LAS AGUAS DE ÁVILA Y HONORES. HONRAS FÚNEBRES Y MAUSOLEO SAGASTA
Mar 08 2026

POR JESÚS MARÍA SANCHIDRIÁN GALLEGO, CRONISTA OFICIAL DE ÁVILA.

                                         

Fue al comienzo del nuevo milenio, ya en el siglo XX, cuando Práxedes Mateo-Sagasta y Ávila alcanzaron la mayor comunión de paisanaje, lo que coincidió con el periodo 1901-1902, cuando era presidente del Consejo de Ministros, su última aventura política. Tal fue la estrecha relación, que el Ayuntamiento acordó entonces distinguirle denominando una calle con su nombre por su contribución a resolver el problema endémico del abastecimiento de agua a la capital, como luego veremos.

Es por ello, que decae el sentido de la siguiente frase atribuida a Sagasta: «Ávila es única. En cualquier otro lugar de España por el que paso, aunque sólo sea unos minutos, me topo indefectiblemente con pedigüeños de toda laya que encuentran mil cosas que solicitarme. Aquí me tienen siempre, pero nadie me pide nada». Otra petición reseñable fue la realizada por Nicolás Sánchez-Albornoz Hurtado y el gobernador Luis Lequerica y Embil urgiendo la reparación de la carretera de Ávila a Casavieja (DAV; 18/03/1898).

En esta etapa final de la larga trayectoria vital de Sagasta se dice que su último gobierno, llamado «el gobierno Electra», fue propiciado por el estreno de la obra teatral Electra, de Benito Pérez Galdós, en la medida en la que su repercusión social y política contribuyó a la caída del gabinete de Marcelo de Azcárraga en 1901, su predecesor. Así, en un clima latente de protesta social por mayores libertades y anticlericalismo, el 30 de enero de 1901 se estrenó Electra en el Teatro Español de Madrid.

Dos meses después, el 6 de marzo, Sagasta es llamado para hacerse cargo de la presidencia del Consejo de Ministros, cargo en el que permanecerá hasta el 6 de diciembre de 1902, un mes antes de su muerte.

El drama critica el fanatismo religioso de la época, a la vez que significó un canto explosivo de libertad, lo cual traspasó las tablas del escenario y llegó a la calle convirtiéndose en una importante bandera de reivindicaciones sociales. Ello supuso que las ciudades más tradicionalistas y conservadoras prohibieran la representación teatral, o que estando anunciada nadie fuera a verla, como ocurrió en Toro (Zamora). Este no fue el caso de Ávila, donde alcanzó un gran éxito, igual que en la mayoría de teatros que acogieron su programación.

En un principio, la obra se anunció en Ávila con cierto recelo: «Dícese que hoy se pondrá en escena en el Teatro Principal de esta ciudad el discutido drama de Galdós titulado Electra, por la compañía que dirige el aplaudido primer actor don Vicente Yáñez» (DAV, 24/03/1901). Sin embargo, el público abulense respondió plenamente entregado: «Con un lleno completo se ha estrenado anoche en este teatro el drama Electra, por la compañía que dirige D. Vicente Yáñez. Produjo en el publico delirante entusiasmo y se dieron vivas a Galdós y a la libertad» (El País, 26/03/1901).

Galdós retrató a Sagasta, con quien le unía una cercana amistad, como el político liberal conciliador del liberalismo progresista y el orden, capaz de equilibrarlo con la libertad, y dijo: «Concertó las notas chillonas del Himno de Riego con la grave salmodia de la Marcha Real», una forma de expresar la trayectoria del político desde su época revolucionaria hasta la consolidación del régimen liberal durante la monarquía borbónica.

Curiosa apreciación, cuando comprobamos el efecto Electra, cuyo éxito era aplaudido, en algunos teatros, al son del Himno de Riego y de La Marsellesa, tal y como ocurrió, por ejemplo, en León (El Globo, 7/03/1901), Bilbao (Heraldo de Madrid, 7/03/1901), Medina del Campo (El País, 26/03/1901) y Sevilla (Diario de Murcia, 26/03/1901).
LAS AGUAS DE ÁVILA.

