LOS RAMOS DE FRUTAS (III): DE LAS LOMADAS A MADEIRA, LA TRADICIÓN QUE FLORECIÓ EN TODA LA ISLA
Jul 04 2026

MARÍA VICTORIA HERNÁNDEZ PÉREZ, CRONISTA OFICIAL DE LOS LLANOS DE ARIDANE (LAS PALMAS).

                                                 

El empleo de grandes racimos de frutas para embellecer arcos, altares efímeros e interiores de templos no fue exclusivo de San Pedro. Durante siglos también formó parte de otras celebraciones religiosas de La Palma.

Los ramos también adornaban otras fiestas palmeras
Especialmente recordada fue la ornamentación de las fiestas de la Cruz. Todavía pervive en la memoria popular el conocido dicho:

«La Pavona siempre gana en fruta, banderas y rama».

La Cruz de la Pavona, en San Isidro, alcanzó enorme prestigio precisamente por la riqueza de sus enramados y composiciones vegetales.

Del mismo modo, el periódico El Time describía el 19 de junio de 1864 el aspecto que ofrecía Los Llanos de Aridane durante las fiestas patronales en honor a Nuestra Señora de Los Remedios:

«La carrera estaba totalmente llena de ramos y flores y sembrada de banderas».

La escena vuelve a poner de manifiesto que flores, ramas y frutas formaban parte inseparable de la escenografía festiva de la isla durante buena parte de su historia. Aquellas decoraciones efímeras constituían auténticas manifestaciones de arte popular, levantadas gracias al esfuerzo de los vecinos y destinadas a desaparecer apenas concluían las celebraciones; precisamente ahí radica buena parte de su enorme valor patrimonial.

Una tradición que floreció en toda la Isla
Aunque hoy Breña Alta y Las Lomadas son los principales guardianes de esta antigua costumbre, durante siglos los ramos de frutas formaron parte del paisaje festivo de numerosos pueblos de La Palma.

Su presencia está documentada en celebraciones patronales, fiestas de la Cruz, Corpus Christi, Semana Santa e incluso en las grandes solemnidades de la Bajada de la Virgen de las Nieves. Todo ello demuestra que el empleo de frutos para embellecer templos, calles y altares fue una práctica mucho más extendida de lo que actualmente podría pensarse.

Los testimonios conservados permiten reconstruir una tradición que convirtió las frutas de la tierra en auténticos elementos artísticos y devocionales.

Los primeros arcos del Corpus en Villa de Mazo
Uno de los ejemplos más interesantes aparece en Villa de Mazo. Los orígenes de las actuales y espectaculares alfombras y arcos del Corpus Christi pueden rastrearse hasta la década de los años sesenta del siglo pasado.

Velázquez Ramos, en su obra dedicada al municipio, describe uno de los primeros testimonios gráficos conservados de aquellas celebraciones. El altar aparecía «profusamente adornado de blandones con largas velas y varias mandarlas concéntricas alrededor de una gran custodia», elementos que, según apunta el autor, fueron confeccionados probablemente con semillas, frutos y flores.

Aquellas primeras composiciones anunciaban ya el extraordinario desarrollo artístico que alcanzaría posteriormente la fiesta del Corpus en Villa de Mazo, hoy una de las manifestaciones patrimoniales más admiradas de Canarias.

Cuando un fraile quedó maravillado en San Andrés
Uno de los testimonios más antiguos procede de un visitante que contempló con sus propios ojos aquellas decoraciones. En 1758, fray Juan Francisco de Medinilla y Tobalina, religioso mercedario del convento de Olmedo (Valladolid), recorrió varias localidades palmeras durante una misión evangelizadora. Su llegada a San Andrés le dejó profundamente impresionado.

El fraile escribió:

«…y salió la procesión, había ramas en forma de arco, cargadas de mucha fruta; y en la iglesia había flores, frutas, membrillos, naranjas».

La breve descripción posee un enorme valor documental, ya que confirma que los ramos y arcos frutales formaban parte habitual de las fiestas religiosas palmeras ya a mediados del siglo XVIII.

El Monumento del Jueves Santo también se vestía de frutas
La utilización de frutas como elemento ornamental tampoco se limitaba a las fiestas patronales. Durante siglos fue costumbre adornar el Monumento del Jueves Santo con flores y frutos.

Fernández García recuerda que las cuentas de fábrica correspondientes al año 1706 ya reflejan esta práctica:

«…por las cuentas de fábrica del año 1706 se sabe que el Monumento de la época se adornaba con naranjas y flores haciéndose unos característicos ramos, costumbre ésta que perduró hasta casi nuestros días, pero en el Santuario de las Nieves».

