POR JOAQUIN MUÑOZ CORONEL, CRONISTA OFICIAL DE CORRAL DE CALATRAVA Y POZUELO DE CALATRAVA (CIUDAD REAL).
Almagro es la ciudad donde el pensamiento todavía precede a la escena, y en los patios señoriales del Palacio de Valdeparaíso, no se oyen las ovaciones del público del Corral de Comedias. Pero sí el rumor de las hojas de los apuntes, y el debate vivamente encendido. Aquí, en las XLIX Jornadas de Teatro Clásico de Almagro organizadas por la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), es donde realmente se custodia el ADN de la cita teatral clásica más importante de España…
Este año, bajo el título «La Compañía Nacional de Teatro Clásico: 40 años reviviendo los clásicos«, directores, actores, catedráticos e investigadores se reunieron durante tres intensos días de julio, para hacer balance de cuatro décadas de la institución fundada por Adolfo Marsillach: nada menos que la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC). Y es que las jornadas de 2026 no sólo miran al pasado con nostalgia… En las mesas redondas se analiza, sobre todo, la evolución del verso sobre las tablas, los retos de atraer a las nuevas generaciones, y -¡ojo, con este importante asunto!- la digitalización de los archivos del Siglo de Oro.
En la noble calle de las Bernardas, y al caer la tarde, la teoría se funde con la práctica: los asistentes se dispersan por los distintos espacios del festival, para evaluar con ojo clínico si las hipótesis discutidas por la mañana, se sostienen bajo los focos por la noche. Con un pie en el rigor científico, y otro en la pasión teatral, la edición 49 de las Jornadas demuestra que, casi medio siglo después de su nacimiento en 1978, la universidad y la escena siguen hablando el mismo idioma.
EL VALOR DE SER EL ORIGEN (Y no la comparsa)
Es un error histórico de lo más común, casi un “tic de marketing turístico”, referirse a las Jornadas de Teatro Clásico como la «actividad académica paralela» del Festival de Almagro. Es cómodo pensarlo así: primero el gran evento masivo de ‘fuegos artificiales’, y luego el ‘discreto seminario intelectual’ como complemento para especialistas. Sin embargo, la verdad histórica es exactamente al revés, y reivindicarlo hoy, es más necesario que nunca.
Las Jornadas de Almagro nacieron en 1978 no para entretener al público de verano, sino para resolver un problema de Estado: cómo volver a representar a nuestros clásicos sin que sonaran rancios, acartonados o ajenos al público de una España que estrenaba democracia. Las representaciones del Corral nacieron para ilustrar esas ponencias… eran el experimento científico que validaba la teoría.
Hoy, cuando el Festival de Almagro se ha convertido en una colosal maquinaria, turística y cultural de primera magnitud (un logro innegable y digno de celebración), las Jornadas podrían correrel riesgo de quedar eclipsadas en el imaginario popular, por la alfombra roja y los llenos absolutos… Reducir las Jornadas a una «actividad paralela» es un acto de amnesia cultural.
En un mundo dominado por el consumo rápido y la cultura del entertainment, que Almagro mantenga vivo este reducto de pensamiento es un milagro laico. Las Jornadas son el ancla, que impide que el festival se deslice hacia un mero parque temático del Siglo de Oro. Sin el rigor, el debate y la investigación que allí se ‘cuecen’, el teatro clásico corre el riesgo de convertirse en pura arqueología o, si lo prefieren, en un vistoso decorado de cartón piedra. El Festival nos emociona, con toda justicia y seguridad… Pero son las Jornadas las que nos explican, por qué seguimos emocionándonos con textos escritos hace cuatrocientos años. Larga vida, pues, a la mente que dio origen al cuerpo.
En el ámbito cultural, a menudo se abusa de ciertos términos hasta vaciarlos de contenido. Llamamos «festival», «encuentro» o «simposio» a cualquier reunión de fin de semana, sin pararnos a pensar en el tejido que sostiene esas palabras. Por eso, al alcanzar la antesala de su medio siglo de vida, resulta de una justicia poética casi obligatoria detenerse ante el nombre de la cita que encendió la mecha cultural de Almagro: las Jornadas. No es un nombre caprichoso, ni una mera etiqueta organizativa. Tras el término «jornada» se esconde una bellísima raíz etimológica que explica, mejor que cualquier folleto turístico, por qué este espacio académico y humano ha logrado sostener el peso de nuestro Siglo de Oro, durante cuarenta y nueve ediciones.
