LAS BULAS DE LA ARCHICOFRADÍA DE JESUS EN LA COLUMNA Y SUS CONSECUENCIAS EN LA RELIGIOSIDAD Y EN EL PATRIMONIO DE LA HERMANDAD.
Mar 02 2026

POR MIGUEL FORCADA, CRONISTA OFICIAL DE PRIEGO (CORDOBA)

 

La Archicofradía de la Santa Vera Cruz, Nuestro Padre Jesús en la Columna y María Santísima de la Esperanza de Priego de Córdoba, posee un riquísimo archivo documental, cuyas piezas más valiosas nunca se han mostrado en público. Estas piezas son valiosas por distintos motivos: por la importancia de su contenido, por su antigüedad, por la calidad artística de su presentación. Algunas de ellas son valiosas por los tres motivos apuntados.La celebración del 475 aniversario de la fundación de la cofradía de la Vera Cruz ha sido la ocasión elegida para mostrar una selección de todo el patrimonio histórico-artístico de la cofradía y hermandad, incluido el archivo documental.

LA BULA DEL CARDENAL ALEJANDRO FARNESIO

Seguramente la pieza más valiosa de este archivo es la “Bula del Cardenal Alejandro Farnesio” ya que con ella la cofradía, fundada en 1550,conseguía en 1576 las mismas gracias y beneficiosespirituales que habían sido concedidos sólo tres años antes a la Archicofradía dela imagen del Santísimo Crucificado, con sede en la Iglesia de San Marcelo deRoma, por el Papa Gregorio XIII.

Fueron los Hermanos Mayores Sebastián Martin y Juan Ruiz Pulido y el

Mayordomo Matías López quienes iniciaron los trámites, encargando las gestiones que debían realizarse ante la Santa Sede, al procurador Alonso Díaz, dePalencia, si bien otras fuentes señalan a un clérigo perteneciente a la diócesis deZamora, llamado Alfonso de Ponce.

En cuanto a los aspectos formales del documento, se trata de unpergamino(piel de animal tratada, tensada y pulida),de 43 centímetros de alto por 53 centímetros de ancho. Los bordes estánocupados por una orla de hojarasca dibujada y coloreada. En el centro y en los extremos dela parte superior de la orla hay tres medallones con dibujos en miniatura. En eldel centro, de 6,5 centímetros de diámetro, se representa a un Crucificado quetiene a ambos lados a dos penitentes encapuchados y arrodillados en actitud deoración; este motivo hace sin duda referencia a la imagen titular de la Cofradíade la Iglesia de San Marcelo de Roma objeto de la bula original del Papa Gregorio XIII. En el medallón de la izquierda se reproducen las armas del citado pontífice y en el de la derecha, las del Cardenal Alejandro Farnesio.

El documento, está encabezado con la palabra “Alexander” escrita en letras mayúsculas, siendola primera de 4,6 centímetros de alta, que ocupan toda la primera línea; a continuación siguen 46 líneas escritas con letra manuscrita de altísima calidad, hasta el punto de que aún se lee con claridad a pesar depequeños desperfectos producidos a lo largo de los siglos.

El contenido de la bula es el siguiente. El Cardenal Alejandro Farnesio,

Vicecanciller de la Santa Iglesia Romana, Obispo de Túsculo y protector de la

Venerable Archicofradía de la imagen del Santísimo Crucificado en la Iglesiade San Marcelo de Roma, así como Cristóbal Alciato y Valerio Valle, custodiosde la misma archicofradía y Paulo Lurago, camarero, se dirigen “ a todos y acada uno de los muy queridos en Cristo Cofrades de la hermandad de la VeraCruz y de la imagen del Santísimo Crucificado, en la iglesia de la predichahermandad, sita en la ciudad de Pliego, perteneciente a la Abadía de Alcalála Real, en la diócesis de Jaén”, deseándoles “salud y paz sempiterna en elSeñor”. Dice después que la devoción con que los cofrades de Priego honran alSantísimo Crucificado y las muchas obras de caridad en las que “sabemos quede continuo os ejercitáis, (…) nos inducen a compartir con vosotros y con vuestrossucesores (…) los privilegios e indulgencias concedidas por la sede apostólica anuestra Archicofradía”.

