POR FRANCISCO JOSÉ ROZADA MARTÍNEZ, CRONISTA OFICIAL DE PARRES-ARRIONDAS (ASTURIAS)
En el año 1909 fue proyectada en la que hoy conocemos como Cantabria la primera casa de estilo regionalista, construida por Leonardo Rucabado Gómez para Manuel Díez Somonte en Castro Urdiales, chalet conocido como “Monte Olivete”.
Su parecido con el levantado en el centro de Arriondas pocos años después por Acisclo del Valle Blanco es muy notable.
Acisclo lo levantó con capital indiano procedente de Cuba, donde tuvo éxito en múltiples negocios comerciales, bancarios, de líneas férreas, azucareras y muchos otros, cuya amplia trayectoria vital ya he contado en prensa y facebook varias veces con todo lujo de detalles.
Centrémonos hoy en el edificio en el que -según parece ser- se inspiró quien proyectó el de Arriondas. Manuel Díez Somonte estaba doctorado en Farmacia en 1877 y en el periódico “El Oriente Montañés” se le citaba el día 10 de noviembre de 1901 como “joven, inteligente, castreño entusiasta, amante de su pueblo y bien relacionado”.
Poco después llegó a ser alcalde de la conocida localidad cántabra Castro Urdiales, regentó una farmacia que se anunciaba como laboratorio químico-farmacéutico con productos nacionales y extranjeros, aguas minero-medicinales, y también vendía pinturas, barnices, aceites, grasas, perfumería, jabones, artículos para fotografía y otros. En 1013 era Presidente de la Delegación de la Cámara de Comercio de Castro Urdiales.
Estaba casado con Águeda del Sel Carranza, cuñada del arquitecto Leonardo Rucabado. Manuel falleció en 1925, su esposa Águeda en 1947 y Jaime -el hijo de ambos- en 1922. En el Archivo Municipal de Castro Urdiales (legajo 1.121) consta como aprobado en sesión municipal en abril de 1909 el permiso de construcción en el paseo de Brazomar y sitio de “Monte Olivete”, lugar donde las casas de verano estaban en plena efervescencia constructiva con denominaciones como palacetes, chalets y quintas, donde a los indianos originarios de las aldeas vecinas les seguía gustando la vida aislada, independiente y algo campesina.
Sobre la casa que Díez Somonte construía en Castro Urdiales, publicaba en 1910 Juan López Seña en el periódico “Vida Castreña” que era “de típico gusto montañés, que será, una vez terminada, rico blasón del amor de su dueño a la Historia del arte propio. Podrá no ser la más rica; pero en ninguna otra hablará más claro y más alto el corazón de los montañeses que aquella rica ´casuca´ de amplias solanas, vistosos aleros lujosamente labrados y visible escudo solariego que habla a los ojos del observador del cariño de su dueño al pueblo en que vino al mundo”.
Este comentario puede ser totalmente válido para el parragués Acisclo del Valle Blanco y su chalet o palacete levantado en Arriondas pocos años después.
En la revista “Arquitectura y construcción” de 1917 se presenta una fotografía en color de la acuarela del proyecto de la casa de Díez Somonte en Castro Urdiales, donde se comenta que es nuevo e interesante ejemplar de la habilidad del arquitecto Sr. Rucabado donde se recoge el espíritu de la arquitectura tradicional del país y los caracteres más esenciales de ésta. La exquisita forma del trazado, la ponderación de proporciones en las masas que lo constituyen, la acertada disposición de huecos y la perfecta disposición de todos los elementos, son condiciones que no pueden menos de elogiarse al examinar la hermosa obra levantada en “Monte Olivete” de Castro Urdiales.
Todo resulta animado en el edificio por el énfasis puesto en la esquina del edificio donde se levanta la torre de cuatro cuerpos que, con su pórtico inferior y su escudo en esquina marca una diagonalidad. Bien es cierto que la utilización de este tipo de torres no tiene referencia en las casonas montañesas, tema que se le criticó después al famoso arquitecto Rucabado, el cual –por otra parte- recrea en el interior el confort que tenían las mansiones inglesas.