La histórica reivindicación de Ávila por mejorar el abastecimiento a la ciudad parecía que daba un paso de gigante en 1902, después de que dos años antes se aprobara la Ley de 27 de enero de 1900 por la que «se declara de utilidad pública el abastecimiento de aguas de la ciudad de Ávila» (Gazeta, 1/02/1900).

Con tan excelente noticia, el paso siguiente era conseguir la aprobación de la oportuna concesión en la que se definiera y concretaran las condiciones de los aprovechamientos hidráulicos de los que Ávila sería la beneficiaria, un arduo trámite que se llevó a cabo con el apoyo decidido de Sagasta. Así, sobre la resolución del expediente, El Diario de Ávila publica la siguiente noticia:

«El gobernador civil, Sr. Lozano [Don Gonzalo Lozano González], en su viaje a Madrid, había celebrado con el señor Sagasta una larga conferencia acerca del proyecto, le visitamos en la mañana de ayer y tuvo la amabilidad de manifestarnos que, efectivamente, antes de la visita de la Comisión al señor Sagasta tuvo con este una entrevista en la que el Presidente del Consejo, después de enterarse minuciosamente del asunto prometió hacer cuanto pudiera en favor de Ávila.

El señor Gobernador salió bien impresionado de la entrevista y la Comisión también muy satisfecha de la suya. Esta, después de visitar ayer al ministro de Agricultura Sr. Suárez Inclán, dirigió al señor Alcalde interino el siguiente telegrama: -Celebradas conferencias con el Presidente del Consejo [Sr. Sagasta] y el ministro de Agricultura hoy firma éste la real orden aprobando el proyecto. Nuestros plácemes entusiastas a la Corporación y vecindario. –Soriano, Pousa, Merino y Castillo.

Momentos después los mismos señores que firman el anterior telegrama, nos dirigieron el siguiente: – ‘Director Diario. Tenemos satisfacción comunicarle resuelto favorablemente asunto aguas’».

Y también se añade: «La Alcaldía publicará un bando invitando al vecindario ponga colgaduras en los balcones. A las siete de la mañana habrá repique general de campanas; se dispararán cohetes, y la banda municipal recorrerá las calles de la ciudad, saliendo luego a esperar a la Comisión que regresará hoy en el tren mixto y a la cual se prepara entusiasta recibimiento» (DAV, 7/09/1902).

Por otro lado, el mismo diario, en la sección ‘cosillas’, informa: «Suárez Inclán, ministro de Agricultura, se resolvió a firmar la Real orden aprobando íntegro el proyecto de abastecimiento de aguas a la ciudad, sin alterar la ley obtenida por el señor Conde de Crecente en las Cortes anteriores. Ávila está de enhorabuena y justo es que felicitemos por el éxito obtenido en sus gestiones, a la Comisión del Ayuntamiento, que con el Diputado a Cortes Sr. Soriano [Ramón Castillo García Soriano] y con el senador Sr. Albornoz [Nicolás Sánchez-Albornoz Hurtado], fue a Madrid para interesar a los Sres. Sagasta y Suárez Inclán en el problema de los problemas abulenses.

Se ha desbrozado el camino; veremos qué nuevos obstáculos salen al paso del proyecto, hasta llegar a la meta. Ahora es cuando el Ayuntamiento necesita pulso y acierto para vencer las dificultades. Deseémosle uno y otro y hagamos votos porque no se enrede. Pero, no es hoy día de hablar de estas cosas, si no de felicitar, repetimos, al Ayuntamiento y a la ciudad y a cuantas personas, de un modo o de otro han contribuido al triunfo completo obtenido por la Comisión que fue a Madrid… A la estación pues, abulenses a demostrar ante la Comisión victoriosa, el entusiasmo con que todos, grandes y chicos, han recibido la noticia de haber sido aprobado el proyecto. Y como el Alcalde interino en su bando, terminamos nosotros las cosillas exclamando: ¡Viva Ávila!» (DAV, 7/09/1902).

