POR FRANCISCO SALA ANIORTE, CRONISTA OFICIAL DE TORREVIEJA

El botánico valenciano Cavanilles que visitó Torrevieja en 1792, siendo testigo de las labores en las ‘Eras de la Sal’: “Hállase éste [el embarcadero] casi en el comedio de la ensenada, y es una plaza espaciosa terminada por un muellecito, todo bien enlosado y limpio: alrededor de la plaza corre un muro, y en el aquel recinto van echando la sal desde un como segundo piso, conducida allí en carros desde la salina. Los hombres destinados á cargar las lanchas de sal la transportan á ellas desde la plaza sirviendose de expuertas, y creo que sería mas ventajoso á la Real Hacienda lo hicieran con carretillas”.

En 1792 el cabildo ilicitano resaltaba la poca seguridad de la playa de La Mata y Torrevieja, por los continuos temporales que en ellas reinaban, maltratando con exceso sus cables y averiando todos los buques allí anclados, teniendo que pasar a repararse a Santa Pola por la quietud de su bahía. Aunque se continuaron haciendo los embarques de sal en las playas de La Mata y Torrrevieja y no en el puerto de Santa Pola.
El 25 de enero de 1792, otro informe del Ayuntamiento de Elche solicitó la inclusión de un nuevo impuesto que se podría imponer a las embarcaciones que cargasen sal en el puerto de Santa Pola: veinte reales de vellón en cada ‘amoín’ de sal, incluyendo el gasto de conducción desde Torrevieja a Santa Pola, quedando 9 reales de vellón de beneficio para la obra del muelle. Además, el hecho de que la sal se embarcase en Santa Pola y no como hasta entonces en las playas de La Mata y Torrevieja, sería de gran beneficio para la Real Hacienda por cumplir el puerto de Santa Pola el derecho del ‘Real Almirantazgo’ sobre todo a partir de contar el puerto con capitán. Por el contrario, en La Mata y Torrevieja este real derecho no se satisfacía.
En el año 1802, fue la administración de las salinas trasladada de La Mata a Torrevieja por la mayor cantidad de sales que producía esta laguna, la mejor comodidad del cargadero, el ser mayor su población y la por la posibilidad de aumentar su población al haber muchas personas que deseaban edificar casas en ella. Además se debían hacer un gasto de consideración en La Mata en reparar los edificios dañados por los terremotos acaecidos a comienzos de aquel año.
En 1803, Fernando VII aprobó el plano de la nueva población dándole el nombre de Torrevieja. Por cuenta de la Real Hacienda se habían construido oficinas, depósito o era para el despacho de sales capaz de encerrar medio quintales de sal, muelle para embarcarlas, una ermita para con dotación de un sacerdote y un sacristán, se construyó un horno y se estableció una tienda de comestibles, se dotó de escribano de Rentas, médico y la instrucción primaria. Bajo la jurisdicción de la Administración de las Salinas comenzó la vida del nuevo pueblo, floreciendo con el bienestar que ofrecía a todos el negocio de la sal y hermoseando las nuevas casas que las personas del interior se construían para veranear y tomar baños.

En 1811, las cortes de Cádiz dieron un importante espaldarazo al puerto de Torrevieja: “Enteradas las Cortes generales y extraordinarias de las dos exposiciones hechas por los labradores de la Real población de Torrevieja, y comerciantes de las ciudades de Orihuela y Murcia, extensivas a que se habilite aquel puerto para la introducción de comestibles y géneros extrangeros, y de quanto V. S. ha manifestado en el asunto del orden del Consejo de Regencia, en oficio que nos pasó de 18 de Abril último, han resuelto que el expresado puerto de Torrevieja se habilite como lo solicitan los interesados, y según propone el Consejo de Regencia; a cuyo efecto devolvemos las instancias.= Lo comunicamos a V.S. de oreden de las Cortes para que S.A disponga lo conveniente a su cumplimiento.= Dios guarde a V.S. muchos años.= Cádiz 7 de mayo de 1811.= Miguel Antonio Zumalacárregui, Diputado Secretario.= Pedro Aparici y Ortiz, Diputado Secretario.= Sr. Secretario interino del despacho de Hacienda”.

A partir de esos años comenzó una tenaz oposición de Alicante a la construcción del puerto de Torrevieja. Aquella ciudad protestó a las Cortes por el daño que le ocasionaba el poblado salinero, con aduana propia desde 1806. La abolición de las leyes y dictámenes hechos por las cortes de Cádiz al regreso de Fernando VII en 1814, hizo que aquel proyecto de habilitación de un puerto en Torrevieja quedara arrinconado, pese a que la inseguridad de la rada de Torrevieja quedaba continuamente patente ocurriendo tragedias como la acaecida en abril de 1823, que en sólo una noche fueron perdidos dieciocho buque, en su mayor parte fragatas y bergantines que estaban anclados esperando recibir sus cargamentos de sal, quedando embarrancados en la costa. Además de los embarques de sal para España y el extranjero, en 1844, se tienen noticas del embarque por Torrevieja de cebada, pese a lo expuesta a los vientos de Levante que estaba la bahía.
Fuente: Semanario VISTA ALEGRE. Torrevieja, 29 de agosto de 2015