¿COMO PUEDE PASAR ESTO?
Jul 04 2026

POR MARÍA DEL CARMEN CALDERÓN BERROCAL, CRONISTA OFICIAL DE CABEZA LA VACA (BADAJOZ).

                                                                 

En este artículo hago un comentario crítico de una serie de noticias, cada noticia tratada bajo el enfoque “¿cómo puede pasar esto?”, es decir: señalando qué falla institucional, social, técnica o política hay detrás para que ocurra algo.

Un joven atropella a una pareja y a su bebé con una bicicleta eléctrica y mata a su perra

¿Cómo puede pasar esto?. Porque las bicicletas eléctricas se han metido de lleno en espacios peatonales y urbanos sin una adaptación real de la normativa, la vigilancia y el diseño del espacio público. Se venden como movilidad “limpia”, pero muchas veces circulan a velocidades incompatibles con un paseo familiar. Aquí fallan tres cosas: educación vial, control policial y delimitación física de usos. Si un paseo peatonal puede convertirse en una pista de velocidad, el problema no es solo del conductor; es de una ciudad que ha normalizado la convivencia imposible entre peatones vulnerables y vehículos cada vez más potentes.

La Base Naval de Rota prepara un nuevo hangar para aeronaves de EEUU

¿Cómo puede pasar esto?. Porque en España las grandes decisiones estratégicas sobre bases, defensa y presencia militar extranjera suelen presentarse como hechos consumados, con escaso debate público real en el territorio afectado. El gobernante sube al poder y cree que a partir de ahí puede hacer lo que quiera, parece que la “democracia” es hasta que se sienta en el sillón, después las actuaciones son más autocracia que ninguna otra forma de gobierno (autocracia y dictadura son dos cosas que se parecen mucho, aunque no sean lo mismo). El asunto no es solo “un hangar”: es más dependencia militar, más peso geopolítico del enclave y más subordinación de la política local a decisiones de bloques internacionales. Lo llamativo es la naturalidad con la que una infraestructura militar extranjera crece en suelo español sin que la conversación pública gire en torno a qué gana la población local, qué riesgos asume y qué margen de decisión tiene realmente.

Andalucía: cielos nublados y lluvias dispersas, con descenso de temperaturas

¿Cómo puede pasar esto?. Aquí la pregunta no es de escándalo, sino de contexto: cómo puede pasar que el tiempo sea ya noticia casi política. Porque hemos entrado en una fase donde el clima condiciona salud, turismo, consumo eléctrico, incendios, agua y agricultura. Un simple parte meteorológico deja de ser una curiosidad cuando el fondo es la creciente inestabilidad climática y la vulnerabilidad de una región expuesta al calor extremo y a la sequía. La noticia es “nubes y lluvias”; el problema real es la fragilidad estructural de Andalucía ante el clima. Y, lo peor: los termómetros no están bien puestos en algunas provincias como Sevilla, pues en algunas ocasiones los telediarios marcan 35º, cuando realmente, in situ, hay más de 50º,ha sido el caso de la ola de calor de finales de Junio de 2026, asustados por los 40º del norte español, no midieron bien los más de 50º que teníamos en Sevilla ad lateres. Por favor, midan bien la temperatura.

Precio de la gasolina: gasolineras más baratas de Andalucía

¿Cómo puede pasar esto?. Porque hemos asumido que el ciudadano tiene que convertirse en cazador de precios básicos para sobrevivir al coste de vida. No se informa sobre gasolina “barata” por capricho, sino porque llenar el depósito se ha vuelto una decisión económica relevante para familias trabajadoras. La crítica de fondo es clara: salarios que no absorben la inflación, dependencia brutal del coche y una movilidad pública insuficiente fuera de grandes núcleos. Escaso o nulo acceso al centro ciudad y todas las trabas posibles al aparcamiento. La gasolina se gasta nada más que buscando un sitio donde aparcar, cosa que es algo parecido a un milagro, cuando alguien ve un sitio es como si hubiera visto a la Virgen de Fátima. Si repostar barato merece una guía diaria, lo que está fallando no es el consumidor: es el modelo económico y territorial. Sería conveniente establecer igualdad en los precios y un tope por arriba y por abajo, para que no haya especulación y nadie se vea perjudicado.