En este clima de euforia, días después, el 11 de septiembre de 1902, el Ayuntamiento celebra sesión plenaria para dar cuenta de la buena nueva. Asistieron: El alcalde-presidente, Carlos Sánchez Pousa; los tenientes de alcalde Joaquín Carmelo Delgado, José María Santos Esteban, Julián Nieto Seco y Pablo Martín Pérez; y los regidores Eduardo Hernández Grande, Tomás Peña González, Pedro del Castillo Labiaga, Francisco Merino González y Vicente Gil Martín. Excusaron su asistencia: Santos Aboín Morera, José Álvarez Portal (Pepillo), Perfecto de Paz Serrano, Mariano Paradinas López y Carlos Crespo Rubio. Iniciada la sesión, «se dio lectura a una carta en la que el Excmo. Sr. Ministro de Agricultura, Industria y Comercio se participa al Sr. Alcalde que el expediente de abastecimiento de aguas, energía y riegos de esta Ciudad ha sido resuelto conforme a sus deseos».

Seguidamente, «haciendo uso de la palabra el Sr. Presidente manifestó que según ya había indicado particularmente a varios Sres. Concejales, la Comisión designada por el Ayuntamiento con el concurso del Diputado a Cortes D. Ramón Castillo García Soriano y de los diputados provinciales D. Regino Rodríguez y D. Vicente Varas Malpartida, fue objeto de toda clases de consideraciones y deferencias por parte del Sr. Presidente del Consejo de Ministros [Práxedes Mateo-Sagasta] y del de Agricultura Sr. [Félix] Suárez Inclán, quienes desde el primer momento ofrecieron que el expediente de abastecimiento de aguas se resolviera pronto y favorablemente, como en efecto ha ocurrido según resulta de la carta de que se ha dado lectura, procediendo ahora que el Ayuntamiento signifique de una manera ostensible el testimonio de gratitud a cuantos se han interesado en la solución satisfactoria que tenido este asunto, que tanto ha de influir en la prosperidad de Ávila».

En consecuencia, continuamos leyendo el acta de la sesión, «discutida en el acto la proposición del Sr. Presidente, quedó acordado por unanimidad de votos:

Primero: Colocar en el salón de sesiones una lápida conmemorativa de la fecha en que ha sido aprobado el expediente de abastecimiento de aguas, energía eléctrica y riegos de esta Ciudad, en la cual lápida se inscribirán los nombres de D. Práxedes Mateo Sagasta y D. Félix Suárez Inclán en prueba de agradecimiento por el beneficio que han dispensado a la población.

Segundo: Dar el nombre de dichos Sres. a dos calles de la ciudad. Tercero: Conceder un voto de gracia al Diputado a Cortes Sr. Castillo, al señor Gobernador civil D. Gonzalo Lozano, al exdiputado Sr. Conde de Crecente, a los diputados provinciales D. Regino Rodríguez Barderas y D. Vicente Varas Malpartida y a los concejales que han compuesto la Comisión encargada de gestionar en Madrid la aprobación del repetido expediente, debiendo remitirse copia de este particular a la comisión de gobierno para que proponga la forma concreta de cumplir sendos acuerdos» (AMAv, actas, 11/09/1902, y El Liberal, 12/09/1902).

En relación con lo anterior, en las sesiones siguientes del 16 y 23 de septiembre de 1902 se matizaron los reconocimientos a inscribir en la lápida conmemorativa. Así, en la sesión del día 16, a la que asistieron, además del señor Alcalde, los concejales señores Santos Esteban, Martín, Gil, Rovina, Hernández, Nieto, Castillo y Peña, sucedió que «al aprobarse el acta de la sesión anterior se promovió un ligero incidente por determinados reparos que a ella puso el señor Rovina, al acuerdo que se tomó de poner los nombres de los señores Sagasta y Suárez Inclán a dos calles de la población y haberse limitado el Ayuntamiento a dar solamente un voto de agradecimiento al señor Conde de Crecente, el cual, según el Sr. Rovina, se había hecho acreedor a una distinción más expresiva, puesto que son públicos y notorios los trabajos hechos por este señor para que fuera declarado ley el proyecto de abastecimiento.

