JOSE Mª. SÁNCHEZ BERMEJO, CRUZADO CULTURAL DE ‘ÁVILA Y AMÉRICA’ A TRAVÉS DEL CINE
POR JESÚS MARÍA SANCHIDRIÁN GALLEGO, CRONISTA OFICIAL DE ÁVILA.
Estamos en plena conmemoración del centenario del decenio de los veinte del siglo pasado, un periodo de transformación global en todos los órdenes, económico, social, artístico, cultural, turístico, etc. Rememorando entonces los “veinte dorados” nos detenemos en la figura de José Mª. Sánchez Bermejo, realizador de la película “Ávila y América” y divulgador y conferenciante por el continente americano de la historia y la cultura abulense, lo que le valió la distinción de Hijo adoptivo de la ciudad.
Actividad cinematográfica aquella, que durante la edad de plata Sánchez Bermejo compatibilizó con la de coadjutor de la parroquia de San Pedro, a la vez que se licenció en Filosofía y Letras, título que sumó al de Licenciado en Teología, dio clases en el Instituto Vallespín, dirigió el Colegio Santa Teresa, y ocupó conjuntamente las plazas de archivero y bibliotecario del Ayuntamiento y de la Diputación de Ávila.
Fue en aquella época en la que el profesor de historia y sacerdote abulense, José Mª. Sánchez Bermejo (1886-1937), y un joven operador de fotografía, Agustín Macasoli Martín (1900-1970), rodaron la cinta cinematográfica titulada “Ávila y América”, en la que se resume la pequeña historia de la capital y provincia, la cual quedó comprimida sin sonido en mil metros de fotogramas e instantáneas de la memoria de tiempos legendarios.
Las imágenes filmadas entonces por Sánchez Bermejo son un excelente testimonio sobre arqueología, historia, arte, etnografía y cultura popular. Valores todos ellos de donde nace una identidad que nos une, es por ello que la película sirve como exponente de nuestro patrimonio material e inmaterial.
Si la fotografía se engrandece, recupera el alma y recobra la vida en la película de la que forma parte, las imágenes en movimiento filmadas a las órdenes de Sánchez Bermejo por Agustín Macasoli, creador técnico, entre otros títulos, de «La Casa de la Troya» y «Currito de las Cruz» (DAV, 22/09/1928), son el relato ordenado que pretende contar la historia de Ávila a través de sus personajes más relevantes y de sus monumentos, donde las gentes rezuman vitalidad en sus quehaceres cotidianos y en sus tradiciones festivas, como si se hubiera tocado a arrebato.
Así, la película retrata el paisaje rural abulense y los conjuntos monumentales donde los actores anónimos son los propios vecinos que dan verosimilitud y prestancia a los decorados naturales. Y aunque la cinta carece de banda sonora, pueden escucharse imaginariamente el sonido de los árboles movidos por el viento, el murmullo del gentío que procesiona en las fiestas de la Santa Teresa acompañado de la música de dulzaina y tamboril, los corros de bailes, los chascarrillos a la salida de misa, el jolgorio del día de la boda, y el bullicio de los aldeanos en días de mercado.
Cine y fotografía hicieron comunión para conferenciar sobre la historia de Ávila y hacer “propaganda abulense por tierras de América”, tarea en la que se afanó José Mª Sánchez Bermejo atendiendo al encargo del Ayuntamiento y la Diputación ante la inminente Exposición Internacional de Barcelona y la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929, aprovechando también las inercias del recientemente creado Patronato Nacional de Turismo.
BIOGRAFÍA. Deteniéndonos en la figura de José María Sánchez Bermejo, y siguiendo a Elías Terés Navarro (Ávila y América, Asociación de Amigos del Museo de Ávila y Caja Ávila, DL. AV-107-1999), así como el expediente personal del Ayuntamiento de Ávila y la rica información que guarda la hemeroteca de El Diario de Ávila, sabemos que nació en Casas del Puerto de Tornavacas, actualmente llamado Puerto Castilla (Ávila). Estudió en el seminario de Ávila.
