eco inesperado, en la obra Tierra baja, escrita en 1896 por Ángel Guimerá (Santa Cruz de Tenerife, 1845 – Barcelona, 1924). Sin embargo, esa coincidencia identitaria —apenas insinuada en el texto teatral— no se materializó plenamente hasta que la actriz, cineasta y fotógrafa alemana Leni Riefenstahl (Berlín, 1902 – Pöcking, Baviera, 2003) llevó a la pantalla su versión cinematográfica, Tiefland, estrenada en 1954 tras un larguísimo y accidentado proceso de producción.
Aunque la presencia de Ávila en este cruce artístico —teatro y cine— es tangencial, merece recuperarse por varias razones: la excelente acogida que Tierra baja tuvo en los escenarios abulenses, la reiterada presencia de la obra en la vida cultural de la ciudad durante décadas y, sobre todo, la fascinación que la propia Riefenstahl sintió por Ávila y sus tipos humanos, inspiración directa para la construcción visual de su película.
A ello se suman una serie de conexiones curiosas, casi inadvertidas, que rodean tanto la historia teatral de Tierra baja en Ávila como la compleja trayectoria de Tiefland, obra marcada para siempre por su gestación en la Alemania nacionalsocialista y por la sombra del colaboracionismo que acompañó a su directora.
‘TIERRA BAJA. TEATRO.
La obra teatral de Ángel Guimerá Tierra baja fue estrenada en el Teatro Principal de Ávila el 4 de junio de 1898, un año y medio después de su estreno en Madrid, tal y como reseñó El Diario de Ávila: «Para hoy está anunciado el beneficio de la eminente primera actriz señora Luna con el estreno del célebre drama de Guimerá, Tierra Baja, una de las obras que mayor entusiasmo ha producido en el [Teatro] Español, en donde se dio a conocer, arreglada al castellano por el insigne Echegaray, Hombre bueno de Guimerá, ante el tribunal de la opinión pública madrileña, que cuenta los éxitos en la capital del Principado. No es extraño que haya despertado curiosidad y deseos de conocer la obra, el solo anuncio de que se dispone a interpretarla la señora Luna, que tan simpática admiración ha logrado inspirar a nuestro público» (El Eco de la Verdad, 4/06/1898).
La historia se sitúa en las montañas de Cataluña a finales del siglo XIX. Sebastián, un terrateniente que tiene “esclavizados” a jornaleros y colonos, decide casar a Marta —su amante— con un pastor llamado Manelic y seguir manteniendo su relación en secreto, a la vez que se casa con una rica heredera que le permita saldar sus deudas. Al principio, Marta rechaza a Manelic, hasta que descubre su bondad y se enamora de él. Cuando Sebastián intenta forzarla a retomar la relación, Manelic lo mata: «He matado al lobo», grita. A continuación, la pareja se dirige entonces hacia las alturas de Tierra Alta.
Aunque el eje central de la obra es el amor, también se tratan cuestiones relacionadas con el autoritarismo feudal entre patronos y jornaleros en un entorno conservador. Son tiempos de transformaciones sociales que surgen a finales de aquel siglo, en los que se produce el choque entre dos mundos irreconciliables. Ante ello, los personajes se enfrentan al dominio del caciquismo rural, al tiempo que se ensalza la pureza de la naturaleza frente a una sociedad degradada por el avance del progreso. Es la contraposición de las sociedades de la llanura (tierra baja), espacio de represión y sufrimiento del campesinado, y la parte alta de la montaña, un lugar idílico de paz y armonía.
En su estreno madrileño, el drama fue protagonizado por la compañía de la actriz María Guerrero con gran éxito de público (El País, 29/11/1986; El Nacional, 1/12/1896) y algo menos de la crítica más exigente (El Heraldo y La Publicidad, 29/11/1896; La Época, 30/11/1896), que se debate entre el predicamento naturalista o simbolista de la obra en medio de un realismo trágico.