Una vez más, la documentación demuestra hasta qué punto las frutas formaban parte del lenguaje simbólico y decorativo de las celebraciones religiosas de la Isla.

Una costumbre compartida por otras islas
La tradición palmera no constituye un caso aislado. En distintos lugares de Tenerife y La Gomera continúan elaborándose composiciones similares para honrar a los santos patronos de diversas localidades.

Las más conocidas son, sin duda, los célebres Corazones de Tejina, en La Laguna, aunque también existen variantes en algunos barrios altos de Icod de los Vinos, donde todavía se confeccionan piñas o racimos de frutas.

La Gomera conserva igualmente un interesante paralelismo. Una de las obras más representativas del pintor José de Aguiar, Romería de San Juan (1924), resume buena parte del folclore tradicional gomero. En ella aparecen los frutos colocados sobre largas pértigas que, acompañados por el sonido del tambor y las chácaras, eran entregados a los asistentes a cambio de un aguinaldo, celebrando así la abundancia de las cosechas en torno al solsticio de verano.

Ramo de frutas en la procesión de Arure, en La Gomera, un paralelismo con la tradición palmera.
Ramo de frutas en la procesión de Arure, en La Gomera, un paralelismo con la tradición palmera. Foto: José Guillermo Rodríguez Escudero.
Existe una tradición que se niega a desaparecer, una tradición hasta la que cada año acuden cientos de visitantes y que sus habitantes han sabido mantener y transmitir de generación en generación: el popular ramo de frutas que se realiza en el pueblo gomero de Arure. La Virgen de la Salud y San Salvador son los dos santos para los cuales se prepara tal homenaje.

Un sorprendente paralelismo con Madeira
La tradición de los racimos de frutas tampoco era exclusiva del archipiélago canario. Una pintura costumbrista realizada en Madeira en 1843 muestra una curiosa composición muy similar a la conservada actualmente en Breña Alta.

Se trata de un gran racimo con forma de peonza suspendido mediante una anilla de una larga vara transportada a hombros por dos vecinos. El parecido entre ambas representaciones constituye un interesante ejemplo de los vínculos culturales existentes entre los territorios atlánticos.

Puntallana y el arte de enramar las cañas
Otra manifestación relacionada con los ramos de frutas se desarrolló durante siglos en Puntallana. Hernández Concepción describió en la prensa local cómo los conocidos «Galanes» decoraban las cañas utilizadas durante la ceremonia de la Resurrección.

Junto a flores, cintas, campanillas y rosquetes, confeccionaban también pequeños ramos elaborados con frutas propias de la estación e incluso con otras conseguidas fuera de temporada. Nísperos, duraznos y distintas variedades de peras contribuían a embellecer aquellas cañas ceremoniales.

El autor recordaba incluso una curiosa costumbre popular: existía una variedad de pera que podía conservarse hasta Pascua si permanecía colgada boca abajo mediante un hilo. Son pequeños detalles que permiten comprender el profundo conocimiento que las comunidades rurales poseían sobre los ciclos naturales y la conservación de los frutos.

Tijarafe y Los Llanos también se cubrían de flores y frutas
Las referencias continúan apareciendo a lo largo del siglo XIX. El corresponsal de Tijarafe escribía en El Time, con motivo de las fiestas de Nuestra Señora de la Candelaria de 1865:

«Una copiosa multitud de luces ardían sobre el altar y en los demás sitios aparentes, flores y frutas en profusión mezclaban sus suaves aromas con el incienso».

Más adelante añadía:

«Más tarde se saca la imagen de la Virgen en procesión por las calles adornadas con banderas y ramos».

Del mismo modo, Los Llanos de Aridane presentaba durante las fiestas de Nuestra Señora de Los Remedios un aspecto semejante, con calles cubiertas de ramas, flores y banderas. Todo ello confirma que la utilización de frutas en las celebraciones religiosas fue una práctica generalizada en buena parte de la geografía insular.

Las Lomadas: donde los ramos siguen mirando al techo de la ermita
Si Breña Alta ha conservado la tradición del gran arco exterior, Las Lomadas mantiene otra de las expresiones más singulares de este patrimonio. En la antigua ermita de San Pedro, levantada antes de 1525, continúa realizándose cada año el enrame interior mediante los tradicionales ramos de frutas.

Ramos de frutas colgados del techo mudéjar de la ermita de San Pedro, en Las Lomadas (San Andrés y Sauces), 29 de junio de 2008.
Ramos de frutas colgados del techo mudéjar de la ermita de San Pedro, en Las Lomadas (San Andrés y Sauces), 29 de junio de 2008. Foto: José Guillermo Rodríguez Escudero.
Todavía el programa festivo de 1994 anunciaba:

«A las cuatro de la tarde, colocación de los tradicionales ramos de frutas del país y enrame de la iglesia por varias señoritas de esta localidad».