Cumplió el servicio militar en el Regimiento de Infantería Saboya, a cuya bandera dedicó una de sus primeras colaboraciones periodísticas (DAV, 14/04/1909). En 1912 es ordenado subdiácono, y en 1913 presbítero, año en el que toma posesión como cura-ecónomo de la parroquia de Santa María del Berrocal (DAV, 9/07/1913), desde donde al año siguiente pasa a ocupar el mismo cargo en la parroquia de San Bartolomé de Tormes. En 1915 es nombrado coadjutor de la parroquia de Santiago de la capital, y en 1920 de San Pedro, ejerciendo también como capellán de Mosén Rubí.
Simultáneamente al desempeño de las tareas pastorales, Sánchez Bermejo, ejerce desde 1916 como profesor de matemáticas en el Seminario de Ávila, e imparte clases en la Cámara de Comercio. En 1917 se licencia en Teología en la Universidad Pontificia de Valladolid. A partir de 1920, habiendo fijado su residencia en la calle san Segundo nº 26, dirige el colegio Santa Teresa, sito primero en la calle Bracamonte nº 6 y luego en la plaza de Castelar nº 2.
En 1924 obtiene la licenciatura en Filosofía y Letras en la Universidad de Santiago y desempeña el puesto de profesor ayudante en el Instituto de Ávila de la calle Vallespín durante siete años, a la vez que también lo hace como preparador de oposiciones de auxiliares administrativos de Hacienda.
En 1925 accede por oposición al puesto de archivero del Ayuntamiento y también de la Diputación de Ávila, cargos a los que se añadirá en 1927 el de bibliotecario de ambas instituciones. En este tiempo, publica sendos folletos titulados “El Patronto del Excmo. Ayuntamiento de Ávila sobre la Iglesia de Santa Teresa de Jesús” y “Panegírico de Santa Teresa de Jesús. Patrona del Cuerpo de Intendencia” (Ávila: Tip. de Antonio M. Ibáñez, 1926). Como vemos, fue con Santa Teresa con quien Sánchez Bermejo se estrenó en la tarea investigadora y divulgativa.
En los años siguientes, la vida de Sánchez Bermejo gira en torno a su proyecto más ambicioso para la cultura abulense: el rodaje de la película “Ávila y América” en 1928.
LA PELÍCULA.
El propio Sánchez Bermejo nos cuenta cómo surgió la idea: «En el mes de marzo del pasado año [de 1928], cuando meditando sobre las consecuencias que para España tendrían las Exposiciones de Sevilla y Barcelona [de 1929], pensé en que Ávila, por poderosas razones históricas estaba llamada a recoger gran parte del fruto de esos certámenes, atrayendo la gran corriente de turismo que, de los pueblos de América, había de llegar a aquellas ciudades» (DAV, 28/12/1929).
Para tal empresa, Sánchez Bermejo había ideado ilustrar una serie de conferencias sobre la tierra abulense con fotografías que proyectaría. Sin embargo, la magia del cine se apoderó de su plan, y «la película sería un precioso instrumento para lograr el triunfo», y entonces se sumaron al proyecto el Gobierno civil, la Diputación, el Ayuntamiento y la Cámara de Comercio.
El director de fotografía encargado de filmar las entrañables secuencias de la película fue Agustín Macasoli (1900-1970), entonces un joven de 28 años natural de Madrid de larga trayectoria «un operador inteligente, laborioso y honrado que puso a contribución toda su voluntad y pericia para obtener los cuadros que me interesaban» (DAV, 28/12/1929). Macasoli se mantuvo activo hasta los años sesenta del siglo pasado con una amplia filmografía en su haber como cinematógrafo, en la que sobresalen títulos como el musical “Molinos de viento” (1939) y los cortos “Museo Cerralbo” (1944), “Murcia y Salzillo” (1947) y “La provincia resurge: Plan de Badajoz” (1959).