Del camino al escenario. Para entender el acierto de este nombre, hay que viajar a su raíz. La palabra “jornada” proviene del bajo latín jornata, a través del italiano giornata y el provenzal jornada. En su origen más puro, una jornada era el camino que se podía andar en un día, o el trabajo que un artesano realizaba desde el amanecer hasta el ocaso (la jornada laboral). Sin embargo, el destino quiso que esta palabra tuviera un idilio temprano con el propio teatro. En nuestro Siglo de Oro, los dramaturgos (Lope, Calderón, Tirso) empezaron a llamar «jornadas» a cada uno de los tres actos en los que se dividía una comedia. Lo hacían precisamente por esa analogía: cada acto era un tramo del viaje dramático, una etapa del camino que el espectador recorría junto a los personajes, antes de descansar.
JORNADA, RESISTENCIA Y CAMINATA
Existe una hermosa coherencia en que las XLIX Jornadas de Teatro Clásico de Almagro se sigan llamando así, «Jornadas», y no «Congreso» o «Seminario». El término evoca sudor, calzado gastado, esfuerzo diario y, sobre todo, un trayecto que se hace a pie. Cuando en septiembre de 1978 aquellos pioneros se reunieron en Almagro, no buscaban fundar un evento estático para el lucimiento curricular; inauguraron una ‘caminata’. Una ‘jornada’ es lo opuesto a la inmediatez de nuestra era digital; exige tiempo, constancia y aceptar que el conocimiento, al igual que el camino manchego bajo el sol de julio, se conquista paso a paso, día a día…
Asistir hoy a las Jornadas en el Palacio de Valdeparaíso —este año analizando los cuarenta años de la Compañía Nacional de Teatro Clásico— es entender la cultura como ese «trabajo diario» del artesano. La CNTC ha hecho su propia jornada de cuatro décadas puliendo el verso, y la academia lleva casi cinco décadas haciendo la suya para desenterrar su sentido. Al final, la etimología no miente. Las Jornadas de Almagro son las tres cosas a la vez: son el trabajo diario de quienes investigan, son el viaje de una comunidad, que camina junta hacia el pasado para entender el presente, y son, por supuesto, cada uno de los actos teatrales que, cuatro siglos después, nos siguen demostrando que la vida es sólo una breve y hermosa jornada sobre el escenario.
Hoy las Jornadas no han tenido una temática tan alejada, como los autores y sus obras de hace siglos. Su visión ha escogido un tema mucho más cercano en el tiempo, la CNTC que coletea más aún entre nuestras manos que los Clásicos, aunque también… Pero la CNTC es quien con más certezas y mejores medios, nos acerca el vivir y casi el respirar, de aquellos magos y magas de la palabra y el verso. Cuarenta años lo merecen, porque a través de ese casi medio siglo, la sociedad de hoy puede analizar viendo, escuchando y soñando, lo que unos genios siglos atrás fueron capaces de crear.
Hoy las Jornadas no han mirado a la historia a través de un catalejo, apuntando a cuatro siglos atrás, sino a través de un espejo retrovisor mucho más cercano, casi tibio, que coletea entre nuestras manos. Y la CNTC es, al fin y al cabo, el puente vivo. Es la máquina del tiempo que traduce los manuscritos polvorientos en carne, aliento y emoción presente.
DEL MANUSCRITO A LA PIEL
Hacer Filología es necesario, pero hacer Teatro es urgente. La genialidad de esta edición de las Jornadas ha sido comprender que para entender a Lope, a Calderón, a Sor Juana Inés o a Tirso, a veces no hay que estudiar sus textos en el vacío, sino estudiar a quienes los hacen respirar hoy. La CNTC, en estas cuatro décadas, ha sido el mejor vehículo para esa magia. Cuarenta años no son nada en la historia de la literatura, pero son una vida entera para una sociedad que ha aprendido a escuchar en verso.
Gracias a esos cuarenta años de oficio, los «magos y magas de la palabra» ya no son bustos de mármol en las enciclopedias; son personajes que sufren, dudan, aman y nos interpelan desde el escenario del Corral. Y he ahí la semilla: la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico (JCNTC), actores y actrices menores de 30 años, que seguirán fructificando y creando nuevas semillas, para que el Teatro del Siglo de Oro siga siendo el legado más hermoso de unos años que no volverán.
Cuando una institución pública no sólo sobrevive cuatro décadas, sino que se convierte en el pulmón indispensable de nuestra memoria viva, el éxito es incontestable. La CNTC ha logrado que el verso no se perciba como un lenguaje arcaico o elitista, sino como una música natural que nos pertenece a todos. Haber dedicado estas XLIX Jornadas a analizar ese viaje —el de la palabra encarnada, el de los magos y magas del escenario que nos conectan con los genios de antaño— es el mejor preludio imaginable para el gran hito que vendrá el año que viene.
Las Jornadas se despiden este año, con la satisfacción de haber demostrado que la distancia entre el Siglo de Oro y el año 2026, no se mide en siglos, sino en los segundos que tarda un actor en romper el silencio, y conmover a todo un patio de butacas. Las luces de Valdeparaíso se apagan hoy, pero la cuenta atrás ya ha comenzado: en 2027, las Jornadas regresarán para celebrar su medio siglo de vida. Cincuenta años de pensamiento, rigor y pasión que, sin duda, volverán a demostrar por qué En Almagro la mente siempre supo guiar al corazón.
