POR FRANCISCO JAVIER ARELLANO, CRONISTA DE GUADALUPE (.ZACATECAS.MÉXICO)
Llegué a Ojocaliente buscando la tumba de Carlos M. Llaguno que falleció en la hacienda de San Diego de Alcalá, San Francisco de los Adame (Luis Moya) Zac. durante la pandemia del tifo que asoló a todo el estado de Zacatecas desde los años 1892 hasta 1920 aproximadamente. La información la obtuve en la comunidad “Esteban S. Castorena” de parte del Sr. José de la Riva Gómez.
– La tumba del hacendado está en el panteón de Ojocaliente, entrando a mano izquierda- me dijo
Hoy es 9 de abril del 2026. Es un día caluroso. Había estado buscando esta información desde hace tiempo con relación a la Hacienda. de San Diego y la hacienda de San Pedro Piedra Gorda, propiedades de Carlos Llaguno junto con la presa de San Pedro que pretendía almacenar 5 000 000 de metros cúbicos de agua para regar 1 000 has de ambas haciendas. Era un proyecto mega ambicioso de Carlos Llaguno que había comprado la hacienda de San Pedro (14 000 has) en el año 1905 al Sr. Pedro Fernández y pretendía hacer un emporio agrícola. Sin embargo, los proyectos tienen un condicionante de vida no asegurada. El hacendado Carlos Llaguno murió en la Hda. de San Diego durante la epidemia y en las aras de su proyecto. Su cuerpo fue velado en el zaguán principal de la hacienda de San Diego, según me contó el trabajador don Alfonso Arredondo.
Casi no fue gente al velorio porque era el tiempo de la epidemia del tifo. Los muertos se debían sepultar lo más pronto posible y eso lo sabemos con la pasada epidemia del covid 19 (2021). Después de la muerte del hacendado, su viuda Carmen Cansino y sus hijos formaron la Sociedad operaria “Carlos M Llaguno y Sucesores” para continuar con ese gran proyecto agrícola hasta el año 1937 que quisieron vender la presa al Gobierno Federal para la sobrevivencia del nuevo pueblo de San Pedro. (Ma. de Lourdes González Cabrera, “La presa de la Hda. de San Pedro Piedra Gorda” Boletín del Archivo Histórico del Agua, s/f).
Llegué al cementerio, entré por la puerta principal y vi que varios trabajadores estaban quitándose la sed con aguas amargas. Incineraban basura.
– ¿A quién busca?- me dijeron.
– Busco la tumba de Carlos Llaguno.
– Y ¿quién es ese?
– Es un hacendado, me dijeron que está entrando al panteón al lado izquierdo- contesté.
– Mmmmm…
Y uno de los trabajadores me acompañó a buscarla. Vimos varias tumbas por el pasillo principal, al lado izquierdo. No hay una tumba con ese nombre. Otro trabajador se integró a la búsqueda. Buscamos las tumbas de lápidas antiguas del siglo XVIII. Le hablaron a don Ismael Galván, trabajador jubilado y dice que está por aquí pero no la encontramos. Le hablaron por celular a don Efraín Flores Ramírez, trabajador que conoce el panteón como la palma de su mano.
– ¡Está ahí al lado izquierdo, junto a una tumba de azulejo!
La buscamos y no la hallamos. Sigo buscando y encuentro las tumbas de los Revilla, un apellido fundador de la hacienda de San Francisco de los Adame junto con los de la Riva y los Adame. Los cementerios son bibliotecas vivas con mucha información.
– Acá está- dijo uno de los trabajadores.
Acudí al lugar y vi la tumba. Es un lugar sencillo pero único. En la lápida está la información de Carlos Llaguno que nació en México en 1866 y murió en San Diego en 1910 a la edad de 44 años. Sobre la sepultura tiene un enrejado sencillo invadido de zacate y al pie está un monumento de arte figurativo que representa a la mujer y su hijo en brazos. Es una escultura cercana a los dos metros de altura.
Está hecha de granito que parece mármol. A primera vista parece una madona italiana pero ya cercano se puede pensar en una virgen; sin embargo, ahí los trabajadores la conocen como la estatua de “la chichita” porque la escultura tiene descubierto el pezón derecho.
Ellos cuentan que esta figura es una de tres estatuas muy importantes. No saben cuáles son las otras dos. Dicen que esta escultura tenía una corona de oro, en los ojos tenía dos diamantes y en su mano derecha tenía anillos de oro. Pero le fueron robados todos, incluso, cortaron los dedos de la mano para llevarse los anillos.
Es una tumba hermosa. La esposa Carmen Cansino y sus hijos: Guadalupe, María, Laura, Carlos, Beatriz, Carmen, Amalia, María del Refugio y la hija póstuma Soledad, todos Llaguno (ibidem) honraron la memoria de su padre construyendo esta escultura. Simboliza un poder económico y cultural de la época.
Hoy la tumba se encuentra un poco olvidada, destino fatal de lo humano y lo material. Rescato esta historia porque ese megaproyecto agrícola valía la pena y porque la estatua de la tumba debe preservarse y cuidarse, sino de los Llaguno, en extinción en este lugar, sí del Municipio. Quizá muchos habitantes la conocen como la estatua de “La Chichita” pero no conocen la historia de aquellos hombres y mujeres que amaban el arte. En el cementerio de “La Purísima” de Guadalupe, Zac. hay otra escultura de la misma época, es una estatua de mujer cargando un niño y está dedicada a la memoria de la esposa del Gral. Jesús Aréchiga que fuera Gobernador de Zacatecas. Son hermosísimas ambas esculturas.
Hace como 20 años, soñé mi muerte y pensé en una estatua igual figurando a la diosa Calíope, musa griega de la poesía, que fuera puesta sobre el columbario, sobre la estela de mi tumba, representando la fecundidad, el amor a la tierra y a la belleza de la palabra. No la quiero con moño, aunque sea de cantera de Carrara.
Cerca de las 4 de la tarde del citado día, me despedí de los trabajadores del panteón (Juan Carlos Parga, Mario “El Carrujo”, Ángel Rodríguez, José Luis “El Pelayo” . Invité una tanda.
– Vuelva cuando quiera, aquí le ayudamos- dijeron
A mí también se me antojó un agua amarga para mitigar la fuerza de este sol de primavera y para festejar mi hallazgo. Creo que me la merezco. (Luego les contaré el matrimonio de Carmen Llaguno Cansino en la hacienda de San Diego en 1925 y co dueña del castillo Douglas de Aguascalientes)
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