POR JOAQUÍN CARRILLO ESPINOSA, CRONISTA OFICIAL DE ULEA (MURCIA)
El día tres de mayo, festividad de la Santa Cruz, en el año 1716, los habitantes de Ulea se vieron sorprendidos por un movimiento sísmico de gran magnitud, con sucesivas réplicas de inferior categoría durante unas 48 horas.
La población, un tanto aturdida, se lanzó a la calle buscando espacios abiertos, con la finalidad de evitar ser heridos por los cascotes que se desprendían, de las viviendas y tapias de los corrales.
El cura párroco no pudo disimular su conturbación y, exhortó a los feligreses, en la explanada de la plaza -para estar a salvo de la caída de cuerpos lesivos, de los edificios adyacentes- a que manifestaran, públicamente, la infinita misericordia del Sumo Hacedor por haber resultado ilesos todos los moradores de este humilde pueblo.
Al haber quedado seriamente dañada la iglesia y varios edificios del pueblo, convocó a los fieles para que asistieran a una celebración en ‘Acción de Gracias’, con la actuación del coro y la celebración de una misa solemne de la Pasión de Cristo, nuestro Redentor, estando expuesto el ‘Lignum Crucis’. Ante las continuas réplicas, esta misa de gracias, se efectuó en la explanada de la plaza Mayor.
De acuerdo con el señor alcalde, se efectuó un requerimiento a todos los vecinos por medio de tres pregones -como los toques de campana para acudir a misa-, rogando la asistencia masiva con el fin de implorar que cesen los terremotos, que tanto daño y pavor ocasiona a los ciudadanos.
Por su parte, el alcalde, publicó un edicto que se leyó por todo el pueblo por el pregonero del consistorio, con la finalidad de que todos los ciudadanos extremen las medidas de seguridad.
A su vez aconsejó que aquellos que su casa fuese vieja o hubiera sufrido desperfectos, la desalojen y pernocten en lugares descampados, con el fin de evitar ser lisiados o sepultados por sus propios edificios. Se ruega, prosigue el edicto, que los ciudadanos que no dispongan de mantas, se pasen por el ayuntamiento para que se les entregue una por cada dos personas; con el fin de mitigar el intenso frío de la noche.
Para satisfacer todas las peticiones, el alcalde y el cura exhortaron al público, tras la misa de ‘Acción de Gracias’, para que donaran cuantas mantas tuvieran en casa guardadas. Las familias más acomodadas abrieron sus arcas, de par en par, quedándose con las precisas para su familia y ofreciendo las restantes. Prácticamente, todos los uleanos durmieron a la intemperie durante cuatro días, hasta que la autoridad competente indicó que había desaparecido el peligro de nuevos seísmos.
Pasado el tiempo, el teniente cura Juan Pay Pérez, en una homilía, reconoció el gran corazón y la grandeza de espíritu de la clase obrera del pueblo, ya que todos aportaron sus mantas muleras con las que se cubrieron las necesidades de los más menesterosos.
Con posterioridad, el día 8 de noviembre de 1881, Ulea volvió a ser sacudida por un nuevo temblor de tierra. El periódico murciano “Diario de Murcia” del día 11 de dicho mes de noviembre, lo refleja con toda su intensidad y dramatismo, ya que en esta ocasión si derribó edificios y tapias de corrales que estaban muy deteriorados.
Cundió el pánico, tanto en Ulea como en Ojós, ya que, en el paraje de La Colla, a la altura del Salto de la Novia, como consecuencia del terremoto, se produjo un corrimiento de tierras; que rellenó barrancos, enterró árboles y sepultó la casa y corral, de Juan Massa. Aun hoy se observa el corrimiento de tierras que movió una amplia extensión de la ladera del monte El Castillo, entre La Pila de la Reina Mora y El Salto de la Novia.
Afortunadamente no hubo que lamentar ninguna desgracia personal; en ninguno de los dos terremotos.
