POR APULEYO SOTO, CRONISTA OFICIAL DE BRAOJOS DE LA SIERRA Y LA ACEBEDA (MADRID)
Resulta que la naturaleza es bipartita desde que los dioses u otras fuerzas inefables, igualmente superioras (big-bang) la crearon de la nada para que siguiera procreándose o recreándose ella a su vez. Efectivamente. Es masculina y femenina, + y -, derecha e izquierda y todo y nada. He ahí la magnitud inconmensurable del número dos, compartible, repartible y divisible.
Se extiende del cielo a la tierra, de arriba a abajo, de Norte a Sur, de Este a Oeste, de saliente a poniente, del no al sí, del blanco al negro, del monte al valle o la llanura, de la alegría a la tristeza, de la igualdad a la desigualdad, del uno al otro, de ti para mí…
La bipolaridad no sólo existe en las pilas Duracel, que duran y duran y duran por polos contrapuestos y antagónicos encajados. Y por esa misma virtud potencial, se reproducen el día al día y la noche a la noche en un carrusel latiente e infinito, como la libertad y la condena (cadena), la revolución y la involución, el polvo y el barro, el mar y la arena. O los cuernos bifrontes del toro, el rinoceronte y el elefante, un pasito atrás y otro adelante. Duple también.
Ahora la política española intenta dejar de ser bipartita. Imposible. Va contra la naturaleza vegetal y animal sexual. Si es que no quiere reproducirse…
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