COMISARIOS ALISTADORES, CAPATACES DE CAMINOS, CELADORES DE MONTES Y BULEROS EN EL SIGLO XIX PARRAGUÉS
Sep 16 2026

POR FRANCISCO JOSÉ ROZADA MARTÍNEZ, CRONISTA OFICIAL DE PARRES-ARRIONDAS (ASTURIAS).

                                                                 
En la sesión del día 5 de enero de 1864 que tuvo lugar en el Ayuntamiento de Parres -ubicado en Las Arriondas- acordaron celebrar las sesiones ordinarias todos los jueves del año, y comenzaron eligiendo Regidor Síndico a don Ramón del Llano Miyares, persona que en el siglo XIX era un miembro del ayuntamiento encargado de defender los intereses de los vecinos y llevar la voz del pueblo frente a las decisiones de los alcaldes y regidores. No era un simple concejal deliberante; actuaba como una mezcla de abogado defensor del pueblo y fiscal de las cuentas de la propia alcaldía.
Por cierto que ese día 5 de enero era la víspera de la Epifanía, popularmente conocido como Día de Reyes, pero no eran festivos ni el Día de Año Nuevo ni el 6 de enero, y así se demuestra en algunas actas de reuniones, plenos y sesiones municipales celebrados durante muchos años tanto el 1.º como el día 6 de enero.
Cada inicio de año se nombraban los comisarios alistadores, cuya función era alistar a los jóvenes en edad militar en cada una de las parroquias del concejo; a los capataces de caminos, siempre atentos al arreglo y reparación de los mismos con las obligatorias sextaferias o trabajos comunitarios, gratuitos y tradicionales -típicos en Asturias- que realizaban los vecinos de un lugar para limpiar y reparar caminos, fuentes, lavaderos y otras zonas públicas.
También se nombraban cada inicio de año los celadores de montes, agentes locales cuya misión era la de vigilar y proteger los bosques comunales, evitar hurtos de madera o frutos, avisar de los posibles animales dañinos para los ganados y hacer cumplir las ordenanzas municipales.
Curioso es también que fuese un asunto municipal (y no dependiente de la Iglesia) el elegir los buleros (también llamados bulderos) que eran las personas encargadas de distribuir y vender los documentos religiosos de las bulas. Su oficio consistía en recorrer los pueblos y parroquias repartiendo la Bula de la Santa Cruzada y otras bulas menores (como las de difuntos o las de la carne) a cambio de una aportación económica llamada limosna.
En un principio el importe de las bulas se dedicaba a los gastos de las Cruzadas que se emprendían contra musulmanes, paganos y herejes, así los Reyes Católicos Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón -por ejemplo- obtuvieron estas bulas o privilegios pontificios hasta en ocho ocasiones, pero después sus ingresos se destinaron al mantenimiento del culto, obras de caridad, etc.
Al comprar este documento se obtenían ciertos «beneficios» espirituales, muy importantes para la mentalidad de la época. Así La «bula de carne» o de vigilia permitía a los compradores de la misma quedar libres de la prohibición de comer carne y lácteos todos los viernes del año y en la víspera de muchas festividades religiosas, quedando reducidos los días de ayuno y abstinencia casi sólo al tiempo de Cuaresma.
Las bulas de difuntos prometían indulgencias para que las almas de los seres queridos fallecidos pasaran menos tiempo sufriendo en el Purgatorio antes de entrar al Cielo..
Bulas que desaparecieron definitivamente en 1966 con las reformas del Concilio Vaticano II.

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