Estas manifestaciones también las hizo suyas el alcalde. Acto seguido se aprobó el acta y ambos señores prometieron presentar en la sesión próxima una moción acerca de este asunto» (DAV, 18.09.1902).
Tal y como ya se había anunciado entonces, en la siguiente sesión del Pleno municipal del 23 de septiembre de 1902 se trató sobre la anunciada moción: «Los Concejales que inscriben esta moción reconociendo como lo hace toda la Corporación a la que pertenecen cuanto debe la Ciudad de Ávila a la magnanimidad de los Excmos. Sres. D. Práxedes Mateo Sagasta y D. Félix Suárez Inclán por la favorable y pronta resolución del expediente de concesión de aguas, habiendo acordado por unanimidad el Excmo. Ayuntamiento, como demostración de gratitud y consideración ambos Sres. esculpir sus nombres en el salón de sesiones.

Reconociendo así mismo con la Corporación cuanto agradecimiento merecen todas y cada una de las personas que su representación y cargos oficiales, su posición e influencia personal han coadyuvado al desarrollo y feliz término de tan importante y vital proyecto, consignado así en actas, como testimonio de reconocimiento y alta consideración, se creen en el deber de expresar ante el Excmo. Ayuntamiento que en su concepto merece especial consideración el Excmo. Sr. Conde de Crecente por haber sido el primer representantes en Cortes que trató del abastecimiento de aguas a la Ciudad acogiendo el pensamiento con entusiasmo y dedicando a él todo su talento y actividad y utilizando sus valiosas relaciones hasta conseguir fuera presentada en Cortes y aprobada la importante ley de 27 de enero del año 1900 declarándolo de utilidad pública, cuya ley ha sido el fundamento de la tan trascendental como importante resolución que hoy aplaudimos.

Así lo proponen y piden a la Excma. Corporación en Ávila a veintitrés de septiembre de mil novecientos dos: Santos Aboín Morera, Agustín Rovina Guerra, Vicente Gil, Pablo Martín Pérez, Carmelo Joaquín Delgado, Francisco Merino González y Perfecto de Paz Serrano.

Concedida la palabra al Sr. Delgado, como uno de los firmantes de la proposición, manifestó en defensa de ella que reconociendo, como se complació en reconocer el valioso servicio prestado a la ciudad de Ávila por el Sr. Presidente del Consejo de Ministros y el Ministro de Agricultura en la concesión del aprovechamiento de aguas y estimando de justicia, el acuerdo adoptado por el Ayuntamiento en sesión del once del actual, creía también digno de especial mención al Sr. Conde de Crecente que además de ser el autor de la proposición de ley en cuya virtud se declaró la utilidad pública el abastecimiento de agua y reconocido el derecho de utilizar al efecto las de los ríos Urraca [Ciervos], Tuerto y Voltoya emplea toda su actividad e influencias hasta conseguir la aprobación del proyecto en ambas cámaras legislativas.

Tomada en consideración la proposición y abierta discusión sobre ésta manifestó el Sr. Presidente que apreciando como el Sr. Delgado la importancia de la intervención que ha tenido el Sr. Conde de Crecente en el asunto de que se trata estaba conforme con lo que se pide en la moción… Resumiendo el debate, el Sr. Presidente indicó que una vez aprobada la moción debía remitirse a la Comisión de Gobierno para que tenga en cuenta lo en ella propuesto al formular el dictamen que se la pidió por acuerdo tomado en sesión del once del actual acerca del mismo asunto» (AMAv, actas, 23/09/1902, pp. 406/407).

Por su parte, El Diario de Ávila recogió así la noticia: «En sesión celebrada el 23 de septiembre de 1902, se acuerda que junto a las distinciones otorgadas a los Sres. Sagasta y Suárez Inclán que se grabarán en la lápida conmemorativa se añada el del Conde de Crecente (DAV, 25/09/1902).

Así pues, con el mencionado acuerdo municipal también se distinguía, dos años después, al Conde de Crecente, Gabriel Alcázar y Guzmán, por su trabajo como diputado a Cortes en el periodo 1899-1901 y promotor del proyecto de la Ley por la que se «declara de utilidad pública el abastecimiento de aguas a la ciudad de Ávila, y se concede a su Ayuntamiento el derecho a utilizar las aguas de los arroyos Urraca, Tuerto y de Campo Azálvaro [Voltoya] para almacenarlas en un embalse y derivarlas para el abastecimiento de la ciudad, dedicando los sobrantes a regar los terrenos próximos a la población y aprovechando los saltos que se presenten en el trayecto de la conducción» (Gazeta, 1/02/1900).