Poco después, el 8 de mayo de 1897, la actriz protagonista María Guerrero escribió a Ángel Guimerá haciéndole una petición especial con la que establecemos singulares lazos de paisanaje a través de la andariega abulense: «Mi queridísimo don Ángel: Querría pedirle a V. que me hiciera para el próximo año una obra de papel grande para mí, pero grande, una especie de papel como el de la María Rosa en cuanto al tamaño. ¡Si pensara V. en la “Santa Teresa”! Éste sería el ideal. Hágalo V., Guimerá, que yo le prometo estudiarlo tanto, tanto, que casi aseguro que me saldría bien» (Biblioteca de Catalunya, Fondo Guimerà).
Finalmente, aunque no se conoce ninguna obra teatral de Guimerà sobre Teresa de Jesús, sí que dejó escritas sendas sinopsis argumentales de piezas dramáticas de un acto y de dos cuadros, respectivamente, que toman a la Santa de Ávila como tema central, tal y como se conservan en el Fondo Guimerà.
Por su parte, María Guerrero tuvo que esperar catorce años para representar a Santa Teresa, lo que hizo en el escenario madrileño de la Princesa el 15 de mayo de 1911, donde protagonizó el auto La Alcaldesa de Pastrana, en el que el autor, Eduardo Marquina, recrea la primera juventud de Teresa de Jesús y su relación con la Princesa de Éboli. Y aquí declama: «No vengo a poner el suelo / con lo celestial en guerra, / sino a cultivar la tierra / como un arrabal del cielo». María Guerrero se retrató entonces metida en la piel de la santa de Ávila, estampa que utilizó como regalo íntimo que dedicó a Margarita Xirgu poco tiempo antes de morir.
A lo largo de la primera década del siglo pasado, Ávila fue el escenario de Tierra baja en numerosas ocasiones, tanto en el Teatro Principal (DAV, 20/10/1910) como en el Coliseo Abulense (DAV, 28/12/1910), pasando por Barco de Ávila (DAV, 17/05/1943), entre otros lugares, lo que demuestra su éxito y atractivo para el público.
Otro ejemplo lo tenemos en Mingorría, a cargo de aficionados locales, donde el primer acto se abrió con una escena típica de las faenas agrícolas, como la criba del grano, en medio de un ambiente de alta comedia. El público de labradores y campesinos, acuciado por sus inquietudes sociales y morales, disfrutó entonces con las desgracias de los señoritos. Más adelante, en la década de 1940, fueron las compañías de comedias ambulantes las que pusieron en escena el singular drama de Guimerá, manteniendo su plena actualidad (Comediantes, Piecra Caballera, 2002).
«IEFLAND»
El éxito internacional de Tierra baja enseguida propició distintas creaciones operísticas y versiones cinematográficas. Entre las óperas figuran las dirigidas por Ferdinand Le Borne (1903), Eugen d’Albert (1903) y Salvador Pueyo (1990). En cuanto a las películas, están las dirigidas por Fructuós Gelabert (1907), Mario Gallotintas (1912), Francisco Elías (1914), Bertha Kalich (1914), J. Searle Dawley (1914), Michael Bohnen y Lil Dagover (1920), Adolf Edgar Licho (1922), Kenji Mizoguchi (1924), Leni Riefenstahl (1943-1954), Miguel Zacarías (1950), Mercè Vilaret (TV, 1982), Isidro Ortiz (2011) y, últimamente, Miguel Santesmases con Aitana Sánchez-Gijón de protagonista (2024). A estos títulos se añaden diversas adaptaciones teatrales, representaciones de ballet, canciones, exposiciones y una docena de traducciones a otros idiomas.
De dichas versiones, nos detenemos en la película que filmó la reconocida y polémica Leni Riefenstahl, basada, a su vez, en la ópera que dirigió Eugen d’Albert con libreto de Rudolf Lothar, la cual fue estrenada en Praga el 15 de noviembre de 1903 con el siguiente final en la voz de Pedro (Manelic): «¡Arriba, a mis montañas, a la luz y a la libertad! / ¡Subamos desde las tierras bajas! / ¡La majestuosidad de aquellos parajes nos traerá la paz! / ¡He estrangulado al lobo!… ¡Lo he matado!».
