POR PEPE MONTESERÍN CORRALES, CRONISTA OFICIAL DE PRAVIA (ASTURIAS).
Fernando Marrot nació en La Calzada en diciembre de 1952; conocido, entre otros sus papeles, por “El orfanato” (2007), “Hispania, la leyenda” (2010), “Camping Movie: El tesoro del pirata Cambaral” (2018), múltiples obras de teatro y un centenar de cortometrajes. Me había citado con él ante el Teatro de La Laboral y se quitó la careta donde las piscinas. Una amiga suya hizo las fotos: María Cabaleiro.
-¿En qué momento de tu infancia, cuando jugabas por La Calzada, descubriste tu pasión por ser actor?
-Pues sí, fue en La Calzada, y en mi propia calle donde nací, porque soy de La Calzada por tres generaciones; en el bar debajo de mi casa encontré por la noche a unos chavales y me retaron: «¿A que no te atreves a hacer una cosa?». “¿Qué hay que hacer?”. «Teatro; vamos a hacer una obra en el Ateneo de la Calzada”. Dije: «Bueno, pues si lo hacéis vosotros, lo hago yo».
-¿Qué edad tenías?
-¡Cincuenta años!
-¡Qué dices! Tardaste en dar con Melpómene y con Talía; o en encontrarte a ti mismo.
-Una casualidad. Y fui a hacer la obra con ellos, al Ateneo. No me acuerdo de la obra, sí del texto, era simplemente: “Hola, soy Facundo”. Y la otra frase: “Ah, ¿pero hay postre también?”.
-Lo habrás bordado.
-Sí porque después de actuar me dijeron: «En la próxima vas de prota». Lo fui, me vio una compañera profesional de teatro y ya está, así empecé. Y se disparó. Se disparó todo; de repente hice una obra de teatro, me llamaron para cine, para Garci hice un pequeño papel. Hice de todo y hasta zarzuelas.
-¿Y esos cincuenta años anteriores a qué los dedicaste?
-A muchísimas cosas. Fui estudiante de náutica sin quererlo, un mal estudiante, y mira, tengo 73 años y sigo estudiando. Algo así contaba Carlos Larrañaga, que trabajé con él y nos hicimos amigos; estudiaba Derecho pero me dijo que tampoco quería.
-¿Llegaste a embarcar?
-Sí, sí. Hice dos viajes en el buque Trasona, de 21.000 toneladas de desplazamiento. Fui a Noruega, a Narvik, y a Estados Unidos.
-¿Y lo dejaste?
-Con 21 años fui padre de un Fernando, un cambio total. La mar no es para casados. Y a los cuatro años tuve la segunda, Alejandra. Mi mujer tenía un gran puesto de trabajo y yo anduve por muchos sitios capeando el temporal.
-¿Por dónde?
-Trabajé en el canódromo y participé en negocios que no quiero recordar porque fueron todos ruinosos, hasta que tropecé con el teatro a los cincuenta años.
-¿Te jubilaste?
-No. Y nunca he cobrado paro ni ayuda familiar.
-¿Qué te interesa más, teatro, cine…?
-El teatro, debido a mi voz y a mi presencia escénica. Soy actor de teatro, por la voz, no me cuesta proyectar para que me oigan ahí arriba.
-Pero haces cine también.
-Por supuesto; por ejemplo, tengo más de cien cortos. Y ahora hemos ganado otro premio. (Se refiere a “Por amor al arte”, de Alex Corte y Adrián Neo. Los premiaron en el Arco Atlántico y depués ganaron el Festival de Ocio y Cine en Oviedo)
-¿Qué dijeron tu mujer y tus hijos cuando tomaste esa decisión de ser actor?
-Me apoyaron; además no les quedaba otra. Ellos son los serios, los formales y yo la oveja negra de la familia, pero de todas, de mi núcleo y de mi entorno.
-O sea que de niño nunca habías pensado en ser actor.
-No.
-¿Y cuáles eran tus sueños entonces?
-Quería ser torero.
-¡Dios! Pues tienes más aspecto de capitán de un mercante que de torero.
-Supongo que habrá influido mi abuelo; era muy aficionado y nos hablaba de toros. Y claro, si hubiera nacido en Cádiz todavía, o en Salamanca, o en Jerez, pero en Asturias, como no toreara una vaca lechera…
-¿Y eres aficionado a los toros?
-Lo fui; no tanto torerista como torista. Me encanta ver el comportamiento del toro porque en función de su encaste; no es lo mismo un toro de Santa Coloma que un toro de Saltillo.
-¿Nunca pediste algún papel de torero?
-No, no, en esta profesión se pide poco, hay que conformarse con lo que a uno le toque y en paz.
-¿Con qué personaje te quedarías de los que interpretaste?
-Con Ulises, rey de Ítaca, en “Ifigenia”. Pero los personajes son como los hijos, los quieres a todos por igual porque todos exigen mucho sacrificio. También en «El caballeru de la murnia figura», de Pedro Lanza; hizo una adaptación del Quijote y ahí hacía ocho personajes con distintos vestuarios, expresión corporal y distintas voces. Lo que sí me gustan son los personajes que se alejan de mi forma de ser.
-Cuando te bajas del escenario, ¿tardas en desprenderte del personaje?
-No, lo llevo a casa y actúo y vivo como él, mientras duren las funciones.
-¿Recomendarías a un ser querido que se metiera en esta profesión?
-Les diría que persigan sus sueños; los suyos, no los de su padre.
-¿Algún actor preferido?
-Los que hacen tanto tragedias como comedias. Y no me gusta que se encasillen. Yo, por ejemplo, llevo tres o cuatro cortos que me los paso llorando. ¡Oye! Dejad de llamarme para llorar; sé que lloro muy bien pero no quiero llorar, quiero hacer otras cosas.
-¿Con esa voz tan extraordinaria, hiciste doblaje?
-Sí, varias veces y me propusieron ir a Madrid pero dije no. Yo tengo presencia escénica, quiero que me vean y oigan entero.
-Oí que eres muy generoso con los jóvenes dramaturgos, que en ocasiones participas en sus obras de manera desinteresada.
-Es una forma de ser. Ando mucho con la gente joven, ¿sabes por qué? Porque tienen ilusión, que le falta a la gente mayor. Y lo que yo tengo, sobre todo, es ilusión por hacer las cosas. El día que me falte la ilusión no iré ni a pañar duros.
FUENTE:https://www.lne.es/gijon/gijon-oeste/2026/05/04/fernando-marrot-actor-gijon-dejad-129844098.html