A continuación se transcribe literalmente la bula emanada del Papa Gregorio XIII. En ella se explica que el Papa, para conducir a los fieles hasta la patria celestial, concede gracias e indulgencias a los que visiten con devoción lostemplos de Dios y reciban los sacramentos de la confesión y la comunión. Asíquiere hacerlo con los hermanos de la Archicofradía del Santísimo Crucificadopues sabe que ellos practican obras de misericordia hacia los pobres enfermos,les visitan y socorren, sepultan sus cadáveres, entre otras buenas obras.

Además,recitan el oficio y asisten a él en algunas festividades y en los días de cuaresma;también señala como mérito de estos hermanos el que ayuden en los gastos quese efectúan para terminar de construir su oratorio.

Por todo ello les concede lassiguientes gracias que, en virtud de la bula del Cardenal Farnesio, alcanzabanahora a los hermanos de la Cofradía de la Vera Cruz de Priego: indulgencia plenaria a todos los que ingresen en la cofradía, siempreque hayan confesado y recibido la Eucaristía; a los cofrades que confiesen y comulguen en el díade la festividad de Pascua de Resurrección; y a los cofrades contritos y arrepentidos en el momento de la muerte.

Para promover la asistencia de los fieles a la capilla de la Archicofradía, se

conceden las siguientes indulgencias:A los cofrades, indulgencia plenaria con remisión de todos sus pecadosa quienes visiten la capilla del Santísimo Crucificado en la Iglesia de San Marcelo el quinto día de la Semana Santa (jueves). A quienes eleven preces por la exaltación de la fecatólica, la extirpación de las herejías y la conversión de los infieles.A los que intervengan en la procesión que cada año organizala archicofradía el quinto día de la Semana Santa, se le conceden siete años “yotras tantas cuarentenas” de indulgencias.

A los cofrades que recen en la capilla los Viernes o cualquier otro día,se les conceden siete días de indulgencias y a quienes acudan a dar sepultura alos fieles cristianos, cien días de indulgencias.A quienes – cofrades o no – acompañen al Santo Sacramento mientrasse le lleva a algún enfermo, o se hinquen de rodillas y recen al oir la campana,

cien días.

A quienes visiten en Roma la Basílica y recen ante el Santísimo Crucificado, de la archicofradía, cien días.Por último se concede que las cofradías canónicamente constituídas puedan ser agregadas a la archicofradía de Roma y participar de todas y cada una delas gracias antedichas.

La bula termina con estas palabras: “Dado en Roma, en San Pedro, el añode la Encarnación del Señor mil quinientos setenta y tres, en las Idus de Febrero,segundo año de nuestro Pontificado.”

Prosigue a partir de aquí la misiva del Cardenal Farnesio quien, haciéndose eco de las preces presentadas por la cofradía prieguense a través del “Magnífico Varón, el señor Alfonso de Ponce… procurador vuestro… os agregamosa nuestro consorcio con toda clase de favores”. En consecuencia, concede a lacofradía de la Vera Cruz de Priego las mismas gracias e indulgencias que tienela archicofradía matriz, “salvo las de las estaciones en la urbe romana”.

El cardenal Farnesio firma la bula en Roma el día 5de Agosto de 1576.Por esta bula, la cofradía quedó desde esa fecha, agregada a la Iglesia romanade San Marcelo, siendo la de Priego la primera que consiguió la agregación enEspaña, donde llegó a haber después, hasta 168 cofradías registradas con este privilegio.

