POR JUAN ANTONIO ALONSO RESALT, CRONISTA OFICIAL DE LEGANÉS (MADRID).
Llegó a Leganés en los años 70 sin imaginar que acabaría convirtiéndose en uno de sus principales guardianes de la memoria. Muchos le decían que era un pueblo sin historia, pero su curiosidad y su oficio como periodista en grandes cabeceras de la prensa escrita le llevaron a reconstruir el pasado desconocido de un municipio vinculado a la realeza y a episodios clave que cobran actualidad días como hoy: la historia de dos vecinos de Leganés reconocidos como héroes locales del 2 de mayo.
¿Desde cuándo es presidente de la Asociación de Cronistas Oficiales de España?
Desde hace seis años. Fui nombrado cronista de Leganés en 2002 y desde entonces me dedico a las labores propias de esta figura.
Ha descubierto numerosos episodios desconocidos de la historia local. ¿Cuál le parece el más sorprendente?
Estos son los cangrejos de río, autóctonos de la Península Ibérica, que se pensaba extintos, y resisten en
Uno de los casos más significativos es el de los llamados héroes de Leganés del 2 de mayo de 1808, Julián y Leandro Rejón. Y lo más interesante es cómo llegué a ellos, porque fue casual. En aquella época yo salía con la que hoy es mi mujer y solíamos quedar en casa de su abuela para vernos sin llamar mucho la atención. Un día ella no apareció y me quedé hablando con la abuela, que tenía ya más de ochenta años. En mitad de la conversación, me dijo: «A ti que te gusta la historia… a mis bisabuelos, o tatarabuelos, los fusilaron los franceses». Aquello me dejó completamente intrigado. Le pedí que me contara más y me dio algunos detalles: que los soldados llevaban uniformes con muchos botones, con penachos, y que sus familiares se llamaban Julián y Leandro Rejón. A partir de ahí empecé a investigar. Fui a la iglesia de San Salvador, pedí permiso para consultar el archivo parroquial y me puse a revisar los libros antiguos. Allí encontré la partida de defunción de Julián Rejón. Había muerto trágicamente el 4 de mayo de 1808 sin haber recibido los sacramentos. Esa fecha encajaba de lleno con la Guerra de la Independencia. Seguí buscando y encontré la referencia al otro hermano en circunstancias similares. Poco a poco fui dando con su historia. Eran dos vecinos de Leganés que habían ido a Madrid a vender productos de la huerta y al llegar se encontraron con el levantamiento popular. Se vieron envueltos en los disturbios, participaron en ellos y, tiempo después, tras ser identificados, fueron detenidos y fusilados. Es un ejemplo muy claro de cómo, a partir de una conversación aparentemente casual, puedes recuperar una historia que estaba olvidada y devolverla a la memoria colectiva.
¿En qué consiste ser cronista oficial?
Es un título honorífico, sin remuneración. Nuestra función es investigar y preservar la historia local. Somos, en cierto modo, los garantes de la memoria de pueblos y ciudades. El cronista rescata la «historia de la historia»: detalles, personajes y episodios que no aparecen en los grandes relatos. Además, también reivindica la conservación del patrimonio y ayuda a que no se pierdan elementos históricos.
Maya de la Joya y «Un Lord du Rozel», una historia de regularidad en la élite
La Guardia Civil recupera 150.000 euros de una estafa del amor en Madrid
¿Qué peso histórico tiene Leganés?
Aunque a veces se piensa lo contrario, tiene mucha historia. Aquí vivió, por ejemplo, don Juan de Austria; también Pablo de Olavide. Benito Pérez Galdós visitaba el manicomio de Santa Isabel para documentarse, y de ahí surgieron personajes de sus novelas como «Nazarín». Además, por su cercanía a Madrid fue lugar de veraneo de la nobleza.
¿Era entonces un lugar de recreo para las élites?
Sí. A principios del siglo XIX había al menos una docena de palacetes, de familias nobles como los duques de Medinaceli o los marqueses de Leganés. Algunos de esos edificios se reutilizaron posteriormente, por ejemplo, para el manicomio. También fue un municipio muy dinámico: tenía cuartel militar, hospital psiquiátrico y una intensa actividad agrícola y comercial. Contó con uno de los primeros tranvías de la región.
También ha vivido una gran transformación demográfica…
Totalmente. Hasta mediados del siglo XX era un pueblo pequeño, pero en los años 60, 70 y 80 recibió una enorme inmigración de extremeños, andaluces y castellanos. Pasó de unos 40.000 habitantes a más de 200.000 en apenas una década. Esa diversidad define el Leganés actual.
¿Qué es lo más sorprendente que ha descubierto?
(Se ríe) El origen de la canción «La vaca lechera». Su compositor, el maestro Morcillo, la escribió cuando trabajaba como profesor en un colegio de monjas de Leganés.
También ha impulsado iniciativas de memoria histórica.
Sí, por ejemplo, colocar placas en lugares significativos. Señalar dónde estuvo un comercio histórico o dónde vivió un personaje relevante ayuda a conectar con el pasado.
Ha contado incluso una historia curiosa sobre «San Valentín».
Sí, pero no el santo, sino el actor Jorge Rigaud, conocido como San Valentín en el cine. Pasó sus últimos días en Leganés y murió aquí atropellado al cruzar una carretera. Es un ejemplo de cómo la historia local está llena de pequeñas historias sorprendentes.