La historia de la madre de un niño con enfermedad neurodegenerativa

¿Cómo puede pasar esto?. Porque el sistema de atención a enfermedades raras o neurodegenerativas sigue descansando demasiado en familias agotadas, asociaciones y caridad emocional. Estas historias conmueven, sí, pero también cumplen una función incómoda: recordarnos que muchas veces el Estado llega tarde, mal o no llega. Cuando una madre se convierte en gestora sanitaria, cuidadora 24/7, recaudadora, portavoz y soporte emocional, no estamos ante un “ejemplo de amor” solamente: estamos ante un fallo de cobertura pública, investigación y apoyo continuado. Démonos cuenta de que este tema se puede hacer presente en cualquier ciudadano, no se mire para otro lado si es que no nos afecta directamente. El concepto “caridad” existe para practicarlo, no para pasar de él.

Piden cárcel para responsables de un escape room donde una mujer acabó quemada

¿Cómo puede pasar esto?. Porque en España —como en muchos sitios— se ha expandido una economía del ocio donde a veces la innovación comercial corre más rápido que la cultura de seguridad. Escape rooms, eventos inmersivos, atracciones temporales… todo eso requiere protocolos serios, inspecciones y límites muy claros. Cuando una actividad lúdica termina en tragedia, suele aparecer la misma pregunta: ¿había licencia adecuada, evaluación de riesgos, materiales seguros, supervisión suficiente? Si una experiencia recreativa puede convertirse en una escena de horror, es que la seguridad estaba subordinada al negocio o a la improvisación.

Moreno Bonilla afrontará su investidura para seguir al frente de la Junta

¿Cómo puede pasar esto?. Esto no apunta a un escándalo en sí, pero sí a una lógica política: cómo puede pasar que la investidura se trate casi como trámite de poder y no como examen de proyecto. La crítica es que la política institucional se ha convertido muchas veces en aritmética parlamentaria, calendario y negociación de bloques, mientras el debate de fondo —sanidad, vivienda, dependencia, educación, agua— queda en segundo plano. La investidura debería ser una rendición de cuentas anticipada; con frecuencia acaba siendo un reparto de apoyos con relato. ¿Si Juanma Moreno ha obtenido el mayor número de votos, por qué ha de depender de nadie más (que de los ciudadanos que lo votaron) su investidura?

Okupan una cueva en un Monumento Natural de las Riberas del Guadaíra

¿Cómo puede pasar esto?. Porque el fenómeno de la ocupación, la exclusión residencial y el abandono de espacios públicos se cruzan en un punto explosivo: cuando la falta de control institucional coincide con la falta de alternativas habitacionales. Si alguien acaba viviendo en una cueva en un espacio protegido, el problema no es solo “seguridad” o “incivismo”; también es de pobreza, de ausencia de intervención social y de deterioro de la gestión del entorno natural. Un monumento natural no debería ser refugio improvisado de nadie, pero eso exige política social y política ambiental a la vez; y actuación de las fuerzas y cuerpos de seguridad.

Okupan una casa en León XIII, 41 009 Sevilla.

¿Cómo puede ser esto?. Okupan una casa en León XIII, 41 009 Sevilla. Cómo puede ser esto y que lo sepan las fuerzas del orden y sigan tan alegremente, ¿no es allanamiento de morada y usurpación habitacional?. Sí: si esa casa es una morada una vivienda habitual de alguien o incluso una segunda residencia con uso real acreditable, lo que se describe encaja en allanamiento de morada y en “okupación” en sentido coloquial puesto que se quedan por lo que se ve. Y si no es morada —por ejemplo, una vivienda vacía, sin uso residencial acreditable— entonces lo normal sería hablar de usurpación. Esa distinción lo cambia casi todo: en el allanamiento la policía puede actuar con mucha más rapidez; en la usurpación suele hacer falta recorrido judicial. Mucho debemos temernos que se ha optado por el segundo caso. Lo importante aquí: no es “que la policía lo sepa y no haga nada” sin más

Normalmente lo que bloquea la actuación no es “pasotismo”, sino qué pueden acreditar en ese momento y qué título jurídico encaja:

1) Si es allanamiento de morada. La clave no es solo quién es el propietario, sino si esa vivienda era morada de alguien. En derecho penal español, morada no es solo la casa donde estás empadronado; puede ser también una segunda residencia o una vivienda en la que mantienes una vinculación efectiva de uso. Si se acredita que la vivienda es morada y que la entrada/permanencia es contra la voluntad del morador, estamos en el terreno del art. 202 CP. Ahí la policía puede intervenir de forma mucho más ágil, especialmente si aprecia flagrancia (ocupación muy reciente, cerradura cambiada, presencia del morador, testigos, objetos personales, etc.).