Es la alegoría de Plauto y de Thomas Hobbes: «El hombre es un lobo para el hombre», a la que se quiso poner fin con un lenguaje cinematográfico de gran estética y belleza en la pantalla, idea que sorprende por su actualidad en una época, aquella, de totalitarismos, guerra, genocidio y crímenes contra la humanidad.
Precisamente, queremos ver lo abulense en la larga carrera de producción de la película de Riefenstahl, la cual duró veinte años hasta su estreno, gestada en la Alemania de entreguerras, filmada durante la Segunda Guerra Mundial y estrenada en Venecia en 1954. Y lo hacemos en la búsqueda de tipos y paisajes iniciada en 1934, así como en la representación final de personajes y figurantes.
Por entonces, Leni Riefenstahl ya era reconocida en España como una deportista consagrada (Revista Campeón, 11/02/1934) y cineasta de fama mundial (Estampa, 10/03/1934), como directora de La montaña sagrada (El Heraldo, 20/07/1927) y Tempestad sobre el Mont Blanc:
«Una obra dramática de sublime belleza. Sus paisajes son únicos, y la fotografía es de efectos sorprendentes. La trama de su argumento, sumamente impresionante, está compuesta de elementos pasionales que se desencadenan paralelamente». Película a la que siguen otras que también se anuncian en la cartelera madrileña, como S.O.S. Iceberg, filmada en Groenlandia, y El monte de los muertos – Luz azul (Arte y Cinematografía, 03/1931 y 12/1932).
Sobre Luz azul, título que perdura en cartel en el Palacio de la Música, el diario Ahora del 19/03/1933 lo califica como un «Poema legendario, fuerte y vital, que asciende en algunos momentos a lo maravilloso, hasta las cumbres raramente escaladas del arte desinteresado y puro». Igualmente, la revista Mundo Gráfico del 19/07/1933 publica: «Es una producción de arte puro, bella sinfonía de imágenes, que tiene el valor de una joya de arte pictórico en el concierto fotográfico del cinema. Poema de la montaña, canta la naturaleza brava e indómita de los más altos picachos de los montes dolomitas».
En cuanto a Ávila, la ciudad aparece así en las Memorias de Leni Riefenstahl: «Todo empezó en 1934, me telefonearon de Terra Film desde Berlín y me ofrecieron la realización y el papel para una película, Tierra baja. El proyecto me interesó y me fui a Berlín (…) La ópera Tierra baja, de Eugen d’Albert, se basaba en una antigua comedia de costumbres de Ángel Guimerá. La acción se desarrollaba en España, en la época de Goya, y el argumento era sencillo (…) Los exteriores se rodarían en España… El paisaje español era maravilloso para la cámara; también las personas y los soberbios edificios me impresionaron. Con asombro contemplé las antiguas murallas de Ávila, los patios interiores de Córdoba y las iglesias de Salamanca y Burgos» (Memorias, Evergreen-Taschen, 2000).
‘UNA ESTRELLA DEL CINE EN ÁVILA
Para entender la relación que advertimos entre Ávila y la obra de Guimerá y su posterior versionado por Riefenstahl en la película rodada en los Alpes y los estudios de Berlín y Praga, con escenas filmadas en las cercanías de Madrid, además de otras en España que se perdieron, retomamos el encuentro celebrado en el Hotel Inglés de la capital abulense en 1934 que publicó El Diario de Ávila, lo que transcribimos por su enorme interés:
«El periodista se enteró anteayer por la mañana de la llegada a Ávila de una célebre estrella de la pantalla, y fue inmediatamente al Hotel Inglés. Allí le dijeron que la gran artista se hallaba en el salón departiendo con el secretario del Ayuntamiento, Sr. Sánchez Díaz [Cesáreo], y los señores Mayoral Fernández [José] y Juan Sabater, correspondiente de la Academia de la Historia y jefe de la oficina del Patronato Nacional de Turismo, respectivamente. Rodeada de estos tres señores se hallaba la bellísima Leni Riefenstahl, admirable protagonista de “S.O.S. [Iceberg]”, “La montaña sagrada”, “Una tormenta en Montblanc” y otras muchas de gran renombre internacional.
