POR MANUEL POGGIO CAPOTE, CRONISTA OFICIAL DE SANTA CRUZ DE LA PALMA (TENERIFE).
La restauración del Libro de la Esclavitud de Nuestra Señora de las Nieves, cuyas primeras inscripciones datan de 1681, constituyó uno de los trabajos más complejos y delicados afrontados por el prestigioso Centro de Conservación y Restauración de Documentos Gráficos de La Palma. Se trata de un Centro dependiente de Cabildo Insular y de su Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico que lleva activo ininterrumpidamente desde su apertura en octubre del año 2001. Recordemos que ha sido galardonado con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes 2023. Se trata de un alto reconocimiento concedido por el Ministerio de Cultura y Deporte que pone en valor la dedicación y el esfuerzo de este centro de conservación, restauración y difusión del patrimonio documental de La Palma y Canarias.
Efectivamente, el histórico volumen presentaba un estado de conservación extremadamente deficiente, consecuencia de siglos de deterioro acumulado.
El Libro de la Esclavitud restaurado
El Libro de la Esclavitud tras la restauración, hoy en el Museo de Arte Sacro.
La intervención exigió un extraordinario esfuerzo técnico y científico para rescatar un documento de incalculable valor histórico que se encontraba al borde de su desaparición. Gracias a esta labor fue posible garantizar su conservación y evitar la pérdida definitiva de una de las piezas documentales más importantes relacionadas con la historia de la devoción a Nuestra Señora de las Nieves.
El libro restaurado fue presentado públicamente en una conferencia-exposición celebrada en el Palacio Salazar de Santa Cruz de La Palma con motivo de la conmemoración de la Bajada de la Virgen de 2010. Asistieron los técnicos especialistas Verónica Ojeda Jiménez y Manuel Cubero Cid, quienes ofrecieron una detallada explicación sobre el proceso de restauración de esta pieza de extraordinario valor.
El informe técnico elaborado por el equipo restaurador señala que la obra ingresó en el laboratorio en un estado verdaderamente crítico. El volumen presentaba un avanzado proceso de degradación causado tanto por agentes externos como por factores intrínsecos derivados de los propios materiales empleados en su fabricación.
La encuadernación original y buena parte del cuerpo del libro habían sufrido importantes pérdidas de soporte y daños de carácter irreversible como consecuencia de la humedad persistente, el ataque de microorganismos, insectos bibliófagos, roedores y de una manipulación incorrecta acumulada durante siglos.
Estado inicial del Libro de la Esclavitud antes de la restauración
Estado en que llegó el volumen al taller, tras siglos de deterioro acumulado.
A estos daños se sumaban otros igualmente graves provocados por la naturaleza de las tintas ferrogálicas utilizadas en su escritura. La elevada concentración de hierro presente en ellas actuó con el paso del tiempo como un potente agente corrosivo, llegando a desintegrar por completo numerosas zonas del papel. La acción conjunta de estas tintas con la humedad aceleró considerablemente el proceso de deterioro, mientras que su avanzado estado de oxidación generó una elevada acidez que incrementó aún más la destrucción del soporte documental. Todos estos factores explican el deficiente estado de conservación que presentaba la obra después de más de tres siglos de existencia.
Verónica y Manuel explicaron que esta restauración requirió un proceso largo, meticuloso y de gran complejidad, desarrollado a través de numerosas fases de intervención perfectamente planificadas.
El trabajo comenzó con el estudio, análisis, diagnóstico y documentación individualizada de cada uno de los elementos que integraban el volumen. Posteriormente se procedió al desmontaje de la encuadernación, la limpieza mecánica y la reconstrucción de las hojas dañadas.
El cuerpo del libro presentaba, además de las grandes pérdidas de soporte, un acusado «efecto ladrillo», provocado por la adherencia entre las hojas como consecuencia de la humedad y de la degradación de las tintas. La separación de cada folio exigió una intervención extremadamente lenta y delicada, llegando a invertirse hasta dos días de trabajo en la recuperación de una sola hoja.
