EL LOBO EN LOS ALREDEDORES DE PIQUERAS DEL CASTILLO SIGLOS ATRÁS
Mar 20 2025

POR DAVID GÓMEZ DE MORA, CRONISTA OFICIAL DE LA PERALEJA, DE PIQUERAS DEL CASTILLO, VALDEPINO DE HUETE, SACEDA DEL RIO Y CARECENILLA (CUENCA)

Como sabemos por algunos testimonios orales que nos remontan a la época de sus abuelos, hasta finales del siglo XIX e inicios del XX, era todavía posible escuchar el aullido del lobo en los alrededores de Piqueras del Castillo, así como verlos acercarse a beber hasta su río.

Es importante tener en cuenta que su presencia estaba extendida por muchos puntos de la Península Ibérica, a pesar de la decaída de su población, tras la intensa caza a la que se someterá a este animal, especialmente desde el siglo XVIII. Un hecho que incluso podemos intuir más adelante, alrededor de 1850 en la obra de Madoz, donde ya veremos la existencia de una toponimia en el área que rememoraba el lobo, pero en la que no se recoge su testimonio directo en la mención de esas especies principales que se cazaban en la zona. Fenómeno que obviamente no era indicativo de que este ya no existiese, pues como se desprenderá, el lobo todavía seguía sobreviviendo en determinados puntos del territorio, señalándose en áreas concretas su abundancia.

No hemos de olvidar como la aplicación de las políticas de regulación contra la especie (y en donde además se premiará con un incentivo económico su caza), dispararían de forma notable la reducción de su población.

En el caso de Piqueras del Castillo, sobradamente conocida eran sus andanzas por algunos de los corrales dispersos que había a lo largo de su término municipal. Estos, junto con las zonas de vereda y pasto por donde trascurrían especialmente las ovejas y cabras de pastores, era donde el lobo solía presentarse. Uno de los puntos en el que se movía con mayor facilidad era a lo largo de la Sierra del Monje, por ser un entorno más aislado de la acción humana, así como disponer de una constante presencia de conejos y liebres. No obstante, este también preferiría puntos un tanto más concurridos, como sucedía con el entorno que conectaba Piqueras hasta la aldea de Alcol.

Conocemos una referencia rescatada del Archivo Histórico Nacional, y que recoge en su libro Ignacio de la Rosa (El año mil quinientos de la Mancha Conquense), cuando al hablar del estado salvaje de los montes de esta área que limita con Barchín, menciona que durante la primera mitad del siglo XVII (más concretamente en el año 1613), se habían matado un total de 40 lobos, especificándose que en el término de esta localidad vecina, al presentar un medio montañoso y espeso de vegetación, de no eliminarse parte de sus matojos, no se podía “tener ganados ni otros haberlos ni salir la gente por los montes que por ser tan grande cría muchos lobos y este año se han cogido más de cuarenta lobos pequeños en una legua” (Archivo Histórico Nacional -AHN-, CONSEJOS. Leg. 28391, Exp. 3; Ignacio de la Rosa, 2020).

Resulta interesante esta cita, que nos recuerda como la presencia de vegetación y zonas frondosas de matorrales, eran elementos favorables para que el lobo se reprodujera. No obstante, como sabemos, muchos estudiosos del animal, inciden en que precisamente la deforestación y ocupación de su hábitat natural, favorece su acercamiento hacia las zonas habitadas, y en las que casi siempre había presencia de ganado, puesto que la escasez de los recursos naturales con los que tradicionalmente se alimentaba, obligarán a esta especie a atacar las explotaciones de animales.

Es por ello que veremos que tanto si el monte se dejaba abandonado o como zona de pasto, o si este se erradicaba para crear tierras de cultivo, el problema del lobo siempre estaba presente para los lugareños.

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