Sobre el trabajo fílmico, el historiador de cine Emilio C. Fernández indica que la película «aprovecha en algunos momentos los trucos que permite el laboratorio para hacer avanzar las imágenes -encadenados-, al tiempo que se ve la intención creativa de Macasoli en varias imágenes exteriores -que toma con una silueta o caché simulando una arcada claustral- y en el buen aprovechamiento de la iluminación natural en algunos de los interiores de los diversos monumentos impresionados. Por lo demás se ajusta a un continuo movimiento proporcionado por las insistentes panorámicas paisajísticas y urbanas, algo común en muchos productos de la época».
De otro lado, durante el rodaje de la película, el equipo coincidió con el experimentado fotógrafo Pelayo Mas Castañeda (1891-1954), quien los retrató en una vista de la plaza de la villa de Arévalo, a la vez que también hizo diapositivas de la película, mientras trabajaba en la realización del catálogo monumental de Ávila, obra que adquirió la Diputación Provincial, presidida por el coronel Ángel de Diego y Capdevilla, tambén Presidente de la Comisión Provincial de Monumentos.
Es así entonces que algunas de las fotografías tomadas por Pelayo Mas Castañeda repiten las escenas de la película de Sánchez Bermejo y Macasoli, lo que demuestra una interesante coincidencia temática y escénica, también de enfoque, luminosidad y motivos retratados. Ejemplo de lo anterior son las vistosas fotografías tomadas de los toros de Guisando, de las escenas de boda o el mercado de El Barco de Ávila, de la plaza de Piedrahita, y de las mozas de Candelada, entre otras instantáneas.
Las imágenes de Pelayo Mas son de una extraordinaria calidad y componen una colección formada por 1.158 fotografías encuadernadas en doce lujosos volúmenes que reúnen casi todo el patrimonio cultural de Ávila y provincia, los cuales fueron exhibidos con gran éxito en la Exposición Universal de Barcelona de 1929.
Una selección de dichas fotografías también fueron utilizadas por Sánchez Bermejo en su viaje a América: «Llevaba 150 dispositivas hechas por la Casa Mas, de Barcelona; pero sólo en tres o cuatro conferencias hice uso de ellas, porque me convencí pronto de que el público gustaba más de la cinta cinematográfica que de las vistas fijas. Sin embargo, la colección de diapositivas mereció grandes elogios en New-York y en Buenos Aires» (DAV, 18/12/1929).
Años después, aquellas fotos sirvieron también para ilustrar la guía “Ávila monumental” (1952) de Santiago Alcolea, el “Catálogo monumental de Ávila” (1901) de Manuel Gómez Moreno, publicado en 1983, y la reedición que hizo Pedro Tomé en 2008 de “La Cultura Popular de Ávila” de Albert Klemm, entre otras obras.
Por último, aunque la película “Ávila y América” no fue proyectada en Barcelona, sí que pudo verse en la Exposición Iberoamericana de Sevilla. Sobre ella, Sánchez Bermejo conferenció en tres sesiones celebradas en el salón de actos de la plaza de España: «Iglesias y murallas; cruces y torreones; fragor de guerra y murmullos de plegaria. Esos son los rasgos de la fisonomía de Ávila que el arte dejó grabados con sus grandiosos monumentos. Una ovación coronó la peroración del señor Sánchez Bermejo, que fue un alarde de erudición, tanto en la parte histórica, como en la descripción de los monumentos de la ciudad de los Caballeros. Al final se proyectaron varios rollos de película de la provincia avilesa que muy oportunamente completan las imágenes y monumentos, que sirven de motivo al señor Sánchez Bermejo para su vasta divulgación» (Diario ABC, y El Liberal, 31/05/1930).
La película original, rodada en tres semanas, se estructuraba en varios temas, los cuales obedecen a los que había de tratar en sus conferencias, a saber: «“Ávila en el descubrimiento de América”, “La familia de Santa Teresa en la colonización del Nuevo Mundo”, “Personajes de Ávila más destacados en la historia de América”, “Ávila solar de la Raza”, “Las murallas y los palacios de Ávila”, “Los templos del arte románico y del ojival”, “La Catedral de Ávila”, “Descripción panorámica de la provincia de Ávila”, “Las costumbres de la tierra de Ávila” y “La Leyenda de Ávila”» (DAV, 28/12/1929). A este respecto, se echaron de menos aspectos promocionales puramente turísticos que destacaran el progreso del momento (El Imparcial, 19/10(1928).
