POR LUIS MIGUEL PÉREZ ADÁN CRONISTA OFICIAL DE CARTAGENA (MURCIA) .
Hace unos años, en una conferencia sobre la Cartagena medieval, el ponente abrió ante una sala llena asegurando que «Cartagena siempre se había llamado Cartagena». Lo recoge el investigador Aureliano Rodríguez Soler, y la anécdota tendría gracia si no fuera reveladora: pocas ciudades españolas han cambiado tantas veces de nombre.
Qart-Hadast cuando Asdrúbal el Bello la fundó hacia el 227 antes de Cristo. Carthago Nova cuando Escipión la tomó en el 209, y Colonia Vrbs Iulia Nova Carthago —C.V.I.N. en las monedas— cuando Roma la elevó a colonia. Carthago Spartaria en la Antigüedad tardía y en la etapa bizantina. Qartayanna y Qartayannat al-Halfa en época islámica, a las que Rodríguez Soler añade Tudmir. Y Cartagena desde la Edad Media.
Ninguna ciudad cambia tantas veces de nombre por casualidad: cambia porque, cada vez que alguien mandó en este trozo de Mediterráneo, mandó desde aquí.
Hay además un detalle revelador. Spartaria y al-Halfa nombran lo mismo: el esparto. Un imperio que hablaba griego y un poder que hablaba árabe coincidieron en bautizar la ciudad por la planta de su campo con la que se hacían las jarcias de media flota del Mediterráneo. La marca de Cartagena no la inventó una campaña de promoción: la pusieron los que vinieron a mandar.
Qué es el turismo de legado
Se llama turismo de legado al que se organiza en torno a la condición histórica de un lugar —haber sido capital, frontera, sede de un poder— y no en torno a un monumento suelto.
La diferencia no es sutil. Un monumento se visita en cuarenta minutos; una condición histórica se recorre durante dos días, porque obliga a enlazar puntos separados de la ciudad.
La herramienta es el relato patrimonial: el hilo que convierte restos dispersos en una visita comprensible. En turismo cultural el visitante no compra piedra, compra historia entendida. Sin relato, un yacimiento es un solar vallado y una lápida una piedra escrita. Con relato, son producto turístico, estancia y gasto.
Y conviene decirlo: esto no es asunto de historiadores, sino de gestión turística. La discusión académica puede durar otro siglo; contarle algo o no contarle nada al visitante ya desembarcado se decide en un pleno municipal.
Dos veces capital de un imperio
De esos nombres, dos corresponden a momentos en que Cartagena fue capital imperial: cabeza de un poder que no respondía ante ninguna otra plaza peninsular.
El primero es el púnico. La ciudad fundada por los Barca fue la base principal de los cartagineses en Occidente, y de aquí partió Aníbal hacia Italia. Polibio, que la visitó a mediados del siglo II antes de Cristo, situó en una de sus colinas unos magníficos palacios reales que atribuyó a Asdrúbal, de quien dijo que aspiraba a un poder monárquico. Esa colina se identifica con el cerro del Molinete.
El segundo es el bizantino: del 552 hasta su caída, entre el 621 y el 626 según las fuentes, Carthago Spartaria fue capital de la provincia de Spania —algunos estudiosos prefieren Malaca—, gobernada por un magister militum que solo respondía ante el emperador de Constantinopla.
[Img #116958]
La lápida de Comenciolo, 589-590. Museo Arqueológico Municipal Enrique Escudero de Castro. Wikimedia Commons, dominio público
De aquella etapa queda una pieza que en cualquier otro país sería cabecera de campaña: la lápida de Comenciolo, del 589-590, que conmemora la construcción de una puerta fortificada. Es el único epígrafe oficial de la administración imperial bizantina conservado en Hispania.
Y no es una piedra muda. Se dirige a quien pase por delante y termina deseando que así siempre Hispania se alegrará por tal gobernante, mientras los polos giren y mientras el sol circunde el orbe. Mil cuatrocientos años después, la frase sigue esperando lector en una vitrina que casi nadie visita.
Cómo se vende esto en otros sitios
San Vitale de Rávena, uno de los ocho sitios Patrimonio de la Humanidad de la ciudad. Foto: Madaki, Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0.
Rávena fue capital del Imperio Romano de Occidente, después del reino ostrogodo y finalmente de la Italia bizantina. Con esa carta ha construido ocho sitios Patrimonio Mundial y unas 930.000 visitas al año por unos mosaicos y unos baptisterios.
