POR JOSÉ LUIS ARAGÓN PANÉS, CRONISTA OFICIAL DE CHICLANA DE LA FRONTERA (CÁDIZ).
De todos es conocida la íntima relación que Cecilia Böhl de Faber, «Fernán Caballero» (1796-1877), tenía con nuestra villa y sus vecinos. Aquí pasó dulces momentos de juventud junto a sus progenitores, pero también amargos y tristes días de solitaria pobreza y posterior viudedad.
El 3 de mayo de 1897, tal día como hoy, comenzaba a publicarse de nuevo –la primera edición es de 1857– en el periódico «El Movimiento católico» de Madrid –dirigido por el escritor, periodista y político conservador, Valentín Gómez– y en forma de folletín de la época: «No transige la conciencia». Una novela corta, sobre un hecho real ocurrido entre finales del siglo XVIII y el primer tercio del XIX, en la que los capítulos fundamentales, se desarrollan en una casa que recuerda a la que sus padres tenían alquilada en Chiclana, y donde ella vivió en temporadas. En su primer capítulo describe cómo era la entrada de Chiclana por San Fernando alrededor del año 1856:
«Se entra en este precioso pueblo por una arboleda de álamos blancos, que toman asiento entre verdes huertas, á la manera de nobles ancianos encanecidos, estimulando con sus susurros á la plantas pequeñas y tiernas á crecer y fortalecerse, para resistir como ellos á los vendavales. El pueblo es grande, y el río Liro [actual Iro] lo divide en dos mitades como un cuchillo de plata.
Dominábanlo otras veces sobre dos alturas, una torre morisca antigua ruinosa, como imagen de lo pasado, en la una, y una lindísima capilla, como imagen del presente, en la otra. De pocos años á esta parte la torre ha desaparecido, y la capilla es una ruina (…) Era esta capilla (dedicada a Santa Ana) de construcción redonda, y estaba ceñida de una columnata, que formaba en su alrededor una galería, desde la cual se admiraba un hermoso panorama, esto es, una bella vista circular”.
Nadie mejor que Cecilia podía describir entonces aquella Chiclana de 9000 habitantes, residencia temporal de acaudalados gaditanos, rural y urbana a la que volvió durante su madurez, mientras su tercer marido Antonio Arrón y Morales de Ayala, se encontraba en Australia dedicado a sus negocios y como cónsul español en aquellas tierras australes.
-BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA. Hemeroteca Digital. «El Movimiento Católico». Año X. Número 2039. Madrid, 3 de mayo de 1897