En cuanto al montaje final realizado por la Filmoteca de Castilla y León a partir de las cintas recuperadas, aún a sabiendas de que se han perdido algunos rollos que, sin duda, mejorarían el resultado final de la proyección, la película ha quedado dividida en tres partes: “Ávila histórica”, “Ávila panorámica” y “Ávila monumental”,
El capítulo “Ávila histórica” se centra en la figura de Isabel la Católica (1451-1504) y los lugares en los que dejó su impronta, como Madrigal de las Altas Torres donde nació, vivió y siendo reina reunió a las Cortes; el palacio de Juan II, su padre, y el castillo de Arévalo, donde vivió su madre viuda; el convento de Santa Ana de Ávila y la capilla de san Bernabé de la catedral; el pueblo de Cebreros y el paraje de los toros de Guisando donde se proclamó heredera al trono; y el Real Monasterio de Santo Tomás que mandó construir.
La figura de Santa Teresa (1515-1582) ocupa también un lugar destacado en la película, así como los lugares teresianos de los conventos carmelitas de la Santa, la Encarnación y san José. También el personaje de Pedro de la Gasca (1493-1567), pacificador del Perú, nacido en El Barco de Ávila de donde se enseñan el castillo de Valdecorneja y vistas del Tormes y el aspecto de sus calles.
La parte titulada “Ávila panorámica” enseña aspectos etnográficos y folclóricos de los pueblos más importantes de Ávila. En Guisando vemos a los hombres y mujeres saliendo de misa, y luego a las mozas cruzando la calle ataviados con vestimentas típicas. Y lo mismo podemos admirar en Candeleda, donde se exhiben hermosos bailes en días de fiesta paseando ufanas por la calle.
En El Barco de Ávila llaman la atención escenas de mujeres recogiendo judías, el mercado que se celebra en la plaza, los novios y el acompañamiento a la puerta de la iglesia y el juego de la gallinita ciega en el Concejil. Y en Piedrahita, villa del duque de Alba, el cartero reparte el correo a la puerta del Convento de las Carmelitas, las mujeres enjoyadas se cubren la cabeza con mantelina y la plaza señorea con su fuente central a la que acuden elegantes mujeres aguadoras ante la mirada atenta del personal del consistorio que mira desde el balcón.
En Ávila se celebran las fiestas de su patrona Santa Teresa. La procesión es de una gran vistosidad. Los gigantes y cabezudos inician la marcha, la imagen de la santa sale de la catedral en un recorrido que sigue por la calle de san Segundo y la plaza del Mercado Grande hasta llegar a la iglesia de la Santa. En la comitiva que discurre entre el numeroso gentío sobresalen el propio Sánchez Bermejo rodeado por seminaristas, las autoridades locales civiles y militares entre los alguaciles con mazas, los clérigos y canónigos, y los soldados de la Academia de administración militar.
La última parte de la película, “Ávila monumental”, es el catálogo del patrimonio cultural de la ciudad. Aquí, la visión de Ávila se completa con secuencias de la ermita de san Segundo y parroquianos que salen de misa, la basílica de san Vicente, la iglesia de San Pedro y el mercado situado en la plaza del Ejército, la iglesia de santo Domingo, la ermita de san Andrés, el monasterio de Santo Tomás, la iglesia de Santiago, la iglesia de San Juan y parte de su entorno de la plaza del Mercado Chico, la capilla de Mosén Rubí con obreros municipales trabajando a la entrada, la plaza del Mercado Grande y el interior del Alcázar, la puerta de las Carnicerías y la plaza de la Catedral, la fachada principal de la Catedral y su interior, el palacio de los Velada con lugareños que pasan por el patio, y el palacio del Marqués de Canales de Chozas.