El vínculo que de la bula se desprende, fue renovado el día 14 de Septiembre de 2000, precisamente el día en que se celebra cada año la festividad de laVera Cruz, durante la visita que hicieron a dicha iglesialos participantes en laperegrinación a Roma organizada por la Hermandad.

AGREGACIÓN A LA BASÍLICA DE SAN JUAN DE LETRÁN

En el año 1700, la Cofradía de la Vera Cruz, que ya poseía la bula concedida por el Cardenal Farnesio en 1576, consigue un nuevo privilegio papal: la agregación de su capilla a la Basílica romana de San Juan de Letrán, lo que permitirá a los cofrades de la Vera Cruz gozar de todos los privilegios,gracias e indulgencias que los papas habían ido concediendo a la primera iglesiaromana a lo largo de los siglos.

Pero, para entender la importancia que dentro de la Hermandad de Jesús en la Columna de Priego se ha dado siempre a esta nueva bula hay que destacar varias cuestiones.

En primer lugar está la confirmación de las indulgencias y privilegios que ya poseía la Hermandad desde 1576, pero además, resulta que esta nueva bula del año 1700 se va a convertir en un programa de gran influencia en la configuración de

las capillas históricas de la cofradía. El documento quecomentamos ha sido siempre algo casi sagrado en la Hermandad, comolo demuestra el hecho de que, enrollado y colocado en el interior de un llamado“canuto” de madera, se transmitía de un Hermano Mayor a otro en el solemne momento delcese del antiguo y toma deposesión del nuevo mandatario.Peroademás, es fundamental analizar la influencia de esta Bula en la construcción de las capillas y altares de la Hermandad.

El documento conservado comienza con estas frases: “Bula para la capilla delSr. San Esteban de Priego, convento del Sr. San Francisco de los menores de laobservancia; que le trajo de Roma el magnífico Sr. D. Juan Parral y Quiroga en elaño de 1700, a los 9 años del Pontificado del Ssmo. Padre Inocencio duodécimo,Pontífice Máximo.El cavildo y canónigos de la Sacrosanta Iglesia Latera­nense, Madre y Cabeza de todas las Iglesias de Roma y de toda la Cristiandad, desea salud y sinceracaridad en el Señor a todos los fieles cristianos que han de ver y justamente oir(—)

Más adelante expone cómo la referida Basílica, primera de todas las iglesias del orbe y primera sede oficial de los papas en Roma, fue distinguida con numerosos prodigios. El mismo Jesucristo “bajó del cielo en su consagración anunciando la paz al pueblo romano…” y en ella se acumularon importantes reliquiasincluidas las de los apóstoles Pedro y Pablo. Se argumenta después que, aunquetodas las iglesias del orbe estuvieron subordinadas a dicha basílica, siempre se atendió de forma especial a determinadas iglesias uniéndolas “con singular vínculo” ala iglesia lateranense, con la que, por ese vínculo, compartían todos sus privilegios.

A continuación la bula se dirige directamente a la capilla prieguense de la Vera Cruz con estas palabras: “Y por cuanto una capilla con la invocación de San Este­ban Protomartir haya sido fundada en el convento de los Padres de San Francisco llamados de la mayor observancia por la Cofradía de dicha capilla, con el título de los setenta y dos de la Vera Cruz en el pueblo llamado Priego y de la

Abadía de Alcalá la Real (…) se hizo súplica por elreverendísimo Abad de dicho lugar D. Juan Parral y Quiroga uno de dichos cofrades, que se subordinase y uniese y agregase y se incorporase la referida capillaa nuestra sacro­ santa Lateranense Basílica”.

 Y más adelante concede: “Nos, loscanónigos congregados capitularmente admitiendo al fin la súplica, hemos venidoa honrar a la referida capilla con todas las indulgencias, privilegios y espiritualesindul­tos (…) de las cuales indulgencias a la verdad este es el tenor”.

