JOSÉ VALVERDE DÍAZ, SOCIO DE HONOR DEL REAL CASINO DE MURCIA: «SI FUERA ALCALDE PONDRÍA MÁS BANCOS EN TRAPERÍA Y PLANTARÍA ÁRBOLES»
Sep 02 2015

POR ANTONIO BOTÍA SAUS, CRONISTA OFICIAL DE MURCIA

José Valverde posa junto al piano en el Casino. / J. C. CAVAL / AGM
José Valverde posa junto al piano en el Casino. / J. C. CAVAL / AGM

Revolotea un gorrioncillo en el Casino, recortado su vuelo por los claros azules del patio, acaso buscando algún vidrio quebrado que le devuelva la libertad. Más abajo, José Valverde Díaz, con cierto aire de suficiencia, coloca sobre una mesa su estuche de lápices y unos tiques de compra. A José, quien parece entretenido en calcular los importes, le llaman don José. Y a él le gusta escucharlo. Es uno de los pocos socios del Casino, esos prohombres que apartan con disimulo sus diarios para ver pasar a las mozas frente a la pecera, que atesora el título de Socio de Honor. Pequeño, sonriente y ágil a sus 70 años, José, al contrario que el pajarillo, supo hallar el hueco en el cristal. Pero hacia el interior del Casino. Dentro encontró la libertad. No le pregunto si tiene un mote. Porque estoy hablando con un señor.

-Usted fue distinguido como Socio de Honor del Casino.

-Exacto. Me causó mucha alegría. Fue el día 23 de septiembre de 2010.

-Buena memoria tiene.

-Es que me hizo ilusión.

-¿Y eso sirve para algo, aparte de para elevarlo de los socios llanos?

-(Lo dice sin dudar un instante antes de reír). Sirve para no pagar la cuota.

-Es muy popular en la Semana Santa murciana. ¿Qué cofradías le gustan más?

-La que me encanta es la mía, claro: la Esperanza de Domingo de Ramos. Allí fui penitente desde 1978. Y regidor desde 1985. Pero también me gustan las procesiones de Miércoles, Viernes y Lunes Santo.

-Lunes Santo por su barrio, que es San Antolín.

-Allí vivo.

-Encima de la taberna de Luis, el de la Rosario, el de la cebollica, la anchoa y el vermú.

-(Se muestra sorprendido y explota en una carcajada). ¿Cómo sabe eso?

-Y también sé que en su puerta le colocó el Ayuntamiento una placa que reconoce su popularidad.

-Pues también me gustó mucho. Aquello fue cosa de José Barba Mirete, que era presidente de la Esperanza. Se lo dijo al alcalde y, bueno, como tengo tantos amigos… Apunte usted a Ramón Sánchez, el del Casino, que es el mejor. Y Miguel Ángel, Loli, Sol, Cristina, Sara… Y Emilio, el conserje.

-¿Qué haría usted si fuera alcalde?

-Mire. Permítame, permítame. (Usa José mucho esa expresión, que pronuncia con un ademán de educación antigua). No me gusta la política. La política es hablar, hablar, hablar… ¡Para qué tanto hablar! Son pantomimas…

-Pero, ¿si lo eligieran alcalde?

-(Cierra los ojos y suspira. No se piensa la respuesta). Pondría bancos de madera en Trapería y Platería. Y plantaría árboles, que hace falta sombra.

-¿Qué le gusta de la ciudad?

-Todo.

-Habrá algo que más…

-Disculpe. (Con el mismo tono del anterior «permítame»). Me encanta el santuario de la Fuensanta. Le tengo devoción a la patrona. Y la huerta.

-O lo que queda de ella.

-De esas cosas no sé. También disfruto mucho con el Festival de Folklore del Mediterráneo. (Acierta de pleno el nombre y parece que fuera a añadir hasta la edición).

-¿Y qué no le gusta?

-(Tuerce el gesto. Lo que va a decir, realmente, no debe gustarle). ¡Los castillos de fuegos artificiales!

-¿Por que razón no le…?

-Es que los odio, señor. Y no es porque me den miedo. Es que hacen mucho ruido. Deberían tirarlos todos en La Glorieta. Pero no, llenan la ciudad de ruido.

-Así que no le gusta el ruido. Tampoco el tráfico, supongo.

-(Piensa). No. El tráfico es inevitable. Hay que ir de un sitio a otro. Pero los fuegos artificiales… (Mira hacia la ventana y entorna los párpados)… Ponga ahí que envío un saludo a mis amigos María, Pilar, Antonio y José, del Grupo Bianca. Escriba, escriba…

-Descuide, ¿Pero cuántos amigos tiene usted?

-Muchos. Por ejemplo, en el bar Fénix están Juanjo y Pablo.

-¿Qué le entretiene?

-Me gusta escribir y llevar mis cuentas. A veces, veo la televisión. Me gustaba la serie ‘Ley y Orden’, pero la han quitado hace poco.

-Se le ve ordenado, sí.

-Pues hablando de eso. Tengo que marcharme. Suelo comer a las dos y faltan diez minutos. Buenos días.

-Y decidido baja las escaleras del Casino, sin olvidar despedirse antes del portero.

Fuente: http://www.laverdad.es/

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