JOSE DIONISIO COLINAS: «NO HAY NI UN ARCO, TODO ES NOCHE»
Feb 20 2018

COLINAS, CRONISTA OFICIAL DE BAÑEZA (LEÓN) ACABA DE PUBLICAR UN LIBRO QUE DOCUMENTA LA HISTORIA DEL DESAPARECIDO CONVENTO DE CARMENLITAS DESCALZOS

El convento de Carmelitas Descalzos de La Bañeza cuando aún se conservaba algunas de sus tapias y paredes, en la actualidad ya no hay absolutamente nada en pié.

Allí, encima de la calle Convento de La Bañeza hay una explanada, y en esa explanada hubo un convento. Pero hoy, en el presente, no hay ni un arco, ni un muro, ni una columna… no hay nada. Todo es noche. A pesar de esto, José Dionisio Colinas, como el búho de la mitología, ha levantado el vuelo y lo que ha visto lo ha plasmado en estas páginas».

Con estas palabras del prólogo del libro que nos ocupa explica Jerónimo Martínez el trabajo del cronista oficial de La Bañeza, José Dionisio Colinas Lobato, para que vea la luz el libro que ha titulado ‘El convento de Carmelitas Descalzos de La Bañeza’, que ya ha llegado a las librerías y que, ya se ha dicho, hoy no es nada pero hubo «un convento con su huerta, su claustro, su capilla, su cementerio, sus lugares de trabajo y sus fincas de labor».

El autor recoge incluso, con nombres y apellidos, quiénes lo habitaban, de donde procedían…

La huella de los restos del edificio se pierde en la Desamortización, fueron vendidos Repasando las casi 350 páginas del volumen de Colinas Lobato se comprueba el ingente trabajo y los numerosos datos e historias sobre un lugar olvidado y perdido para siempre. Reconoce que han sido muchos años recogiendo datos y notas «sobre un lugar que siempre me había interesado. Un día aparecía algo en un archivo, en un artículo…». Hasta el libro, aunque sí lamenta que la gran mayoría de los datos haya tenido que rastrearlos en archivos de León o Madrid; «cuando tuvimos en nuestra tierra el Archivo del Adelantado del Reino de León, y no nos quede prácticamente ninguna información».

No era nada fácil la labor investigadora del cronista oficial pues, dice, se trataba de una época bastante remota y no quedaban restos de la edificación que nos permitieran saber algo más de esta docta casa de gran vitalidad cultural y religiosa, desde 1592 hasta 1835, en el que se hace el inventario de las rentas, papeles y efectos que tenía»

Sobre el origen del Convento se muestra convencido de que es fruto de la conocida labor de expansión de la Orden de Carmelitas Descalzos que fundara Santa Teresa de Jesús con el apoyo de otro grande de nuestras letras, San Juan de la Cruz, y en este caso, con el empeño del padre Fray Gregorio Nacianceno y la ayuda del Conde de Miranda y otros benefactores, como Sebastián López de Herrera, Juan de Herrera, Juan de Herreras (o Ferreras), Genara Carrillo, Isidora Moreno, Francisco Carro, entre otros».

La ausencia absoluta de restos del edificio hacía complejo incluso documentar el lugar exacto donde se ubicaba el Convento, que Colinas sitúa «extramuros del burgo de nuestra villa de La Bañeza, en un elevado paraje llamado El Paramito, desde el cual seguramente los monjes se podían encontrar más cerca de la soledad y de Dios». Y explica que es difícil la ubicación exacta pues por medio hubo luchas con otra órdenes religiosas. Se sabe tuvo su sede inicial en el llamado Hospital de la Vera Cruz en 1595.

Pero, dado el mal estado que presentaba este recinto, las autoridades de la época le buscaron otro espacio extramuros, en el citado paraje de ‘El Paramito’».

El edificio y los bienes

Siguió José Dionisio Colinas, al margen de la historia del Convento, el destino del edificio y también el de algunos bienes de gran valor que había en él, siendo una curiosidad algo más que anecdótica que hubo cartas de la propia Teresa de Jesús.

Entre las joyas perdidas hay cartas de Santa Teresa de Jesús y un manuscrito de San Juan de la Cruz El edificio (sus restos) llegó hasta la Desamortización de Mendizabal y recuerda el cronista oficial que «tanto el solar como la huerta fueron subastados y comprados por Eugenio Gutiérrez, que posteriormente los fue vendiendo por partes, como solares, hasta propiciar la formación del barrio de San Eusebio, precisamente conocido por barrio del Carmen. Estos pasos supusieron la desaparición total del Convento como tal, sus piedras andarán por ahí».

La otra parte eran los bienes. Algunos también se perdieron pese a su incuestionable valor, como las citadas cartas de la santa o el libro manuscrito La subida al Monte Carmelo, de San Juan de la Cruz, que el padre Domingo de la Madre de Dios trajo a La Bañeza en 1627». También desaparecieron cuadros, buena parte de la rica imaginería…

Otros bienes han corrido mejor suerte. Joyas como Orisgonta, puede contemplarse en el Museo de León; la talla de La Piedad, del gran Gregorio Fernández, sigue en La Bañeza, en la Iglesia del Carmen, así como una Santa Teresa que algunos atribuyen también a Gregorio Fernández, pero sin absoluta seguridad.

Son los restos de un naufragio, que ahora cuenta con una nueva joya que también está en La Bañeza, el libro de José Dionisio Colinas. Fulgencio Fernández

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