 

Vuelve el texto a los tiempos de la fundación de la Basílica y relata cómo Constantino pidió al papa Silvestre que derramara sobre ella su bendición para todos los que la visitaren, tras lo que pasa a enumerar las gracias y privilegios que a lo largo de los siglos se han ido concediendo a la Basílica y a las distintas capillas existentes en ella. Evitamos a nuestros lectores tan prolija y obsoleta enumeración de indulgencias plenarias, años y cuarentenas y nos fijamos en otros datos con trascendencia para la historia de nuestra cofradía.

 

Se habla de la capilla de San Juan Bautista, de la que dice: “el cual se llama San Juan de la Fuente…”. Seguidamente describe otra capilla con estas palabras: “Iten en la capilla de San Lorenzo el cual lugar se llama el Santa Santorum y en esta misma capilla nunca entran mujeres por causa de la muy grande santidaddel lugar, hay infinitas indulgencias y en el testero de dicha capilla se leen estaspalabras, no hay en toda la redondez del mundo lugar más santo.” Y a renglón seguido dice: “Iten el que subiere devotamente la santa escala que consta de 28gradas, la cual la emperatriz Elena solicitó que se llevase a Roma desde Jerusalén de la casa de Pilatos y a la cual escala Cristo Nuestro Señor bañó con su propiasacratísi­ma sangre en el tiempo de su pasión, gana 7 años de indulgen­cia por cadagrada que sube”.

Resume después el texto la amplitud y categoría de los privilegios concedidos, citando palabras de los papas Inocencio y Bonifacio IX. Y finalmente la bula termina con estas palabras: “Por tanto concedemos a lacapilla de San Esteban protomartir fundada ut supra y sujeta a nos, del ya referido monasterio que se apodere, tenga y goce para siempre todas las indulgencias,privilegios y espirituales gracias arriba dichas por fuerza de todos estos antecedentes Pontífices y permane­ciendo también el referido especial breve. Dadoen San Juan de Letrán el día 12 de Junio de mil y setecientos y a los 9 años delPontificado del Stmo. Padre en Cristo y Señor Nuestro el Señor Inocencio pordivina providencia Papa duodécimo”.

La categoría de la bula era tan grande que, los cofrades de la Vera Cruz la adoptaroncomo sagrado privilegio frente a otras cofradías y, atendiendo a su literalidad, basaron en ella el programa constructivo que se disponían a desarrollar a lo largo delsiglo XVIII dentro de su área de dominio en la iglesia de San Francisco: básicamente la nave lateral, entre la capilla de Jesús en la Columna y la de Jesús Nazareno.

En primer lugar los cofrades escribieron sobre el arco de entrada a su capilla desde la nave central de la iglesia, la inscripción que aparece en la bula alhablar de la capilla de San Lorenzo: “No existe en todo el orbe lugar más santoy dejaron constancia, aunque con abreviaturas como puede verse todavía en laiglesia, de la procedencia de la frase: “Extraído de la Bula. San Juan de Letrán”.En segundo lugar escribieron sobre varias tablas distintos extractos y resúmenes de la Bula colgándolas en las paredes de la capilla, donde todavía están,para público conocimiento. En tercer lugar comenzaron a llamar “San Juan de laFuente”, como en la Bula, un cuadro de San Juan Bautista que poseía la Cofradíay que hoy está integrado en el altar de la Vera Cruz. Además, proyectaron crear,y así lo hicieron en las décadas siguientes, dos nuevas capillas o altares, dedicándolos a San Lorenzo y a “la Escala”.

