EL CONVENTO DE MONJAS DOMINICAS, DE VILLANUEVA DEL ARZOBISPO, EN EL SIGLO XXI
Abr 19 2026

 POR MANUEL LÓPEZ FERNÁNDEZ, CRONISTA OFICIAL DE VILLANUEVA DEL ARZOBISPO (JAÉN) 

Sala de labor

Quedan los olores de incienso, de las flores de los tronos, los sonidos de los cofrades, limpiando el trono plateado, echando de menos la compañía de las dominicas, bien tras la celosía del coro o ayudando en el cuidado, de la imagen y trono.

En la Plaza de Santa Ana, en la noche de Viernes Santo, tras el recorrido procesional, la imagen de Nuestra Señora de los Dolores, se sumó al dolor del Santo Entierro y ambas cofradías juntas, realizaron un sencillo pero intenso homenaje a la orden dominica que ha regido este convento, en un periodo cercano a los quinientos años.

Intentaré recuperar parte de la historia, más reciente de las monjas dominicas, y de alguna celebraciones,  personas que han ayudado de manera anónima, la cofradía del santo Entierro , la Virgen del Rosario, el  entorno de la iglesia, claustro, en los años finales del siglo pasado  y el periodo  del 2000 al 2026.

Un día  de clausura con las monjas dominicas

Cercano el siglo XXI, hasta veinte dominicas, se dedicaban a la oración,  labores de bordados,  dulces en los periodos navideños  y de Semana Santa, cuidado del convento y ayuda en los periodos de aceituna, con bolsas de comida, de la que ellas se privaban , para aquellos desplazados a Villanueva, con la generosidad, que siempre las ha caracterizado. Cuidaban las imágenes religiosas, así como el rico patrimonio histórico del archivos y sus legajos centenarios.

“La ciudad está dormida, silenciosa, desierta. Empieza a llover con fuerza , hace frío. Las sombras de la noche cubren aún todas las callejas cercanas al convento. Son las seis de la mañana, entramos a vivir un día de clausuta, para conocer mejor este mundo oculto y tratar que la luz se haga de forma definitiva.

Habíamos quedado con Sor Ana Dolores como guía a la entrada al convento, tras el saludo, nos guía , va sonando la campanilla por los largos pasillos mientras se para en cada celda, llama y el salud “Ave Maria Gracia Plena”, desde el interior una voz, ya alegre,  responde “El Señor esté contigo”.  A las siete en el coro alto, el Oficio de lectura y laudes, y el canto de tres salmos del rey David , a estos rezos le llaman hora Tercia. Tras la Santa Misa, la hora del desayuno; dos monjas de forma rotativa, se ocupan una semana de las tareas de la cocinas; mientras vigilan el fuego de los cazos me cuentan la organización de la Comunidad. Una priora, subpriora, procuradora, tres sacristanas, dos roperas, dos porteras y dos refectoras. Estos cargos se eligen democráticamente cada tres años. Sor María Fuensanta está de cocina durante la semana, ejerce el oficio de Procuradora. Me cuenta las dificultades que tienen para llegar a final de mes; luz, teléfono, cuotas de la Seguridad Social; las distintas obras para mantener el convento, ahora preocupadas por el tejado;  alimentación, justa, sobria, legumbres, verduras, huevos y a veces algo de pescado. Los ingresos son escasos, ganan el pan con las filigranas que salen de sus manos, juegos de cama, mantelerías…Algunas monjas mayores perciben una modesta pensión.

Una vez finalizado el desayuno, llega la hora de ganar el sustento con su trabajo. Es el momento de dirigirse a la sala de labor. En verano está situada en la planta baja. Acaban,en estos días, a subirse a la sala de labor de invierno , ante los primeros fríos. Es amplia, con grandes ventanales que dan al jardín, repleto de preciosas flores y al pequeño cementerio, donde son enterradas las religiosas que mueren. Unos vastos bastidores ocupan  gran parte de la sala y tres máquinas de coser, están distribuidas de forma estratégica. En los bastidores . Un precioso manto blanco para la Virgen de los Desamparados, de Villanueva de la Fuente; otras bordan un original mantón de manila; en otro lado dos monjas intentan reparar, un quemado en un traje nuevo, o un enganchón de un jersey, hasta que queden de manera perfecta. En la sala reina un apacible silencio, roto solamente por el rítmico sonido de las máquinas de coser.

Descendemos hasta la Sala Capitular, lugar donde se guardan legajos, documentos y preciosos cuadros de Cristo, vírgenes y santos, que hoy no consultaremos. Como celosa guardiana de la historia Sor Espíritu Santo, cuida de ordenar todo el archivo. También ejerce de enfermera, tal vez hubiese sido un excelente médico, toma la tensión, pone inyecciones, se preocupa de las medicinas, dosificaciones  y horarios de las tomas;  acompaña al médico cuando viene a visitar alguna monja enferma. Las enfermedades más comunes “artrosis” debido a la humedad del convento y de las celdas, y son numerosas las que llevan gafas y tienen revisiones periódicas a causa del esfuerzo diario de las labores.