»Hablaba el alemán y servía de intérprete el señor Sabater, tan excelentemente que no perdían sentido las manifestaciones de los señores Sánchez Díaz y Mayoral Fernández. En su rostro, admirablemente fotogénico, se revelaban la impresión que causaban las agudezas e ingeniosidades del Sr. Sánchez Díaz y las explicaciones de la historia y folklore del Sr. Mayoral Fernández. Sus ojos y su cara hablaban tanto o más que su boca, revelándonos la selección de su espíritu.
»La Riefenstahl ha venido a Ávila como directora y primera actriz de la compañía alemana cinematográfica que viene a filmar los exteriores de España en colaboración con la gran empresa C.E.A. (Cinematografía Española Americana, S. A.) que tiene su domicilio en Barquillo, 10, Madrid. La artista quiso examinar sobre el terreno la preparación de los films abulenses y oye al Sr. Sánchez Díaz lo que puede proporcionársele en Ávila y en los pueblos de la provincia y al Sr. Mayoral Fernández las leyendas, las tradiciones, las costumbres típicas que van pasando por conducto de Sabater, intérprete de ambos, como una película.
»El rostro de la estrella se ilumina cuando Mayoral Fernández le evoca la labor de sus compatriotas en relación con Ávila: de [Emil] Hübner, que clasificó los monolitos íberos; de [Hugo] Obermaier, que estudió el glaciarismo de Gredos; de [Adolf] Schulten, investigador antropológico del tipo racial numantino, similar al abulense; de los alemanes que exploraron la laguna sin temor al dragón de la bruja serrana de la Vera, al decir de los pastores. Y cuando le habla de las películas filmadas en Ávila: El Lazarillo de Tormes y Don Quijote, a cuyos protagonistas Mayoral acompañó y la Riefenstahl conoce bien, de Santa Teresa.
»Ya en la calle, ante los interiores y exteriores de la Catedral, de San Vicente, se subraya la admiración de la gran artista que llena de notas su libro rápidamente, como es el arte que ella prestigia: vertiginoso y sintético. La comprensión de toda la provincia está desde Ávila. En las ermitas de San Segundo y de Las Vacas aprecia bien el significado de las romerías y las fiestas de todas las ermitas con sus subastas de banzos, sus bailes, sus expresiones típicas que Mayoral Fernández rápidamente le define con paralelos entre las de Sonsoles y la Aldehuela, con plazas de toros ambas y la última con escenario para funciones teatrales. La belleza de la de Chilla en Candeleda, la que reúne a los pueblos en Navalosa y Serranillos, la de Valsordo, la del Lugarejo. Todo en la artista es admiración profunda por Ávila.
»El Sr. Mayoral ha regalado a la Riefenstahl un magnífico sombrero de serrana adornado al estilo típico antiguo, que poseía, y la artista, llena de alegría, se lo pone varias veces y el fotógrafo que ha traído en su compañía la retrata con él formando grupos con Mayoral, Sabater y Sánchez Díaz, quien tiene frases y ocurrencias que hacen reír estrepitosamente a la Riefenstahl al transmitirlas Sabater.
»Se quiso arrancar de la “estrella” una intervención próxima en la coronación de la Virgen de Sonsoles que ha de celebrarse en el mes de agosto venidero, pero ella explica las dificultades que para el cine sonoro tiene una impresión con aglomeraciones. Mucho más porque el deseo de la empresa es hacer cosas típicas de Ávila con actores e intérpretes y el pueblo fotogénico que ella escoja, y han de comprometerse y posarse bien no solo en sitios de Ávila de los que ya se llevan interesantes plazas ahora, sino en sus estudios de la Ciudad Lineal, y quedan invitados “contratados”, como dijo el Sr. Sánchez Díaz, este y los señores Mayoral y Sabater para llevar Ávila a la pantalla en magníficos films que la empresa estudia a base de nuevas y originales modalidades, sin reparar en gastos, porque su esplendidez la puso de manifiesto al expresar al Sr. Sánchez Díaz que, si era menester sacar estandartes y objetos del culto que se hiciera difícil obtener, se harían reproducciones de ellos y, desde luego, la gente del pueblo escogida para las escenas sería pagada y sus trajes, de no poderse conseguir los originales, confeccionados.
