CON EL DOCTOR JOSÉ MANUEL LÓPEZ GÓMEZ ES CRONISTA OFICIAL DE BURGÓS Y FUENTECEN.
Este lunes pasará sin duda a formar parte de las más importantes efemérides de la historia de la Universidad de Burgos. Se cumplirá, por fin, un largo deseo en el que las administraciones políticas y educativas llevan trabajando desde hace años, no sin varios renuncios, volantazos y demoras: la instauración del Grado de Medicina en el campus burgalés.
Para celebrarlo, la Universidad ha organizado un acto –a las 11 horas, en el Paraninfo del Hospital del Rey– donde se hablará del pasado, el presente y el futuro de la ciencia médica en nuestra ciudad. Bajo el título ‘Medicina UBU: el primer latido. Un proyecto de ciudad, provincia y comunidad’, intervendrán María Martinón Torres, directora del CENIEH, que describirá el presente de la medicina; Jorge Labrador Gómez, director científico de IbioBurgos, que mostrará los pasos que se están dando hacia el futuro; y José Manuel López Gómez, médico jubilado e investigador, que dará a conocer la historia de la pretérita Facultad de Medicina que existió en Burgos en los primeros años del siglo XIX. El acto se abrirá con un saludo del rector, José Miguel García, y será clausurado por el presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco. También habrá una intervención musical a cargo del grupo El Ámbole.
López Gómez nos cuenta, con su verbo maestro y su prodigiosa memoria, el desarrollo de la medicina en España en las últimas centurias. «La estructura sanitaria en los siglos XVI, XVIII y XVIII no era en absoluto la que hoy conocemos. Los médicos eran los únicos que tenían una formación universitaria. El resto –cirujanos, romancistas, boticarios, albéitares, barberos sangradores…–, todos poseían un aprendizaje gremial como podían tener un platero, un zapatero o un sastre», indica José Manuel López Gómez, cuyos más de 200 trabajos de investigación se ha centrado, mayoritariamente, en temas médicos y de salud.
Todo cambió con la llegada de los Borbones al trono español. Tras la Guerra de Sucesión y la coronación de Felipe de Anjou, la corte española se llenó de profesionales venidos de Francia con nuevos aires. «Los sanitarios que acompañaron a Felipe V le confesaron que la situación de la cirugía en el reino estaba muy atrasada y que sería muy recomendable que hubiera una formación más moderna, más avanzada y más especializada», explica López Gómez. El segundo Borbón, el muy olvidado Fernando VI, envió al cirujano militar Pedro Virgili a distintas capitales europeas para hacer informes que luego ayudaran a mejorar la situación médica en España. «Cuando Virgili regresa presenta un informe a la Corona y el rey le da el plácet para crear el primer Real Colegio de Cirugía en nuestro país, que se instala en Cádiz en 1748. Como funcionó bien, se abrió un segundo colegio en Barcelona en 1760, que se sigue conservando hasta hoy. El tercer centro de formación que se inauguró fue el Real Colegio de Cirugía de San Carlos de Madrid, en 1782».
La existencia de estos tres grandes centros de enseñanza hizo que «la cirugía tuviera un prestigio, tanto profesional como social, del que carecía a principios del siglo XVIII. Durante el reinado de Carlos IV hubo un ‘golpe de Estado’ académico para que los estudios de medicina, que eran los de la alta sociedad, y los de cirugía se unificaran para crear lo que se llamó la Facultad Reunida de Medina y Cirugía. Esto se aprobó en marzo de 1799», subraya López Gómez. «En este decreto se precisó que se crearan dos nuevos colegios de cirugía en Pamplona y en El Ferrol. Pero sólo un mes más tarde, esa decisión se cambió y se instalaron finalmente en Burgos y en Santiago, respectivamente. Seguramente, la actuación de Juana Manuela de Villachica y Llaguno tuvo mucho que ver», señala. Esta noble burgalesa, entre otras actuaciones, introdujo la vacuna de viruela en Burgos, que salvó muchas vidas. Su tío, Eugenio de Llaguno y Amírola, era un hombre importante en la corte y mantenía muy buenas relaciones con personas que gozaban de capacidad de decisión en el Gobierno de Carlos IV.
La Facultad de Burgos
En octubre de 1799 se informó al Ayuntamiento de Burgos que la nueva facultad debía estar en el Hospital de la Concepción. Esto molestó al patronato que regía este inmueble sanitario, formado por miembros de la nobleza local y algunos concejales del consistorio, que lo interpretaron como una pérdida del control del hospital. «Pero no se podían negar a un decisión del rey. Así que el 26 de diciembre de 1799 se inauguró el curso de la Facultad Reunida de Medicina y Cirugía de Burgos», anota el exdirector de la Institución Fernán González.
El claustro estaba formado por doce catedráticos. Dos eran de Burgos y el resto, de Madrid y, especialmente, de Cataluña. El Hospital de la Concepción –que se encuentra en la actualidad en plena resurrección constructiva y funcional tras un abandono de décadas– se dividió en una zona plenamente sanitaria y en otra educativa, con aulas y salas de estudio y prácticas. «Y en la huerta se creó un jardín botánico para cultivar plantas medicinales y especies terapéuticas, que en aquella época eran muy importantes en los tratamientos».
A pesar de las trabas que ponían desde el patronato, la facultad burgalesa iba desarrollando su labor formativa con gran éxito. Pero la historia, en 1808, puso una gran piedra en su camino que desbarató el futuro de este centro: la Guerra de la Independencia. «Son muy conocidos los saqueos que sufrieron grandes monumentos como San Pedro de Cardeña, la Cartuja de Miraflores, la Catedral… Pero hubo también otros lugares que sufrieron el paso del ejército napoleónico», recuerda López Gómez. «El Hospital de la Concepción fue arrasado y convertido en dependencias para las tropas francesas y cuadras para sus caballos. Por otra parte, las casas de los catedráticos, que tuvieron que huir, también fueron desvalijadas», recuerda el investigador y admite que la pérdida en instrumental médico y científico fue muy cuantioso. «Y se suspendió la enseñanza, por descontado».
Al terminar la guerra en 1814 se convocó al alumnado para que se matriculara en el ahora llamado Real Colegio de Cirugía de Burgos. «Los médicos, que no estaban muy de acuerdo con la unión de los estudios de Medicina y Cirugía, lograron separarlo de nuevo. El colegio siguió con sus cursos y llegamos a 1820 con el Trienio Liberal. La mayoría de los catedráticos, que eran liberales, estuvieron tranquilos y trabajando bien. Pero cuando volvió el régimen absolutista, tres años después, Fernando VII no se lo perdonó y destituyó a todos los del Colegio de Burgos», advierte López Gómez.
«Estamos en 1823», continua. «Y como no había profesorado, el colegio se extinguió. Pero no podemos achacar su desaparición sólo al rey, el patronato tampoco ayudó para que continuara», concluye el académico de la Real Academia Burgense sobre la historia de la primigenia facultad de Medicina burgalesa que vivió «una corta, muy interesante pero agitada existencia». Alberto Marroquin