Continuamos nuestro caminar por el convento y Sor Josefina Rodríguez, que tiene varias responsabilidades sacristana, -prepara los ornamentos litúrgicos, prepara el Belén; con una antigua máquina, hace las formas para las iglesias de la localidad y pueblos limítrofes; encargada del huerto y maneja la máquina de punto.

Sor Corazón de Jesús es hermana tornera. Su principal misión es atender las llamadas al torno, que suelen ser para dejar algunos encargos de pequeños arreglos o las llamadas de algunas religiosas que tienen visitas en el locutorio. Las sorpresas recibidas han sido visitas inesperadas de algunos familiares o de cierto prestigio; en Navidad a veces donativos dejados de forma anónima. Tienen un código según el número de campanadas que toca, en la pequeña campana cercana, para la priora, una campanada, la subpriora dos, pero toda la comunidad tiene su toque distintivo para acercarse al torno o teléfono,

La monja telefonista es Sor Ana María. Sintió desde joven la vocación religiosa. El párroco de Iznatoraf, un día le dijo “Tienes voz de monja de coro”. Le encanta la unión existente entre las monjas.

El sonido de una campana, nos hace recordar la asistencia al coro. Tras la oración cantada llega la hora de la comida.

Las cocineras han preparado de menú, lentejas, pescado y uvas de postre. La comida es en silencio, hace frío en el refectorio. Un fresco del año 1584, con las imágenes de Santo Domingo y Santa Catalina de Siena, preside una de las paredes del comedor.

Una hora de descanso en las celdas, aunque continuamos hablando con algunas religiosas, paseando por la senda que un día pisó Fray Domingo Valtanás. Sor Ana Dolores, ejerce el oficio de portera. En anteriores visitas siempre he encontrado en ella el deseo de ayudarnos en algunos datos confusos, mostrarnos los documentos, enseñarnos los frescos, ocultos, de la bóveda, un deseo de ser útil, de amor a la orden dominica. Uno de sus recuerdos, inolvidables para ella, fue ver al Papa Juan Pablo II en Ávila.

Sor Natividad , se apoya en su bastón para , caminamos lentamente, junto a la fuente central del  patio del convento. Es la monja de mayor edad en el convento, Ingresó en el año 1941.Me dice “Si tuviese la oportunidad de volver a nacer sería monja de clausura”. Entre sus aficiones está la lectura de poesía religiosa, y escribe algunos poemas, que nos recita. Uno a una campana que apareció oculta, emparedada, al hacer obra. Tal vez la escondiesen ante la llegada de tropas francesas  evitar su destrucción : “Campanita que estuviste/siglos debajo de tierra/sin que se oyeran sus sones/ como si estuvieses muerta”.

Sigue la tarde gris y de nuevo hace su aparición la lluvia, que empieza a caer con fuerza. Compruebo como intentan colocar distintos recipientes a lo largo del pasillo, ya que el agua entra con facilidad por algunas grietas o  tejas levantadas.

A Sor Purificación le surgió tardía la vocación religiosa. Tiene palabras elogiosas para las monjas sean de vida contemplativa o activa. Es la única que ha utilizado los medios de locomoción, el barco y el avión , al tener que desplazarse a Mallorca donde su padre estaba gravemente enfermo. En estos viajes lejos de la comunidad se siente monja con más fuerza.

A las cuatro de la tarde se vuelve al trabajo a la sala de labor.

Sor Trinidad Nieto es la directora de los bordados en oro, ropera y maestra de novicias, aunque este título no lo ejerce desde hace tiempo debido a la crisis de vocaciones. Recuerda el reingreso en el convento después del periodo de la guerra, las privaciones, pero el gran amor que pusieron en la reconstrucción.

Nos cita los numerosos encargos de las Agrupación de Cofradías de Úbeda, estandarte para Baeza, y manto para la patrona Virgen de Alcázar…los trabajos duran varios meses, por lo que en algunos momentos no pueden aceptar otros encargos.

Encontramos varios toques de campana, en una visita del locutorio. En la parte de fuera hay una monja, que viene de visita. Sor María del Carmen, que actualmente reside en Horno, ya que su madre está muy enferma y es ella quien debe cuidarla. En el mundo exterior ve mayor egoismo y menos sacrificio, aunque destaca personas muy entregadas al prójimo.

.- Empiezan a caer las primeras sombras, y se debe iluminar la sala de labor, la vista y las manos no reflejan aún el cansancio del largo día.

Sor Inmaculada, refleja en su acento la gracia de los años pasados en Priego de Córdoba. Es refectolera, prepara el comedor. Al realizar su oficio, repartir pan, agua, pide y reza la oración del Padre Nuestro, para que a nadie le falte el sustento diario. Le agrada en la recreación, al finalizar el día la unión y alegría al contar cada monja como le ha ido la jornada.

El sonido de la campana, señala el final del trabajo y la llamada para el coro.

