POR ANTONIO LUIS GALIANO PEREZ, CRONISTA OFICIAL DE ORIHUELA (ALICANTE).
El cronista oficial de Orihuela, Antonio Luis Galiano Pérez, ha presentado una nueva entrega de Capítulos de nuestra historia, la número 16 desde que comenzó la serie hace dos décadas. Con el título La heráldica en la Seo de Orihuela, el libro ofrece un recorrido por los escudos de armas, a menudo desapercibidos, que invita a adentrarse entre los muros de la Santa Iglesia Catedral del Salvador y Santa María, declarada Bien de Interés Cultural hace 41 años.
La publicación analiza la heráldica tanto eclesiástica -de obispos e incluso de la Virgen María- como municipal, real y nobiliaria realizada en distintas épocas y con diferentes materiales -piedra, metal y madera- y que aparece en varias ubicaciones.
También se detiene en el estado de conservación de los blasones, así como en una referencia al personaje o linaje que representa. No en vano, antes de entrar en materia, el historiador Fernando de Prado Pardo-Manuel de Villena explicó en el acto de presentación en la librería Códex, al que también acudió el alcalde de Orihuela, Pepe Vegara, que el origen de la heráldica se corresponde con el sentido de pertenencia y el poder identificarse a distancia, además de autentificar documentos a través del sello.
Sin ir más lejos, recordó, también servía de referencia en las ciudades. Cuando las calles no tenían numeración, eran los escudos, de familias de linajes, los que daban la referencia para ubicarse. Aún quedan algunas representaciones en las calles oriolanas. De hecho, el Ayuntamiento los va a incluir en el catálogo de bienes patrimoniales, que se está revisando desde su creación a principios de los 90.
Así, el historiador describió algunas curiosidades, desde los relatos de Plutarco en los que un guerrero espartano mandó pintar una mosca en su escudo como seña de identidad hasta el abrojo como representación en los siglos V y VI de un arma con púas en forma de tetraedro que se esparcía sobre el terreno en la batalla para evitar el avance del enemigo, simbolizando en heráldica las hazañas bélicas.
Eran emblemas en escudos y estandartes de generales, monarcas y nobles para distinguir sus ejércitos que luego asumían familias, ciudades e instituciones. Históricamente, nacieron en la Edad Media como un recurso para reconocer a los caballeros cubiertos por armaduras, transformándose en un lenguaje con reglas propias.
De Prado Pardo-Manuel de Villena, asimismo, destacó el escudo de Castilla y León, remontándose al siglo XIII, con dos castillos y dos leones en señal de equilibrio entre reinos, como aquello del tanto monta, monta tanto. Es el mismo que llevaba como armas el soberano Fernando III el Santo, quien en 1230 heredó de su padre el reino de León, con la unión de las coronas de Castilla y de León bajo un mismo monarca. O también el icónico escudo de William Wallace en la película Braveheart con el clásico blasón escocés.
Con el tiempo, se convirtieron en emblemas hereditarios que transmitían linaje, propiedades, honores y vínculos políticos o matrimoniales. La heráldica está presente en edificios, sellos, universidades y banderas que narran acontecimientos históricos.
La catedral
Los escudos más antiguos que ha localizado el cronista en la seo oriolana, que son de mediados del siglo XIV, pertenecen a Pedro II de Valencia y IV de Aragón -El Ceremonioso-. Se encuentran entre la Puerta de las Cadenas y el crucero, en las bóvedas de crucería de las tres naves y en la clave de la nave central, con las características barras de la Corona de Aragón.
El estudio, además, deja patente la evolución en la representación del pájaro del Oriol. Por ejemplo, el emblema oriolano aparece con las alas abiertas y sin corona en la reja del coro. De la misma forma, sin armar y emergiendo de las rocas en las andas de custodia del Corpus Christi. O bien, coronado y con espada en la Puerta de la Anunciación. También hay dos escudos tallados en piedra en el claustro.
En este sentido, el cronista señala que hasta 1703 la imagen solía aparecer con las dos patas sobre un leño. Después empieza a mostrarse con la pata derecha levantada y portando una espada, en alusión al lema «Siempre prevaleció vuestra espada», por el privilegio otorgado por Pedro IV en 1380 como prueba de la fidelidad de la ciudad a la Corona de Aragón durante el conflicto bélico con Pedro I.