2) Si es usurpación. Si la vivienda no constituye morada —por ejemplo, piso vacío, inmueble sin uso residencial efectivo, o propiedad sin signos de ocupación legítima previa— suele encajar en usurpación (art. 245 CP). Ahí el bien protegido ya no es la inviolabilidad del domicilio, sino la posesión/propiedad, y eso reduce mucho el margen de actuación policial inmediata. En la práctica, muchas veces la policía toma denuncia, identifica, recoge pruebas y remite al juzgado, pero no entra a desalojar sin más porque necesita cobertura judicial.

Entonces, “¿cómo puede ser esto?”. Porque en España el problema no es solo “ocupan una casa”, sino qué categoría jurídica puede probarse en el momento. Y ahí hay varios cuellos de botella:

A) La policía no decide solo por intuición. Los agentes no pueden entrar “porque todo el mundo sabe que eso está mal”. Si la vivienda parece morada pero no se acredita bien en ese momento, o si ya hay una versión montada por los ocupantes (“nos la alquilaron”, “llevamos aquí tiempo”, “es nuestra residencia”), los agentes se mueven con mucha cautela porque entrar indebidamente en un domicilio también vulnera derechos fundamentales. Por eso, muchas intervenciones se atascan en prueba inmediata: quién vive ahí, desde cuándo, con qué documentos, qué dicen vecinos, qué hay dentro, si hay enseres, suministros, correspondencia, empadronamiento, llaves, cerradura forzada, etc.

B) La palabra “okupa” mezcla casos muy distintos. En la conversación pública se mete en el mismo saco: allanamiento de morada (tu casa o una vivienda que usas), usurpación (piso vacío), inquiokupación / morosidad (quien entró con título y luego no se va); y hasta conflictos civiles entre propietario e inquilino. Eso genera frustración porque la gente oye “ocupación” y piensa que todo debería resolverse igual, pero no se resuelve igual. Jurídicamente son mundos distintos.

C) Si han pasado horas/días y no se documentó bien el inicio, se complica. En muchos casos el margen de maniobra es mayor al principio. Cuando pasan días, se pierde la inmediatez de la flagrancia y la respuesta se judicializa más fácilmente. No es una “regla mágica de 48 horas” escrita así en una ley, pero sí es cierto que cuanto más reciente y evidente sea la ocupación, más margen práctico hay para una actuación urgente.

D) Hay miedo institucional a equivocarse. Si los agentes desalojan como si fuera allanamiento y luego resulta que no estaba acreditada la condición de morada, se exponen a un problema serio. Eso no justifica la pasividad, pero sí explica por qué a veces el sistema se mueve con una lentitud desesperante: prefiere judicializar antes que arriesgar una entrada ilegal.

Una lectura crítica de este caso concreto sería: Si hablamos de una vivienda que era morada de alguien y eso puede demostrarse, entonces la sensación de “¿cómo es posible que sigan ahí tan alegremente?” es totalmente comprensible, porque no debería tratarse como una simple usurpación de piso vacío. Ahí el punto crítico no es “la ley protege a los okupas”; el punto crítico es otro:

El sistema depende demasiado de que la víctima sepa documentar, insistir y encajar jurídicamente el caso desde el minuto uno.

Eso es lo perverso. El ciudadano no solo sufre la entrada en su casa: además tiene que convertirse en medio abogado, medio notario y medio investigador para demostrar a toda velocidad que aquello era morada, que la entrada es reciente y que procede una actuación urgente. Si no lo consigue, el caso corre el riesgo de degradarse en la práctica a “ya lo verá el juzgado”.

Qué hacer en ese caso. Sin sustituir el consejo de un abogado, si de verdad se trata de una morada yo intentaría reunir y poner delante de Policía/abogado pruebas de morada y de actualidad:

-DNI con esa dirección / certificado de empadronamiento

-recibos de luz, agua, internet

-correspondencia reciente

-testigos vecinos que confirmen que ahí vive o vive temporadas

-fotos del interior con enseres personales

-denuncia inmediata detallando cuándo se detectó

-prueba de cerradura cambiada / forzada si la hay

-si es segunda residencia: reservas, llaves, uso periódico, fotos, suministros, comunidad, etc.

-Y pediría que se califique expresamente como allanamiento de morada si de verdad encaja, no como “ocupación” genérica.

Puede pasar, porque no basta con que “sea tu casa” en sentido coloquial: hay que acreditar que es morada y que la policía puede actuar sin invadir a su vez un domicilio ajeno sin cobertura suficiente. Y ahí, entre la mala terminología pública, la cautela policial y la lentitud judicial, se generan situaciones que desde fuera parecen absurdas.

