POR GOVERT WESTERVELD, CRONISTA OFICIAL DE BLANCA (MURCIA)
Relación de lo que he podido entender de esta gente por mi propia experiencia
Sin duda, padre Reverendísimo, averiguar con certeza lo que Su Majestad me ha mandado es una tarea muy difícil. Por un lado, he encontrado testimonios dignos de todo crédito, y yo mismo lo he experimentado. Esta gente, especialmente en el Valle de Ricote y en algunos otros lugares donde suelen tener el gobierno en sus manos, tiene muchos enemigos, ya sea por los castigos de los excesos cometidos por los cristianos viejos que viven en sus localidades, ya sea por competencias en los cargos públicos y en el gobierno, o por la codicia de querer quedarse con sus bienes mediante su expulsión.
De todo lo cual me he informado con certeza, y no falta quien dice que otras personas influyentes, por sus intereses particulares, ayudan mucho a la expulsión de esta gente. Por otro lado, los que están fuera de los lugares, especialmente los de la ciudad de Murcia, están muy interesados en que esta gente se quede, ya sea para abastecerse de ellos en sus granjas, ya por las rentas, diezmos y frutos que les corresponden (aunque la mayoría son de encomiendas), o por la piedad general que lleva a muchos a hacer el bien a los afligidos y a hablar bien de ellos. Por lo tanto, y dado que he vuelto a entrar en tierras y entre personas que antes no conocía ni había tratado, mi relación puede estar sujeta a los errores que suelen ocurrir en las diligencias humanas. Sin embargo, certifico a V.P. Reverendísima, en el tribunal de Dios y con la integridad de fidelidad y verdad que debo a mi Rey, que he puesto toda la diligencia que he podido y la que me ha parecido necesaria para la averiguación de este asunto. Considerando que, si por mi culpa consideraba buenos a quienes no lo eran, o malos a quienes sí lo eran, en un caso estaría actuando contra la fidelidad que debo a la Majestad Divina y humana, y en el otro, contra el honor, las haciendas y las almas de tanta multitud, lo cual me dejaría con una inquietud perpetua y un peso de conciencia imposible de satisfacer. Por esta razón, persuadí a todos los testigos que examiné para que, con la misma carga de conciencia, me dijeran la verdad.
Foto: Felipe III por Pedro Antonio Vidal.