No obstante, lo anterior, de lo acordado en las sesiones reseñadas no ha quedado rastro alguno, y no consta que las distinciones y reconocimientos se materializaran de alguna manera, pues no hay calles dedicadas ni a Sagasta ni a Suárez Inclán, y tampoco existe lápida alguna con las inscripciones propuestas. Para colmo, después de la muerte de Sagasta, el proyecto de abastecimiento de aguas a Ávila que había firmado el ingeniero Ramón Aguinaga fue licitado sin éxito en sendas subastas (Gazeta, 17/07/1903 y 13/10/1903), pues ninguna empresa respondió nunca al anuncio publicado por el alcalde Joaquín Carmelo Delgado, por lo que se declaró desierta la licitación (DAV, 24/01/1904) y el proyecto fue abandonado, aún a pesar de que hubo varios intentos de recuperarlo. Y ante el fracaso del empréstito emitido para sufragar el proyecto, el alcalde, Joaquín Carmelo Delgado Martín, tuvo que dimitir.

Ante la exaltación desatada en aquel tiempo, el punto crítico a aquella buena noticia lo puso El Diario de Ávila del 13 de septiembre de 1902, y a la vez que avanza el programa de festejos del siguiente mes de octubre anuncia, a modo de sátira: «El alcalde aparecerá de Neptuno (¡qué guapo estará!) para hacernos creer que nos traerá las aguas en vista del gran interés que tiene el pueblo en que el proyecto se realice, interés que demostró con grandes pruebas de entusiasmo el día que se firmó la aprobación del expediente y por el recibimiento que hizo a la Comisión. Uno de los días de más ‘júbilo’ será el señalado para el descubrimiento de la lápida que colocará en el salón de sesiones del Ayuntamiento para conmemorar la fecha en que ha sido aprobado el repetido (y tan repetido ¡y lo que te rondaré, rubia!) proyecto».

Y concluye el artículo agorero con una triste premonición, la cual terminó haciéndose realidad: «Según el Alcalde, que, como ya es sabido, para esto de lápidas es una notabilidad, se hará en la siguiente forma: ‘Aquí yace el proyecto. Nació el año de la Nanita. † El día que se aprobó. R.I.P.’. Después de ese acto se dirigirá el Ayuntamiento, entre mazas y acompañado de la banda de música del Hospicio, a descubrir, no crean ustedes que la pólvora, si no los nuevos rótulos que se pondrán a las calles que hoy se llaman de Sancho Dávila y de las Tres Tazas que desde el día indicado se llamarán de Suárez Inclán y de Sagasta, respectivamente» (DAV, 13/09/1902).

Tuvieron que pasar ochenta años para que en 1983 el embalse del Voltoya o presa de Los Serones fuera una realidad (DAV, 15/02/1983). Décadas anteriores, el Ayuntamiento, en sesión del 22 de agosto de 1918, decidió apostar por el proyecto de traída de Aguas del Río Mayor y Becerril, de José Valentí Dorda, frente al del Voltoya, de Ramón Aguinaga, y al de los arroyos de Martiherrero y Obispo, de José Zurbano (DAV, 23.08.1918).
Finalmente, diez años después, el 14 de noviembre de 1929, se firmó el acta de recepción provisional de las obras de la presa del Río Becerril (DAV, 16/11/1929), infraestructura a la que siguió la referida del Voltoya y en 1994 la de Fuentes Claras en el Adaja.

