HOY, DÍA INTERNACIONAL DEL MUNDO CAMPESINO
May 15 2016

POR JOSÉ ANTONIO FIDALGO SÁNCHEZ, CRONISTA OFICIAL DE COLUNGA (ASTURIAS)

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Ignoro quién fue el promotor de la idea, si la ONU, si la FAO, si la UNESCO, si la OTAN, el CERN o el CSIC… (esto de las siglas es un totum revolutum curiosísimo y siempre aciertas citando alguna), pero una cosa es cierta: hoy, 15 de mayo, festividad de San Isidro Labrador, «alguien» lo ha declarado como DÍA INTERNACIONAL DEL MUNDO RURAL, al que yo prefiero denominar MUNDO CAMPESINO.

Aquel castigo bíblico impuesto a Adán y a Eva, pecadores ellos, que fue la obligatoriedad del cumplimiento del Segundo Principio de la Termodinámica (conversión de energía en trabajo mecánico y producción de calor) bajo el enunciado de «ganarás el pan con el sudor de tu frente», fue el germen de la actividad agrícola, ganadera, cazadora y pescadora.

La humanidad primitiva y la del siglo XXI -en esto no hemos cambiado- necesitamos, para nuestro sustento, de los productos que nos ofrece la naturaleza; productos que solamente una ciencia empírica enseño a quienes los cultivan, los trabajan, los miman con ese entusiasmo que da el laboreo del campo.

El campesino, el hombre que vive pegado a la tierra y se confunde con ella, sabe cómo y cuándo sembrar y recolectar (que si en luna menguante o en luna creciente) aunque ignore el porqué; acierta en la predicción del tiempo observando las nubes y la retorno de las gallinas al gallinero; y exige que las señoras «con la regla» no entren donde se amasa el embutido, se corcha la sidra o el vino o se trabaja la cuajada para el queso.

El refranero es su libro de texto y la experiencia, su ciencia.

El campesino ama a la tierra y lucha «contra ella». Es lucha contra un trabajo duro, fatigoso; un trabajo que «apura» en fechas muy concretas y al que hay que atender.

Y el campesino, en su capacidad de adaptación, también sabe de convivencias vecinales, de fiestas, de descansos, de romerías.

Y sabe, ¡cómo no!, de una cocina sencilla, pero sustanciosa. Como decimos en Colunga, de una «cocina que FURNA»; es decir, que alimente.

Una cocina SUSTANTIVA, sin adjetivos ni esdrújulos.

Sin «modernidades innovadoras».

Evidentemente, el campesino de hoy no es el del ayer.

La mecanización impone su ley y su comodidad.

El «llaviegu», el «rastru» y la «gradia» dieron paso al tractor que lo hace todo; la «guadaña», los «fierros de cabruñar», el «cachapu y la piedra de afilar», el «angazu» y la «traenta»… son los grandes ausentes en las labores de siega… Sí, es otro mundo; pero la estampa campesina sigue presente en nuestro tiempo.

En su recuerdo prepararemos un guiso de FABES ROXES CON TUCU, OREYA Y TOCÍN.

Tras un remojo en agua durante 10-12 horas, ponemos las alubias (fabes roxes, en este caso) en una cazuela con cebolla picada en fino, pimiento verde y rojo en trozos pequeños, pimentón dulce extremeño y aceite de oliva.

Rehoga todo junto durante unos momentos y se le suma un hueso de jamón («tucu»), una oreja de cerdo troceada y unos trozos de tocino entreverado o de panceta (todo esto habrá estado en remojo de agua para desalar).

Se añade caldo o agua… y a cocer a fuego mediano en hervores permanentes.

Conviene remover de vez en cuando agitando la cazuela y, si se precisa, añadir algo más de caldo o de agua.

Al final de la cocción se rectifica de sal.

Reposa y se sirve bien caliente.

NOTA

Hay quienes en vez de oreja ponen manos de cerdo («uños»); y otros… ponen las dos cosas.

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