Entre los tratamientos más significativos realizados durante el proceso destacan la limpieza acuosa del papel, la desacidificación destinada a neutralizar su elevada acidez, la reintegración mecánica del soporte mediante pulpa elaborada con fibras de lino y algodón —de características similares a las del papel original—, la consolidación estructural de las hojas, su laminación, alisado y posterior montaje. Igualmente se reconstruyeron la costura, los nervios y las cabezadas del volumen, culminando la intervención con la recuperación de la encuadernación en piel, realizada con materiales de naturaleza semejante a los originales, respetando tanto su aspecto histórico como su función esencial: proteger y garantizar la adecuada conservación del contenido documental.
Estas actas constituyen un testimonio excepcional de la historia religiosa de La Palma. En ellas se conserva el reglamento interno redactado por los primeros devotos de la Patrona insular y el reflejo documental de una institución que desempeñó un papel fundamental en la organización del culto a Nuestra Señora de las Nieves.
Su fundador, Juan Pinto de Guisla Van de Walle —como hemos visto— había impulsado esta singular hermandad movido por la profunda devoción y el agradecimiento que profesaba a la Virgen. Fue él mismo quien redactó de su puño y letra buena parte de estas actas, dejando constancia escrita de la vida y funcionamiento de la Esclavitud con el rigor propio del excelente cronista que también fue.
Tras su restauración, el Libro de la Esclavitud de Nuestra Señora de las Nieves pasó a integrarse en el patrimonio expositivo del Museo de Arte Sacro y Camarín de la Virgen, donde actualmente se conserva y puede contemplarse como una de las piezas documentales más valiosas del Real Santuario Insular. Su recuperación no solo ha permitido preservar un documento histórico de extraordinaria importancia, sino también salvaguardar una parte esencial de la memoria colectiva y de la tradición devocional de la isla de La Palma.
Una desaparecida tradición: la Fiesta de la Esclavitud de la Virgen
La celebración de la Fiesta de la Esclavitud comenzó a perder parte del esplendor que había alcanzado durante los siglos anteriores a mediados del siglo XIX. En 1832, el obispo Luis Folgueras y Sión (1769-1850) concedió licencia para que, por causa justificada, la festividad pudiera trasladarse a cualquier domingo comprendido entre la infraoctava de la Purificación de Nuestra Señora y el último domingo del mes de julio, flexibilizando así la fecha tradicional de su celebración.
Como dato histórico de interés, conviene recordar que Folgueras y Sión fue el primer obispo de la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna (Diócesis Nivariense), al frente de la cual permaneció desde 1825 hasta 1848.
Juan Bautista Lorenzo Rodríguez dejó constancia de que, en su época, la celebración mariana había dejado de solemnizarse en su fecha primitiva. En sus Noticias para la historia de La Palma indica expresamente: «últimamente ha sido trasladada para el domingo anterior a la festividad del 5 de agosto». Este testimonio permite situar dicho cambio con anterioridad a 1908, año de su fallecimiento.
Posteriormente, durante el siglo XX, esta función propia de la Esclavitud permaneció suspendida durante treinta y dos años, hasta que volvió a celebrarse el 8 de agosto de 1937, coincidiendo con la infraoctava de la festividad de la «Negrita» palmera.
La prensa local, a través del periódico Acción Social, anunciaba la víspera: «Este año, en que España está restableciendo todas sus viejas tradiciones, se vuelve a celebrar en Las Nieves, mañana domingo, la Fiesta de la Esclavitud de la Virgen de las Nieves. Por la mañana se celebrará solemne función religiosa de vestuarios, predicando el señor Arcipreste don Luis Vandewalle y Carballo. Terminada la función se celebrará la procesión de la venerada imagen acompañada de las Hermandades y Banda de Música “La Victoria”».
La recuperación de esta tradición fue impulsada por el destacado jurista palmero Pedro Cuevas Pinto (1875-1957). A partir de entonces, la festividad volvió a celebrarse durante algunos años, si bien las profundas transformaciones experimentadas por la sociedad insular hicieron que perdiera el aparato ceremonial, la solemnidad y la ostentación que la habían caracterizado en épocas anteriores.
Retrato de Pedro Cuevas Pinto
El jurista palmero Pedro Cuevas Pinto (1875-1957), impulsor de la recuperación de la fiesta en 1937.
En aquella primera celebración de restauración predicó Luis Vandewalle y Carballo (1906-1987), Canónigo del Cabildo Catedral de La Laguna y Capellán de Honor de Nuestra Señora de las Nieves. Su profunda devoción hacia la Virgen lo convirtió en un digno continuador del espíritu de aquellos antiguos benefactores que tanto contribuyeron al esplendor y engrandecimiento del culto mariano y a la conservación del santuario.
