POR RICARDO GUERRA SANCHO, CRONISTA OFICIAL DE ARÉVALO (ÁVILA).
Un paréntesis parecido al de los cronistas he tenido con las aguas termales de Cuntis, que ha habido interrupción y, por tanto, ha llegado de nuevo el reencuentro, después de tantos años buscando en estas aguas el alivio de mi cuerpo cansado, dolorido y reumático. Un tiempo preceptivo para la salud que rompe la agenda habitual.
En realidad, solo he tardado en volver un año y medio, y parecía que hacía mucho que no regresaba a estas tierras gallegas que, por cierto, las he encontrado extrañamente secas. A medida que avanzaba entre las montañas o los paisajes ondulantes y verdes, y me acercaba a esta «Villa Termal», ver esas arquitecturas de los pueblos del trayecto, los profundos barrancos con los grandes puentes, los de la autovía o los del AVE, me iban refrescando los recuerdos de tantas visitas anteriores… Al salir de La Estrada, se presenta a la vista un valle encajonado entre montañas, la cuenca del río Gallo, el de Cuntis, ya de por sí un microcosmos, con numerosas referencias arqueológicas, patrimoniales y termales, que la mayor parte he conocido de la mano de Héitor, el historiador de la Villa de los Baños. Como aquellos calvarios góticos cuando yo estaba escribiendo el libro de la Virgen de las Angustias. O los castros de la zona, o el hórreo gigante… y tantas cosas.
Como también he conocido gran parte de Galicia de la mano de mis amigos de Villagarcía, M.ª Luz y Joaquín, sus ciudades, sus grandes monasterios o ese románico rural, tan atractivo, perdido por lo rural. Y también la emblemática gastronomía de esta tierra, sus viandas y sus vinos.
¡Muchos recuerdos! Que con el tiempo reviven con nostalgia, la que aquí llaman ‘morriña’.
El nuevo reencuentro con Cuntis, Santiago y Galicia ha sido un reencuentro con personas y cosas que llenan colmadamente mis sentimientos de la estancia termal… Como el grupo de Gijón, esta vez no hemos coincidido.
Cuando comencé a venir, primero como conductor y después por imperativo de la salud, pronto esta tierra prendió en mí. Pero hoy quiero destacar, además de todo eso, dos personas que yo relaciono directamente con esta Villa Termal.
Por un lado, Héitor, el historiador de Cuntis, mi amigo gallego y sus dibujos, esas magníficas aguadas que dan relieve y profundidad a unos preciosos motivos históricos, lápidas medievales de personajes, perfiladas con una maestría que no es nueva para mí… Pero no es solo eso: sus investigaciones, escritos y publicaciones sobre diversos momentos históricos de su villa lo hacen el mayor conocedor y divulgador de su pasado. Y para mí lo más importante, su amistad y su visión de la vida. Siempre un placer hacer tertulias con él…
También he contactado con otro amigo, en esta ocasión de Santiago, pero también con origen en las aguas termales de Cuntis, don José Fernández Lago, deán de Santiago, gran conversador con quien compartí agradables tertulias termales, con Gene y su marido. Para este agradable reencuentro, he salido hacia Santiago, al monasterio de Antealtares, para reunirme con él, un agradable encuentro que nos recordó otros tiempos, otros amigos y otro lugar…
Compartimos comida con el canónigo Daniel Lorenzo y la cocinera. Frutos gallegos en la mejor compañía, con tertulia incluida, en su casa de capellán de ese convento santiagués. Hablamos de sus publicaciones y las mías. De lo divino y de lo humano. De patrimonio, del que Santiago es una riqueza histórico-artística inagotable. Recuerdo la sede compostelana de las Edades del Hombre de Villafranca del Bierzo, ambas muy especiales, pero la de Santiago fue una participación extraordinaria de gran calidad.
Después de un paseo reposado por un sector del Santiago histórico, su barrio, recordamos ante la Facultad de Filosofía y Letras, antiguo Colegio de Jesuitas, a José García Oro, otro eminente historiador gallego, catedrático de Paleografía, que tuve la fortuna de tratar…
En fin, reencuentro con recuerdos y mucha ‘morriña’… Es la vida.
