POR JOSÉ ANTONIO AGÚNDEZ GARCÍA, CRONISTA OFICIAL DE MALPARTIDA DE CÁCERES (CÁCERES).
Celebraron hoy los seguntinos a su patrona, La Virgen de la Mayor. La llaman así porque esta imagen, originariamente románica, presidió el altar Mayor -de ahí el nombre- de su catedral hace ya ocho siglos.
Desde entonces se le rinde gran devoción y culto. Recordó el obispo esta mañana en una misa a la que asistieron el cabildo catedralicio, la corporación al completo, mayordomos de hermandades y hermanos de la Cofradía, además de numerosos fieles, algunas visicitudes histórica por las que debió pasar la talla a lo largo de este largo periodo. Entre ellas, que en el siglo XIV algún obispo de Sigüenza de los muchos que han sido, mandó revestir la imagen de plata para ocultar su deterioro, por lo que comenzó a llamársele «La Blanca», nombre que no prosperó pues el pueblo continuó llamándole de «La Mayor». Y así fue hasta que en 1809, en plena Guerra de la Independencia, obra de la codicia y la falta de respeto al patrimonio y a la fe, fue despojada de la plata que la recubría y tirada al fuego.
Sólo una valiente devota puso en peligro su vida para salvar la imagen, queriendo ser impedida tal acción por el sable de un gabacho que con un impreciso mandoble sólo pudo dañar con un rasguño la mejilla de la Virgen. Así lo dicta la tradición. Aunque se han emprendido posteriores labores de restauración, siempre se quiso dejar abierta la llaga producida por el francés, como testigo del devenir de la historia y como símbolo del dolor y el llanto de la humanidad sufriente que guarda la Madre.
Lamentablemente, se ha tenido que suprimir esta tarde debido a las circunstancias impuestas por la pandemia, una Procesión de Faroles que pondría el colofón de estas celebraciones, procesión que por su espectacularidad y fervor mereció en 2005 su declaración como Fiesta de Interés Turístico Regional. Otra vez será.