MUERTE DE SAGASTA.
Cuatro meses después de la rendición de honores por el Ayuntamiento de Ávila a Sagasta, el 5 de enero de 1903 fallecía en Madrid «víctima de una bronconeumonía senil». Hacía entonces un mes que había abandonado la presidencia del Consejo de ministros, sucediéndole en el cargo Francisco Silvela, otro abulense de ‘criazón’, no sin que quince días antes se publicara el otorgamiento de la concesión al Ayuntamiento de Ávila para «aprovechar las aguas de los arroyos Voltoya, Tuerto y Ciervos y otros comprendidos entre estos» (Gazeta, 23/11/1902).
Ante tal suceso luctuoso, El Diario de Ávila publica: «A las seis y veinte ha fallecido el Sr. Sagasta. El sentimiento es unánime en todas las clases sociales». También reseña el parte de la agonía de Sagasta moribundo (DAV, 7/01/1903), y lamenta que «se ha abierto una tumba más para arrebatar a España otras de sus viejas instituciones al poner la muerte su descarnada garra sobre el cuerpo vencido del que llamábamos con donosa frase ‘viejo pastor’ las maldicientes lenguas enmudecen y los errores se olvidad, y olvidan, y salen a flote las decantadas alabanzas. ¡Triste misión esa de la terrible segur! Ha sonado la hora de cantar himnos y más himnos a la memoria del finado», al tiempo que informa que el diputado a Cortes y jefe de los liberales de Ávila, D. Ramón Soriano, y otros correligionarios salen para Madrid para asistir al entierro (DAV, 8/01/1903).

Así mismo, «cumpliendo lo acordado en la sesión últimamente celebrada por el Ayuntamiento, el Alcalde, Sr. [Carmelo] Delgado, envió ayer a la familia del Sr. Sagasta, el siguiente telegrama: Don Fernando Merino y Doña Esperanza Sagasta.- Este Ayuntamiento, ha expresado en sesión pública su profunda pena por el fallecimiento del ilustre estadista Sr. Sagasta, consignándolo en actas y acordó dar el más sentido pésame a sus hijos reiterándoles testimonio de la más viva simpatía.- El Acalde.- [Carmelo] Delgado» (DAV, 9/01/1903).
En repuesta a la muestra de pésame municipal, en sesión del 14 de enero de 1903, «se dio cuenta del telegrama de contestación de la familia del Sr. Sagasta, expresando su gratitud por el sentido pésame que le había enviado el Ayuntamiento» (DAV, 16/01/1903).

Además, Ávila celebró honras fúnebres por la memoria del prohombre que había elegido la ciudad para reposo y descanso. Los abulenses se sumaban así a los actos que tuvieron lugar en Madrid, donde los funerales y el entierro de Sagasta en el Panteón de Hombres Ilustres de la Basílica de Atocha, congregaron a una multitud deseosa de despedir al carismático líder del liberalismo español durante casi medio siglo, como demuestran los numerosos reportajes gráficos publicados con tal motivo en la prensa (Blanco y Negro, 10/01/1903).

La ceremonia religiosa se ofició en el templo situado en el Mercado Grande, al lado de la casa de Sagasta, en la que participaron las autoridades abulenses y público en general: «Con gran solemnidad tuvieron lugar en la mañana de ayer [24 de enero de 1903] en la Iglesia de San Pedro, las honras que en sufragio del alma del Sr. Sagasta, ha costeado el Comité del Partido Liberal de esta capital. A la misa asistió el cabildo parroquial. La capilla [coro polifónico] fue dirigida por el reputado maestro D. Robustiano Martín. Presidieron el duelo: el señor Deán, que tenía a su derecha a los señores Gobernador civil, Presidente de la Diputación provincial, Delegado de Hacienda y al Presidente del Comité Sr. Soriano; y a su izquierda a los señores Gobernador militar, un Concejal, el Sr. Santos [Aboín], en representación del Ayuntamiento, el Director de la Academia de Administración militar y el Presidente de la Audiencia.

La concurrencia al acto fue numerosa y distinguida, asistiendo no solamente el elemento oficial, si no muchísimos particulares sin distinción de matices políticos. También asistieron algunas señoras» (DAV, 25/01/1903).
MAUSOLEO SAGASTA.

Concluidos los actos de homenaje a la memoria de Sagasta después de su muerte, el Partido Liberal convoca una suscripción nacional para erigir un mausoleo en su honor que esculpiría Mariano Benlliure (1862-1947). A tal efecto, el Banco de España en Ávila publicó el siguiente anuncio: «Habiendo acordado el Consejo de Gobierno del Banco de España acceder a la indicación de la Junta creada para reunir fondos por suscripción pública con destino al ‘Mausoleo Sagasta’, se advierte al público de la localidad que esta Sucursal está autorizada para recibir las cantidades que se la entreguen con tal objeto» (DAV, 27/02/1903).