La confección de los ramos constituye un auténtico acontecimiento vecinal. Tal y como recoge la investigadora llanense María Victoria Hernández Pérez, las jóvenes se reunían en diferentes patios y locales para construir el armazón, generalmente elaborado con alambre, sobre el que iban colocando cuidadosamente las frutas de temporada.

La propia autora recuerda una simpática anécdota: en cierta ocasión se decidió que el ramo debía llevar guindas, pero como en el pueblo no quedaba ninguna, hubo que desplazarse hasta Puntagorda para conseguirlas. Mientras tanto, vecinos y personas que habían hecho alguna promesa acudían con varios kilos de fruta para colaborar en la elaboración de los ramos.

El enrame interior de la ermita de San Pedro de Las Lomadas con sus ramos de frutas (29 de junio de 2008).
El enrame interior de la ermita de San Pedro de Las Lomadas con sus ramos de frutas (29 de junio de 2008). Foto: José Guillermo Rodríguez Escudero.
Una vez terminados, eran trasladados cuidadosamente hasta el interior de la ermita para colgarlos de los tirantes y crujías de su magnífico techo mudéjar, donde todavía hoy continúan sorprendiendo a cuantos visitan el templo durante las fiestas.

Los versos que también mantienen viva la tradición
La memoria de los ramos no solo ha llegado hasta nuestros días a través de documentos históricos. También ha permanecido viva gracias a la poesía popular. Gaudelia Expósito Lorenzo dedicó varios poemas a las fiestas de San Pedro, convertidos hoy en un valioso testimonio de la importancia que estos ramos siguen teniendo para el vecindario.

Escribía en uno de ellos:

«Un año más hemos llegado / a la fiesta de San Pedro, / alegría para todos / y en especial para el pueblo… / A recoger el dinero / para la orquesta pagar, / y pendiente de los arcos / para los ramos colgar…»

Y en otro recordaba:

«Los ramos de frutas / la víspera quedan hechos, / aquellos que nos visitan / se quedan mirando al techo…»

En otro de sus poemas resumía perfectamente el sentir colectivo:

«Cuando celebran la fiesta / por los árboles pasamos, / miramos a ver si hay frutas / para poner en los ramos. / El enrame es muy bonito / y además tradicional…»

Estos versos reflejan cómo la tradición sigue profundamente arraigada en la memoria colectiva del barrio.

Cuando una subasta podía cambiar una vida
Hasta hace apenas unas décadas, la historia de los ramos de frutas no concluía con la procesión. Una vez terminadas las fiestas, los ramos eran subastados para recaudar fondos destinados al mantenimiento de la ermita y a sufragar los gastos de las celebraciones.

Pero aquella subasta escondía una hermosa costumbre. Los jóvenes del pueblo sabían perfectamente cuál de los ramos había confeccionado la muchacha que les gustaba. Por eso pujaban con entusiasmo, muchas veces gastando todos sus ahorros para llevárselo a casa.

Mientras ellos competían en la subasta, ellas observaban discretamente la escena e interpretaban aquellos gestos como auténticas declaraciones de amor.

La investigadora Hernández Pérez resume esta entrañable tradición con una frase que, por sí sola, explica el profundo valor humano de estos ramos:

«Ellas en corro, iban interpretando estos mensajes de amor. Más de un noviazgo se hizo de esta bella manera en Las Lomadas».

Mucho más que una tradición
Los ramos de frutas constituyen hoy uno de los testimonios más bellos del patrimonio inmaterial de La Palma. En ellos confluyen la agricultura, el arte popular, la religiosidad, el trabajo comunitario y la memoria colectiva de generaciones enteras.

Cada ciruela, cada naranja, cada racimo de uvas colocado con paciencia sobre un armazón de alambre representa mucho más que un simple adorno. Es el reflejo de un pueblo que supo convertir los frutos de su tierra en belleza, en ofrenda y en símbolo de identidad.

Mientras en Breña Alta y Las Lomadas continúen levantándose estos extraordinarios ramos, La Palma seguirá conservando una de las expresiones más auténticas y emocionantes de su patrimonio festivo, un legado que merece ser conocido, protegido y transmitido a las generaciones futuras.

Tercera y última entrega de la serie de José Guillermo Rodríguez Escudero sobre los ramos de frutas en las fiestas de La Palma.

FUENTE:https://elfarodelapalma.es/ramos-de-frutas-iii-las-lomadas-otras-fiestas-islas/

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