POR JOSÉ ANTONIO FIDALGO SÁNCHEZ, CRONISTA OFICIAL DE COLUNGA (ASTURIAS)
Fue en los comienzos del siglo XIII -creo que en 5 de febrero de 1232- cuando reinando en España Fernando III el Santo, y siendo Obispo de Oviedo don Juan III, la ilustre y devota dama ovetense DOÑA VELASQUITA GIRÁLDEZ (a la que después se llamó doña Balesquida) hizo una importante donación de bienes y dineros a la Cofradía de «Alfayates o xastres y otros vecinos y buenos homes» para poder atender a sus fines benéficos, celebraciones religiosas y fiestas profanas.
Don Fermín Canella, en El Libro de Oviedo (año de 1888) nos cuenta cómo las fiestas en honor de la Patrona de la Cofradía -Nª Sra. Virgen de la Esperanza o Virgen de la O- se anunciaban, mediante heraldo «montado en brioso y enjaezado caballo», el domingo de Pentecostés, para luego proseguir con misa, procesión, romerías y verbenas durante los tres días siguientes.
En su relato nos dice don Fermín cómo era costumbre repartir a los cofrades «el torrezno, pan de fisga y medio cuartillo de vino de pasado el monte» durante la procesión «para entretener el largo camino»; y, también, cómo el lunes (ahora es el martes) esos cofrades hacían fiesta en el Campo de San Francisco merendando «un bollo de media libra de pan y medio cuartillo de vino blanco de Castilla, que reparten los behedores».
Fiesta de campo, «con general alegría entre bailes, merienda y jolgorio», con prolongación por parte de algunos asistentes a la zona de Pumarín, como así testimonia el cantar: «¿Donde van los xastres? / Van a Pumarín, / a beber el vino / del señor Pachín».
La Cofradía de la Balesquida, hoy, y gracias a cofrades entusiastas de su tradición e historia, como el cofrade don Alberto Polledo, recupera ese costumbrismo, tan devoto, tan festivo y tan ovetense, como es la veneración a la Virgen de la Esperanza; para los gentes de Oviedo, «la Virgen de la Balesquida».
En la foto, una estampa de «La Virgen de la Balesquida», de comienzos del siglo XX.