EXHIBICIONES.
Una vez concluido el rodaje, la película inició un largo recorrido de difusión y proyecciones, tal y como cuenta Sánchez Bermejo. «En Ávila se hicieron nueve exhibiciones (no sé de ninguna película que haya llegado a ese número), todas concurridísimas, y aun se hubieran hecho más de haber podido acceder a las peticiones del pueblo. Fuera de Ávila, se dio en Barco, Piedrahíta, Cebreros, Arévalo y Arenas… En Madrid se exhibió tres veces: la primera en el salón de pruebas de Madrid Film, y a ella asistieron los profesionales de la cinematografía española, la prensa madrileña y algunas familias de Ávila residentes en Madrid.
Al día siguiente, la prensa de todos los matices hacia grandes elogios de la cinta, viendo en ella un nuevo aspecto del arte que no tardarían en imitar otras ciudades. Así ha ocurrido. Hoy casi todas las ciudades han hecho su película. Después se exhibió en la Real Academia de la Historia mereciendo grandes elogios de críticos tan autorizados como Menéndez Pidal, García Moreno, Tormo, etc… Luego surgió la idea de proyectarla en el Paraninfo de la Universidad Central y al acto fueron invitados los representantes diplomáticos de América… Estas tres proyecciones fueron como la consagración oficial de la película»
A partir de enero de 1929, y durante más de ocho meses, Sánchez Bermejo inicia “un viaje de propaganda abulense por tierras de América”. La travesía se inició el 22 de enero de 1929 desde Cádiz rumbo a Nueva York en el buque Juan Sebastián Elcano, de la Compañía Trasatlántica Española: «Todas las noches nos reuníamos en el salón de fiestas para ver alguna película y escuchar el concierto de la orquesta. En una de estas noches, acaso la más pavorosa, di yo mi primera conferencia y se proyectó la película Ávila y América»
Y así lo cuenta también el músico Joaquín Turina, destacado compositor de música para películas y fotógrafo aficionado que retrató Ávila en 1910. Durante el viaje, la mayor parte de las noches se proyectaron películas, lo que ayudó a sobrellevar tan largo viaje, y en las veladas se improvisaron charlas y tertulias. Incluso se organizaron cine fórum. Y el 29 de abril, Turina anotó en su diario: «empieza a refrescar, fotos en cubierta, por la noche conferencia del Padre Bermejo con cine sobre Ávila».
En la expedición cultural Sánchez Bermejo actuó en casinos, ateneos, universidades y otros centros institucionales de los siguientes países que recorrió: «Los mencionaré por el orden que los he visitado: Puerto Rico, República Dominicana, Cuba. New York, Venezuela, Curasao, Colombia, Panamá, Ecuador, Perú, Chile y Argentina. Hice además escalas en Canarias, Montevideo y Río de Janeiro… Las conferencias fueron treinta y ocho, todas ilustradas con proyecciones, para las cuales utilicé casi siempre uno o varias rollos de la película «Ávila y América», esta se proyectó íntegra en veintidós conferencias» (DAV, 18/01/1930).
A su regreso de la “cruzada cultural” a Ávila, José Mª Sánchez Bermejo fue objeto de un impresionante recibimiento con velada teatral y banquete en el casino (DAV, 30/09/ y 7/10/1929). Como reconocimiento, el Ayuntamiento acordó condecorar a Sánchez Bermejo como Hijo adoptivo de la ciudad de Ávila.
Otras distinciones con las que se reconoció su proeza fueron los nombramientos de Hijo predilecto de la Provincia, Comendador de la Real Orden de Isabel la Católica, Académico de la Historia de Quito, Socio de Honor del Casino Abulense, etc.
DOCENTE REPUBLICANO.
Reincorporado a sus trabajos ordinarios en Ávila después de su periplo americano, Sánchez Bermejo continúa su labor docente en el Instituto Vallespín de la ciudad, siendo nombrado al comienzo del curso de 1929-1930 profesor de la Sección de Letras y Religión.