»La Riefenstahl, a última hora de la tarde, ocupa desde el automóvil que el Sr. Sánchez Díaz ha puesto a disposición de ella y de los acompañantes para recorrer la ciudad, el suyo de dos plazas que ella conduce y en el que la acompañaba el fotógrafo que vino provisto de magnífico aparato. Y se despide de Ávila ¡encantada!, ¡encantada!, ¡muy encantada! Únicas frases que pronunció en español y que el Sr. Sánchez Díaz la había ayudado antes a vocalizar como la de “toreros”, que se dijo al encontrarse con las gentes que iban a la becerrada» (DAV, 10/07/1934).
Durante la estancia de la Riefenstahl en España, el cine Génova de Madrid proyecta de nuevo Tempestad en el Mont Blanc (El Sol, 28/07/1934). Al mismo tiempo, la prensa reseña su estrecha relación con Hitler: «¡Hitler enamorado! La célebre actriz cinematográfica Leni Riefenstahl ejerce una verdadera dictadura en el mundo artístico alemán, y es la única mujer a la que el “führer” admite en su intimidad» (Crónica, 23/09/1934).
De este compromiso nació el encargo de la película documental sobre el Congreso nacionalsocialista de Núremberg, titulado El triunfo de la voluntad (Ahora, 29/03/1935), para cuya realización tuvo que suspender la producción de Tiefland (Tierra baja).
Poco después, al comienzo de la Guerra Civil, en septiembre de 1936, Ávila se convierte en el campo de pruebas de la aviación militar alemana con el asentamiento de la Legión Cóndor a las afueras de la capital. Quizás por esta circunstancia, la ciudad también fue el lugar elegido para la edición del libro Mein Kampf (Mi lucha), escrito por Adolf Hitler, en el que se combinan aspectos autobiográficos y el manifiesto de su ideología nacionalsocialista. La publicación y distribución se hizo en la imprenta de Senén Martín, sita en el Paseo de San Roque, 13, con el patrocinio del Partido Nazi y traducción del diplomático boliviano Federico Nielsen.
Antes de retomar de nuevo la filmación de Tierra baja en 1940, Leni Riefenstahl realiza su película más famosa, Olimpiada, sobre los Juegos Olímpicos de 1936 en Berlín, una epopeya del ritmo y del esfuerzo físico que sigue siendo insuperada en su género, al decir de Román Gubern, quien comparte con Néstor Almendros, Pere Gimferrer, Fassbinder, Coppola o Chaplin la admiración artística por la obra de la directora alemana, a la vez que defiende la autonomía estética del arte y su autosuficiencia formal.
Todo lo anterior choca con la condición, según la prensa, de “musa” y “amante” de Hitler, y de “cineasta del Tercer Reich”. Entonces surge la disyuntiva, al decir de José Manuel de Prada: «La contemplación de las películas de Leni Riefenstahl nos obliga a afrontar preguntas quizá irresolubles. ¿Puede el arte más excelso ponerse al servicio de la ideología más execrable, sin que por eso se empañen sus cualidades intrínsecas? ¿Puede la excelencia estética remunerar nuestro espíritu, pese a erigirse sobre la abyección moral? ¿Es el arte una categoría autónoma de la ética?» (El País, 10/09/2003).
De ahí que la figura de la cineasta alemana fuera siempre ignorada en Ávila después de la Guerra Mundial, tanto que ni siquiera su antiguo anfitrión José Mayoral la cita cuando escribe del cine en Ávila (Entre cumbres y torres, 1950).
Finalizada la Guerra Civil española, Leni Riefenstahl retoma el rodaje de Tierra baja y regresa a España, donde es aplaudida al recordar su visita de 1934 y la reciente de 1943: «Enamorada por un álbum de fotografías de la fisonomía española, pretendía hacer un film sobre España (dice)… —Mi preocupación ha consistido en ver España tal cual es, y no a través de su falsificación» (Revista Medina, 26/09/1943).