Aprovechamos este último momento, para que Sor Aurora, que debe preparar el comedor, nos evoque como mejor recuerdo, el día de su Profesión Solemne. El padre Francisco Tornero,creó un clima inolvidable de fervor religioso. Sor Aurora, es especialista en crochet, realizando preciosos tapetes y colchas

Finalizado el rezo de las Vísperas, llega el momento de la cena; el menú, judias verdes con patatas y un vaso de leche.

Después de la cena un tiempo de asueto, charla. Paseo, lecturas de santo recreación y comentar la jornada.

Sor Ascensión , que pronto cumplirá sus bodas de plata de su ingreso en la orden, es la alegría personificada. Le encanta la música, está aprendiendo a tocar el acordeón, que le fue regalado en el programa de radio”Todos tienen un sueño”, que dirigía Encarna Sánchez.

Las manecillas del reloj vuelan en este último periodo, y nos queda hablar con  la subpriora y la priora.

La subpriora es Sor Rosa Agudo, conoció a las dominicas en el año1943, cuando estas fueron a revisar una fuente del convento, situada en las faldas de Iznatoraf, su nombre, Fuente de las Monjas. De este conocimiento nació su deseo de ingresar en la clausura. Se preparó para ser organista y aprendió música, (Iznatoraf es cuna de grandes músicos), Durante varios años ha ejercido de priora, por lo que conoce a fondo la problemática del convento. Evoca las dificultades de los años cuarenta, tiene palabras de agradecimiento para José María del Sol Diéguez, que fundó el Patronato de María Santísima Inmaculada, a favor de la comunidad en 1952. A partir de ese momento llegaron numerosos encargos y mejoramos el nivel de subsistencia. La adquisición de unas máquinas de punto, junto a numerosas horas de intenso trabajo  les ayudaron a salir de las crisis. Me habla con gran cariño de la guardería que tuvieron en otra época, el servicio social que prestaban al pueblo  y el trato con los niños y familiares. Entre los momentos más gratos recuerda la restauración del convento en el año 1970. El trabajo de albañiles de las monjas para abaratar las reparaciones, y los cientos de donativos, llegados desde cualquier rincón de España, así como la respuesta positiva del Ayuntamiento y del pueblo de Villanueva.

Otro momento de grato recuerdo fue la restauración de la capilla con las obras en la bóveda que se caía, cambiar los suelos, pintura, arreglo de la fachada… que concluyó con una solemne fiesta religiosas.

Aprovecho los últimos momentos antes de que se marchen al coro para el rezo de las Completas, para hablar con la actual superiora Sor María Teresa Nieto. Toda su vida ha girado en torno a este convento, ya que ingresó a los siete años como “educanda”.  De priora lleva un año y medio. Ve una gran responsabilidad y preocupación en el cargo que ocupa: los temas espirituales e intentar que se mantengan las reglas de observancia; en lo material hay grandes necesidades, ya que la antigüedad del convento hace que necesite revisiones periódicas. En los años 70 quisieron dividir el convento, enviando monjas a Torredonjimeno y Jaén. El motivo era el pésimo estado y peligro que suponía derrumbarse parte de estos muros centenarios. Gracias a las gestiones de la Corporación local y al obispo D. Félix Mengíbar continúan aquí. “Nuestra labor al ser de clausura, se conoce menos. En los años de 1920 tuvimos un colegio instalado aquí. Al cerrarse perdimos el contacto que se mantenía con los alumnos y la familia. Sobre la política actual “ No conocemos demasiado, nos preocupa la paz de todo el mundo, aunque reconocemos que no podemos vivir de espaldas a la realidad y debemos informarnos”.  Sus palabras de despedida son ; “ el deseo de un mayor cristianismo y nuestras peticiones diarias por el progreso y prosperidad de nuestra ciudad”.

Acabamos el día intenso, son cerca de las once de la noche. Poco a poco se van apagando las luces de corredores y celdas. El silencio vuelve a ser total.

Sor Ana Dolores, nos acompaña y cierra la pesada cancela. Atrás queda un día en el que hemos comprobado la alegría, el sosiego, la fraternidad de unas monjas orgullosas de su vocación.

He comprendido, una vez más que la clausura, el silencio, dan una humanidad y bondad que vamos perdiendo poco a poco en este mundo de ruido , prisa y materialismo.

Una cita de Goethe, que leía en estos días me sirve para poner fin a esta jornada de clausura : “ Cuanto más profundas sean las raíces, más elevada será la copa”.

Continuaré narrando la vida de estas monjas de clausura, nuevas vocaciones, la pérdida paulatina de la vida de estas religiosas; las personas, que en silencio, les ayudan en su labor; la celebración del Corpus, en el convento, actos celebrados en su iglesia, la evolución de la Cofradía del Santo Entierro, que tiene su sede aquí, la restauraciones de las imágenes, obras., durante el periodo de este siglo XXI,  hasta llegar a  estos días tristes, creyendo en la semilla sembrada en nuestra localidad.

FUENTE: M.L.F.

 

 

 

 

 

 

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