En el curso 1933-1934 es nombrado profesor del Instituto Lagasca de Madrid, (DAV, 3711/1933; Gaceta, 10/11/1933). «Este Instituto fue uno de los ocho centros públicos de enseñanza secundaria creados en Madrid dentro del programa de sustitución de los colegios religiosos impulsado por el Ministerio de Instrucción Pública poco después de instaurarse la Segunda República, para implantar una educación laica. El instituto Lagasca tuvo su sede en un barrio del extrarradio madrileño, y fue uno de los pocos que se mantuvieron abiertos durante la Guerra Civil» (El Lagasca… Encarnación Martínez, USAL, 2024).
De la construcción de nuevos colegios e institutos se ocupó con especial interés el ministro y diputado Francisco Barnés Salinas, profesor de Historia que fue en el Instituto de Ávila, ciudad en la que siempre mantuvo su casa abierta. Una vez aprobada la creación de los nuevos centros se hacía necesario cubrir las plazas de profesores, cobertura que afectó a todos los centros educativos españoles que debían sustituir la enseñanza impartida por órdenes religiosas y hacerse por laicos, tal y como disponía la Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas.
A tal fin, y a propuesta del Ministro Barnés, se decretó la celebración de cursos prácticos de preparación de los nuevos Profesores encargados de curso para Institutos de Segunda Enseñanza en todas y cada una de las materias siguientes: Lengua y Literatura castellana, Geografía e Historia, Latín, Filosofía, Matemáticas, Ciencias Naturales, Física y Química, Agricultura, Francés y Dibujo (Gaceta, 27/06/1933).
A la citada convocatoria, sorprendentemente se presentó el sacerdote José Mª. Sánchez Bermejo, animado por Barnés y Sánchez Albornoz, siendo admitido por el Tribunal de Letras como aspirante para impartir la asignatura de Latín (Gaceta, 24/07/1933). Superado el curso, fue destinado al Instituto Lagasca.
Al mismo tiempo, el 1 de diciembre de 1933 es nombrado responsable de la oficina de la Obra Pía del Ministerio del Estado cuya cartera ocupaba el diputado por Ávila Claudio Sánchez Albornoz. Los citados nombramientos supusieron su traslado a Madrid, por lo que el 1 de enero de 1934 pidió la excedencia de sus puestos como archivero en la Diputación y en el Ayuntamiento de Ávila.
Posteriormente, para el curso 1935-1936, solicita el traslado al Instituto Cardenal Cisneros, donde se le asigna la plaza de auxiliar numerario de la Sección de Letras (La Libertad, 2/05/1935), aunque meses después, el 15 de agosto se le nombra Secretario en propiedad del Instituto Lagasca.
Al año siguiente, sin cejar en su constante actividad académica, se inscribe en la convocatoria de oposiciones a catedrático de Instituto por el turno restringido (Gaceta, 8/07/1936), aspiración que se verá truncada por la guerra.
La guerra civil sorprende a Sánchez Bermejo en Madrid, donde su casa de la calle García Paredes es saqueada, y él es detenido, aunque poco después fue puesto en libertad. Al mismo tiempo, en Ávila se le abre expediente de depuración político-social acusándosele de afiliación republicana.
A tal efecto,en la documentación municipal (AMAv 5-49/1936) y en la información recabada por la Comisión de Vigilancia de Ávila consta, entre otras apreciaciones difamatorias: «Este señor falta de Ávila desde hace unos tres años, por haber obtenido un cargo en Madrid, se cree que en el Ministerio de Instrucción Pública. En el primer gobierno de Azaña estuvo afiliado al partido Acción Republicana y ello debido a su íntima amistad con D. Claudio Sánchez Albornoz, consiguió el cargo que ocupa en Madrid».
Así mismo, el 21 de octubre, la Comisión Gestora de la Diputación Provincial acuerda incoarle expediente de depuración que se resuelve con fecha 30 de enero del año siguiente proponiendo:
«Que se destituya del cargo de archivero excedente de la Diputación Provincial a José María Sánchez Bermejo, con inhabilitación perpetua para volver al servicio y cuya, destitución habrá de surtir sus efectos legales a partir de la fecha que se mandó instruir este expediente». En consecuencia, el 15 de julio es cesado de su puesto en la Diputación.
