POR JUAN LUIS ÁLVAREZ DEL BUSTO, CRONISTA OFICIAL DE CUDILLERO (ASTURIAS)
A sus 75 años, el cronista oficial de Cudillero (Asturias) pone fin a una de las citas culturales más emblemáticas del concejo y Asturias, nacida de su iniciativa en 1974
Más de medio siglo después, reconoce el cansancio, lamenta la pérdida de aquel Cudillero marinero que inspiró a tantos escritores y mira hacia el futuro con una mezcla de nostalgia y resignación Su mayor deseo es que, cuando llegue el momento, se le recuerde simplemente como un hombre bueno.
Juan Luis Álvarez de Busto se emociona cuando recuerda a su abuela. Es el único momento de la entrevista en el que el presidente de la asociación Amigos de Cudillero y cronista oficial del concejo desde los 22 años (hoy tiene 75 años), deja asomar la pesadumbre.
Lo demás, para quienes le conocen, es sencillo. Juan Luis Álvarez del Busto es un hombre cercano, de conversación natural, que habla con la confianza de quien comparte recuerdos con sus confidentes de toda la vida.
Recibe en su casa del Tolombreo pixueto, donde tiene un bajo abarrotado de documentos sobre Cudillero: fotografías, libros, películas, recortes y recuerdos que forman parte de la memoria colectiva de un pueblo al que ha dedicado buena parte de su existencia.
Cudillero ha sido y sigue siendo su cuarto hijo. Uno que no es físico, pero sí emocional, y probablemente el más difícil de todos.
El próximo domingo, la Asociación que preside Álvarez del Busto pondrá punto final a la Fiesta Literaria del Mar, una celebración que nació de su entusiasmo hace más de medio siglo y que ha permitido que algunos de los grandes nombres de las letras y el periodismo españoles mirasen hacia este pequeño puerto asturiano para convertirlo en literatura.
El cronista oficial de Cudillero observa uno de los recuerdos de la Fiesta Literaria de la Mar.
No ha sido una decisión fácil, pero tampoco improvisada. Los años van pasando y estoy cansado, reconoce. A quienes le recuerdan que todavía tiene energía para seguir, les responde con una cuenta que va mucho más allá de su edad:
Llevo desde los 17 años organizando estas cosas. Y se nota, admite, aunque su mesa de trabajo siga llena de borradores, preparativos y papeles para la próxima celebración.
La historia comenzó en 1974, en el Teleclub Comarcal de Cudillero. Eran otros tiempos, cuando la televisión, la radio y aquellos espacios de encuentro constituían buena parte del entretenimiento de los vecinos. Juan Luis, entonces monitor del teleclub, uno de los más activos de Asturias, tuvo la idea de organizar un concurso literario para adultos. Lo llamaron Cena Literaria porque los premios se entregaban durante una celebración nocturna.
La iniciativa tuvo éxito. Llegaron trabajos de calidad, aparecieron nombres como Faustino Fernández Álvarez, José de Arango o Eugenio Bueno García y el concurso fue creciendo.
Pero Juan Luis quería ir más allá. Y ahí apareció una figura decisiva, Evaristo Arce, su amigo, que le hizo una sugerencia que cambiaría el rumbo de aquella actividad. Oye, ¿por qué no invitas cada año a un escritor?.
Así nacieron, en 1982, los Cuadernos Literarios, una colección de textos dedicados a Cudillero escritos por autores invitados. El primero fue el periodista Pedro Rodríguez, una figura de prestigio nacional que aceptó la propuesta sin poner dificultades. Después llegaron muchos otros.
Antes decías que venías de Cudillero y había una pasión, recuerda Del Busto. Su método era tan sencillo como laborioso: Viajar a Madrid o a donde fuera necesario, reunirme personalmentecon el escritor o periodista elegido y explicarle qué era Cudillero, qué representaba y por qué merecía unas páginas. Después, el invitado viajaba al concejo, conocía sus calles, sus gentes y su puerto y, meses más tarde, regresaba para leer en primicia su Cuaderno Literario.