Como recordaba el cronista Jaime Pérez García (1930-2009), don Luis «se emocionaba y hacía alarde de verborrea ensalzando a los “Pintos, Guislas y Coronas”», en referencia a las familias de sus antepasados que durante generaciones habían destacado por su entrega a la veneración de la sagrada imagen.
El propio Pérez García dejó constancia de su asistencia a la Fiesta de la Esclavitud celebrada el 13 de agosto de 1944. Según su testimonio, la procesión presentó un ceremonial semejante al de la festividad principal del 5 de agosto, día de la onomástica de la Virgen de las Nieves. Sin embargo, existía un elemento diferenciador de gran valor simbólico: delante de las andas de plata de la Patrona palmera marchaba un hombre portando, sobre una bandeja, una representación de dos tórtolas. Esta figura evocaba a la antigua congregación religiosa fundada a finales del siglo XVII y mantenía viva la memoria de sus orígenes.
Pérez García destacó igualmente la belleza de la misa interpretada aquel día, una composición de Luis Cobiella Cuevas escrita para tres y seis voces con acompañamiento de orquesta. A juicio del investigador, se trataba de una obra de gran inspiración, circunstancia que adquiría aún mayor significado al recordar que su autor descendía de la familia fundadora de la Esclavitud, concretamente de la rama de los Pinto. Para aquella ocasión compuso también una romanza dedicada a la Virgen, igualmente de agradable melodía según la valoración del reconocido cronista.
En efecto, para esta celebración el mentado Cobiella Cuevas —compositor, escritor, humanista e investigador— había creado dos obras vinculadas directamente con la tradición esclavista: el Avemaría de la Esclavitud (1941) y la Misa de la Esclavitud (1944), piezas que impulsaron y enriquecieron musicalmente la recuperación de esta antigua festividad.
Como señala el actual cronista oficial de Santa Cruz de La Palma, Manuel Poggio Capote, al menos desde las primeras décadas del siglo XX el domingo infraoctavo de la festividad de la Virgen quedó establecido como la jornada propia de la Esclavitud de Nuestra Señora de las Nieves.
Poggio recuerda igualmente un elemento singular de aquella procesión: la presencia de una pareja de tórtolas colocadas sobre una bandeja de plata, una reminiscencia directa de los antiguos atributos asociados a la festividad de la Purificación. Este símbolo tiene su origen en el episodio evangélico de la Presentación de Jesús en el Templo, cuando María y José ofrecieron un par de tórtolas como sacrificio ritual, al ser una familia de condición humilde.
Dentro de la tradición iconográfica cristiana, recogida entre otros estudiosos por Louis Réau en su monumental obra sobre el arte cristiano, la pareja de tórtolas representa principalmente la castidad, la fidelidad matrimonial y la pureza ritual. De esta manera, el símbolo incorporado a la procesión de la Esclavitud enlazaba la celebración con sus raíces litúrgicas más antiguas.
Como había sido costumbre desde tiempos remotos, la rica fuente de plata —obrada en México a fines del siglo XVI en cuyo interior se encontraban las dos tórtolas talladas y pintadas en madera— era portada ante las andas de baldaquino por miembros pertenecientes al linaje de los Pinto. Entre sus últimos portadores se recuerdan Ezequiel Pastor Cuevas Cabrera (1910-1991) y Pedro Cobiella Cuevas, quienes mantuvieron viva esta tradición hasta un pasado no muy lejano.
En épocas relativamente recientes, dentro de las intenciones de las celebraciones solemnes ofrecidas a la Virgen en el marco de sus fiestas de agosto, figuró también la dedicada a la «Memoria de la Esclavitud de Nuestra Señora de las Nieves y sufragio por los Benefactores difuntos del Santuario». Con ello se mantenía presente la memoria de aquellos hombres y mujeres que, desde finales del siglo XVII, consagraron sus esfuerzos, bienes y devoción al culto de la Patrona de La Palma y al engrandecimiento de su Real Santuario.
FUENTE:https://elfarodelapalma.es/esclavitud-nuestra-senora-nieves-vi-libro-restaurado-fiesta-desaparecida/