Y añade en sus memorias: «Intenté retener esas imágenes para luego trasladarlas al cine. El guion se convirtió en un mosaico de diversos temas que plasmarían la vida de los españoles. Di rienda suelta a mis fantasías, y así nacieron los títulos de algunos de los capítulos: Los gorriones de Dios, Encaje de Valencia, Goyescas, Bosque de los camellos salvajes, El hechicero de Toledo, Naranjas y sal, La pecadora de Granada, La reina castellana, Las fiestas de San Fermín, Carmen y Don Juan» (Memorias, Lumen, 1987). Y aquí Ávila se vería representada en la figura de la reina Isabel la Católica, nacida en Madrigal de las Altas Torres.
Más aún, continúa diciendo Riefenstahl: «Después de cuatro años de guerra, era increíble llegar a un país que vivía en paz. No obstante, mis primeras impresiones de España fueron desconcertantes. España se había recuperado tras la Guerra Civil, y enormes anuncios luminosos iluminaban las calles de Madrid por la noche. Como ya me había sucedido diez años atrás, quedé impresionada por la gente, el país, las costumbres, el arte, la manera de vivir de los españoles.
Tal impresión se vio reforzada por los sentimientos germanófilos de la población. Nuestra primera búsqueda de escenarios nos llevó a Sepúlveda, luego a Segovia y Ávila. Desde entonces se convirtieron para mí en algunas de las ciudades españolas más interesantes, así como Salamanca. Luego fuimos al sur. La Alhambra de Granada me dejó sin respiración» (Memorias, Evergreen-Taschen, 2000).
En otoño de 1944, en los estudios de Praga, se terminó de rodar Tierra baja, sin que en la copia recuperada de su confiscación francesa y estrenada en 1954 se recogieran las tomas realizadas en España, las cuales se habían perdido, a excepción de una escena puntual en los alrededores de Madrid.
Los personajes españoles fueron sustituidos entonces por un grupo de 65 presos de origen romaní seleccionados por Riefenstahl en el campo de concentración de Maxglan-Leopoldskron (cerca de Salzburgo). Posteriormente, la mayoría de ellos fueron exterminados en Auschwitz, a pesar de que la directora siempre afirmó el buen trato recibido durante y tras la finalización de la película.
Y aunque tampoco ha quedado rastro alguno de Ávila en la película, ello no impide que en el visionado de esta lo busquemos en los hombres que visten atuendos de recios castellanos con sombreros, capas, camisas y polainas, y en las mujeres que aparecen enlutadas, cubiertas con negros pañuelos. Todos arropan el relato siguiendo patrones del tipismo que en Ávila retrató José Ortiz Echagüe.
Además, también queremos ver los palacios de Ávila en el patio de columnas de la casa señorial del marqués opresor que se recrea en la película. En otras secuencias, imaginamos a nuestros pueblos y serranos y su caserío, así como el trasiego entre las montañas —que simulan los Pirineos— de mulas y caballos con sus arreos, todo lo cual nos transporta a la sierra de Gredos.
Para entender dichas connotaciones, observamos que los tipos humanos guardan un extraordinario parecido con las fotografías de José Ortiz Echagüe expuestas en Berlín en 1929, donde tuvo lugar la gran exposición personal de su obra, constituida entonces en su mayoría por fotografías de hombres y mujeres ataviados con trajes típicos.
De la muestra se publicó el libro Spanische Köpfe. Bilder aus Kastilien, Aragonien und Andalusien, con inclusión de estampas de Gredos y Ávila. De aquí tomó Leni Riefenstahl la idea para vestir a los campesinos de Tierra baja, por lo que, no en vano, según el hijo César Ortiz Echagüe, en uno de sus viajes a Madrid, Leni Riefenstahl visitó a su padre con el libro España, tipos y trajes (José Ortiz Echagüe en el recuerdo de su hijo, 2020).