Por aquella celebración pasaron nombres como Manuel Alcántara, Jesús López Pacheco o José María Carrascal. También hubo excepciones al perfil habitual de escritores y periodistas, como la cantante Luz Casal. Pero Juan Luis siempre procuró mantener una exigencia: que los protagonistas tuvieran una trayectoria cultural y algo que aportar, más allá de su popularidad.
Entre todos aquellos encuentros conserva uno especialmente significativo. Es el de Jesús López Pacheco, autor de Mi corazón se llama Cudillero, que residía en Canadá tras haberse alejado de España por razones políticas. Juan Luis logró convencerlo para regresar a su tierra, y aquel reencuentro, en 1987, tuvo una carga emocional que todavía hoy recuerda.
Su abuela guardaba, copiados de su puño y letra, los versos de López Pacheco. Fue precisamente ese vínculo familiar el que animó a Juan Luis a buscar al escritor. El resultado fue una visita que quedó inmortalizada en un texto dedicado a los nudos marineros, con el que el autor expresó lo que había significado aquel regreso. Vosotros me anudáis de nuevo con España. Vosotros reanudáis a un español, escribió López Pacheco. Y terminó reafirmando que su corazón seguía llamándose Cudillero.
Del Busto vuelve sobre aquellas palabras con satisfacción. Aquel encuentro fue mucho más que un acto literario: permitió reconstruir un vínculo personal y sentimental con la tierra.
Ese Cudillero mágico ya no existe Pero el Cudillero al que llegaban aquellos escritores también ha cambiado. Y es en esa transformación donde Juan Luis encuentra otra de las razones que explican el final de una celebración que durante años fue un acontecimiento social y cultural de referencia.
Cudillero perdió su esencia más conocida, más pura, afirma. Recuerda el pueblo pesquero que despertaba admiración, el movimiento de las embarcaciones, la llegada de los pescadores a puerto, las partidas de cartas y las conversaciones en las tabernas. Un
Cudillero que olía a mar y cuya actividad cotidiana proporcionaba historias a cualquiera que se detuviera a observarlo. Antes eran embarcaciones, ahora son coches&, resume. Y añade una reflexión que condensa buena parte de su nostalgia. Cada vez se respira menos ese olor a mar.
No reniega del atractivo turístico que mantiene el concejo, pero considera que la transformación de su economía y de sus costumbres ha alterado profundamente el carácter del pueblo.
Ese Cudillero mágico ya no existe, sentencia. Y matiza que aquella magia no era una invención literaria, sino una realidad que se vivía en las calles.
A ello se suman los cambios sociales y en las formas de participación cultural. Conseguir que un escritor acepte la invitación resulta ahora mucho más complicado. Juan Luis habla de llamadas que no encuentran respuesta, de compromisos que, nunca llegan a concretarse y de una implicación que ya no es la misma.
También ha disminuido la asistencia a los actos y la participación en los concursos literarios.
Recuerda especialmente el papel que desempeñaban los maestros y profesores a la hora de animar a escribir a los alumnos. En la última convocatoria apenas se presentaron media docena de trabajos, aunque destaca que algunos tenían una calidad extraordinaria.
La asociación Amigos de Cudillero mantiene, según explica, una situación económica razonablemente saneada. Por tanto, el problema no es tanto de dinero como de desgaste, participación y relevo. Vale más que nos retiremos ahora, reflexiona.
Le gustaría pensar que la Fiesta Literaria del Mar podría recuperarse algún día. Sin embargo, cuando se le pregunta por esa posibilidad, no esconde su pesimismo.
Este domingo, la Fiesta Literaria del Mar cerrará una etapa que comenzó cuando Cudillero era un pueblo pesquero muy diferente al actual. El encargado de protagonizar esta última edición será Ramón Rodríguez, director del Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA).
Del Busto tiene ya redactado el mensaje de despedida. Pero hay algo que no dirá. Cuando se le pregunta cómo le gustaría ser recordado, elige una definición sencilla, sin títulos ni solemnidades: “Un hombre bueno”. Lo que es. Ana M. Serrano
FUENTE: CUDILLERO. J.L.A.DEL B.