Detenido un hombre por una oleada de robos en vehículos en el Aljarafe

¿Cómo puede pasar esto?. Porque el robo oportunista en vehículos sigue siendo un delito de alta rentabilidad y bajo coste operativo para quien lo comete, sobre todo en zonas donde la vigilancia es irregular y los patrones se repiten. La pregunta de fondo no es solo cómo roba una persona trece veces, sino cuánto tarda el sistema en detectar el patrón, coordinar denuncias y prevenir la repetición. Si el delito serial se prolonga, hay una parte del problema en la delincuencia y otra en la capacidad preventiva y de respuesta.

Interrumpida la circulación del AVE y Cercanías en Sevilla por falta de suministro

¿Cómo puede pasar esto?. Porque el sistema ferroviario español vende alta velocidad y modernidad, pero sigue mostrando una fragilidad enorme en elementos básicos: catenaria, suministro eléctrico, mantenimiento, redundancias y gestión de incidencias. La sensación de fondo es muy dañina: un país que presume de AVE pero donde miles de usuarios descubren que la robustez del sistema no siempre acompaña al marketing. Lo más grave no es una avería puntual; es la repetición de averías críticas en servicios que deberían ser estratégicos y fiables.

Un okupa violento en Dalías, denunciado 33 veces, sigue libre

¿Cómo puede pasar esto?. Porque el sistema penal y de protección de víctimas puede ser desesperadamente lento, fragmentado o insuficiente cuando confluyen reincidencia, problemas sociales, ocupación y conflictividad vecinal. Si una persona acumula decenas de denuncias y el entorno sigue expuesto, la ciudadanía percibe —con razón— que el Estado llega tarde a la protección cotidiana. También conviene desconfiar del uso sensacionalista del caso: el foco no debería ser solo “okupa”, sino por qué un sujeto presuntamente peligroso puede seguir generando daño reiterado sin respuesta eficaz.

Vox mantiene su rechazo a la investidura de Moreno Bonilla

¿Cómo puede pasar esto?. Porque la política actual premia la capacidad de bloqueo, presión y negociación maximalista. La investidura deja de girar en torno a programas de gobierno y pasa a convertirse en una subasta de influencia: quién arranca más concesiones, quién exhibe más dureza, quién capitaliza mejor el conflicto. El problema no es que haya desacuerdo —eso es democracia—, sino que la lógica partidista acabe imponiéndose sobre la estabilidad institucional y el debate de políticas públicas.

Muere un hombre electrocutado al intentar robar cobre

¿Cómo puede pasar esto?. Porque el robo de cobre no es una rareza: es un síntoma de economías sumergidas, mercados de reventa de material y precariedad extrema, combinado con infraestructuras vulnerables. Lo terrible es que alrededor de este tipo de sucesos confluyen varias miserias: quien se arriesga a morir por cobre, la existencia de un circuito que compra ese material y el daño colectivo a servicios e instalaciones que pagan todos los contribuyentes. No es solo un acto delictivo, es también una radiografía de marginalidad y de control insuficiente del mercado receptor (de materiales y de personas, aunque suene fuerte).

Conductor en sentido contrario y bajo los efectos del alcohol

¿Cómo puede pasar esto?. Porque todavía hay una parte de la sociedad que trivializa el alcohol al volante y porque, además, la carretera depende demasiado de que nadie tome una decisión absurda. La conducción en sentido contrario no es un “error sin más”; suele ser la culminación de irresponsabilidad, desorientación y ausencia de barreras previas. La pregunta crítica es doble: cómo alguien llega a ese punto y cómo el sistema no lo detecta antes. Educación, controles y cultura vial siguen claramente por detrás del riesgo real.

Sube la tarifa del peaje de la AP-7 de la Costa del Sol cerca de un 63%

¿Cómo puede pasar esto?. Porque en España la gestión de infraestructuras estratégicas ha convivido demasiado tiempo con un modelo donde el usuario cautivo paga lo que no puede evitar. En zonas turísticas, metropolitanas o sin alternativas ágiles, el peaje se convierte en una forma de exprimir movilidad obligada. La cuestión no es solo el porcentaje: es qué justificación material hay, qué alternativa tiene el conductor y qué idea de servicio público hay detrás. Si una vía esencial se encarece brutalmente, lo que aparece es una política de movilidad basada en recaudar del atrapado. El conductor ya paga suficiente, paga ya un impuesto de circulación, ni debería de pagar peajes medievales de peaje ni tampoco por estacionar en zonas específicas. Ya paga el impuesto de circulación y ad lateres.

