HA MUERTO HERMINIO RAMOS, EL CRONISTA OFICIAL DE LA PROVINCIA DE ZAMORA.
Ha muerto el maestro, con quien tanto quería, al modo de la elegía de Miguel Hernández. Ha fallecido uno de los referentes esenciales de la Zamora del siglo XX e inicios del XXI, un hombre íntegro e integrador; alguien en quien convivieron los valores emergentes de la Transición que ahora algunos tratan de dinamitar en este país condenado al guerracivilismo; una buena persona en el mejor sentido machadiano de la palabra bueno.
Ha muerto Herminio Ramos y la memoria se me llena de lágrimas. Le debo mucho y le recuerdo aún hoy de manera innumerable. Me enseñó tanto, me ayudó tanto, neófito como era yo entonces de zamoranismo, a reconocer el idioma de las viejas piedras de la Zamora levítica. Me dictó tantas lecciones, siempre desde la prudencia y el abrazo… Nunca le escuché una mala palabra o un insulto. Se agolpan en estos minutos tantos consejos y tanta buena enseñanza que podría llenar un libro enorme con todo ello.
La de Herminio Ramos fue una vida entera dedicada al conocimiento y al amor por Zamora. Cien años de palabra limpia, de mirada curiosa, de trabajo constante, de sapiencia precisa. Cien años que no se cuentan: se celebran. Cien años de innegable magisterio que esta ciudad debería reconocer hoy mismo como el personaje merece.
Durante décadas ayudó a apuntalar, día tras día, el edificio de papel de La Opinión–El Correo de Zamora, apoyado en columnas plenas de memoria y reflexión.
Herminio Ramos fue un maestro en el sentido más noble del término. Maestro de escuela, maestro de periodistas, maestro de vida. En su figura se funden la paciencia del alfarero y la sabiduría del cronista; la profunda raíz sayaguesa y el ramaje del humanista.
Durante décadas ayudó a apuntalar, día tras día, el edificio de papel de La Opinión–El Correo de Zamora, apoyado en columnas plenas de memoria y reflexión. Cada artículo suyo era una lección, una piedra más en la construcción de una Zamora que buscaba salir de su secular ensimismamiento. En sus palabras no hubo nunca rencor ni estridencia: solo la serenidad del que observa, comprende y enseña. Pese a que vivió de niño episodios terribles de la contienda incivil, aprendió a perdonar sin medida y a ejercer con pasión la tolerancia. Y esa enseñanza, a mí, como a tantos otros, nos ayudó a ser mejores.
De su vasta obra documental se desprende cuáles fueron sus grandes amores: la tierra, el aula, la frontera y la tradición. Herminio nos enseñó que el zamorano es como su paisaje: granítico y noble; que Portugal está más cerca cuando la frontera se atraviesa con los pies del corazón; que la alfarería, los cantares y las costumbres no son reliquias, sino raíces vivas que buscan extenderse; y que la educación es el torno en el que se modela el porvenir.
Maestro y discípulo a la vez, Herminio nunca dejó de aprender. Por eso, su sabiduría no pesa: ilumina. Y aunque ya llevara años recluido, sin poder caminar por las calles de la ciudad que tanto quiso, silbando una copla antigua como quien dialoga con el tiempo, su recuerdo ilumina a quienes le conocimos, le profesamos y le quisimos, aun habitando hoy lejos del casco antiguo de esa ciudad añorada que nunca acaba de despertar de su siesta permanente.
Herminio resumía su filosofía en tres palabras sencillas: “cabeza, codos y culo”, con gustaba repetir a los jóvenes alumnos, a los que recomendaba perseverancia en el estudio de la mano de esas tres “ces”. Pensar, trabajar y perseverar. Tal era el ideario de su librillo.
Así habitó un largo siglo, moldeando el barro de Zamora con maestría de orfebre.
Los periodistas somos, por definición, maestros de nada y aprendices de todo. Y en esa necesidad de aprender nos vemos empujados, por la curiosidad, a preguntar constantemente. Entonces recurrimos a los maestros. Yo, en esa época de mi paso añorado por Zamora, me apoyé en Rufo Gamazo y en Herminio Ramos.
Herminio tenía una enciclopedia en la cabeza, una estantería cerebral de vastos conocimientos sobre esta ciudad y su provincia al alcance de muy pocas personas
A veces he escrito –y cada día que pasa me aferro más a esta evidencia- que un periódico es un edificio de papel que se levanta cada día con el hormigón de las noticias y que se apoya en la férrea sujeción de las columnas. El edificio de LA OPINION-EL CORREO DE ZAMORA tuvo a esos dos personajes como arquitectos esenciales del comentario diario de la actualidad local y provincial. Del Herminio Ramos afincado en el periodismo destacaría su saber enciclopédico y el sentido didáctico de sus comentarios. Herminio tenía una enciclopedia en la cabeza, una estantería cerebral de vastos conocimientos sobre esta ciudad y su provincia al alcance de muy pocas personas. No caería en la exageración a la que me empuja el cariño y el eterno agradecimiento que profesaré siempre al viejo maestro si aseguro que no existió en Zamora un estudioso que atesorase mayor conocimiento sobre la realidad física y social de esta provincia que este enseñante de la vieja escuela, que desde el púlpito del aula y desde las páginas del periódico supo transmitir con eficacia a los zamoranos los hitos principales de su extenso bagaje cultural. Y esa transmisión se produjo siempre desde la tolerancia y la honradez: jamás le escuché a Herminio hablar mal de nadie ni escribir contra nadie. Generoso en el halago merecido, nunca hizo sangre en la crítica, por merecida que fuera. Herminio escribió siempre desde un humanismo creyente.
Hoy solo aspiro a manifestar la inmensa gratitud a un gran hombre al que profesé, durante años, un inmenso respeto y cariño. Porque Herminio Ramos no solo escribió algunos de los renglones más prodigiosos de la historia de esta tierra. También escribió, con humildad y ternura, algunas letras imborrables de la historia de todos nosotros, de todos los que hoy le lloramos en menor medida que lo bendecimos. Porque su bonhomía dejó en muchos zamoranos una huella imperecedera e imborrable. Que la tierra le sea leve a quien tanto amó a esta tierra.n
Memoria del cronista oficial, humanista y formador que mejor conoció a Zamora y que tanto la amó
FUENTE:https://www.laopiniondezamora.es/opinion/2026/06/29/herminio-ramos-maestro-humanista-131916783.html