Y no es una ciudad de interior sin competencia: tiene playas y puerto de cruceros en Porto Corsini, que en 2025 movió 84 escalas y 247.000 pasajeros, cifras casi calcadas a las nuestras. La diferencia: allí el crucerista desembarca frente a un circuito bizantino.
El patrón se repite. Túnez ha hecho parque arqueológico de la Cartago madre; Tarraco y Mérida viven de haber sido capitales de provincia romana; Toledo ha convertido su etapa visigoda en museo, ruta y marca. En la Región, Caravaca ha hecho producto internacional con su condición religiosa, y Lorca con su castillo y su judería. Siempre lo mismo: una condición histórica, un relato que la explica y un producto que la cobra.
Los números que ya tenemos
La materia prima está servida. El Museo del Teatro Romano cerró 2025 con más de 255.000 visitantes, el espacio museístico más visitado de la Región, y el 53 por ciento son extranjeros. Puerto de Culturas ha pasado en veinticinco años de 30.000 visitantes anuales a más de 580.000.
Y el público llega solo. El puerto cerró 2025 con más de 257.000 pasajeros en 185 escalas, su mejor año, y prevé superar los 285.000 en 2026. Más de la mitad de los buques son premium o de lujo. En el Teatro Romano, los cruceros suponen ya la mitad de las visitas en grupo.
Rávena mueve con su circuito bizantino más visitas que toda la red municipal de museos junta; aquí la oferta bizantina visitable es prácticamente ninguna.
Lo que falla en casa
No existe centro de interpretación, sala ni itinerario dedicado a la etapa bizantina, pese a haber sido capital de una provincia imperial. Lo más parecido es el yacimiento del sótano de la sala que hasta 2021 se llamó Muralla Bizantina y hoy Domus del Pórtico: al corregir el rótulo se borró la única capa bizantina visitable, que Turismo de la Región de Murcia sigue documentando.
La lápida no tiene una puesta en valor proporcional a su rango. Y el cerro del Molinete, que es donde Polibio situó los palacios, sigue sin excavarse del todo, con un plan director que el propio Ministerio de Cultura recomendó en 2021 y que, con 60.000 euros presupuestados desde 2024, sigue en elaboración.
[Img #116960]
Cruceristas donde cada septiembre se representa la toma de Qart-Hadast. Caseta de paseos en barco hay; panel que lo explique, ninguno
Hay un tercer fallo, el más barato de corregir: el visitante que baja del crucero no encuentra un solo panel que le explique dónde ha desembarcado.
Por dónde se empieza
Lo más barato es lo más urgente. Señalizar el itinerario que ya recorren los cruceristas, con un hito interpretativo en el punto de desembarco, y dar a la lápida un espacio propio y explicado, son dos decisiones de coste modesto que se notarían la próxima temporada. No hacen falta obras: hace falta decidir qué se cuenta.
Algo más de fondo exigiría completar la excavación del cerro antes de seguir enajenando suelo, con ese plan director y un calendario público.
Y quedan dos ideas de más recorrido, que son las que construirían producto. Una línea de trabajo compartida con Rávena y Túnez, que comparten capitalidad púnica o bizantina y no compiten por el mismo visitante. Y convertir Carthagineses y Romanos en cabecera de un relato de doce meses y no en un paréntesis de diez días: la fiesta ya ha fijado la imagen; falta que la ciudad la sostenga el resto del año.
Sobra patrimonio sin contar
Cuando el Ayuntamiento nombró en 2016 a sus cuatro cronistas oficiales, Luis Miguel Pérez Adán recordó que muchas ciudades tienen teatro o anfiteatro romano, pero que el patrimonio defensivo de Cartagena es «único en el mundo». Los cronistas pidieron una Cátedra de Historia y la consiguieron: existe desde febrero de 2024. Al inaugurarla, la alcaldesa dijo que el pasado de Cartagena «atrae la mirada de turistas de todo el mundo». Dos años después, la etapa bizantina sigue sin un solo panel.
El problema de esta ciudad no ha sido nunca la falta de patrimonio, sino el exceso de patrimonio sin contar. Fue capital de dos imperios, dos veces documentada, y no lo cuenta ninguna de las dos.
FUENTE:https://murciaeconomia.com/art/108283/cartagena-capital-de-dos-imperios-que-nadie-ha-sabido-valorar
