POR JOSÉ MANUEL JEREZ LINDE, CRONISTA OFICIAL DE LA E,L,M, DE GUADAJIRA (BADAJOZ)

Sin duda, unos de los más importantes vertederos con que contó la antigua Augusta Emérita, es el localizado en la actual c./ Cabo Verde. Una inmensa mayoría de estos vertidos urbanos están constituidos por materiales cerámicos, de muy diversa índole, lo que me ha permitido documentar un destacado volumen de materiales fechados en época flavia (69 al 96 d. de C.).
Un lugar destacado dentro de las cerámicas de mesa lo ocupan las producciones de la Galia, las sigillatas sudgálicas del complejo alfarero de La Graufesenque (Millau). Sus vajillas incluyen los recipientes lisos más elementales junto a otros decorados a molde con composiciones vegetales de gran profusión. Uno de los motivos decorativos, que más ha llamado nuestra atención, representa a un primate de hocico prolongado que asociamos con lo que llamamos popularmente papiones o babuinos (Papio Anubis). Este primate alza su brazo izquierdo en actitud casi de “chocar” la mano con la del joven Eros del que apreciamos sus alas. Estos punzones que adornan el vaso se corresponden con la clasificación establecida por Frédéric Hermet (1934) dentro de su corpus de cerámicas de La Graufesenque. Entre los motivos identificados: un carnero (pl. 27-32), un babuino en cuclillas (pl. 27-56) y la figura de Eros (pl. 18-34) bajo un friso de hojas trifoliadas.
El simio tiene una especial relevancia en la cultura del antiguo Egipto donde muchos de estos monos son traídos desde otros lugares del continente africano. Venerados como la reencarnación del dios Thot que simbolizaba la sabiduría, las artes o la ciencia e incluso fueron representados en la cámara funeraria de Tutankamón. No ocurrió así en la antigua Roma donde fueron menospreciados y asociados con los malos presagios como narra Artemidoro de Éfeso (s. II d. de C.) que justifica su aparición en los sueños como
indicio de maldad y de trampa. La representación que hoy nos ocupa creemos que no trasciende más allá del carácter “cómico” de estos animales que, por su comportamiento y hábitos, nos emparenta. Este es sin lugar a dudas un tipo de representación que podemos considerar como excepcional dado lo exótico y extravagante de un animal, que procede de otras latitudes tan alejadas como desconocidas, para el occidente de aquella época.
Bibliografía:
Hermet, F. (1934) La Graufesenque Condatomagus, París, 2 vols.
Jerez Linde, J. M. (2024) Singularis Ceramicae. Confluencia de cerámicas en Augusta Emerita. Cuadernos Emeritenses n.º 51, Badajoz.
FUENTE: J.M.J.L.