EL LEÓN Y LA COLUMNA. APALEARON AL OBISPO

POR ALBERTO GONZÁLEZ, CRONISTA OFICIAL DE BADAJOZ

Badajoz

Hasta fines del siglo XVIII, y con base en el Código de las ‘Siete Partidas’, las iglesias, conventos, ermitas, capillas abiertas y demás centros religiosos gozaban de inmunidad eclesiástica; esto es, eran lugar de asilo al que podían acogerse los delincuentes para escapar de la justicia. Se extendió tanto el derecho que abrazarse a una cruz o un clérigo, o simplemente tocarlos, bastaba para considerarse acogido a la tutela de la Iglesia.

Tal derecho, que acabó por convertirse en abuso, originaba continuos conflictos entre las jurisdicciones civil y eclesiástica cuando los ministros de la justicia ordinaria trataban de apresar a quienes, incluso sorprendidos en delito in fraganti, se acogían a un lugar protegido, pues según la ley no podían hacerlo, bajo graves penas para el agente de la autoridad.

Como en Badajoz cada puerta tenía una capilla: Palmas, Pilar, Trinidad, Alpendiz…, el que trataba de huir de la plaza tras cometer un delito lo tenía fácil. De modo que los litigios entre el Obispado y el poder civil eran continuos.

Uno de los más graves acaeció en 1661 cuando el obispo de Badajoz, Don Gabriel Esparza, estimando que unos alguaciles habían detenido indebidamente a un delincuente acogido a sagrado, los excomulgó y ordenó encarcelarlos.

Indignados por la medida, los afectados, acompañados por numerosa gente armada, irrumpieron en el palacio episcopal, en esa época situado aún en la alcazaba. Ante el alboroto salió el prelado a calmar a los asaltantes, pero éstos se abalanzaron sobre él y lo zarandearon con violencia tirándolo al suelo. A un clérigo que trató de defenderlo lo mataron de un pistoletazo.

Los asaltantes fueron castigados con duras sanciones y a recorrer la ciudad con túnicas de penitentes, sogas al cuello y velas verdes en las manos, hasta llegar a la catedral a pedir perdón. El obispo fue cesado y trasladado a Salamanca.

El resultado final de este episodio, remate de otros muchos anteriores semejantes, fue la eliminación de todos los lugares de asilo eclesiástico de Badajoz, incluida la capilla de la Virgen de los Ángeles de la Puerta de Palmas, que se tapió con un muro, quedando solo como lugares de asilo, bajo condiciones muy restrictivas, la Catedral y la iglesia de Santa María la Real, entonces alojada en la actual capilla de Santa Catalina.

Fuente: Diario HOY (Extremadura). Día 1 de Octubre de 2018

 

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