RAFAEL GONZÁLEZ CAÑAL
Es el Director de las Jornadas de Teatro Clásico, además del director del Instituto Almagro de Teatro: “Un Instituto que se creó cuando entró la Universidad de Castilla-La Mancha en el Patronato del Festival en 1992, en el patronato. Y lo hizo precisamente con el encargo de organizar estas Jornadas, y publicar las Actas de las jornadas cada año. Cosa que venimos haciendo puntualmente”.
“Las jornadas de este año han girado en torno a los 40 años de la Compañía Nacional de Teatro Clásico… En una fecha tan redonda, había que pararse y hacer un balance, analizando de lo que ha supuesto el papel de la Compañía, en la recuperación y difusión de los clásicos en todos estos años. Creo que el teatro clásico tiene muy buena salud en estos momentos, en parte gracias a la CNTC, también gracias al festival de Almagro y, desde luego, a otros festivales de clásicos surgidos en España, y que han conseguido que se pierda el miedo al teatro del Siglo de Oro, que ya no se considera algo anticuado, sino que está vivo realmente en los escenarios de hoy”.
Continúa González Cañal: “Hemos contado con 80 matriculados, y hemos podido disfrutar con la presencia de la mayor parte de los estamentos de la CNTC, como la directora actual Laila Ripoll, pero también con directores anteriores como Elena Pimenta y Eduardo Vasco. También hemos contado con Luciano García Lorenzo, que nos habló la primera etapa de la Compañía -y que fue director del Festival entre los años 1997 y 2004- años porque él tuvo mucha presencia en esos años de Marsillach, y fue asesor literario de la CNTC”…
“Luego hemos tenido, representantes de tres generaciones de actores, como Pepa Pedroche y Arturo Querejeta, actores de largo recorrido que han estado 30 años participando y colaborando en la Compañía… Los de otra generación intermedia donde están Eva Rufo y Mamen Camacho, que formaron parte de la primera y segunda generación de la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico, que se creó en la época de la dirección de Eduardo Vasco…
“… Y finalmente hemos contado también con 2 representantes del elenco actual de la última generación de la Joven Compañía, que han terminado la séptima promoción, y que estrenan en el Teatro Marsillach “El Escondido y la Tapada”. Ayer estuvimos en el ensayo general, y hoy hemos tenido aquí un coloquio sobre la obra, con la directora Beatriz Argüello y con 2 actores de este elenco, Sam Arribas y Zoé Dafonte”.
En Almagro está la segunda sede de la CNTC, creada en 1986. Pero, curiosamente, ese año coincide con la creación de la Universidad de Castilla La Mancha, por lo que en 2016 también estamos celebrando los 40 años de nuestra Universidad.
“De cara a la celebración del 50 Aniversario del Festival, habrá que festejarlo con toda solemnidad, echando la vista atrás y viendo lo que ha significado para el fortalecimiento del teatro clásico. Pero también para la ciudad de Almagro y la región. Que una ciudad de tan sólo 9000 habitantes sea hoy la más visitada de Castilla-La Mancha, tras Toledo y Cuenca, no es un hecho banal”. En segundo lugar, inmediatamente detrás de Mérida, es la manifestación teatral más importante de nuestro país. “Lo que ha convertido a la ciudad almagreña en un importante destino turístico. Y de eso, tiene mucha ‘culpa’ el Festival”.
Para 2027, con motivo del cincuentenario, “Intentaremos hacer un trabajo de recopilación, analizando lo que han sido también estos 50 años de Jornadas, con todas las publicaciones que aparecidas, y hacer una serie de índices y digitalizaciones, para que se pueda acceder fácilmente a todo ese material. Pero tenemos que estudiarlo con mucho detenimiento, dada la importancia que el hecho merece. Mientras, apostaremos para conseguir que el Festival dure al menos otros 50 años más”.
Con la realización de las Jornadas, ya hay publicadas 34 Actas, “Pero la colección llamada Corral de Comedias cuenta con 52 volúmenes, al haberse sumado Estudios y Actas de otros congresos. Y bueno, tenemos 52 volúmenes ya en la colección, lo que supone una de las colecciones más longevas de la Universidad de Castilla-La Mancha”.
Creemos que la Compañía Nacional de Teatro Clásico, en estos 40 años, ha cumplido con creces esa misión de ser el espejo donde nos miramos a través del tiempo. La Jornadas de Teatro Clásico de Almagro, en el filo del cincuentenario, creemos que también. Ampliamente, y con toda seguridad.
FUENTE:https://www.lanzadigital.com/festival-de-almagro/el-verdadero-big-bang-de-almagro-en-1978/
