GUÍA DE UN VIEJO HORTELANO CALAMOCHINO
Abr 30 2025

POR JESÚS MANUEL LECHÓN MENÉNDEZ CRONISTA OFICIAL DE LA VILLA DE CALAMOCHA (TERUEL)

Cuando dejaban de caer, ya encaminado febrero, los hielos más gordos mi padre iba pensando en labrar el hortal, así que mandaba recado a uno y otro de que cuando pasasen por el Ventorrillo de la Serrana (Lugar donde antiguamente había una venta de entrada al pueblo, de hecho aun se puede ver el camino empedrado) y si el tiempo dejaba se lo labrasen dejándolo listo para sembrar un año más. Antaño mi abuelo lo labraba con el macho, luego lo haría Perico y llegados ya los ochenta, alguna vez Antonio el Mocete con aquella yegua, portento de naturaleza, luego ya empezó a entrar la maquinaria, el amigo Joaquin el Malaco con el Pascali, Inocencio el Albardero y ya de parte tarde Feliciano, y alguno mas que olvido. El huerto dejo de cultivarse diez años atrás, mi padre llegados los ochenta debió dejarlo a causa de la edad, la falta de fuerza y las cien mil plagas nuevas que lo asolaban cada año, todo era sulfatar y sulfatar

Algunos años había dejado un cornejal ya con los ajos sembrados antes de navidad y los hielos, aquellos que helaban hasta el Santo Cristo, y puesta una hita para que el tractor no los labrase, y estos, a su marcha, nacían cuando barruntaban que el frio se acababa

El huerto nos daba de comer a nosotros cuatro, las gallinas, los tocinos. Teníamos más que suficiente para dar y regalar a quien por allí pasaba en el momento justo, mas parientes, veraneantes, agosteros, valencianos… “Ven, que te doy verdura, decía mi abuela, y te la llevas a Valencia, total se la iba a echar a las putas de las gallinas, pero mejor para ti, las pobres están ya aborrecidas” Lo mismo que nosotros.

No tanto por cómo va el tiempo hoy en día, sino por lo buena de la simiente y planteros prácticamente el huerto podría estar activo todo el año, pero sin el sol que toca, el sabor nunca será el mismo, nunca sabrá igual un tomate en agosto en medio de la calorina que en octubre camino de todos los santos con el sol a escape. Así que vamos con el ciclo natural, sin plástico, sin invernaderos …

A la hora de sembrar o replantar, la sabiduría popular dice que tras años y años, décadas de esto y lo otro hay que hacerlo siempre con simiente o plantero comprado, la cosecha siempre será mayor que si nos guardamos simiente de un año a otro por decir que es nuestra… lo experimentos con gaseosa… “no hay nada como la simiente comprada” sentenciaban los hortelanos y razón no les faltaba

“Calamocha tiene la mejor tierra del mundo” decía un abuelo, mientras a escape otro sentenciaba “nos merecemos tener el clima de Valencia”

Nada más labrar el huerto febrero, marzo a escape llega la primavera:

Prácticamente el ciclo vegetativo, plantar-cosechar es un mes, cuarenta días

Como la tierra mantiene el tempero, se sembraba sin más, de estar seca, al sembrar, había que regar agarrar una caldereta, un viejo rojeador de metal que ya no se anda para, por que mi padre lo debió de ablentar todo, las viñetas valencianas, esas del mango largo de mal trabajador que le regale y nunca uso, incluidas, echando un poco de agua en el hoyo y luego enrunar. Luego para esos menesteres mi padre puso agua corriente en el huerto, es decir una manguera en al que en un extremo habia puesto un envasador sujeto al suelo de la acequia, luego aspiraba, llenaba la manguera y con paciencia regaba, lo cual era mejor que acarrear pozales.

Al dejar de cultivarlo, ahora lo recuerdo se lo dejo a Cosan, Hussein, el amigo que le ayudaba con todo, pero tuvo que desistir de la idea de cultivarlo pues el trabajo en la construcción y la familia le impedían disponer del tiempo necesario. Y ya si en verano te bajas a Marruecos a ver a la familia, todo se abandona

Y es que el huerto requiere en los dias de verano de una presencia casi diaria, y de un  par de riegos cada semana… quitar hierbas, cosechar, … mi padre se bajaba del camion y nos íbamos al huerto hasta entrada la noche, una vez aviado, llegaba lo mejor, el capazo con unos y con otros pues todo eran huertos y al final, se charraba mas de lo que se trabajaba, el alterne estaba asegurado, las noticias corrían, que si este no aparece, que si aquel lo tiene seco, que si es un haragán, vago mal trabajador, en el Chato estará…si lo viera su padre le iba a dar una paliza como a un macho.

