POR RICARDO GUERRA SANCHO CRONISTA OFICIAL DE LA CIUDAD DE ARÉVALO (ÁVILA)
Asistir hace unos días a la apertura del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa, ha sido un privilegio para todos los abulenses y también para otras personas de la provincia y de otros muchos lugares. Los que no hemos podido asistir, nos hemos congratulado con verlo por la extraordinaria retransmisión en directo de nuestra Tele Ávila.
Un acto espléndido, bien organizado, con la presencia de numerosas autoridades religiosas y civiles. Muy emotivo. De todos los detalles se está dando amplia y cumplida información en estas páginas.
Por eso hoy yo quiero referirme a otro acto, mucho más humilde y sencillo, el celebrado ese mismo día por la tarde en Villanueva del Aceral. Aquí, a otro nivel más intimista nos hemos sumado a otro acto mucho más cercano, en el espacio y en las formas, pero igualmente emocionante, la celebración de esa apertura del V Centenario, como en familia comarcana. Procesión con la imagen desde la casa en que vivió, misa y visita a la pila bautismal, que congregó a numeroso público, de allí y de otros lugares.
Verán, no creo que Arévalo, mi pequeña ciudad, pueda ser considerada teresiana, no tuvo nunca entre sus numerosos monasterios y conventos uno de Carmelitas. Y La Santa no se prodigó por sus calles, ni fue uno de los personajes históricos de los más destacados. Solo tenemos una anécdota de su paso por Arévalo, que a lo menos es curiosa. Cuando iba a fundar a Medina en 1567, de paso por esta antigua Villa, hizo noche en una posada que le habían proporcionado a ella y sus monjas acompañantes unas damas piadosas.
Esa posada después fue panadería y hoy, algo reformada, es una casa particular, con su “pozo de Santa Teresa”. Una historia que se puede rastrear en los escritos de La Santa, la posada donde sitúa aquel episodio… “la vida es como una mala noche en una mala posada…”. Una frase que a modo me ejemplo la Santa decía a sus monjas para darlas a entender lo fugaz de la vida y lo poco que importan ciertos sacrificios y molestias cuando el fin perseguido es tan alto como la salvación del alma.
Pero en mi comarca de La Moraña sí tenemos testimonios de esta santa universal, como el palomar de Santa Teresa en Gotarrendura, un pueblo muy teresiano, con patrimonio familiar, que está plenamente involucrado en el centenario. O Villanueva del Aceral, otro lugar con historias teresianas, de reposo convaleciente, madrina de bautizo, unas historias no muy conocidas pero que están ahí como un testimonio.
Unos buenos amigos me enviaron unos elocuentes textos de esa relación histórica y me invitaron a unos actos que se habían programado para la celebración del V Centenario.
Y es por lo que el día 15 asistí a una sencilla celebración que se realizó en Villanueva, acto sencillo pero muy emotivo, con amplia participación, muchos cantos teresianos y el toque organizativo de un sacerdote de la tierra que está ejerciendo el ministerio lejos, pero muy cercano a sus gentes, Alfredo Arnáiz, otro viejo amigo, y no por la edad, sino por las aventuras culturales compartidas hace bastantes años. Vino para celebrar en su tierra el acontecimiento cuya conmemoración acaba de empezar.
En Villanueva recuerdan sus lazos con La Santa por aquel tiempo de 1556 pasó convaleciente cerca de un mes en casa del cura, que era “deudo suyo”, siendo monja pero antes de empezar sus fundaciones de la reforma del Carmelo. O por ser madrina de bautismo. Cuenta una historia de la Venerable Madre Catalina de Cristo, que Pedro de Tapia su pariente, cuando era muchacho, y cuando la Santa estaba en Villanueva, ella y la madre del niño le mandaban leer un libro, y la Santa aconsejó a su madre que le hiciese estudiar… aquel niño llegó a ser un alto personaje, oidor del Consejo Real y de la Cámara de Castilla, entre otros cargos…
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