El mismo arquitecto proyectó también un elegante cierre de la finca con sus verjas y con la portalada de puerta de arco de medio punto enmarcado por pilastras con remates de bolas.
Es muy notable el parecido de este chalet con el levantado en Arriondas, el cual parece haber sido diseñado de acuerdo con el proyecto del ingeniero Eugenio Guayar, según órdenes de Acisclo del Valle Blanco. El palacete de Arriondas parece que se le había encargado primeramente al famosísimo arquitecto Manuel del Busto y Delgado (Pinar del Río 1874 – Gijón 1948) pero el proyecto era excesivamente pretencioso y fue desechado.
Hay que recordar que Manuel del Busto planificó en Asturias edificios tan emblemáticos como el Teatro Palacio Valdés, en Avilés, el Banco Herrero de Oviedo y muchos otros; cabe destacar sobre todas sus obras el fabuloso edificio del Centro Asturiano de La Habana, hoy Museo Nacional de Bellas Artes (sede de las colecciones de arte universal).
Recordemos que los dos chalets levantados en Prestín (a la entrada de Cangas de Onís, pero en el concejo de Parres) conocidos como “Moros” y “Cristianos” -en estilo Art Decó- fueron mandados edificar por los hermanos José Ramón y Enrique González Soto, y ambos deben su fábrica a Juan Manuel del Busto y a su padre Manuel. El permiso y los planos para levantar estos chalets fueron presentados en el Ayuntamiento de Parres el 23 de marzo de 1933.
De modo que -mientras no se pueda demostrar lo contrario- fue el ingeniero de Electra del Viesgo Eugenio Guayar quien proyectó el chalet del centro de Arriondas. Eugenio fue conocido especialmente por haber encargado a Manuel Campillo Noriega, de Bulnes, el trazado y la dirección de la asombrosa Senda del Cares. De cómo el edificio de estilo regionalista o montañés de Arriondas se parece de forma asombrosa al levantado por Leonardo Rucabado Gómez en Castro Urdiales es tema de estudio y análisis comparativo.
Miguel Ángel Aramburu-Zabala Higuera es Catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Cantabria y Director del Departamento de Historia Moderna y Contemporánea de dicha universidad. Especialista en Historia de la Arquitectura y autor de numerosas publicaciones.
Miguel Ángel fue el comisario de la exposición que tuvo lugar en Castro Urdiales -entre el 6 de noviembre y el 2 de diciembre de 2018- sobre el arquitecto Leonardo Rucabado Gómez con motivo del centenario de su muerte que tuvo lugar el 11 de noviembre de 1918, el mismo día en que se firmaba en París el armisticio que ponía fin a la I Guerra Mundial.
Leonardo falleció víctima de la epidemia de gripe -conocida como “gripe española”- que acabó con la vida de más de 50 millones de personas. A Miguel Ángel Aramburu-Zabala le agradezco el catálogo de esta exposición que me regaló el pasado día 14 de abril con motivo de su visita a Arriondas acompañando a su amigo Juan Francisco Montalbán Carrasco, diplomático y ex embajador de España en Cuba, en El Salvador y en Bolivia, además de actual embajador para la Agenda 2030, en busca de las raíces del primer hijo de Acisclo del Valle Blanco, Alejandro Narciso Ramón del Valle Suero, como comenté en su momento.
El catálogo citado contiene más de 400 páginas dedicadas al arquitecto Leonardo Rucabado, en cuyas páginas 289 a 296 encontré la casa “Monte Olivete” cuyos planos fueron aprobados por el Ayuntamiento de Castro Urdiales el día 14 de abril de 1909, cuyo presupuesto fue de 15.400 pts. Que la casa de Acisclo del Valle Blanco en Arriondas tenga un parecido tan asombroso con el que se levantó en Castro Urdiales no parece que sea una casualidad; por cierto que esta última ya no existe, dado que fue derribada hace cincuenta años, en 1975.