Habas. Con un surco de habas, con una docena y media es suficiente, darán dos veces flor, y ya para gustos el dejar el grano mas o menos gordo, comerlas a lo valenciano con sal y crudas o guisarlas con algo de zarrapota como hacia mi abuela, para eso deben ser tiernas

Tras la segunda florada, se deben cortar y dejar a la altura de un palmo o incluso menos, entonces retoñaran, darán flor y podrás coger de nuevo

Las habas siempre iban de la mano de los bisaltos, tirabeques o guisantes, todo un manjar, sembrar igualmente un surco, y una vez se sequen arrancar

Y cuando los hielos de primavera te lo dejen todo negro, quemado, pues borrón y cuenta nueva, se vuelve a plantar… paciencia, luego vendrán las tronadas y el predisco… lo que no vendrá será la lluvia acida de la central de Andorra que asolo los hortales décadas atrás a decir de los sabios

En aquellos años, vive dios que todo era mas sencillo, y solo había dos clases de patatas: La temprana, o blanca o Turia y la tardía o roja o Desidere que mi padre solía traer para todo el pueblo con el camión del pienso de Matinsa desde el noble pueblo de Alcoroches en la vecina Guadalajara. Yo fui en algún viaje de eso y campe a mis anchas por los sacos almacenados…

Así en abril sembrábamos 5 kg de patatas tempranas, habia que cotarlas dejando unojo solo en cada gajo, asi de cada patata a veces lo mismo sacabas tres que cuatro, confiando en que lloviese y naciesen o todo lo contrario en que no lloviese demasiado y se pudriese. Asi Perico decía que un amigo en la mili, un amigo gallego le comento que habia que sembrarlas en la tierra sin tablear, dejando un corro una vez labrado, sin aplanar, es decir, donde habia terrones, pues asi el agua no hacia la maleza que hace si la tierra esta cribada y uniforme. De esta forma en torno a Santiago, por aquellos años fiesta, teníamos ya patata nueva para comer y San Roque.

Un poco después sembrábamos la roja, la tardía, unos 25 kg con lo cual teníamos ya patatas para todo el año. Las patatas una vez nacidas y agarradas con fuerza se regaban cada dos semanas. Así que invariablemente el día San Roquico si o si había que regar. Siempre con poca agua, que no corriese mucho y se embotase bien, sembradas a lo caracol era lo mejor aunque de parte cuando ya las fuerzas escaseaban, recordar que siempre las sacábamos con la azada, mi padre sembraba cuatro surcos a lo largo y luego corría la voz y uno y otro con el tractor y la maquina las sacaba, casi siempre el día del Santo Cristo pues sabia que nosotros estábamos alli.

Y una vez que dan el mango y se seca la patatera, ya se pueden recoger… Eso si, el gusano de la patata que trajeron los americanos, campaba a sus anchas y había que sulfatar cada dos por tres, teniendo cuidado de no hacerlo en flor, y ahora estos últimos años, el taladro, el gusano que ataca la patata bajo tierra, termino de joder la cosa a decir de mi padre, se echaban unos polvos a la tierra a la hora de sembrar, se trataba la simiente y que si quieres arroz catalina. Una jodienda. Yo todo era llevarle productos, de los buenos, de los prohibidos, y nada… una odisea, además las generaciones anteriores nunca oyeron hablar del punto de saturación, asi que si la dosis decía 10 gr por litro, se ponía lo mismo 20 que 30 y ni aun asi acaba mi padre con los múltiples invasores que le llevaron por la calle de la Amargura los últimos años

Ya nadie cría patatas como las de antes, ni aun las compradas se guardan más de dos semanas y hay tantas variedades, que a veces uno se queda paralizado frente a los estantes y dice a cáscala, las mas baratas, que total es tirar el dinero y el sabor aquel no lo voy a encontrar. Vamos que hace años que no me como unas patatas fritas como dios manda, ni creo ya que viva lo bastante para hacerlo

Recogidas las patatas se bajaban a la bodega y se les echaban unos polvos blancos buenísimos que comprábamos en la cooperativa, que por supuesto hace años prohibieron, para evitar que se grillasen y se conservasen hasta el verano siguiente. Lo mismo que prohibieron los polvos con los que se secaban los jamones, esto si que fue una tragedia, pues además de secarlos y conservarlos le daban un sabor…. Redios, que pena todo.

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