Igualmente, el Ayuntamiento de Ávila, en sesión celebrada el 30 de diciembre de 1936, acuerda: «Instruir expediente [de depuración] al archivero excedente señor Sánchez Bermejo. En su lugar, se designa al funcionario José Mayoral Fernández al frente del Archivo municipal. Curioso el titular de El Diario de Ávila que abre la noticia:
«Vigilad todos el espionaje enemigo. Detened y denunciad a los traidores» (DAV, 30/12/1936).
Un mes después, el 4 de de febrero de 1937, José Mª. Sánchez Bermejo fallece de Madrid aquejado de una enfermedad de pulmón y corazón. Meses más tarde, ignorando su muerte, es destituido de su puesto en el Ayuntamiento (BOP, 23/07/1937).
Todavía quedaba pendiente de resolver el expediente de depuración de catedráticos y profesores de instituto, los cuales se tramitan en el bando franquista al amparo del Decreto del 8 de noviembre de 1936, y aplicable después de la guerra a todo el territorio hasta 1943. «Su finalidad era la de expulsar de la enseñanza secundaria a los docentes sospechosos de simpatizar con la República, la izquierda o el laicismo».
El nuevo expediente se instruyó contra D. José María Sánchez Bermejo en su condición de Ayudante numerario del Instituto Nacional -Cisneros- de Madrid, pero que al comprobarse su ideología derechista y afecto al Glorioso Movimiento Nacional, y que había fallecido, se decía, la Comisión Depuradora del Ministerio de Educación Nacional, acordó el 31 de mayo de 1941, su readmisión «confirmándole en todos sus derechos a efectos de sus causahabientes», lo que, paradójicamnte, y al contario que ocurrió en Ávila, fue confirmado el 9 de julio de 1941 por la Comisión Superior Dictaminadora de Expedientes de Depuración.
Transcurridos casi setenta años del rodaje de la película, y cuando esta había caído en el olvido desde su proyección americana, en 1999 tuvo lugar un hallazgo sorprendente en una casa que los familiares de Sánchez Bermejo tenían en El Barco de Ávila. Allí, Mª Ángeles López y José Mª Rodríguez encontraron unas latas que contenían los rollos de la preciada cinta. La depositaron en la Filmoteca de Castilla y León que la restauró en un laborioso trabajo, según cuenta su director Juan Antonio Pérez Millán. Concluida la recuperación de la cinta, esta se estrenó primero en la XII Semana de Cine de Medina del Campo.
Por su parte, a lo largo de 1999, la Asociación de Amigos del Museo de Ávila trabajó en la difusión y divulgación de la película con el patrocinio de la Fundación de Caja de Ávila, lo que tuvo lugar mediante su proyección y una exposición de una selección de fotográfica de la misma acompañada de un folleto con textos de Cristian Berga, Elías Terés Navarro, Emilio C. García Fernández y Juan Antonio Pérez Millán. La muestra recorrió entonces la capital y los pueblos de El Barco de Ávila, Madrigal de las Altas Torres, Arévalo, Candeleda, Cebreros y Piedrahíta.
Finalmente, los Amigos del Museo de Ávila celebraron en 2013 el 25 aniversario de su fundación, con cuyo motivo se proyectó la película acompañada con música de piano a cargo de Ricardo Casas Fischer, y también se hizo una una exposición fotográfica de la misma, lo que tuvo lugar en el Palacio de los Serrano.
La presentación fue precedida de una conferencia y mesa redonda con intervención de uno mismo (Presidente de los Amigos), de María Mariné (Directora del Museo) y Emilio C. Fernández (Catedrático de Historia del cine). La proyección en sesión continua y la muestra expositiva puedo visitarse desde el 12 de diciembre de 2013 hasta el 11 de enero de 2014, un reencuentro de entonces que ahora retomamos en este artículo de centenario de los años veinte.