La imagen más representativa de Ávila, entre el medio centenar que hizo Ortiz Echagüe, es sin duda aquella en la que aparecen los personajes ‘Escopeta’, ‘Vinazo’ y ‘Centeno’ con las murallas al fondo, fechada en 1916, sobre la que escribió:
«Las murallas se muestran entonces detrás de hombres ataviados con capas pardas y sombreros negros, y mujeres con amplios vestidos y sombreros de paja, aglutinando así el paisaje monumental de Ávila con el tipismo de sus gentes, como si la historia se hubiera paralizado en algún momento de su devenir. Ávila, la mística, ofrece al asombro del caminante el recio cerco de sus austeras murallas asentadas sobre rocas de granito» (España, tipos y trajes, 1933).
Estos tipos rurales y sobrios, con capas de autoridad, semejan a los antiguos regidores que gobernaban la ciudad, y tras su quietud modélica se presenta Ávila rocosa y fría, siempre luchadora por mantenerse viva.
HISPANISTAS ALEMANES.
La mirada de la Alemania de entreguerras transportada a Ávila es la que nos dejó Erika Groth-Schmachtenberger (1906-1992), convertida en fotógrafa callejera en su deambular por la ciudad, retratando monumentos, campesinos que recorren sus calles, feligreses en procesión, viandantes y tipos populares con sus caballerías y ganados.
Es la misma ruralidad alemana que tanto le atraía, germanizada en Ávila y en la mayoría de las provincias españolas que visita, igual que le ocurría a Leni Riefenstahl, sintiendo la misma atracción fotogénica por los monumentos, las tradiciones y costumbres, fiestas, ferias, faenas agrícolas, marinas, playas, pescadores, mercados, vendedores, bailadoras regionales, oficios artesanos y oficios urbanos de limpiabotas y barrenderos, etc. Erika Groth visitó Ávila en la primavera de 1959, completando así los viajes que hizo en 1942, 1952, 1957 y 1964, y de cuyos recuerdos forma un álbum peninsular de más de dos mil fotografías, al que Ávila aporta un centenar de vistas.
En 1942, Erika deja su trabajo como “freelance” y se emplea en la compañía cinematográfica Tobis Filmgesellschaft de Berlín. En sus estudios coincide con el payaso Charlie Rivel, de origen español, y se relaciona con los actores y estrellas de la época, a los que retrata junto a numerosos extras que participan en los rodajes, algunos de ellos judíos y de etnia gitana que luego fueron deportados y exterminados. Uno de estos rodajes fue el de la película Tierra baja, que dirigía Leni Riefenstahl.
De la misma manera que Erika Groth sintió especial atracción por España, también por Ávila, comprobamos que los pueblos de la provincia fueron, igualmente, un excelente campo de trabajo y estudio para otros hispanistas alemanes contemporáneos suyos que mostraron interés etnográfico, como Otto Wunderlich, el musicólogo Kurt Schindler (1932) y el etnógrafo Albert Klemm, autor de La cultura popular de Ávila (1932).
Por último, siguiendo la estela de Leni Riefenstahl, antes o después que ella, otros alemanes que estudiaron y fotografiaron Ávila fueron los historiadores de arte Georg Weise y August Liebmann Mayer —muerto en Auschwitz—, amigo del pintor Beruete; el berlinés Werner Goldschmidt, quien estudió el pórtico y el sepulcro de San Vicente en 1935; y los autores que se ocuparon de Santa Teresa, como el filólogo Helmut Anthony Hatzfeld y el escritor Reinhold Schneider.
Otros autores que cabe destacar son el fotógrafo Karl Peter Karfeld, que estampó Ávila coloreada en el libro Spanien. Ein Farbbild Werk (Berlín, 1942); el fotógrafo húngaro Nicolás Muller, quien visitó Arenas de San Pedro y se asentó en España huyendo de la influencia devastadora de la Alemania nazi; el historiador y fotógrafo licenciado en Bonn Heinrich Mathias Schwarz, quien paró en el antiguo palacio del Rey Niño; la fotógrafa de arte y documentalista asentada en Núremberg Lala Aufsberg, contemporánea de Erika Groth, quien también retrató Ávila; el geógrafo de Bonn Oskar Schmieder, estudioso de Gredos; y Walter Schröder, natural de Frankfurt, retratista de Ávila y fotógrafo de arte y arquitectura en Europa, Asia y África del Norte.
