POR ANTONIO BOTIAS SAUS, CRONISTA OFICIAL DE MURCIA.
Allí, en la Academia General del Aire de San Javier (que aún no lo era del Espacio), el joven Felipe solo debía ser, o eso intentó su ilustre padre, el anónimo alférez número 4.856. El hoy Rey emérito ordenó que no se le rindiera honor alguno al muchacho ni tuviera trato de favor durante el tiempo que durara su formación militar. Es posible que así fuera. O, cuando menos, eso contaron los medios. Algo similar, en sus mismos términos de veracidad, ha ocurrido durante el paso de la Princesa Leonor por la misma institución murciana. Eso sí, con algunas diferencias.
La primera es que aquél entonces Príncipe de Asturias, nada más pisó suelo murciano, y aún antes de pisarlo, se dirigió derecho a honrar a la Patrona de Murcia, la Virgen de la Fuensanta. Sin complejos, oigan. Así que en pleno monte, allá arriba en el santuario, aterrizó el helicóptero que lo trasladaba a la Región antes de comenzar el último tramo de su formación militar.
Felipe de Borbón llegó a Murcia un día 2 de septiembre de 1987 con un doble objetivo: aprender a volar y obtener el grado de teniente del Ejército del Aire. Y voló. Tan alto, que luego confesaría que Murcia desde el aire «es un espectáculo maravilloso. Me impresionaron las sierras y el contraste, tan marcado, entre la Murcia seca, tan árida, y la Murcia húmeda», que es la que sus habitantes lograron arrancar al secano gracias a las acequias que les legaron los árabes y, también es muy probable, antes los romanos. Piensen ustedes en la acequia de Churra la Vieja. Pero eso son otros López.
1. Felipe de Borbón, durante una clase, en otra instantánea de Lorente y Martínez Requiel difundidas por la AGA. 2. El Príncipe, a los mandos del avión..
Don Felipe, quien luego pasó revista a una batería de noventa hombres y a una escuadra de gastadores, fue recibido en la explanada del santuario por el entonces presidente de la Asamblea regional, Miguel Navarro, el delegado del Gobierno, Eduardo Ferrera, y el alcalde de Murcia, José Méndez. Al Príncipe no se le rindieron honores militares por deseo expreso del Rey.
«Irán a su lado como lapas»
La auténtica preocupación de la estancia del Príncipe en San Javier era, como resulta obvio, garantizar su protección, tanto dentro como fuera de la Academia. Por eso, un mando del ejército reconoció en aquellas fechas que «nos va a llevar de cabeza».
Don Felipe disfrutó de una escolta permanente y sólo los frecuentes paseos que realizó, como un alumno más, evidenciaron que el mismo mando no exageró al advertir de que los guardaespaldas «irán a su lado como lapas». Más aún, después de que se descubriera la presencia de miembros de la banda terrorista Grapo en Santiago de la Ribera.
Durante su visita a la patrona de Murcia, las anécdotas se sucedieron. Así, las ediciones de los diarios del día siguiente recogieron el entusiasmo de «las jóvenes murcianas que no quitaban la vista del Príncipe, con un bronceado reciente tras su estancia en Mallorca». Entretanto, el que fuera obispo de la Diócesis, Javier Azagra, declaró a un redactor del diario LA VERDAD que «en don Felipe, el tratamiento de Alteza tiene doble sentido: por su cuna y por su altura».
El príncipe pasó un año casi desapercibido, al menos para el común de los vecinos. La decisión del Rey acerca de que fuera tratado como cualquier otro alumno fue efectiva. Sin embargo, para LA VERDAD el heredero era una fuente inagotable de informaciones. A través de sus páginas, los murcianos siguieron con expectación cómo discurrió aquel año donde el alférez Felipe de Borbón levantó el vuelo.
Habrían de pasar muchos años antes de que su hija, la Princesa Leonor, ingresara en la misma academia. Allí se produjo hace apenas unas semanas un hecho curioso: Felipe VI y la futura Reina pilotaron dos aviones Pilatus PC 21. Acompañados, como la prudencia manda.