Los liberales abulenses y otros respondieron a la exitosa llamada recaudatoria, ingresando en Ávila las siguientes cantidades: «D. Ramón Castillo y García Soriano, 75 pesetas; D. Siro Aboín, conde de Montefrío, 75; D. Dionisio Salvadiós, 25; D. Alejo Salvadiós, 25; D. Manuel Arias Vila, 25; un liberal de la provincia, 10; otro liberal, 10. Don L.C.S., 10 pesetas; D. Cipriano Sainz, 10; D. José Álvarez Portal (Pepillo), 10; D. T. C., 7; D. C. G., 5: D. Francisco Atard, 5; D. Honorio Mota, 3; D. Juan José de Paz, 5; D. Fernando Cid, 5; D. Tomás Peñas, 5; D. Tomás Arenzana, 5; D. Pedro Sánchez Vaquero, 2; D. Eduardo Hernández, 2; D. Ricardo Herrero, 2; D. Dámaso García, 2; D. José Román, 2; D. Eugenio Martín, 2; D. Ángel Jiménez, 2; D. Idelfonso Calvo, 2; D. Pablo Muñana, 2; Conde de Ampo-Gior (Cáceres), 50; D. Pablo de Ceclavin (ídem), 56; D. Norberto González y Martínez Aurioles, 25; don Patricio Bueno (Málaga), 5; D. Enrique García Ponce, recaudado en Ceuta, 150; Compañía de los ferrocarriles de San Martín, Lieres, Gijón, Museo, 150. Total ingresado [hasta la fecha] en la Caja central del Banco de España, 134.282,70 pesetas» (La Correspondencia, 17/05/1903). A dicha relación sumamos también la aportación del amigo Rafael de Sierra Valenzuela, 50 pesetas (El Globo, 7/04/1903).

No había transcurrido un año, cuando Benlliure ya dio por terminada la majestuosa obra mortuoria, la cual ya estaba lista para su instalación en el panteón de hombres ilustres.

El monumento funerario lo componen una estatua yacente del propio Sagasta vistiendo levita y portando el Toisón de Oro, su condecoración más preciada; una figura femenina, sentada y semidesnuda en la cabecera del sepulcro, que representa la Historia; y otra figura de un joven obrero, como alegoría del Pueblo, que representa la soberanía popular, la cual se refleja con atributos que simbolizan la verdad, la justicia y la paz. En los laterales del sepulcro están grabadas diferentes fechas que jalonaron la vida política de Mateo-Sagasta.
Seguidamente, la ceremonia de presentación del conjunto escultórico tuvo lugar el 29 de junio de 1904, en un acto multitudinario: «A las seis de la tarde se verificó ayer en el panteón de Atocha, el acto de inauguración del mausoleo del Sr. Sagasta y de la entrega del monumento a la representación de la Intendencia de Palacio, que es a quien pertenece el patronato del referido panteón de Atocha.
»El acto, al cual ha asistido toda la plana mayor del partido liberal en ambas ramas y una multitud grandísima, ha revestido gran importancia y solemnidad. Han asistido el padre Sancha [Cardenal Ciriaco María Sancha y Hervás, arzobispo de Toledo y antes obispo de Ávila] y el obispo [Jules-Maurice Abbetde, obispo de Sion, Suiza], rezándose un responso, y después, el Sr. Villanueva [Miguel Villanueva y Gómez, exministro y diputado liberal], como individuo de la Junta Central para la construcción del mausoleo, leyó un discurso; elogiando las virtudes de Sagasta:
– Cuando anciano y herido de muerte, Sagasta, apenas un mes antes de abandonarnos para siempre, consagraba los últimos alientos de su serena e incomparable energía a su patria, aún soñaba con dejarla siendo el país más libre de la tierra» (El Diario Español, El Imparcial y La Correspondencia, 30/06/1904).

Finalmente, por otro lado, ante la pérdida de uno de su más ilustres convecinos, en Ávila se barajó la idea de convertir su vivienda abulense en una casa-museo.

FUENTE:https://www.facebook.com/jmsanchidrian1234

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