La empresa cultural mimada por la Diputación facturó un 38% más tras incorporar a un exasesor del PSOE

¿Cómo puede pasar esto?. Porque las puertas giratorias blandas no siempre se producen entre ministerios y grandes IBEX; también existen a escala local y provincial, donde los controles mediáticos y ciudadanos son menores. Cuando una empresa mejora su posición tras fichar a alguien con conexiones políticas, la sospecha lógica no es si esa persona “trabaja mucho”, sino qué valor compra realmente la empresa: talento o acceso. El problema no es solo la legalidad; es la degradación de la competencia y de la igualdad de oportunidades.

Rescatan del mar a un subsahariano tras agredir sexualmente a una turista alemana

¿Cómo puede pasar esto?. Porque la violencia sexual sigue siendo un problema estructural y no un accidente individual desconectado del contexto. Cambian los escenarios —calle, ocio nocturno, playa, turismo—, pero persiste la misma base: agresores que se sienten con derecho sobre el cuerpo de una mujer y entornos que no siempre previenen ni protegen. Además, cuando la noticia se centra en el origen del agresor, conviene no perder el foco: la agresión sexual no es un problema solo de nacionalidad, sino de violencia machista y de impunidad percibida. Donde todo vale, donde parece estar prohibido prohibir, donde un delincuente tiene más derechos que la víctima o que las fuerzas de seguridad, todas las barbaridades que los delincuentes piensen, las podrán hacer y repetir, muy lamentabilísimamente. Muy mal por quién pueda evitar esto y no lo haga.

Pillan a una pareja manteniendo relaciones sexuales mientras conducían

¿Cómo puede pasar esto?. Porque vivimos una cultura de la exposición, el espectáculo y la búsqueda del límite en la que el ridículo y el peligro se convierten en contenido. Pero más allá del morbo, lo grave es que un coche es una máquina de matar si se usa sin control. La escena se presenta como extravagancia viral, cuando en realidad es conducción temeraria con riesgo para terceros. El problema es cómo lo anecdótico y compartible en redes rebaja la percepción de gravedad.

Detienen a un hombre en Málaga por dejar inconsciente a una joven

¿Cómo puede pasar esto?. Porque hay una violencia masculina cotidiana que sigue brotando de la frustración convertida en agresión: “si no me das atención, te castigo”. Ese salto del rechazo a la violencia revela una idea profundamente arraigada de posesión y de impunidad. No es un arrebato inexplicable; es una expresión extrema de algo más amplio: la incapacidad de aceptar límites y la normalización de ciertas formas de intimidación sobre las mujeres.

Qué patrón general se ve en todas estas noticias

Si las miras juntas, aparece una idea bastante clara: muchas de estas noticias no son “cosas que pasan”, sino síntomas de fallos estructurales. En concreto, veo seis grandes fallos:

1) Instituciones que reaccionan tarde: robos reiterados, ocupaciones conflictivas, violencia vecinal, averías de transporte, actividades de ocio inseguras. La sensación es que la intervención llega cuando ya hay daño.

2) Política convertida en propaganda: investiduras como juego de poder, contratos bajo sospecha, anuncios sin control ciudadano real.

3) Espacio público peor regulado de lo que parece: bicicletas eléctricas peligrosas, coches conducidos de forma temeraria, inseguridad vial, ocupación de espacios naturales, no se respeta la propiedad privada, derecho fundamental…No es solo “incivismo”: es diseño, control y prevención insuficientes.

4) Precariedad y desigualdad por debajo de muchos sucesos: robo de cobre, precios de la gasolina, crisis de vivienda, familias desbordadas por enfermedades graves. La noticia concreta tapa a menudo un fondo de fragilidad económica y abandono social.

5) Violencia normalizada: agresiones sexuales, agresiones por rechazo, miedo vecinal, conducción bajo alcohol o conductas temerarias. Hay una parte de la violencia que se sigue tratando como suceso aislado cuando en realidad es problema cultural y estructural.

6) Medios que convierten síntomas en espectáculo: Muchos titulares están escritos para activar indignación inmediata, pero no siempre para explicar por qué ocurre lo que ocurre. Y justo ahí está el enfoque: “¿cómo puede pasar esto?”, que obliga a ir más allá del suceso y preguntar por la cadena de responsabilidades.

FUENTE:https://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/5941424/como-puede-pasar

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