JOSÉ LUIS PÉREZ ZAYAS.
POR AGUSTIN DE LAS HERAS, CRONISTA OFICIAL DE VALDEPIÉLAGOS (MADRID).
He enterrado hace un mes a un primo hermano con sesenta y cuatro años y hoy me dan esta lamentable noticia.
Una vez me dijo tu hermano Juanjo que se mueren los mejores. Y después de varios lustros de oír aquello mi experiencia ha confirmado sus palabras.
Quizás no lo sepas pero has sido alguien importante en nuestras vidas.
Un catorce de febrero de hace treinta años estaba naciendo mi sobrino.
Un celador de La Paz se dirigió a mi primo y le dijo que una de Brazacorta estaba teniendo un niño. La había conocido. Yo vi nacer a mi hija pero mi cuñado esperaba nervioso las noticias al otro lado de una puerta. Entonces José Luis le informó a Antonio que ya era padre y le dijo que esperara un momento. Al poco apareció con un niño en sus manos, era su hijo, mi sobrino Jorge. Eso no se olvida.
Hace veintisiete años conocía Brazacorta de visitas. Ya viviendo allí, en una de mis pequeñas escapadas al cementerio nuevo, junto a la ermita del Santo Cristo, para ver la tumba de los tíos de mi mujer fue en una tarde fría de primavera. Para mi un camposanto es una biblioteca de vidas y entonces pude comprobar apellidos que más tarde me fueron conocidos de las familias de esta villa burgalesa.
Pues bien, mientras que leía los nombres y fechas me sentí observado.
Dos ancianas, juntas, de riguroso negro, me observaban desde la puerta. Una era tu madre, Encarna. Su amiga era Lupi.
El tiempo hizo el resto. Empecé a conocer a tu familia.
A tu hermano Juanjo que se desterró junto al Camino del Cid, junto a su mujer MariLuz, después de años de trabajo en el difícil Madrid. Y que llevó el listón de saber llevar profesionalmente un bar a lo más alto. Nadie podrá hacerlo igual, estoy seguro.
Y un día nos presentaron. Te gustaba pasear, vivir tu pueblo y estoy seguro que recordar tu pasado en sus calles y sus rincones.
Conocí a tu mujer, de las tierras de Hita, amable y preocupada para que sus hijos tuvieran el mejor disfraz en las fiestas de agosto. Aún recuerdo aquel sublime disfraz de torero y toro.
Y los años pasaron, y nuestros hijos crecieron. Y tuvimos la inmensa suerte que Carlos pasará por nuestro despacho demostrando lo excelente profesional que es.
Te recuerdo caminando, observando cada rincón del pueblo en silencio, mientras andabas con las manos detrás.
Mi último descubrimiento sobre ti es que eras un artista.
Nos enseñastes, como hacedor de maquetas, cómo funcionaba una beldadora. O cómo era un carro de pértiga. Incluso con corchos y maderas reconstruiste la antigua iglesia de San Pedro de Hita, destruida en la Guerra Incivil.
Nos dejaste la prueba, con los mismos materiales y cerillas, cómo era un Lagar viejo en Brazacorta.
Y la obra cumbre para la posteridad fue una maqueta de la ermita del Santo Cristo del Humilladero de Brazacorta (Burgos).
Recuerdo una foto de tres hermanos hace unos diez años. Juanjo. Rafael y tú junto a ellos.
Mi último recuerdo tuyo es el día de nombramiento de Cronistas en Brazacorta. Me enteré después que quisiste estar presente y la conversación que tuve contigo me sobrecogió y la guardo en mi corazón. La cruel enfermedad ya te invadía de una forma despiadada.
José Luis, nadie muere mientras no sea olvidado y yo nunca lo haré.
Un abrazo para tu mujer y tus hijos.
Lo siento.