La capilla de San Lorenzo se abría en el testero situado frente al tercer arco de la nave principal. El retablo, que debía ser de pocaprofundidad, ocupaba un pequeño espacio de la sacristía y no existen referenciasa él en los primeros nventarios de la Cofradía. Sin embargo en el de 1882, secitan claramente todos los altares que posee la Hermandad: cuatro en la capillaprincipal, y otros dos en la nave colateral. En el inventario de1899 las cosas quedan definitivamente claras. Sobre la galería olateral, se dice textualmente:

“Un retablo con un altar dedicado aSan Lorenzo, este retablo se encuentra bastante deteriorado, pintado en encarnado y sobredorado, en la parte alta tiene el vacío donde estuvo colocado unSanto Cristo que se conserva en la sala alta de la oficina, en el centro tiene uncuadro de lienzo que representa a la Santísima Trinidad con media caña dorada,debajo de este cuadro hay una urna de cristal y madera que encierra a nuestroseñor Jesucristo llamado de las Penas, en los rincones de la ochava que formaesta urna tiene dos candeleros de cobre plateados ya muy usados, a la derechadel señor de las Penas hay un San José de talla tamaño natural, con vara floriday un niño. A la izquierda está Santa Rosa de Lima, en el altar hay un crucifijo de

nácar incrustado en madera y estampado”.

 En el inventario de 1899 la capilla de la Escala se describe así: “Una capilla llamada de la escalaque a la izquierda entrando tiene un cuadro de grandes dimensiones apaisado,cuya pintura en el lienzo representa la adoración de los santos reyes con unmarco de madera tallado. Un retablo de madera pintado y en su camarín a laVirgen de los Dolores, este camarín tiene una reja y cristal, para dar luz a dere-

cha e izquierda hay dos ventanas con sus rejas y vidrieras pintadas en colores”.Y tras enumerar objetos menores, acaba la descripción con el otro cuadro grandeque representa “la anunciación del ángel”.

            En cuanto a la capilla “de la Escala”, podemos completar la descripcióndel inventario de 1899 diciendo que ante el altar o retablo se había construidouna escala o rampa de poco más de un metro de anchura y menos de tres metrosde longitud, compuesta por pequeños escalones de madera y flanqueada por dosbarandas torneadas. Al altar se podía ascender también por los laterales de la escala, a través de dos o tres altos escalones.

Se trtaba de una escala de penitenciaque, en su rampa de madera, tendría probablemente 28 gradas pues sin duda seconstruyó a imitación de la capilla de “la santa escala” que existía en San Juan deLetrán y se describe en la Bula de 1700. Hasta que fue eliminada, a las barandasde la escala se sujetaban con cadenas los reclinatorios de personas devotas quevenían a orar a la iglesia. El lugar resultaba bastante tétrico pues al fondo de laescala se veían el Ecce Homo (que originalmente no debió perteneció a esta capilla y debió ser trasladada a él tras la supresión del altar de San Lorenzo) y porencima, entre candelabros, un Santo Cristo de apariencia muy antigua que hoyguarda la Hermandad en su sacristía.110 La capilla de la Escala fue construida apartir de 1741 por Francisco Santaella que en ese año pide a la Hermandad se ledispense de otras obligaciones para “hacer a su costa un camarín dentro de lacapilla de Nuestro Padre Jesús con toda la decencia debida para colocar en élla imagen de Nuestra Señora…”.

El altar de San Lorenzo fue desmontado en los primeros años del siglo XX y el de la Escala se reformó en profundidad en los años 60 quedando cono ahora está.

De la descripción hallada en elinventario podemos sacar numerosas conclusiones pero antes hay que decir que, aligual que de la capilla de la Escala existe recuerdo directo por haberse transformado no hace más de sesenta años, del altar de San Lorenzo no había encontrado a nadie que recordara su existencia hasta que

en 1998 la suerte de hablar con una mujer muy columnaria que falleció a los 101 años: Salud Madrid Alcalá-Zamora. Al preguntarle por la existencia de un retablo junto a la puerta deentrada a la sacristía no sólo me confirmó su existencia, sino que aseguró que enla Hermandad se le llamaba “el altar de San Lorenzo” y lo describió casi con los mismos elementos que aparecen en el inventario de 1899, ya citado.

FUENTE: M.F.S.

 

 

 

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