POR MIGUEL ROMERO SAIZ, CRONISTA OFICIAL DE CUENCA.
No es Ana Belén Rodríguez una desconocida en absoluto para los lectores conquenses de novela. Ha publicado con éxito de público y crítica varias novelas –Donde acaban los mapas (2013), Gustavo Adolfo y el misterio de los esqueletos andantes (2014), Todo mortal (Premio Mujer al Viento, 2015), El joven Bécquer (2016), El mensajero sin nombre (2018), Yo soy Greta Garbo (2020), La estética de los nadadores (2020)…– además de relatos, cuentos, poesía y ensayos.
Pero es cierto que su última novela, Impertérrita, que ha ganado el Premio de Narrativa Cuenca Histórica 2026, y presentada la pasada semana en el Salón de Actos de la Diputación conquense ante numeroso y distinguido público –entre ellos el alcalde de– es una novela redonda, excelente, que, tal y como está narrada, engrandece el alma y aumenta la devoción hacia Cuenca.
Ana Belén Rodríguez, que estuvo flanqueada en la presentación de la novela por Miguel Romero Saiz y Pilar Gómez Couso, además de la editora de Palabras de Agua, destacó en sus palabras que la novela no es más que un gran homenaje a Cuenca y a su historia.
La historiadora se mostró muy agradecida por el premio recibido, enfatizando que escribiendo novela e historia fundamentalmente busca la felicidad y transmitir parte de su mundo interior, siempre desde la emoción y así emocionar a sus lectores. Belén dejó claro que no hay que disociar ninguna de sus dos facetas literarias, la de novelista y la de historiadora, pues en las novelas consigue sin fisuras dotar a sus personajes de alma y, como historiadora, realiza un trabajo serio y profundo, además de documentado, que trasciende en textos de auténtica «memoria histórica».
Esta novela aúna con evidente y lograda ambición enlazar ficción e intriga con la historia heroica y turbulenta de Cuenca. El estilo literario de Ana Belén es como un sable que solo brilla cuando se ha batido ya en muchas batallas.
Impertérrita es una novela que lleva al lector a un ritmo trepidante, aunque en absoluto se aleja de reflejar, como ducha historiadora que es, los avatares más arraigados de la historia de Cuenca y sus gentes, desde la reconquista alfonsina hasta la guerra civil, pasando por los conflictos de las comunidades o la toma de Cuenca por la carlistada…
La novela, además de la trama narrativa e histórica, permite seducir al lector al incorporar el misterio que surge con la localización de una sepultura medieval durante unas obras de restauración en la Catedral conquense, que conducirá al esclarecimiento de un secreto que Cuenca atesoraba en la sombra y en el tiempo.
Ana Belén nos ofrece con su magnífico texto la ebriedad de lo conquense, la historia, el paisaje, los monumentos, los personajes, como una coartada para que aparezca de nuevo, encarnado en todos y cada uno de nosotros, el orgullo de sentirnos irremediablemente conquenses…
Sin desentrañar la novela para que los muchos seguidores de Belén la disfruten e incluso la devoren, reproducimos el texto de la solapa del libro para abrir boca:
Durante las obras de conservación en la Catedral de Cuenca, la joven restauradora Esther Riega descubre una cavidad desconocida tras uno de los muros. En su interior se encuentra un antiguo sepulcro de piedra que contiene el cuerpo momificado de un caballero medieval de quien no hablan las crónicas.
La investigación nos trasladará entonces hasta 1177, durante las últimas semanas del asedio de la medina almohade de Qunka por las tropas de Alfonso VIII de Castilla. Tras la conquista comenzará a forjarse una historia destinada a atravesar los siglos, vinculada a la memoria de la ciudad y a quienes asumieron la responsabilidad de protegerla.
Guerras, revueltas, epidemias, invasiones, y saqueos pondrían a prueba generación tras generación una tradición que deberá sobrevivir en silencio.
